unA REFLExIón PARTICIPAnTE
Por Hernán Soto
La Rehabilitación Basada en Comunidad (RBC), hoy declarada como una estrategia estable incorporada en los en el nivel primario de atención en Chile, pareciera tener un origen mixto vinculado a la cooperación internacional y a la necesidad urgente de compensar el insuficiente desarrollo histórico de la rehabilitación extra hospitalaria en el ámbito de la discapacidad de origen físico, sensorial o múltiple. Como actor involucrado directamente en el proceso de implementación de la RBC en el sector público de salud, resulta imposible separar el contexto histórico, de recuperación de la democracia, con la necesidad creciente en las comunidades de organización y generación de una respuesta local para abordar necesidades que un gobierno centralista y autoritario no alcanzaba a visualizar. Imaginar al colectivo organizado apoyando y aprovechando sus propios saberes, sentires y experiencia, conectándolos a su vez con la salud y rehabilitación, es muy difícil de entender en un contexto individualista; contexto neoliberal en que el motor de todo progreso es producto de la competencia, y el beneficio orientado hacia el propio sujeto.
La tendencia natural a organizarse y estructurar alternativas para el desarrollo comunitario, fue inhibida -y muchas veces castigada- durante la dictadura, pero ese mismo proceso terminó estimulando organizaciones definidas en los territo- rios, cuyo accionar recogía la cultura, usos, costumbres locales y de quienes las conforman. Reconociendo que la evidente dimensión política -no partidaria- de este nivel de organización puede ser analizada en extenso; vinculando procesos de empoderamiento y rechazo hacia la dictadura, es posible identificar que en alguna medida estos fueron catalizados por las ONGs que actuaron en defensa de los dere- chos humanos durante ese período de nuestra historia. Sin olvidar o minimizar ese componente, el texto presente se centra en la vertiente de servicios vinculados a salud que muchos grupos desarrollaron a lo largo del país. Lo dicho, en la búsqueda de la rehabilitación que en ese entonces el Estado de Chile no alcanzaba a identificar como una necesidad. En un espacio de relación en que tanto el Estado, como la sociedad chilena en general, veía la rehabilitación y el trabajo en discapacidad como una acción caritativo-solidaria vinculada fundamentalmente a la labor esforzada de clínicos en un nivel institucional hospitalario, tenía poca cabida la expresión comunitaria de este proceso, componente que hoy en día pocos se atreven a negar. Esta construcción muy influida por la visión biomédica y de sub-especialización,
que incluso hoy se entiende como atención de calidad y alta complejidad en algunos círculos, propone que, mientras más avanzamos en la ultra especialización y mayor valor se le otorga a la alta tecnología, mayor fragmentación se hace de la persona, separándola en subconjuntos orgánicos en búsqueda de excelencia unidimensional, lo que a juicio de este relator resulta artificial y autocomplaciente. La complejidad de la persona y sus interacciones sociales, actuando en su propio espacio de relación en comunidad, es en términos terapéuticos muchas veces superior si se compara con la encontrada en cualquier nivel de atención centrado en la funcionalidad o el daño de estructura. Esta visión hace perder la perspectiva de propósito e impacto esperado, pues todo acto técnico en este ámbito debiera seguir el vector de la participación e inclusión social. Este curso de pensamiento, lleva a visualizar como estructura central el proceso de intervención, con y sin componentes terapéuticos tradicionales, favoreciendo el proyecto de vida que la persona en situación de dis- capacidad -y su familia cuando corresponda-, han definido como norte durante la construcción de un plan de tratamiento acordado.
El Proceso
Reconociendo los desarrollos locales y experiencias en nivel comunitario que muchos grupos y equipos han planteado a lo largo de estos años, se focalizará el relato y análisis en el período 2003-2014, 11 años en que formalmente se levanta una oferta definida desde sus orígenes y que responde a las lecciones aprendidas en la interacción con Japón, la OPS/OMS y experiencia de profesionales y equipos chilenos.
Durante el proyecto de cooperación internacional Japón-Chile gestionado entre 1995 y 2000 y desarrollado en el Instituto Nacional de Rehabilitación Pedro Aguirre Cerda entre 2000 y 2005, proceso durante el cual se ajustó el modelo de atención desarrollado como Plan de Acción durante el Curso JICA “Community Care System Link to Regional Core Hospitals” (Hiroshima International Center, 1998).
Entre 2004 y 2006, se perfecciona el modelo, aprovechando el apoyo de la Embajada del Japón en Chile a través de su Programa Asistencia para Proyectos Comunitarios (APC), quien invierte 1.7 millones de dólares, en 17 proyectos de equipamiento, construcción y/o remodelación que sirvieron además como valiosa fuente de información para la posterior negociación presupuestaria en 2006. Durante este período, se reforzaron buenas prácticas identificadas en la Red y en cooperación con el Fondo Nacional de la Discapacidad (FONADIS hasta el año 2010). Es en ese entonces cuando surge el programa de RBC de FONADIS y el Convenio de Coope- ración para el reforzamiento de la RBC FONADIS-MINSAL.
Llegado 2006 se desarrolla el proceso de negociación presupuestaria en que, por una parte, se logra el apoyo específico del entonces Ministro de Salud Dr. Pedro García, coordinándose con el Programa Ciclo Vital del Adulto Mayor de DIPRECE3 se
defendió la solicitud de expansión presupuestaria ante el equipo de la Dirección de Presupuestos de Hacienda, dirigido por la Sra. Jacqueline Canales.
Como producto de la negociación y análisis estratégico hecho con el Subsecretario de Redes Asistenciales de la época, Dr. Ricardo Fábrega, se decide mantener la opción de las Salas de Rehabilitación Integral, orientadas hacia problemas músculo esque- léticos (inicialmente fue denominado Programa de Atención (PAME) y simplificar transitoriamente el equipo asociado a los Centros Comunitarios de Rehabilitación, hoy erróneamente llamados salas RBC.
Por otra parte en esa misma época y hasta el presente, JICA continuó aportando desde su Programa de Voluntarios Japoneses (JOCV4), al reforzar los incipientes
equipos de los Centros Comunitarios de Rehabilitación (CCR) con algunos profe- sionales jóvenes que se esforzaron por crear puentes y aportar a la atención de las personas en los nuevos centros. Siguiendo un principio de justicia, es necesario reconocer en particular algunas iniciativas pioneras en este desarrollo, tales como el CCR “Ayudando a Crecer” (Comuna de Chimbarongo en la Región de O’Higgins), el CCR de Monte Patria, Región de Coquimbo y el CCR de Osorno en la Región de Los Lagos, cuyos directivos y equipos de rehabilitación sobresalieron por su tesón, concepción de comunidad y sentido de la salud pública, durante aquella primera etapa de esfuerzo fundamentalmente local.