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No es la intención hacer un análisis exhaustivo de la historia sobre el respeto. La intención es escoger algunas ideas centrales sobre la evolución del pensamiento filosófico y sus prácticas en la sociedad occidental y destacar en ellas la importancia relativa o ausencia del respeto entre las personas y del respeto a los demás.

Desde el comienzo de los siglos, los sacerdotes, los filósofos y los políticos han tratado de convencer a los seres humanos de respetarse los unos a los otros. Ya en el siglo VI A.C., en el Oriente, Confucio decía que la solución a los problemas en las relaciones humanas giraba alrededor del respeto o jen, que indica respeto a sí mismo y a otros60. Además afirmaba que “son las

buenas maneras las que hacen la excelencia en una

60

Wawrytko S. Confucius and Kant: the Ethics of Respect..

vecindad. El hombre sabio no se establecerá donde ellas falten”61

.

El factor religioso ha permanecido como protagonista de lo bueno, lo malo y lo feo de la sociedad, mientras que las ideas políticas le han competido por ese predominio. Quizás no existe un solo credo religioso que no incluya entre sus mandatos el amor a un dios y

el respeto a sí mismo y a los demás. Igualmente, todas

las democracias de una manera u otra tienen como base

el respeto de los ciudadanos a la ley y el orden. Las

leyes no son más que reglas de juego que deben respetarse para vivir de manera armónica y eficaz en sociedad. El orden es la consolidación de la vida organizada en sociedad de acuerdo con la ley. Es decir, el orden es una manifestación clara del respeto por las normas y del respeto a los demás. No es difícil pensar que si el respeto fuera una conducta innata no serían necesarias tantas leyes como las que nos rigen hoy. Por eso, si hubiera más respeto entre las personas y más

61

Cita de Franklin C. Rosenbloom B. en: In search of good

respeto a los demás, la necesidad de crear nuevas leyes habría sido menor que la avalancha de códigos y leyes creada en los parlamentos del mundo entero hoy.

o El respeto en el pensamiento filosófico occidental

La cultura helénica ha sido el punto de partida de lo que conocemos como civilización occidental. Los griegos crearon un olimpo con dioses que regían el destino de la humanidad, imponiendo reglas de juego en las relaciones de las personas con los dioses y entre las personas. La trasgresión de estas reglas suscitaba la ira y el castigo de los dioses. Respetarse los unos a los otros no fue un mandato explícito de un dios en particular, pero existían algunas pautas sobre el respeto en las relaciones de los dioses del olimpo y de los mortales. Abundan los ejemplos del castigo a la infidelidad entre los dioses y entre los mortales, pues ella era una falta de respeto inaceptable. La democracia entre los atenienses era una expresión de respeto al veredicto de la mayoría, a pesar de que todos no fueran

ciudadanos (no lo eran las mujeres, los extranjeros, los esclavos ni los liberados). Estos dos someros ejemplos muestran que el respeto per se era un asunto de importancia en la cultura griega.

Es muy llamativo que el respeto entre las personas y el respeto a los demás son obligaciones incluidas en los mandamientos y preceptos de las religiones, especialmente las monoteístas. En el caso de la iglesia Católica, el primer mandamiento es la condensación de todos los nueve restantes: “Amarás al señor tu Dios y al prójimo como a ti mismo”. Ahora bien, no se puede amar sin respetar, y por tanto, quien respeta a las personas y a los demás puede llegar a amar a su Dios. Sólo respetando a las personas y a los demás se puede llegar a cumplir con los demás mandamientos: cuando la persona honra al padre y a la madre, cuando no mata, ni fornica, ni hurta, ni levanta falsos testimonios, ni miente, ni desea la mujer del prójimo, ni codicia los bienes ajenos, es porque el respeto a los demás es su virtud primordial.

Las principales religiones tienen mandamientos o normas relacionadas con el respeto:

Confucianismo Lo que no quieres que te hagan a ti,

no lo hagas a los demás

Budismo No hieras a nadie con aquello que te

hiere a ti!

Hinduismo No hagas a tu vecino aquello que no

quisieras que te haga a ti

Judaísmo Lo que tú odies no se lo hagas a nadie Catolicismo Amarás al señor tu Dios y al prójimo

como a ti mismo

Islamismo Nadie es un creyente hasta que quiera

para su hermano lo que quiere para sí mismo

Desde comienzos de la era cristiana hasta la edad media en Europa, las normas y leyes ordenadas por el señor feudal y más tarde por el monarca o rey de turno se concentraban más en someter a sus súbditos a cumplir obligaciones tributarias y establecer castigos, que en reglar la vida para el bienestar de la población. Sin embargo, en los siglos XIV-XVIII nacen en Europa

(Inglaterra, Suiza y Alemania) seis pensadores que cambiarían la forma de ver las relaciones entre el poder y la gente (el pueblo). Thomas Hobbes, nacido en 1558, John Locke, nacido en 1632; David Hume nacido en 1711, Jean-Jaques Rousseau nacido en 1712, Immanuel Kant nacido en 1724, y Edmund Burke, nacido en 1726, desarrollaron teorías sobre las relaciones del Estado con el pueblo, y la base moral del comportamiento humano, las cuales dieron cuerpo a la filosofía política moderna. Una mirada breve a la obra de estos pensadores muestra hasta dónde el concepto del respeto fue tomado en cuenta en sus planteamientos filosóficos y políticos.

Thomas Hobbes desarrolló el concepto del estado

natural del ser humano, en el cual cada uno actúa según su propio interés sin importar los demás, conduciendo a una forma de vida qué el definió en su famosa obra

“Leviatán” como “solitaria, pobre, detestable, brutal, y

corta”. Tres causas principales explicarían esta naturaleza brutal del ser humano: La competencia, que lo lleva a despojar al otro de sus bienes para obtener

beneficios; la desconfianza, que lo lleva a violentar a los demás para no tener que estar a la defensiva y tener seguridad frente a ellos; y la gloria, que lo lleva a conquistar a los demás para ganar el prestigio que le hace merecer el respeto de ellos. Su famoso aforismo

“homo homini lupus” resume dramáticamente ese

estado natural del ser humano que Hobbes piensa que es posible superar parcialmente a través de dos atributos: las pasiones y la razón. Las pasiones humanas se expresan en el temor a la muerte, el deseo de una vida confortable, y la esperanza de conseguirla mediante el trabajo. La razón, por su parte, lo lleva a concluir que los bienes y la gloria no se pueden disfrutar sin seguridad permanente y por tanto es necesario llegar a normas elaboradas por consenso

mutuo que conducirían a una paz duradera. Dichas

normas configuran el cuerpo de un contrato social, que permitiría organizar las relaciones humanas bajo un poder común absoluto - el Estado, el gran Leviatán - que dictaría las leyes y que a su vez garantizaría la

justicia62. A pesar de su concepto desapacible del estado natural del ser humano, Hobbes no hizo alusión directa al respeto entre las personas o al respeto a los demás en las ideas sobre sus leyes de la naturaleza ni en las relaciones entre soberanos y súbditos. Pero dejó claro que el ser humano, para evitar el mal mayor, la muerte, busca los caminos hacia la paz y propuso que uno de esos caminos obliga a restringir ciertas libertades por consenso mutuo, como condición necesaria para lograr la convivencia armónica. Ese consenso mutuo determina hasta donde llega mi libertad y dónde comienza la del otro, base fundamental del respeto.

John Locke tenía 19 años y Hobbes 63 cuando éste

publicó el Leviatán. Mientras Hobbes producía su obra cumbre, Locke consideraba que el ser humano debía gozar de libertad para ordenar sus actos y para disponer

62 Lloyd S A. Sreedhar S. "Hobbes's Moral and Political Philosophy", The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Spring

2011 Edition), Edward N. Zalta (ed.), URL =

<http://plato.stanford.edu/archives/spr2011/entries/hobbes- moral/>.

de sus propiedades como mejor le parezca, bajo los límites de la Ley Natural. Sostenía que “ningún hombre se somete a la voluntad de otro sin su consentimiento", y que "allí donde hay pacto ya no hay esclavitud"63.Como filósofo cristiano, afirma que no tenemos derecho a destruirnos ni a destruir, perjudicar, esclavizar o robar a otros que son nuestros iguales ante Dios. Además en su postura sobre el poder paterno, afirma que siempre debemos honrar a nuestros padres (como en el 4º mandamiento católico). De nuevo, el respeto entre las personas o a los demás fue una preocupación de Locke aunque no explícita, pues dejó entre líneas la necesidad del respeto entre los seres humanos para lograr la libertad dentro de los límites de la Ley Natural.

El escocés David Hume (1711-1776) fue uno de los exponentes del empiricismo (junto con Locke y Berkely) que afirmaban que todo el conocimiento es el resultado de nuestras percepciones sensoriales a las

63 Hampsher-Monk L. “Historia del pensamiento político

moderno”. Capítulo 2. John Locke. Barcelona: Editorial Ariel;

que llamó impresiones. El escepticismo fue su principal rasgo filosófico, el cual usó en sus famosas obras sobre la naturaleza humana y sus indagaciones sobre el entendimiento humano y los principios morales64. En relación con el comportamiento humano, Hume escribió en sus Tratados65 acerca de la historia

natural de las creencias morales. Para él, las pasiones, entendidas como los deseos y aversiones que motivan a actuar, son las que determinan el comportamiento entre las personas. Sin embargo, el filósofo no elabora explícitamente el respeto entre las personas o el respeto a los demás como parte de su pensamiento filosófico o político.

Jean Jacques Rousseau (1712-1778) nació después de

la muerte de Hobbes y Locke. Su preocupación central fue la relación del individuo con el Estado y, mientras que Hobbes y Locke consideraban las instituciones

64 Morris WE. "David Hume", The Stanford Encyclopedia of

Philosophy (Fall 2011 Edition), Edward N. Zalta (ed.), URL =

<http://plato.stanford.edu/archives/fall2011/entries/hume/>. 65 Ibíd.

políticas un mal necesario, Rousseau las consideraba una bendición. Plantea la hipótesis de que el individuo en su estado natural –sin convivir en sociedad- sería bueno y feliz, se ama a sí mismo con un egoísmo que no perjudica a los demás, hacia quienes siente compasión. En cambio, en su estado social, el individuo no es bueno ni es feliz porque su egoísmo lo lleva a buscar su propio interés en detrimento de los demás. De aquí surge la famosa sentencia de que el ser humano es bueno por naturaleza y la sociedad lo pervierte al reprimir su bondad innata, convirtiéndolo en un ser egoísta y vil. En su obra Emilio66 afirma que “El

hombre es naturalmente bueno en la medida que la calma de las pasiones y la ignorancia del vicio le impiden hacer el mal.” (Emilio, Pág. 112). Para compensar esta imperfección, el individuo adopta un comportamiento moldeado por la educación que se manifiesta en la cortesía y las apariencias que ocultan su maldad. Emilio muestra cómo un niño puede criarse libre de deseos agresivos de dominar a otros y capaz de

66

Rousseau J J. “Emilio o la Educación.” Ricardo Viñas (traductor). Elaleph.com (editor). 2000

cooperar con otros en condiciones de respeto mutuo. Su monumental obra “El Contrato Social”67

resulta de un análisis de las relaciones entre el orden civil, las personas y las leyes. En ella, Rousseau propone la creación de un Estado democrático que garantiza el

respeto mutuo de los derechos humanos derivados de la

naturaleza, para evitar el egoísmo humano y el abuso del poder político. Él decía que “siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas.” Sin embargo, como en el caso de Hobbes, Locke y Hume, Rousseau no desarrolló a profundidad su pensamiento sobre la importancia del respeto en las relaciones entre las personas.

Edmund Burke, nació en Dublín en 1729. Inicialmente,

su actividad intelectual fue esencialmente literaria la cual plasmó en el semanario The Reformer, fundado por él con el propósito de reformar el gusto y la moral dublineses. Escribió varias obras literarias y panfletos

67

Rousseau J-J. El Contrato Social o Principios de Derecho

políticos y en su madurez escribió una de sus principales obras políticas: “Reflexiones sobre la

Revolución en Francia”. En su primera parte, Burke

plasmó su convicción de que la revolución era una amenaza para la civilización cristiana de la Europa del siglo XVII. En la segunda parte, dedicada a las relaciones entre la Iglesia, el Estado y la economía política, despliega su fuerte religiosidad cristiana. En 1796 escribe sus “Cartas sobre una paz regicida”, en las que analizó la estrecha relación entre cultura, sociedad y civilización y habla de manera contundente sobre la importancia de los modales en el funcionamiento de una sociedad. Al respecto, Burke dice: “Los modales son más importantes que las leyes. De ellos dependen, en gran medida, las leyes….Ellos dan la forma y el color a nuestras vidas”68

. Aunque no analizó el respeto entre las personas como un tema central en su obra, sí dejó claro que los modales, como

Manners equivale a modales, buenas maneras, urbanidad.

68 Tomado de: Holdforth, L: Why manners matter. The case for

civilized behavior in a barbarous world. Amy Einhorn Books;

formas civilizadas de relacionarse entre las personas, son esenciales para mantener el engranaje de la sociedad.

Sin embargo, en el siglo XVIII aparece uno de los pensadores más influyentes de la era moderna,

Immanuel Kant, quien nació en 1724 y murió en 1804.

Su mayor contribución a la filosofía fue en el campo de la ética, partiendo del concepto de que la obligación moral deriva de la razón y no de Dios, ni de la autoridad o de la sociedad, ni de las preferencias o deseos del ser humano. En 1781 escribe su obra maestra, La Crítica de la Razón Pura, en la cual desarrolla su famosa ley moral que denomina “el imperativo categórico» y cuya versión más común es: «obra sólo según la máxima de que al mismo tiempo puedas querer que se convierta una ley universal». No es difícil encontrar similitud con la llamada “regla de oro” extraída de la Biblia: “Lo que no deseas que te hagan a ti, no se lo hagas tú a nadie”. O en tono positivo: “Trata a los demás como quisieras que te

traten a ti”. Kant hace énfasis en que nunca se debe considerar como un medio a la persona que trato, sino siempre como un fin. Esta es una de las claves de la ética de Kant. También, bordeando el contenido del primer mandamiento, “amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”, Kant elabora una distinción clara entre el ser respetado y ser amado: “uno es respetado porque detenta un valor interno, mientras que se es amado por los demás en razón de su utilidad y porque propicia el placer de muy diversas maneras. Amamos aquello que nos reporta un beneficio y respetamos lo que tiene un valor en sí mismo”69

. Ese valor es la dignidad humana. Además, Kant es categórico al afirmar que “si queremos ser respetados hemos de sentir respeto por los demás y respetar a la humanidad en general”70

. El derecho de los demás suscita en el individuo los deberes de la obligación debida y de justicia. Según Kant, el más elevado entre todos estos deberes es el respeto al derecho de los

69 Kant, I. “Lecciones de Ética”. Barcelona: Editorial Crítica, Grupo editorial Grijalbo; 1988. P 228

demás. Los opuestos al respeto son el desprecio, que nos despoja de todo valor ante los demás; y el odio, que es individual y trata de mantener la dignidad frente a los demás. Otras condiciones ligadas al respeto sobre las cuales discurre Kant son el honor, el pundonor, la ambición, la moderación y la vanidad, entre otras.

o El respeto y la libertad

Después de Kant, otros pensadores del siglo XIX se refirieron al respeto de manera explícita. Stuart Mill, nacido en 1806 en uno de sus escritos paradigmáticos de su pensamiento, “On liberty”, analiza los límites de la libertad de acción distinguiendo las acciones que “tienen en cuenta a uno mismo” y las que “tienen en cuenta a los demás”. Parte de este análisis lo lleva a concluir que las personas que actúan sin pensar en los demás, lo hacen indecorosamente aunque sea en relación con ellos mismos y perderán con sobrada razón el derecho al respeto de los demás. Por eso advierte que un principio fundamental en que se basa la libertad es que “uno no debe hacer de sí mismo una molestia para

otra gente”71 . En su libro, Mill elabora principios fundamentales sobre la libertad de pensamiento, la individualidad y los límites de la autoridad sobre el individuo, todos ellos bajo las relaciones del individuo consigo mismo, con los demás y con la autoridad del Estado. Estas relaciones a su vez determinan la libertad que debe gozar el ser humano. Uno de sus principios dice que “la única libertad que merece ese nombre es aquella de procurar nuestro propio bien a nuestra manera, mientras no atente con privar a otros del suyo, o impida sus esfuerzos para obtenerlo”. La relación entre nuestra libertad y el respeto a los demás es claramente indisoluble: al mismo tiempo que somos libres de buscar nuestro bienestar, siempre debemos respetar el espacio de los demás para obtener su propio bienestar. Mill dice que la conducta humana debe estar gobernada por el sentimiento de que todos estamos obligados a actuar de la manera que a cada uno le

71

Stuart Mill, J. “On liberty”. Ontario (Canada): Batoche Books Limited;2001

gustara esa manera de actuar72. Es básicamente la regla de oro de la Biblia y del imperativo categórico Kantiano. En cuanto a la relación de la autoridad con el individuo, Mills defiende que “el único propósito por el cual el poder puede ser ejercido rectamente sobre cualquier miembro de una comunidad civilizada, contra su voluntad, es para prevenir el daño a otros”. En otras palabras, la única situación en que la libertad puede ser interferida es cuando se trata de buscar justamente la protección propia o de los demás73.

Desde la perspectiva del respeto, a mayor irrespeto entre las personas y a mayor irrespeto a los demás, mayor es la necesidad de coerción en la sociedad. Del mismo modo, la coerción se reduce en la medida en que la gente se respete. A mayor respeto entre las personas y mayor respeto a los demás, menor la necesidad de leyes! Por eso, la práctica cotidiana del respeto nos hace más libres. Y sólo seremos libres

72 Stuart Mill, J. ibid. Chapter III: Of Individuality, as one of the elements of Wellbeing

73

Stuart Mill, J. ibid. Chapter IV: Of the limits to the Authority of Society over the individual

verdaderamente cuando logremos la paz. Esto es lo que Benito Juárez sintetizó en su memorable frase “entre los individuos como entre las naciones, el respeto al