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BUSINESS MODEL TEMPLATE

1. Select Industrial Domain

8.4 Process Model Design

“El sujeto es, entonces, eminentemente político y, si su acción tiene efectos sociales o económicos, se manifiesta a través de categorías directamente políticas. Se trata, ante todo, de afirmar una voluntad colectiva frente a un sistema social y político que se define como natural” (Touraine, 1998, p. 40).

A continuación presentamos tres coordenadas las cuales asumimos como posibles líneas para la comprensión del sujeto y la subjetividad en la posmodernidad, como una construcción histórica y cultural. Se trata de Tourrine, Zemelman y Morin, autores que se presentan también como insumos teóricos de la experiencia pedagógica por la pertinencia que tienen y el aporte que hacen a la definición que construimos en este ejercicio de investigación.

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3.3.1. Touraine

“En un mundo en cambio permanente e incontrolable, no hay más punto de apoyo que el esfuerzo del individuo por transformar unas experiencias vividas en una construcción de sí mismo como actor. Ese esfuerzo del individuo por ser actor es lo que yo llamo el Sujeto, que no ha de confundirse no con el conjunto de la experiencia ni con un principio superior que guiase al individuo y le diese una vocación.”(Touraine, 1997, p.25)

La definición de sujeto en Touraine puede resumirse en la siguiente frase, “el sujeto es el deseo del individuo de ser actor” (1993, p. 83) y es precisamente la condición de actor lo que implica la voluntad y la capacidad de ser el autor de su propia vida, transformando sus experiencias vividas en una construcción de sí mismo, este proceso se genera a partir del cuestionamiento de las representaciones y a las normas impuestas social y culturalmente.

En este orden de ideas, actuar, participar y ser protagonista del proyecto de sociedad que le pertenece implicará la transformación del sujeto en creador de sí mismo y productor social capaz de liberarse de las cargas que le imponen las lógicas del mercado y la sociedad de masas que pretenden condicionarlo. Transformarse en sujeto requiere reflexividad y afirmación personal, en la que se reconoce su singularidad, pero también revelar la condición colectiva. La razón es que, si bien se parte de la experiencia singular vivida por el sujeto, siempre esta estará mediada por su capacidad de acción con los otros.

Touraine, considera que la identificación del sujeto con el yo-social le permite dejar de ser simplemente un elemento del funcionamiento del sistema social y lo incita a la reconstrucción libre y creativa de un proyecto personal para orientarse luego a la creación de condiciones colectivas.

Por tanto, la coordenada que traza este autor la asumimos pertinente por dos puntos de referencia: el primero vinculado con el sujeto como actor social en posibilidad de constituirse; segundo, por la idea del sujeto como movimiento social. Ambos elementos pensados en la experiencia Para Decirlo Todo Sin Hablar en tanto posibilidad de subjetivación y afirmación de lo colectivo, pues consideramos fundamental comprender cómo se afirma esa subjetividad libre y creativa. En el desarrollo del taller, como la experiencia pedagógica, emerge sujeto creativo, que construye una respuesta través del performance. Es la subjetividad operando desde una perspectiva crítica, desde la experiencia propia, pero vinculada con la experiencia colectiva, lo que permite narrar, decir sin hablar en medio del espacio escolar donde el actor social, deriva en performador, como afirmación de su subjetividad política.

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3.3.2. Zemelman

“El sujeto como potencia es múltiple, en correspondencia a los diversos espacios o esferas sociales desde los cuales puede intervenir; verlo en esa multiplicidad requiere establecer un concepto de limite que permita subordinar los modos hegemónicos de producción de subjetividades, desde las verdades modernas, para dar lugar a lo indeterminado” (Zemelman, 1998)

Para Zemelman, el sujeto se puede definir como indeterminado, lo que expresa su complejidad, en tanto fortalezas y debilidades, que conjugadas potencian su existencia. Asume al sujeto no solo en sus alcances y condiciones positivas, sino que lo aborda en sus zonas más oscuras, de acuerdo con esta visión, no es solamente heroico y constructor, pues lo ubica también en actitudes tendientes al egoísmo, la mezquindad y la indiferencia, por eso se evidencia la necesidad de la formación de nuevas subjetividades, a partir de procesos educativos centrados en la potenciación de capacidades.

Bajo esta mirada, y dada su complejidad, es necesario asumir al sujeto en función de sus potencialidades y capacidades de acción para la constitución de proyectos, que impliquen su reivindicación en diversos espacios y esferas sociales, en las cuales sea capaz de elaborar acciones tendientes a conocer la realidad, en la que está implícito y opte por actuar sobre ella.

De esta manera, el término re-actuar implicará una conciencia de ruptura, para buscar nuevos ángulos que le permitan al sujeto ubicarse en el contexto, leerlo y orientar su voluntad a la superación de prejuicios y visiones utópicas, que establecen modos de subjetivación no participativos que generan subjetividades débiles y funcionales que solo contribuyen a soportar ciertas dinámicas y poderes hegemónicos. La labor pendiente estará centrada en la transformación de lo colectivo mediante el direccionamiento y suma de voluntades y potencias, para que mediante una conciencia participativa exista la posibilidad de reconocerse y hacerse sujetos en la acción.

La demanda de Zemelman quien pide “desbloquear el pensamiento del hombre sobre los dispositivos de saber-poder que actúan como verdades y que mutilan su imaginación” (Zemelman, 1996) nos invita de manera directa a cuestionarnos sobre cómo y de qué manera se generan los mecanismos para la reflexión y la participación social y política en escuela, y sobre los escenarios que esta dispone para promover la subjetivación o para reproducir esas subjetividades débiles y funcionales, en contra de las cuales se pronuncia el autor.

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En este sentido la experiencia para decirlo todo sin hablar apropia esta reflexión, en procura de reconocer otras formas distintas de organizar del conocimiento, dando espacio a la inserción de saberes sociales y reconociendo su importancia en el contexto. Aprehender desde el cuerpo, a través de las emociones y generar vínculos afectivos para promover la subjetividad política mediante la práctica del performance, es en suma, voluntad y potencia a través de la cual buscamos comprender al sujeto más allá de su dimensión cognitiva. En este sentido y siguiendo al autor, consideramos pertinente avanzar en “la construcción de realidades alternas, sujetos protagónicos, con capacidad para oponerse a las posturas centralizadas y autoreferidas a un sistema único de poder, capacidad de reconocer opciones y construir proyectos, sujetos actuantes que también podemos denominar: el sujeto como poder” (Zemelman, 1996, p.82).

3.3.3. Morín

Tenemos que concebir al sujeto como lo que le proporciona unidad e invariancia a una pluralidad de personajes, de caracteres, de potencialidades. Y por esto, si estamos bajo el paradigma científico que prevalece en el mundo científico, el sujeto es invisible y se niega su existencia. A la inversa, en el mundo filosófico, el sujeto se vuelve transcendental, escapa a la experiencia, pertenece al puro espíritu y no podemos concebir al sujeto en sus dependencias, en sus debilidades, en sus incertidumbres, en uno y otro caso no podemos pensar sus ambivalencias, sus contradicciones, su simultáneo carácter, central e insuficiente, su sentido y su insignificancia, su carácter de todo y de nada a la vez. Necesitamos, por lo tanto, una concepción compleja del sujeto. (Morín, 2001, p. 40).

La noción de sujeto en Morín, está pensada desde el paradigma de la complejidad y la define simultáneamente como evidente y misteriosa, postula que “en cuanto intentamos considerar de manera determinista a la sociedad y al individuo, el sujeto se desvanece” (Morín, 2001, p. 29). En este sentido, no se puede hacer una definición total del sujeto más allá de su potencia para ser no solo actor sino autor de vida social y la construcción cultural, de acuerdo con su capacidad de conocer, elegir y decidir. De acuerdo con esto, la autonomía y autoorganización son fundamentales para comprender su condición de libertad que es relacional y relativa porque obedece a las condiciones de su entorno biológico, cultural y social.

La categoría con la cual sintetiza el autor su mirada sobre el sujeto es computación, la menciona como el acto que realiza el sujeto para constituirse y ubicarse en el centro de su existencia y de su mundo, desde allí examina, reflexiona y actúa, asumiendo las decisiones que

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considere validas de acuerdo con su experiencia en las relaciones y contingencias que lo involucran. Indicará que la computación del ser individual es una computación que cada uno hace de sí mismo, por sí mismo y para sí mismo. La computación como dimensión cognitiva del sujeto le permite procesar comprehender y aprehender los símbolos, mensajes, signos y estímulos que configuran tanto su universo interior como exterior y le permiten realizar elecciones para tener la posibilidad de actuar en el medio externo, el sujeto será entonces, capacidad de reflexión, producto y productor.

La condición de complejidad del sujeto, y las posibilidades de reflexión y acción que se dan sobre sí mismo, apuestan a un ejercicio intersubjetivo, buscando el conocimiento de sujeto a sujeto. Esta es la posibilidad de emergencia del sujeto, en el centro de su propio mundo, donde puede re-significar los determinismos modernos, que lo reducen, y hacer una re-construcción desde la autonomía y la individualidad. Auto-producirse, incorporando los principios de libertad y autonomía, y su capacidad intelectual, le permitirán concebir y realizar elecciones.

De Morín recogemos la idea de que el sujeto es el centro de su propio universo de significados y tiene la capacidad del asumirse tanto como productor y producto social, mediante la reflexión y actuación sobre sí mismo. Lo anterior en razón a que en para decirlo todo sin hablar hemos procurado darle a los sujetos siempre ese centro, ese lugar protagónico como actor de la experiencia pedagógica y territorio de enunciación, para desarrollar sus capacidades individuales, personales y dialógicas en el colectivo.

El taller como lugar desde el cual poder reflexionar actuar y enunciarse, configura un ejercicio micro-político en el que en el uno a uno se confrontan y asumen los sujetos que somos, reconociendo en lo experiencial, lo sensible y lo afectivo, como alternativas para pensar otra escuela posible.

La definición de subjetividad que configuramos y apropiamos para efectos de este ejercicio de investigación, luego de la revisión de las diversas coordenadas teóricas consultadas y relacionadas con el contexto escolar, parte de las siguientes consideraciones:

i) Toda subjetividad es política, como ejercicio de constitución de sí, como narración en primera persona y comprensión del sujeto frente a los modos de verse, sentirse e insertarse en el mundo.

ii) Lo político se expresa en términos de alteridad y pluralidad; en este orden de ideas, hablamos de subjetividades.

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iii) La subjetividad implica un acto de libertad como principio democrático, de proyecto emancipatorio individual y colectivo, donde se juega la libertad de decir, de hacer y de ser.

iv) La relación entre lo político y la subjetividad como subjetivación y subjetiva-acción, se estructura en el sujeto como proyecto político, como creador de su propia la historia.

En concordancia con lo anterior, nos referimos a un sujeto que como actor social, construye procesualmente su relación con la realidad, un sujeto capaz de agenciamiento y de transformación social, que funda su accionar en la comprensión y reflexión sobre sí mismo y su relación con lo otro y con los otros. Un sujeto de experiencia, capaz de asumirse en resistencia, re-existencia y afirmación, a través de su subjetiva-acción, como proyecto ético.

Así, la subjetividad expresada en el taller Para decirlo todo sin hablar, se piensa en términos de autoconciencia y autoconocimiento. En la apertura y disposición de los y las estudiantes para la participación social como gestores de cambio. Sujetos, capaces de eliminar las estructuras que influyen negativamente sobre las relaciones sociales que configuran las identidades en los contextos que interactúan.

Al hablar de subjetividad y relacionarla con la práctica del performance es necesario comprender cómo este par dialectico construye narraciones de los universos personales que habitan los sujetos y cómo a través de relatarlos se generan posibilidades de actuación y participación, en los contextos sociales, culturales y políticos. Las subjetividades encarnadas en los performances son formas contemporáneas de producción y expresión, como afirmación del ser a través del hacer.