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3  URBAN SEGREGATION AS A COMPLEX SYSTEM: CONCEPTS

3.2  Social simulation as a tool for exploring the ‘in-between’ 37 

3.2.1  Purposes of social simulation 41 

Como he dicho anteriormente, cuando alguien considera que ya ha conseguido sus objetivos en Sudáfrica o, al menos, se contenta con lo que ha logrado, se lo plantea a su familia y realiza planes para asegurar su subsistencia futura. Normalmente esta situación se tiene en cuenta desde que empieza a emigrar ya

que es consciente de la temporalidad de su estancia (o al menos esas suelen ser sus intenciones) y que uno de sus fines debe ser encontrar alternativas con los ahorros que consiga guardar. Por tanto, desde la llegada se piensa en pagar el lobolo para no tener problemas familiares y para que la deuda no se acumule, construir una casa duradera para el futuro y, finalmente, ir invirtiendo en negocios alternativos que permitan en un primer momento alternar y posteriormente prescindir de la emigración para la supervivencia.

El problema es que, en su senectud, todos estos trabajadores, o no tienen pensión o esta es ridícula. El trabajo antes era mayoritariamente legal y en la mina, por lo que les quedaba una pequeña paga o indemnización al finalizar el contrato:

“Es una jubilación, una jubilación insignificante, insignificante porque no dura siquiera tres meses esa cantidad… para un individuo que trabajó veinte años.” (16)

Hoy en día los trabajos en la mina han experimentado una mejora considerable y reciben una jubilación digna, así como las indemnizaciones por accidente u otros motivos. Sin embargo, como he dicho anteriormente, hoy los trabajos a los que pueden acceder los mozambiqueños sin formación ni experiencia son aquellos peor retribuidos, con contratos temporales que no aseguran indemnizaciones sustanciosas y, en muchos casos, son empleos clandestinos que no se ajustan a la legalidad y son pagados en mano sin ningún tipo de derecho.

Pero, además de no recibir compensación o que esta sea insignificante, a su vuelta a Mozambique se encuentran con que allí no es valorada su experiencia, no se contempla sus conocimientos en un área técnica ni el currículum que se han forjado durante años en Sudáfrica independientemente de que hayan trabajado legal o ilegalmente y que esto esté registrado o no. Por tanto, a la hora de buscar trabajo, se encuentran con que son mayores y sin experiencia para competir en un mercado laboral sobresaturado. Y esa es una de las principales reivindicaciones de la ATMAS (Asociación de Trabajadores Mozambiqueños en Sudáfrica) que su director expresaba con estas palabras:

“Intentamos ver si podemos crear condiciones para que las personas que van a Mozambique, cuando lleguen a Mozambique puedan tener sitios donde trabajar… porque ellos están formados, tenemos muchos cuadros que están formados en Sudáfrica que Mozambique ni sabe que existen.” (35)

Sea de una manera o de otra, lo que tienen todos en común es que ya sea a través de una actividad por cuenta ajena o una fuente de inversión para sus ahorros, intentan labrarse un futuro cuando todavía tienen un nivel económico que les permite pequeñas inversiones.

Sin embargo, el empleo por cuenta ajena en Mozambique es poco y mal remunerado, además se concentra en ciudades, así que, salvo excepciones en que se les ofrezca una buena posición, en su mayoría no aceptarían y tampoco serían aceptados porque su experiencia está desvalorizada, el propio Ministerio de Trabajo mozambiqueño los tiene registrados a todos por igual como trabajadores no especializados. Y, respecto a las inversiones que pretenden hacer no salen de un abanico bastante limitado salvo excepciones en que se plantean proyectos más novedosos o ambiciosos (sobre todo mineros que tienen mejores condiciones económicas y formativas o cuando se asocian entre varios). Las inversiones de la mayoría se quedan reducidas a unas pocas opciones debido a dos motivos:

La intención mayoritaria de regresar a vivir a su aldea, donde por otra parte tienen su casa y su vida hecha.

“Yo quiero quedarme donde nací, a mí me gusta el lugar donde nací. Estar también con la familia… pero el problema son las condiciones, las condiciones no lo permiten bien, pero mi preferencia es ir y quedarme. También hay muchas personas que conozco allá donde crecí. También vivo bien, y no puedo olvidar donde nací.” (32)

Esta elección limita las elecciones a las demandas del mercado rural y esto choca en ocasiones con los sueños inversores como le pasa a este minero de la provincia de Inhambane:

“Tengo que ir para allá, pero… de visita. Tengo una casa allí y voy a dejar esa casa porque tengo un plan que quiero hacer, pero ese plan… tiene que ser en una ciudad: tengo planificado comprar dos máquinas de desmontar, montar y equilibrar neumáticos.” (33)

La mayoría no tiene una formación específica ni un nivel educativo que pase de la secundaria. Muchos son analfabetos y serían incapaces de llevar grandes inversiones. Por otra parte, el objetivo que se plantean es una pequeña inversión que les permita vivir cómodamente.

Una vez vistos estos condicionantes, muchas actividades son incompatibles o no deseadas como inversión ya que podrían interferir otros aspectos más relevantes de su vida. Así que las opciones que quedan se limitan bastante al trabajo rural y unos determinados oficios que han venido siendo la fuente más común de inversión de los migrantes durante mucho tiempo:

La adquisición de una furgoneta para ponerla a funcionar como transporte público. Suele sacar buen rendimiento pero el deterioro es rápido debido a las condiciones de las carreteras y la sobrecarga a la que se somete. Se concibe como un negocio temporal que muchos contemplan para salir adelante mientras los hijos estudian. Aunque en algunas ocasiones no se cumple (he visto hasta niños conduciendo), en general, el acceso a estos trabajos es para aquellos con carné de conducir y para ello tienen más facilidad aquellos con un cierto nivel de estudios (por lo menos leer y escribir):

“Los trabajadores instruidos se volvieron los primeros propietarios de furgonetas y camiones. Este grupo de trabajadores era el mejor situado para tener éxito en las escuelas de conducción y era más probable que tuvieran el capital necesario para la adquisición de vehículos.” (Covane 2001: 210)

“Voy allí a Mozambique, voy a comprar un mini-bus y conseguiré esos 5, 6 ó 7 millones para ponerlo en marcha y entonces, en ese momento, mi corazón quedará satisfecho. Tal vez no hacer el trabajo personalmente, pero sé que: estoy aquí trabajando, tengo alguna cosa y algún futuro.” (40)

La inversión en algún tipo de comercio. Sobre todo suele ser poner tiendas en su aldea o barrio o el comercio de productos a pequeña escala ya que comercializar en zonas urbanas o a gran escala es difícil con la competencia de las redes comerciales hindúes que están establecidos en el país desde el tiempo colonial.

Muchos aprovechan su vuelta desde Sudáfrica para traer cosas que en Mozambique son más caras, ya no sólo para su familia, sino para comerciar y sacar un dinero extra.

“Tecnología… puedo comprar… sillas, máquinas de fotos… puedo comprar cosas que son más caras allí. Y además, traigo desde allí cristaleras, espejos…” (40)

La mecánica de automóvil es un trabajo demandado en Sudáfrica y que suele ser la alternativa para muchos mozambiqueños en el país vecino. Algunos de los que se dedican a ello en su exilio montan su propio taller cuando regresan, aunque la demanda de estos servicios en Mozambique es menor.

Sobre todo aquellos que viven cerca de zonas de pesca abundante, suelen invertir en uno o varios barcos (según sus posibilidades) para dedicarse a la pesca.

Cría de animales: bueyes, gallinas, patos, cerdos, cabras… que tradicionalmente son considerados fuente de riqueza y ahorro familiar (sobre todo ganado bovino) desde antes de la propia migración. Con la migración se produce para la venta, como negocio, más allá de la cría para el consumo y para intercambios que forman parte de ceremonias y estrategias tradicionales de redistribución.

Estos son los principales negocios que, si tienen éxito, pueden emplear a gente local y, muy raramente, podría incrementarse el negocio y pasar a otra generación. Normalmente estos negocios son temporales y se entienden como una forma de aplazar el momento en que se queden sin ingresos ya que suelen durar unos años. En algunos casos perduran y tienen el suficiente éxito pero, generalmente sirven para mantener a la familia un corto periodo hasta que los varones de la siguiente generación pasen a migrar y a afianzarse como los nuevos abastecedores de dinero en la familia, ya que los bajos salarios que estos negocios aportan no son suficiente para compensar la decisión de migrar. El migrante normalmente intenta diversificar la inversión de su dinero en varias de estas actividades económicas, ya sea sincrónica o diacrónicamente, durante y en los años posteriores a su vuelta del exilio. A veces pasa de una a otra continuamente, negociando, comprando, vendiendo, invirtiendo… se puede decir que estos negocios temporales y su diversificación son la fuente de ingresos de muchos mozambiqueños en un país donde el trabajo asalariado es muy escaso:

“Cuando salí de Sudáfrica tenía ahorrados 9000 rands. Con ese dinero compré 5 bicicletas, vendí las bicicletas a mi regreso y, tras ver cómo está la vida compré 5 cabezas de ganado. En 2006 ya se habían reproducido hasta 51 cabezas. De ahí construí esta barraca (tienda), esta barraca viene de la venta de esas cabezas y aún tengo ganado.” (11)

Cuando ya no hay dinero con qué invertir o cuando las personas son mayores y sus hijos han pasado a ocupar el lugar de la responsabilidad productiva en la familia, los ancianos se suelen dedicar a la agricultura de subsistencia y otras labores tradicionales en la aldea hasta el final de sus días. A partir de ese momento comenzará un nuevo ciclo migratorio en el que serán los hijos los que detenten el mayor poder productivo y los que pasarán a tener la responsabilidad de llevar dinero a la familia.