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A.1 Database structure

A.1.1 The public schema

En este apartado interesa destacar los componentes visuales del paisaje y la percepción del mismo.

De acuerdo a las perspectivas planteadas anteriormente y siguiendo a Ormaetxea Arenaza (1997), en este punto ya se puede diferenciar claramente que hay distintos enfoques para abordar los estudios de paisaje, que la autora divide en dos grandes líneas de trabajo; por un lado los estudios perceptivos que tratan el paisaje como una escena y por otra el análisis integrado que ve al paisaje como un entramado territorial.

32 El paisaje visual o percibido es aquel espacio que rodea al observador, es el entorno visual desde el punto de observación considerado. Aquí, el centro está dado en el observador y en las cuencas visuales, entendiendo por ello al territorio visible, y culturalmente apreciado, desde el punto de vista de observación, se materializa en lo que el observador percibe de un territorio (Tévar Sanz, 1996; Sivestri y Aliata, 2001; Cossgrove, 2002; Mateo en Aparicio y Rebollo, coord.2004; Lindón en Nogué, 2007, Nizzero 2006, Montoya Ayala, Ramírez y Camargo, 2003).

Esta perspectiva de análisis comenzó a tener mayor desarrollo a fines de la década del ’60, momento en el cual los geógrafos con el propósito de identificar los valores del paisaje incursionaron en el estudio de las diferencias que mostraban los individuos y diferentes grupos sociales en la percepción de una escena urbana o rural, (Cossgrove, 2002).

La percepción ambiental adquiere gran relevancia para estudiar las relaciones del ser humano con el medio, es así que las personas, mediante la percepción dan significado a su entorno en función de sus necesidades y su cultura. La percepción ambiental tiene sus inicios en la década del ’70 con William Ittelson como uno de los psicólogos precursores de esta línea. Mediante la percepción ambiental, los estudios de valoración del paisaje se centran en el mismo como un todo y se entiende al paisaje como una creación propia de la experiencia de las personas y que a su vez permite atribuirle un significado, siendo esto una característica distintiva respecto de los otros enfoques, (Díaz, 2008). Otros autores que merecen ser mencionados son Caneto (2000) y Holahan (1999), quienes han desarrollado escritos sobre percepción. El primero de ellos ha hecho énfasis en la percepción como metodología para el análisis urbano, mientras que el segundo ha sentado bases en la bibliografía de la psicología ambiental, entendida como un área de la psicología desde la cual se investiga la interrelación del ambiente con las experiencias y las conductas de las personas (Holahan,1999).

En adición, también se destaca a Adriana Gómez Alzate (2010) quien en su tesis doctoral, ha trabajado sobre percepción, visualización del territorio y la vinculación con la cultura y la dimensión ética ante la planificación sustentable del paisaje. En esta última dimensión, la ética cobra relevancia en este tipo de investigaciones basadas en la percepción y la valoración del paisaje.

Los estudios de calidad visual del paisaje basados en las preferencias paisajísticas tienen sus antecedentes en Estados Unidos, también a partir de la década del ’60 ya que allí se

33 conformaron normas y regulaciones que hicieron que el paisaje fuera contemplado en los estudios de impacto ambiental y se incorporara a la ciudadanía y las agencias del estado en la participación para la toma de decisiones. Así, por esos años se desarrollaron líneas de investigación sustentadas en la estética y el medio ambiente (Galán Vivas, 2011).

En consecuencia, cabe mencionar que los estudios sobre percepción espacial en torno a distintos lugares ha recibido el impulso desde la geografía, en particular desde la geografía humana y cultural y actualmente desde las geografías emocionales, en términos de Nogué (sin fecha), a partir de las cuales en el mundo vivido adquieren participación los sentidos visuales, olfativo, táctil y sonoro y es a partir de ellos que se evocan los paisajes.

En el enfoque visual y los estudios de naturaleza perceptual se tiene en cuenta la calidad estética de los paisajes, la identificación de las personas con determinados paisajes, las preferencias paisajísticas, la visibilidad, la fragilidad y también los elementos visuales del mismo (Ormaetxea Arenaza, 1997; Cancer, 1999, De la Fuente, Mezquida y Fernánez, 2004; Montoya Ayala, Ramírez y Camargo, 2003; Morláns, 2005, Nizzero, 2006).

A partir del análisis de las cuencas y de los elementos que resultan visibles, se caracterizan los paisajes visuales. Los componentes visibles han sido definidos como las formas, las rocas, los cursos de agua, la vegetación, presencia de fauna, intervenciones antrópicas, el relieve, los colores, los bordes, las líneas, las texturas, la escala y el espacio (Forman en Irastorza Vaca 2006; Abad Soria y García Quiroga, 2006).

Para Naselli (2003), el territorio es transformado en un escenario que involucra una escala y un punto de observación en el cual coexisten una escena y una historia de vida. Para el autor, ese escenario está representado por entidades físicas, el mundo biótico involucrando a la vida humana y los significados culturales. Dicho de otro modo, el autor define el paisaje como “el producto de una lectura de un territorio (natural, antropizado, artificial o virtual) abarcado y por ende limitado por una mirada humana, con una percepción directa o indirecta a través de mecanismos sicofísicos, vehículos y artefactos según una escala y punto de observación definidos” (2003:19). Así para el autor se convierte en una imagen que una persona crea en su interior a partir de sus vivencias en un ámbito natural o construido. Es un espacio mixto a partir del cual es posible recabar datos objetivos y directos de la percepción y análisis visual, datos subjetivos y directos provenientes de la percepción y comprensión

34 intuitiva o bien datos objetivos, subjetivos e indirectos provenientes de fuentes sobre el conocimiento del lugar o bien de la visión de los científicos investigadores.

Los autores mencionados en este apartado han realizado experiencias sobre la valoración del paisaje en distintos países, tomando como punto de partida la percepción como elemento fundamental para analizar preferencias paisajísticas y calidad escénica.

Otro antecedente, Cosgrove (2002), analiza las formas de visión (el modo de mirar) y las formas de percibir el espacio; también vincula cómo dichas imágenes del paisaje reflejan las identidades sociales e individuales. Por otro lado, el autor propone que la evolución en las definiciones del paisaje se asocian a la evolución histórica en las distintas tecnologías que influyen en la percepción. Este autor manifiesta que vincular el paisaje con el sentido de la vista no implica negar los otros sentidos, así como tampoco la participación de la cognición racional al momento de dar forma y significado al territorio. Sin embargo, destaca que la vista y el propio acto de ver es un hecho deliberado y que se encuentra culturalmente condicionado; es cada vez más dirigida y se experimenta por medio de ayuda de la tecnología. En términos de Berque (2009), no es sólo una cuestión de óptica, sino en gran parte, es cuestión de construcción social. Postura análoga es la que plantean Silvestri y Aliata (2001), al exponer que si bien la mirada paisajística posee una connotación estética, aquello que se mira y visualiza adquiere sentido a partir de recuerdos y nostalgias.

Así, Cosgrove (2002) analiza los distintos modos de visión, entendidos como la vista, la mirada fija, la perspicacia y la visión, y los vincula con los modos de percibir el espacio; y cómo las imágenes paisajísticas construyen y reflejan las identidades sociales e individuales. En esta misma línea de pensamiento, Aliata y Silvestri (2001) hacen referencia a la escena de la perspectiva, en donde siempre existe un escenario y un espectador que aprecia de manera singular una porción de territorio.

Las definiciones y conceptualizaciones de territorio han adquirido a lo largo de la historia igual o mayor complejidad que el término paisaje, e incluso se ha llegado a utilizar como sinónimo de paisaje (Aliata y Silvestri, 2001).

De ese modo, en percepción del paisaje, la visión es el sentido dominante, tiene un rol fundamental que en muchos casos apacigua a los otros sentidos. Mediante la vista se

35 captan formas naturales y construidas, colores, iluminación, contrastes, proporciones, integración, uniformidad y armonía (Durán11 en Nogué ed., 2007).

Muñoz Pedreros, Moncada Herrera y Larrain (2000), han trabajado la variación de la percepción del recurso paisajístico en el sur de Chile desde un enfoque visual. Para ello se basaron en considerar distintos grupos, uno de expertos en paisaje, otro de profesionales que desde distintas disciplinas intervienen en la transformación del paisaje rural, como ser agrónomos y veterinarios y un grupo control. Si bien lograron un análisis estadístico para analizar la variabilidad entre grupos, se considera como un antecedente para la presente investigación ya que utilizaron un método de evaluación mixto con valoración directa de subjetividad el cual considera el uso de diapositivas y una posterior encuesta. En consecuencia, se considera dicha experiencia por hacer uso de sustitutos del paisaje basados en imágenes fotográficas y dibujos.

Otro antecedente que merece ser destacado, es la experiencia que realizó Galán Vivas (2011) en su tesis doctoral, dado que uno de los tantos objetivos de su investigación implicaba el desarrollo de una metodología para el análisis del paisaje desde el punto de vista visual y cultural basándose en la opinión de la población, expertos y grados de visibilidad del paisaje. Dicha experiencia se realizó en la comunidad de Valencia, España. En dicho trabajo, el autor expone que las experiencias de investigación que se han llevado a cabo a partir de los años ’80 sobre preferencias paisajísticas, arrojaron grandes diferencias entre hombres y mujeres, diferencias entre grupos etarios, así como también según la cultura y si se trataba de poblaciones urbanas o rurales. Asimismo, destaca que las valoraciones paisajísticas basadas en aspectos visuales son procesos experimentales en los cuales se debe indagar sobre las preferencias sin tener estándares pre establecidos y en base a ello se logrará determinar los gustos o apreciaciones de las personas.

De este modo, en esta línea de estudio se han recabado diferentes trabajos que abordan la percepción y valoración del paisaje visual mediante el análisis de preferencias paisajísticas como estrategia principal al momento de estudiar paisajes que, se encuentran degradados así como también en instancias de diseño de planes y programas de gestión del paisaje.

11 María Ángeles Durán presenta un capítulo denominado “Paisajes del Cuerpo”, en la obra que ha editado Joan

36 Este tipo de enfoque suele ser utilizado en las evaluaciones de impacto ambiental y en distintos informes de diagnóstico, tal como lo propone Marchena Quispe (2005), en sus estudios sobre evaluación del paisaje visual. Así, analiza la composición, dominancia y contraste visual como línea base del paisaje percibido, definiendo la calidad escénica y fragilidad visual.

En otra sección se enunciarán cuáles son los métodos de valoración utilizados desde esta perspectiva de análisis del paisaje. Sin embargo cabe mencionar que en los estudios de paisaje la valoración que se tiene acerca de éstos, supone que el valor del mismo está en función del número de individuos que lo prefieren (Muñoz Pedreros, 2004).

En esta instancia y en virtud de los supuestos establecidos por los distintos autores puede comprenderse la estrecha vinculación que existe entre la dimensión cultural y el paisaje percibido, especialmente desde el punto de vista visual.

A continuación, entonces puede apreciarse en la siguiente sección cómo las distintas investigaciones suelen abordarse mediante una combinación de perspectivas, ya que suelen complementarse.