INDUSTRIAL STUDY WORK
5.4 Survey Conclusions
Sobre el camino y el andar Al iniciar este camino en la maestría, comenzó a rondarme la pregunta, ¿a dónde me llevará este proyecto de investigación-creación? En los primeros pasos de este andar su norte se encontraba decididamente en los terrenos del arte disciplinar del teatro, de la estética y la creación escénica, en unos caminos coloniales conocidos por mí.
Se puede decir que tenía un norte obstinadamente definido, de modo que mi andar se enrutó por allí, con dirección al objetivo, mirando de frente, y caminando, casi corriendo hacia ese horizonte. Era natural, así me habían formado, queriendo llegar pronto y mejor, como si estuviese en una competencia permanente. Corriendo al éxito. Corriendo de frente muy veloz. Con la mirada en un solo punto, el objetivo, el avanzar, el triunfo individual; como si tuviese anteojeras, como si fuese un caballo de carreras.
Cierto día tropecé, salí del camino y volé fuera de él, rodando lejos. La anteojeras cayeron, las manos se rasparon. Me desubiqué.
-Debo regresar y encontrar el camino. Estoy perdido, perdiendo segundos, perdiendo tiempo… mi objetivo, mi objetivo- Pensé. Me levanté por instinto.
-Debo callar y continuar. El fracaso y las caídas no se muestran, no llores. Levántate, corre...
Estaba herido… y sangrando, ahora no podía correr; debía caminar... y lento. La competencia había terminado.
Ahora cojeaba. Y entonces cojeando, en un intento por regresar a la pista, noté que andaba sin anteojeras, y así pude ver el entorno, el paisaje. Pude ver el no camino, el no objetivo… ví que me encontraba en un lugar desconocido, sin camino, sin señales en el camino... Entonces tuve miedo, me sentí solo, huérfano, sin lugar, sin norte… Y por instinto empecé a andar… Y caminando, cojeando… abriendo paso en ocasiones, encontré a otros ajenos del camino, como yo… Ellos a diferencia mía, no deseaban regresar al camino, tan solo estaban allí, en otro lugar, en otros caminos, construyendo
otros caminos en el andar… Caminando junto a otros sin competir, haciendo caminos colectivos.
Algunos me señalaron el camino para regresar a mi vieja pista de carreras. Otros se ofrecieron a acompañarme hasta su orilla.
Regresé al punto justo en el cual me había salido del camino… observé el objetivo ahora sin ansia, miré atrás, de donde venía… miré mis manos sangrantes...y entonces vi el presente… y comprendí que era necesario caer… y rasparme, y aprender a caer, y a rasparme, y sobre todo… levantarme. Levantarme para luego abrir camino y encontrar el de regreso… Y regresando hacer camino.
Y regreso al presente, y comprendo que existen otros caminos, que existen otros ritmos de andar, que se puede andar en colectivo, y que ese andar es una lucha permanente por abrir otros senderos de no competencia sino de comunidad. Y entonces me hago a un lado del camino de manera consciente, y emprendo un andar colectivo.
Sobre la colonialidad estética. En los primeros pasos no buscaba preguntas específicas sobre la colonialidad estética. Pero, como ya lo comenté tropecé y caí; esto me llevó a una observación del presente, y a detenerme para intentar comprender ¿qué sucedió, qué me hizo caer?.
Una vez fuera del camino, miré alrededor, le ví la cara a la soledad y al aislamiento; y ví mi cuerpo golpeado. Entonces reconocí que estaba herido, resentido, que tenía heridas que me fueron causadas por el sometimiento al dominio hegemónico propio de la colonialidad. Heridas hechas por el poder. Heridas coloniales. Una vez fuera del camino pude reconocer la pista demarcada, los obstáculos preparados en ella, los corredores veloces que pasan sin mirar nada excepto el objetivo y corriendo en competencia (rumbo al éxito, quizá)... pude ver a la colonialidad operando de manera cotidiana, aun en el arte: la colonialidad estética.
Allí a la vera del camino, ví a otros, que me enseñaron a reconocer la existencia de unos “regímenes de identificación” de la estética, que me mostraron sus “corpus narrativos
teóricos occidentales”; argumentos que enmarcan y validan acciones para que estas sean
reconocidas como arte; narrativas que intentan tener un dominio sobre el concepto de lo bello, y que incluso intentan apropiarse y dominar los terrenos de lo sensible, desde altos y elaborados discursos del razonamiento. Unos discursos de especialistas. Unos discursos -y acciones- propios de la colonialidad estética y que son agenciados por el sujeto artista-moderno.
Allí a la vera del camino me pude reconocer como un sujeto artista moderno.
Esto puede parecer un reconocimiento obvio a la luz algunas miradas, pero en mi caso fue fundamental para lograr establecer una mirada crítica a la colonialidad y a la colonialidad estética. Puede parecer un reconocimiento natural pero no es obvio ni cotidiano reconocerse como un agente de la colonialidad estética, un agente con las características encarnadas de esta: ego estético colonial, individualismo, aislamiento, competitividad, violencia.
Me ví inmerso en esa colonialidad. Y allí, observando con mirada crítica pude entender que yo estaba herido (y que hería a otros) porque esta colonialidad opera y transforma las artes en un campo de batalla que produce combates, excluidos y huérfanos; que es una colonialidad que se manifiesta, desarrolla y normaliza en acciones de violencia, aislamiento, individualismo y competencia, que esto es pan de cada día en los centros de formación disciplinares en artes, y en el campo profesional.
No obstante siempre está presente la transformación, la posibilidad de reinventarse, de rehacer las cosas.
Sobre los Entrenamientos otros para el escenario mundo Vistas las heridas, el dolor, las armas y las intenciones que las causaron; observando el camino y los posibles otros caminos; estando ahora sin correr, sin competir con otros, comprendo que:
La colonialidad estética y sus mecanismos se encuentran encarnados, y palpitan en diversos ámbitos del arte, desde lo formativo: en el colegio, en la universidad; así como también es sus escenarios profesionales: museos, teatros, auditorios, convocatorias,
festivales… en fin… allí están latiendo y dándole vida a múltiples violencias, exclusiones y aislamientos; pero sin duda también, al mismo tiempo, por todas partes está latiendo lo cotidiano, está abriéndose paso la vida, la amistad, el juego, el gozo, la risa, el encuentro con los otros, el compartir no el competir... está la posibilidad de re hacer cosas, de reinventarse, de re existir, de liberarse, de resistir y crear espacios de libertad. De crear espacios que contribuyan a la sanación de las heridas, las violencias, los aislamientos... causados por la colonialidad estética. El LECE es uno de ellos.
El LECE y sus Entrenamientos otros para el escenario mundo se presenta como un espacio práctico que pone en tensión las características del sujeto artista moderno, a través del trámite de los conceptos: ENTRENAMIENTO - PAGAMENTO - CÍRCULO DE LA PALABRA - TEATRO DEL OPRIMIDO - BUEN VIVIR, materializando esto en términos de lo sensible, y de la acción con: EL JUEGO, EL MOVIMIENTO, EL CANTO, LA PALABRA Y EL COMPARTIR, todo desde el respeto por el otro y la diferencia.
EL LECE y sus Entrenamientos otros para el escenario mundo, no busca resolver problemas del arte ni de la estética, no intenta resolver problemas de la danza, ni del canto, ni del teatro, ni de la educación, aunque pasen por ellos, no; los Entrenamientos otros para el escenario mundo buscan resolver problemas de la vida cotidiana de las personas, producidos por efectos de la colonialidad. En mi caso, el ego se estaba convirtiendo en un gusano que me carcomía el corazón, y a través de los Entrenamientos otros para el escenario mundo tuve, y tengo un espacio para entrenar mi generosidad,
para compartir lo que sé, con la intención que otros puedan vivenciar el poder transformador del entrenamiento, del compartir, del encontrarse con amigos que aún no conocen.
Sobre el mañana. Pensamos en el presente, en un presente colectivo en donde nos encontramos con la diferencia para complementarnos, y crecer juntos. De esta manera, en presente planteamos un mañana más generoso, menos individualista, menos competitivo, menos excluyente… En presente comprendemos que el día y la noche tienen puntos medios y claroscuros, que se puede estar a la izquierda y la derecha, que se puede dialogar con el arriba y el abajo, que se puede convivir y tejer con la diferencia.
Construimos un mañana a partir del hoy.
Construimos el mañana con acciones de generosidad colectivas: Entrenamientos otros para el escenario mundo.
Lo invito a que se una al grupo y nos acompañe:
https://www.facebook.com/groups/989236867753007
https://www.youtube.com/watch?v=Cu1Yf8S3Fz8&feature=youtu.be
Otras conclusiones La sensibilidad no es un asunto exclusivo del arte, ni de los artistas, ni de los humanos. Es una hermandad con todos los seres que participan de la vida, lo que les permite sentir y sufrir. Las otras personas, los animales, las plantas, el planeta.
El LECE se presenta como una propuesta que pone en tensión de manera crítica las etiquetas sociales de clase, raza y género, pues en los Entrenamientos otros para el escenario mundo, se dejan de lado estas fronteras sociales de inferiorización, para aceptar y proponer una igualdad sensible y respetuosa de todos con la vida
Otros aportes de la investigación-creación Entrenamientos otros para el escenario mundo, presenta una visión crítica a la colonialidad estética, y a sus dinámicas apoyadas en los fundamentos del esquema tradicional hegemónico, que, como ya se dijo, tiene pocas preocupaciones por lo sensible, y que por el contrario, deviene en exclusión, aislamiento, individualismo, competencia, ego y violencia. Estas acciones, de acuerdo con los diálogos y entrevistas realizadas, suceden de manera cotidiana tanto en aulas de clase como en espacios del mundo profesional, lo cual ha generado una normalización y aceptación, o sometimiento a estas por parte del sujeto artista moderno.
El resultado de estas acciones no es otra cosa que dolor, resentimiento, exclusión.
EL LECE del Teatro Quimera, presenta los “Entrenamientos otros para el escenario mundo” como una respuesta a las acciones y características propias de la colonialidad estética, y del sistema-mundo moderno. Así, los entrenamientos otros para el escenario mundo, aportan una mirada y acción crítica desde la colectividad, el juego, el gozo y el respeto por la diferencia. Esto se convierte en terreno abonado para la configuración de un pensamiento incluyente, y de construcción colectiva que puede ser proyectado en cualquier otro escenario de la vida cotidiana. El LECE es una respuesta política al aislamiento, el individualismo, la competencia y la violencia impuestos por la colonialidad estética y el sistema-mundo moderno.
Este proyecto posibilita unas herramientas teóricas y prácticas para aquellos que se encuentran heridos por la colonialidad estética, y que desean sanar, pararse en el dolor y continuar.
Este trabajo desea aportar al despliegue y la creación de una estética y una práctica del cuerpo en sentido decolonial, en un sentido más compartido y de reencuentro con un buen vivir.