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Chapter 3 Methodology

3.9 Data collection

3.10.1 Qualitative content analysis

En agosto de 1965, unos meses antes de su muerte, Camilo Torres Restrepo [1929 – 1966] dio a conocer la plataforma política del Frente Unido, un movimiento de izquierda que planteaba un fuerte compromiso con la introducción de cambios al sistema político y económico del país con el fin de mejorar las condiciones de vida y de bienestar de la “mayoría” de los colombianos44. Legitimado a sí mismo como un movimiento popular, defensor de la causa de los pobres y desamparados, el Frente Unido hizo parte de la etapa de radicalización política de Camilo Torres, luego de una amplia trayectoria en los medios académicos y en el trabajo comunitario. El espíritu de servio al prójimo de Camilo Torres, unido a su adhesión a una nueva orientación de sectores de la Iglesia Católica en torno a la reflexión de las desigualdades sociales, fueron aspectos reiterados en sus discursos para respaldar tanto las acciones que emprendió en el escenario público, como para sustentar las críticas constantes que le hizo a los grupos políticos detentadores del poder, sobre la base de ser estos organizaciones que excluían de la participación en las decisiones del Estado a la gran masa de la población colombiana. Transformar la sociedad, redistribuir la riqueza, reformar el sistema político y desplazar a la tradicional capa de dirigentes de los partidos políticos, fueron horizontes del ideario planteado por el Frente Unido para ser ejecutados y llevados a la práctica con prontitud.

El Frente Unido convocaba a sectores populares, organizaciones de acción comunal, sindicatos, cooperativas, mutualidades, ligas campesinas, comunidades indígenas, organizaciones campesinas y obreras. A fin de unificar a distintos sectores de izquierda y grupos sociales, el Frente se planteaba como respuesta al ejercicio del poder político que una “minoría” de colombianos, aquellos con la mayor concentración de la riqueza, realizaban con exclusión de los intereses de una “mayoría”. Según lo define su plataforma, un cambio en los sujetos actores de la

44 La plataforma fue publicada en el primer número de del Semanario Frente Unido el 26 de agosto de 1965 en Bogotá. En: Torres, Camilo. Escritos políticos. El Áncora Editores, 1991.

política podría romper la concentración de poder en Colombia monopolizado por parte de la “minoría”, ligada a los intereses de los grupos extranjeros, y permitir que las decisiones políticas pasan a ser tomadas por los sectores subalternos, quienes estaban en posibilidad de introducir modificaciones en el desarrollo socioeconómico del país en beneficio general. Los medios para alcanzar el poder político dependían de la reacción de la “minoría”: pacíficamente, si permite por vías democráticas y legales el cambio, o a través de la lucha armada al frenar los cambios.

El nuevo aparato político que pretendió desplegar el Frente Unido buscaba su articulación a las masas sin llegar a ser personalista dependiente del carisma de un líder, sino amparado en objetivos concretos. Esos objetivos, que comprenden claramente factores de un fuerte intervencionismo del Estado para disminuir las desigualdades sociales a través de una completa redistribución de recursos entre los habitantes del país, cubren varias esferas. De una parte, afecta el tema de la propiedad agraria con la redistribución de las tierras para quien la trabaja, expropiando a los terratenientes y desplegando un programa completo de acompañamiento al campesinado. También la propiedad urbana, al hacer propietarios del inmueble a los habitantes que viven en casas alquiladas, y nacionalizaciones de recursos naturales como el petróleo, bancos, compañías de seguros, hospitales, centro de producción de medicamentos, televisión y radio fueron planteamientos del programa del Frente Unido que afectaron la tenencia tradicional de la propiedad. A lo anterior se suman una reforma tributaria con un impuesto progresivo para los colombianos con mayor renta, la seguridad social gratuita, el impulso de la educación gratuita y obligatoria en los niveles básicos con libertad ideológica para los estudiantes una vez finalizada la educación secundaria. Finalmente, el Frente Unido resalta la protección a grupos vulnerables como mujeres, niños, indígenas y la mayor apertura del sistema político para su incorporación.

Los planteamientos del Frente Unido, antes mencionados, se relacionan con un periodo de la vida de Camilo Torres en que se define asimismo como revolucionario, como un colombiano no ajeno a las luchas del pueblo, como un sociólogo que

reconoce en la ciencia y en la técnica mecanismo para llevar a cabo la Revolución y como un cristiano que ve en la Revolución la única forma de llevar el amor al prójimo y dar el bienestar a la mayoría. Según su visión, la Revolución, en su carácter de transformación completa del sistema sociopolítico y económico, es el vehículo fundamental para hacer efectiva la “caridad fraterna” e indispensable para lograr el cumplimiento de su misión sacerdotal. No se trata de llevar el amor al prójimo desde la beneficencia, sino de un cambio en las estructuras sociopolíticas mediado por la toma del poder. Sólo a partir de la Revolución “es posible desconcertar el poder que controla medios de comunicación y sistema electoral”45.

La postura de Camilo Torres lo distanció con la jerarquía católica del país, dejando su vinculación oficial a la Iglesia, y lo acercó al Ejército de Liberación Nacional ELN a finales de 1965, hasta su muerte a principios de 1966. Aunque su fallecimiento en combate y la defensa radical que hizo de su ideario de cambio social ha construido una representación mítica del personaje entre grupos de la extrema izquierda, su participación en la vida política colombiana previa estuvo asociada con su vinculación al Instituto Colombiano de Reforma Agraria INCORA y las cátedras de sociología urbana en la Universidad Nacional tras haber estudiado en Lovaina. La reflexión constante de los efectos de la Violencia sobre sectores campesinos, la forma en que los grupos de presión actuaban en los países “subdesarrollados” para acaparar poder económico y político, y las respuestas materiales que desde el discurso social de la Iglesia se daban diversas problemáticas sociales ocuparon muchos de sus intereses.

El compromiso social de Camilo Torres y su discurso de las desigualdades sociales estuvo en concordancia con un fenómeno más amplio de la Iglesia Católica iniciado en la posguerra europea a raíz de una mayor reflexión en torno a fenómenos de pobreza. Las principales orientaciones y expresiones de ese movimiento se dieron en Latinoamérica a partir de la creación de una corriente denominada Teología de la Liberación. Este movimiento nació luego del Concilio Vaticano Segundo y la reunión

en Medellín durante 1968 de la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Los puntos centrales de la Teología de la Liberación consideran que la “salvación cristiana no puede darse sin la liberación económica, política, social e ideológica, como signos visibles de la dignidad del hombre”. Por tal razón, se debe eliminar la pobreza, la explotación, las faltas de oportunidades e injusticias de este mundo. La Teología apunta a crear un “hombre nuevo” como condición indispensable para asegurar el éxito de la transformación social, un hombre solidario y creativo motor de la actividad humana en contraposición a la mentalidad capitalista de especulación y espíritu de lucro46.

La Teología de la Liberación en América Latina enfocaba el trabajo de la Iglesia hacia otros horizontes distintos al tradicional conservador y retardatario. Como respuesta a una mayor secularización de la sociedad, a la urbanización, a la consolidación de las clases medias, cambios en la concepción de la familia y los roles sexuales, esta Teología se desplegaba en un periodo de mayor diálogo de la Iglesia con el mundo moderno. Sectores del clero colombiano, más cercanos a las condiciones socioeconómicas del país e interesados en romper con las actitudes de la Iglesia frente a las nuevas corrientes ideológicas y sociales, se pusieron en contacto con grupos de pensamiento de izquierda. Producto de los acercamientos y reflexiones de miembros de la Iglesia se desarrollaron, en concordancia con varios de los planteamientos de Camilo Torres y Teología de la Liberación, grupos como el de Golconda y los “Curas Rebeldes”.

Inscritos en la denuncia de las injusticias y desigualdades sociales que afrontaba Colombia en la década de 1960 e interesados en generar presupuestos para un cambio social, el mayor compromiso de los cristianos con fenómenos de exclusión social, política y económica de los sectores populares, 50 sacerdotes y un Obispo en 1968 se reunieron y sentaron las bases del grupo Golconda. Bajo una visión de la

46 Una de las obras síntesis de este movimiento renovador de la Iglesia es Teología de la liberación: perspectivas de Gustavo Gutiérrez [Salamanca, Ediciones Sígueme, 1985]. Para este autor, es papel de la Iglesia dar respuestas a problemáticas materiales de la sociedad contemporánea, entre ellas las socioeconómicas, cuyo horizonte para América Latina está enfrentado a mecanismo de superación de las desigualdades sociales.

labor evangélica más allá de la salvación de las almas, la respuesta doctrinal pretendida por el grupo de Golconda, cuyo nombre proviene de la finca llamada Golconda de Cundinamarca en que se reunieron, pretendió una mayor vinculación de la Iglesia con los cambios acontecidos en América Latina a partir de una plataforma de acción de la Iglesia sobre las desigualdades sociales. Esa plataforma se desplegaba a partir de la reflexión sobre temas como el “subdesarrollo” económico del país y la dependencia respecto al capitalismo internacional que, según su postura, daba lugar a condiciones de privación de bienes materiales entre la población y limitación de la realización humana en un contexto de sometimiento de las “mayorías” a las “minorías”47. La posibilidad de una liberación, de una transformación de las estructuras que soportaban el sistema de explotación requería en principio un desplazamiento del poder político de las elites hacia los sectores populares, una redistribución de la propiedad agraria y de una vinculación más efectiva de los sacerdotes con las aspiraciones materiales de los colombianos y no únicamente con el proceso trascendental de salvación humana.

Golconda pretendió realizar una “pastoral militante” tendiente a eliminar “todas aquellas circunstancias que conspiraban contra la dignidad humana”. Entre sus objetivos estuvo alentar un compromiso de la Iglesia con las diversas formas de acción revolucionaria en contra del imperialismo y la “burguesía neocolonial” del país. Buscó modernizar las estructuras de la Iglesia y su discurso tradicional para darle cabida a su separación respecto al Estado y promovió un modelo socialista como respuesta de organización política acorde con mecanismo efectivos de la eliminación de las desiguales sociales. El rechazo al sistema de bipartidismo político colombiano y el ataque al aparato militar enfocado al combate de sectores insurgentes de colombianos son otros dos elementos incorporados por Golconda, sin dejar de lado la relación entre la tarea litúrgica evangelizadora y de conducción de la comunidad eclesial propia de la Iglesia. Para este grupo, en el “ejercicio ministerial de la palabra”

47 Movimiento Universitario y Profesional de Organización de la Comunidad, MUNIPROC. Golconda, el libro rojo de los “curas rebeldes”. Bogotá, Editorial Cosmos, s.f. pág. 113 – 124.

debe participar la situación del hombre colombiano y su anhelo de cambio social hacia una sociedad más justa48.

La importancia de Golconda y Camilo Torres fue posible porque le dieron forma y coherencia a un nuevo discurso de la izquierda, lograron una mixtura de lenguaje religioso cristiano y acción política para disminuir las desigualdades sociales. Como iniciativa que parte de sectores de la Iglesia, contrastó con la tradicional apatía de esta institución en transformaciones de las condiciones materiales de existencia de la población, pues generalmente su discurso se ancla en elementos como la resignación frente a la pobreza y las injusticias, el respeto a la propiedad y al orden bajo distintas fórmulas legitimadas en textos bíblicos que consideran la vida humana en términos de la salvación posterior. La ruptura propuesta por estos grupos significa, dado el peso de la Iglesia en el país, un apoyo hacia una mayor conciencia social y unas respuestas más radicales frente a la inamovilidad del sistema sociopolítico en cuanto a situaciones de injusticia. Incluso el hecho de que las propuestas de cambios sociales provienen de minorías eclesiásticas tiene un peso destacado, pues ya no se trata de las actividades en torno a las de denuncia de desigualdades hechas por grupos políticos censurados como el Partido Comunista o agrupaciones campesinas armadas defendiendo intereses de grupo, sino que constituye una propuesta más integral y de un posible mejor respaldo entre la población. Pese a la breve duración de Golconda y a no llegar a constituirse en un movimiento mayoritario en el interior de la Iglesia, dadas las fuertes críticas y reprobaciones a las cuales fue sometida por la jerarquía eclesiástica y otros sectores de la opinión pública, tuvo continuidad en la década de 1970 como una tendencia definida. En 1972 el grupo Sacerdotes para América Latina intentó recoger varios de sus planteamientos. El rechazo al capitalismo, a las estructuras de la Iglesia, un trabajo evangélico con los pobres y el interés en introducir una tercera vía entre el

48 Movimiento Universitario y Profesional de Organización de la Comunidad, MUNIPROC. Op. Cit. Pág. 113 – 124

socialismo y el capitalismo para desplegar acciones políticas, estuvieron entre las propuestas de este otro grupo49.