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Refactoring the code.

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6. Refactoring the code.

Nos interesa a propósito del tema de la mirada y la visión explorar algunas constelaciones de imágenes que, en tanto captación imaginaria, obran como un auténtico fertilizante del pensamiento en esta novela y “hace[n] ver”, “make you see” (Conrad, 1946a: 5), las conexiones cuerpo-fuerza, visión y espacio.

En este apartado indagaremos la noción de espacio que Conrad compone a partir de la consideración del acto de Jim en el Patna. La catástrofe que conlleva dicho salto, en tanto abandono cobarde del barco y de los peregrinos, comporta primordialmente un salto fuera de la novela de aventuras, de la retórica imperial y de las coordenadas que estabilizan a un sujeto desencarnado.

Comenzaremos citando un pasaje en el que Jim a bordo del Patna, ya cargado con ochocientos peregrinos rumbo a La Meca, se deja llevar por “the great certitude of unbounded safety and peace that could be read on the silent aspect of nature like the certitude of fostering love upon the placid tenderness of a mother’s face” (Conrad, 1994:19). Los peregrinos confiados dormían en las cubiertas, “[b]elow the roof awnings, surrendered to the wisdom of white men and to their courage, trusting the power of their unbelief and the iron shell of their fire-ship (ibíd.).

Ominosamente la narrativa desliza indicios del desastre:

Jim paced athwart, and his footsteps in the vast silence were loud to his own ears, as if echoed by the watchful stars: his eyes roaming about the line of the horizon, seemed to gaze hungrily into the unattainable, and did not see the shadow of the coming event. (21)

A esta altura de la narración la referencia proléptica a la sombra de ese hecho en ciernes, “the shadow of the coming event”, pasa casi inadvertida y la relevancia e intensidad que introducen se difuminan, o en una lectura atenta se potencian, cuando unas líneas más adelante se alude a el exceso de plenitud fundado en la certeza que Jim experimenta ante la presencia de la brújula:

Jim would glance at the compass, would glance around the unattainable horizon, would stretch himself till his joints cracked with a leisurely twist of the body, in the very excess of well-being; (ibíd.)

La voz del narrador se adentra en la experiencia de Jim sobre cubierta y se explaya en la descripción de aquellos elementos que permiten fijar la posición del barco, orientarse y trazar un itinerario:

From time to time he glanced idly at a chart pegged out with four drawing- pins on a low three-legged table abaft the steering-gear case. The sheet of paper portraying the depths of the sea presented a shiny surface under the light of a bull’s eye lamp lashed to a stanchion, a surface as level and smooth as the glimmering surface of the waters. Parallel rulers with a pair of dividers reposed on it; the ship’s position at last noon was marked with a small black cross, and the straight pencil-line drawn firmly as far as Perim figured the course of the ship- the path of souls towards the holy place, the promise of salvation, the reward of eternal life- while the pencil with its sharp end touching the Somali coast lay around and still like a naked ship’s spar floating in the pool of a sheltered dock. `How steady she goes,´ thought Jim with wonder, with something like gratitude for this high peace of ease and sky […] (21)

El narrador señala la confianza y la certeza de Jim en el conocimiento que le proveen los instrumentos de navegación y la transparencia de esos datos aparentemente fiables. Jim no duda de la eficacia y exactitud de los datos técnicos arrojados por sobre la masa convulsa de datos de la realidad y se solaza en la, hasta ahora, perfecta compenetración de ambos espacios.

Como señaláramos antes, el espacio ha sido a través de los siglos muchas cosas: un contenedor, una cosa contenida, un vacío, un plenum; una categoría de percepción o su media; res extensa cartesiano (Coroneos, 2002: 5). El horror del vacío y el vértigo que desata aventurarse en el espacio debían ser conjurados y la geografía viene precisamente entonces a jugar ese rol ineludible en el Iluminismo racionalista y el espacio abstracto, homogéneo e infinito de Descartes, y Newton. Esa geografía que se constituye a partir de lazos estrechísimos con la cartografía y la navegación durante la Revolución Científica (Livingstone, 1992: 93) no puede ser escindida de las narrativas de exploración del siglo XVIII, la economía política de la isla de Robinson Crusoe y la economía libidinal de Próspero en The Tempest (Coroneos: 25).

La elección que Jim hace del mar como vocación ha sido cultivada y abonada por la lectura ávida de novelas de aventuras. Su afición declarada a la “literatura ligera”, “light holiday literature” (Conrad, 1994: 11), y a las cosas de mar, además de garantizarle un porvenir que no tendría al permanecer en la casa familiar con otros cuatro hermanos, hace que se le envíe a un buque escuela para oficiales de la marina mercante, lejos de la rectoría de Essex en el sudeste de Inglaterra donde su padre era párroco protestante. Esa “literatura ligera de vacaciones” en la que Jim ha abrevado no es otra que la literatura escrita por Frederick Marryatt, Rider Haggard, George Alfred Henty, y sus

epígonos.3 Esta literatura funcionó como matriz del discurso imperial en tanto era parte constitutiva de una imaginación cultural que nunca estuvo afuera del desarrollo geopolítico del imperio (McLeod, 1999: 8). La preocupación por la concreción del imperativo mimético aparece como correlato cartográfico y artístico del proyecto epistemológico cartesiano. En ese proyecto Conrad viene a componer un espacio de tensiones e intensidades que traman isotopías del allá imperial y líneas de fuga que lo desdibujan.

Durante su turno en cubierta en alta mar Jim se deja llevar por esos sueños heroicos que no son otra cosa que parte de un imaginario imperial que comprendía tanto el sentido común como fantasías y posibilidades infinitas:

At such times his thoughts would be full of valorous deeds: he loved these dreams and the success of his imaginary achievements. They were the best parts of life, its secret truth, its hidden reality. They had a gorgeous virility, the charm of vagueness, they passed before him with a heroic tread; they carried his soul away with them and made it drunk with the divine philter of an unbounded confidence in itself. There was nothing he could not face. He was so pleased with the idea that he smiled, keeping perfunctorily his eyes ahead; (Conrad, 1994: 21, 22)

Jim contempla el mar desde la cubierta del Patna y, por el procedimiento conradiano que pone en relación de correspondencia la raya de la estela y la línea trazada sobre la

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Gran parte de la literatura popular de la segunda parte del siglo XIX tomó sus temas y su ímpetu del espíritu de aventura y una atracción por la vida en el mar engendradas en las instituciones y prácticas políticas y discursivas de la misión imperial (Dryden, 2000, White, 1993). De la relación dinámica que manifiestamente existe entre el imperialismo de finales del siglo XIX y el clima literario en Gran Bretaña surgirá el desarrollo de la literatura del romance, la cual viene a ser un subproducto de esta relación (Dryden: 47).

El romance imperial y la novela de aventuras al estilo de Rider Haggard, George Alfred Henty, Frederick Marryat, William Henry Giles Kingston y Robert Michael Ballantyne fueron concebidas en una atmósfera de confianza general acerca del imperio y la moralidad y salud inglesas. Contrariamente a las preocupaciones de escritores de corte más naturalista, como Charles Dickens, que retrataban las sórdidas condiciones de vida de las clases trabajadoras, los escritores mencionados afirmaban la superioridad de las clases medias y altas inglesas (ibíd.).

Desde el siglo XVIII esa literatura ecléctica de aventura, en la forma de narrativas de exploradores, agrimensores y geógrafos que describen viajes hacia lo desconocido, fue consumida por un público masivo y alimentó la imaginación geográfica (Phillips, 1997: 1). Dice Phillips :

Adventurers have charted cultural space with profound and far-reaching implications, both for those who imagine the “unknown”, in which stories are set, and also for those who live there, in geography unknown to others but known to themselves.

En estos espacios maleables los escritores y lectores de novelas de aventuras sueñan con mundos por descubrir, aventuras por vivir, y los hombres en que se convertirían.

carta náutica, se vuelven palmarios los fundamentos que subyacen a la empresa imperial:

[A]nd when he happened to glance back he saw the white streak of the wake drawn as straight by the ship’s keel upon the sea as the black line drawn by the pencil upon the chart. (22)

El único espacio en el que los sueños de héroe de Jim, o para el caso de cualquier otro individuo, pueden ser dramatizados y ensayados es precisamente el de la carta náutica y sus afines, espacios estos propiciados por lo que Svetlana Alpers (1987) denomina “el nuevo testimonio del ojo” (90). Sólo en ese espacio de papel cuya superficie brillante postula la comparación con la superficie del mar, puede uno abandonarse a las fantasías de heroicidad y confiar en que un barco desvencijado, sobrecargado y tripulado por hombres de endeble rectitud llegará a su destino final en la costa somalí. Sólo aquel que confiara en los números del calado sobre el papel podía estar ciego a las sombras que venían de las profundidades y que se cernían sobre las aguas. Jim es uno de los que confía en la certeza que el espacio de la carta postula. Inadvertidamente, no obstante, una fuerza lo arrancará de cuajo de ese espacio reticulado y homogéneo que aniquila la distancia entre lo cercano y lo lejano y lo traduce a un formato visual de lo no visto:

He let go the rail and made ample gestures as if demonstrating in the air the shape and extent of his valour; his thin voice darted in prolonged squeaks upon the sea, he tiptoed back and forth for the better emphasis of utterance, and suddenly pitched down head-first as though he had been clubbed from behind. He said `Damn!´ as he tumbled; an instant of silence followed upon his screeching: Jim and the skipper staggered forward by common accord, and catching themselves up, stood very stiff and still gazing, amazed, at the undisturbed level of the sea. Then he looked upwards at the stars.

What had happened? The wheezy thump of the engines went on. Had the earth been checked in her course? They could not understand; and suddenly the calm sea, the sky without a cloud, appeared formidably insecure in their immobility, as it poised on the brow of yawning destruction. (26)

Y después de ese cimbronazo que parece haber detenido el curso de la tierra sigue el salto de Jim fuera del espacio de la carta náutica y del espacio cartesiano de las certidumbres. El salto de Jim lo lanza afuera de ese espacio anterior e independiente de los objetos situados en él y lo arroja al mundo. Este espacio en el que Jim se encarna no es más aquel del cual hablaba Descartes, un espacio que es “red de relaciones entre objetos”, visto por “un tercer testigo de mi visión, o un geómetra que la reconstruye y la

sobrevuela” (Merleau-Ponty, 1986: 44). El cuerpo de Jim pasa a hallarse en el número de las cosas, es una de ellas, pertenece al tejido del mundo.

En el incidente del Patna y en el salto de Jim Conrad problematizará y escenificará las tensiones que se establecen entre dos dimensiones del espacio que se oponen, por un lado, la estructura de un espacio infinito, constante y homogéneo y, por otro, la del espacio psico-fisiológico. En este sentido, las relaciones de Jim con el espacio compuestas por el procedimiento conradiano “no son las de un puro sujeto desencarnado con un objeto lejano (23), sino las de un habitante del espacio que se entrelaza problemáticamente con su medio. De ese acto indecible que lo arroja al mundo Jim debe dar cuenta ante un tribunal que sólo quiere hechos:

The facts those men were so eager to know had been visible, tangible, open to the senses, occupying their place in space and time, requiring for their existence a fourteen hundred ton steamer and twenty-seven minutes by the watch; they made a whole that had features, shades of expression, a complicated aspect that could be remembered by the eye, and something else resides, something invisible, a directing spirit of perdition that dwelt within, like a malevolent soul in a detestable body. He was anxious to make this clear. This had not been a common affair, everything in it had been of the utmost importance. (Conrad, 1994: 29)

El texto conradiano evidencia que esos datos, a pesar de su supuesta objetividad, exhaustividad y rigurosidad, no alcanzan para dar cuenta de la conciencia subjetiva que experimenta el mundo. Esa persecución de los datos no puede más que conducir a una simplificación excesiva de la realidad (Peters, 2004: 11).

Cabe preguntarse en relación a Jim ¿dónde se ubica para Conrad ese cuerpo? ¿En el eje de coordenadas que reticulan el espacio plano de la carta náutica?

Ese espacio que Conrad compone en Lord Jim presenta “un mundo donde los objetos no podrían encontrarse consigo mismos en una identidad absoluta, donde forma y contenido están como embrollados y mezclados y que, finalmente, ha dejado de ofrecer esa armadura rígida que le suministraba el espacio homogéneo de Euclides” (Merleau- Ponty, 2006: 18).

El espacio que Conrad compone en Lord Jim es un espacio de tensiones y de fuerzas. Así lo evidencia su referencia al apretado círculo de hechos que lo separaba de los demás de su clase, “the serried circle of facts”:

He wanted to go on talking for truth’s sake, perhaps for his own sake also; and while his utterance was deliberate, his mind positively flew round and round the serried circle of facts that had surged up all about him to cut him off from the rest of his kind: it was like a creature that, finding itself imprisoned within an enclosure of high

stakes, dashes round and round, distracted in the night, trying to find a weak spot, a crevice, a place to scale, some opening through which it may squeeze itself and escape. (Conrad, 1994: 29)

El cuerpo, en un esfuerzo casi infame, quiere escapar de ese espacio que lo encierra y lo aprisiona en una retícula, espacio racional en dos dimensiones, uno infinito, constante y homogéneo, el otro psico-fisiológico (Panofsky, 2003: 13). El cuerpo se esfuerza por escaparse por un punto débil, por una grieta, por una abertura a través de la cual escabullirse y huir.

La composición del espacio ficcional en Lord Jim y el narrativo que lo sostiene son heterogéneos, con direcciones privilegiadas que se encuentran en relación con nuestras particularidades corporales y nuestra situación de seres arrojados al mundo (Merleau- Ponty, 2006: 24). Conrad, al componer la catástrofe de Jim, “salta” fuera del espacio cartesiano intentando adueñarse de un espacio donde “también nosotros estamos situados, cercano a nosotros, orgánicamente ligado a nosotros” (22). El salto de Jim es un salto de abandono del Patna pero es también, fundamentalmente, un salto fuera de la novela de aventuras, de la retórica imperial y de las coordenadas que estabilizan a un sujeto desencarnado.

Las coordenadas de las isotopías del allá delimitan un espacio jerarquizado, de territorios, lugares y regiones que se encastran en el mapa imperial y en los mapas del romance y la aventura, espacios heterogéneos en los que confluyen Essex, condado donde está la rectoría de su padre, los descubrimientos y el sueño heroico. Como revela la imagen de la brújula las redes isotópicas del allá que se proyectan en ese incipit son tensionadas por las líneas de fuga que reponen el cuerpo. A lo largo de toda la novela Conrad compondrá un espacio heterogéneo y vivido en el cual procurará restituir la distancia entre lo lejano y lo cercano, entre el espacio de la rectoría de Essex, de la novela de aventuras y del sueño imperial y el espacio del ser situado en el mundo. El mar es el lugar desde donde Jim contempla el mundo a partir de esa prosa soñadora que llenaba la vida de algunos con una indestructible y concentrada energía y los puertos, espacios linderos al mar, son los lugares donde es arrojado a la vida diaria en la fábrica universal del capitalismo. El mar se revela así tanto lugar privilegiado de la estrategia de contención y lugar de negocios reales, frontera y límite decorativo, camino real, dentro y fuera del mundo (Jameson, 1989: 170). Es en las zonas portuarias donde se puede calibrar y valorar la distancia entre Jim y los personajes que deambulaban por allí, nómadas de los espacios estriados del imperio. Después del incidente del Patna Jim,

quien se ganaba la vida como corredor de agencias proveedoras de barcos en los diversos puertos en los que iba recalando en su huida del escándalo, se había convertido en un marino desterrado del mar, “a seaman in exile from the sea” (Conrad, 1994:10). De entre aquellas gentes de su profesión con los cuales había trabado relación en el puerto los había de dos clases. De los primeros se nos dice:

Some, very few and seen there but seldom, led mysterious lives, had preserved an undefaced energy with the temper of buccaneers and the eyes of dreamers. They appeared to live in a crazy maze of plans, hopes, dangers, enterprises, ahead of civilization, in the dark places of the sea; and their death was the only event of their fantastic existence that seemed to have a reasonable certitude of achievement. (16)

A los segundos, a los que Jim en un principio desdeñaba pero de los cuales pasará a formar parte, se los describe en los siguientes términos:

The majority were men who, like himself, thrown there by some accident, had remained as officers of country ships. They had now a horror of the home service, with its harder conditions, severer view of duty, and the hazard of stormy oceans. They were attuned to the eternal peace of Eastern sky and sea. They loved short passages, good deck-chairs, large native crews, and the distinction of being white. They shuddered at the thought of hard work, and led precariously easy lives, always on the verge of dismissal, always on the verge of engagement, serving Chinamen, Arabs, half-castes- would have served the devil himself had he made it easy enough [...] and in all they said- in their actions, in their looks, in their persons- could be detected the soft spot, the place of decay, the determination to lounge safely through existence. (ibíd.).

Al principio aquellos que conformaban ese grupo no le habían parecido más que espectrales charlatanes sempiternos, “To Jim that gossiping crow, viewed as seamen, seemed at first more unsubstantial than so many shadows” pero luego éstos pasarán a ejercer cierta fascinación sobre él. Es debido a la apariencia de triunfo conseguido con

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