En contextos de desarrollo son habituales afirmaciones que se basan en las grandes estadísticas mundiales y en estudios de reconocidas entidades o agencias,
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dirigidos a visibilizar a las mujeres como víctimas de la pobreza, de guerras, de migraciones… Sin embargo, las corrientes de estudios feministas postcoloniales están aportando a las investigaciones del desarrollo nuevos enfoques basados en derechos, en perspectivas interculturales e interseccionales y en poner en valor prácticas locales que superen las visiones pesimistas y victimistas:
La evolución de las mujeres en África responde al marco global de discriminación y exclusión a escala mundial, con el agravantede las consecuencias estructurales del subdesarrollo, los legados del pasado colonial y los efectos negativos de la globalización (Kabunda, Mbuyi, 2009:217-218).
El papel de las mujeres africanas ha evolucionado a lo largo del tiempo, generando avances jurídicos, pasando de discursos de igualdad de género a la conquista de espacios políticos de toma de decisiones (por ejemplo, en 2011 existía un porcentaje mayor de mujeres en el parlamento de Ruanda, 51% que en el de España, 34% en ese mismo año24).
Los estudios feministas africanos y africanistas han dedicado grandes esfuerzos a comprender y proponer soluciones para uno de sus principales problemas: la
inferioridad de hecho de la mujer, considerando que este objetivo es prioritario respecto
a la igualdad de derecho establecida en las Constituciones. Esto se sostiene en que, a pesar de que muchos países africanos han ratificado la CEDAW (Convention of the Elimination of All Forms of Discrimination Against Women25) o los ODM (Objetivos de
24 ONU Mujeres, 2011-2012, El Progreso de las mujeres en el mundo. En busca de la justicia. ONU Mujeres.
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Desarrollo del Milenio) -recomendando la eliminación de toda práctica, costumbre o ley que discriminen a la mujer- se siguen produciendo grandes contradicciones con las prácticas cotidianas, todavía muy desiguales, manteniendo gran presencia en lo relativo al derecho consuetudinario (religión, poligamia, propiedad de tierras, herencia o tradición cultural) que muchas veces prima sobre las legislaciones formales y contribuye poderosamente a esa situación de inferioridad de hecho.
Generar acciones para la aceptación de unos nuevos códigos consensuados de familia, de producción, de relaciones, etc. y que éstos repercutan en las condiciones reales de vida es un objetivo prioritario de un proceso que se reconoce como lento y costoso para las comunidades y los gobiernos. Para ello, es imprescindible motivar un cambio de mentalidades en la población además de favorecer marcos legislativos que protejan los derechos de la ciudadanía y en especial de las mujeres. En este caso, los movimientos sociales y de mujeres africanas han tenido y están teniendo un papel decisivo convirtiendo las reivindicaciones citadas en herramientas de acción política con perspectiva feminista.
En este marco de reivindicaciones feministas africanas, se reconoce la necesidad de descolonizar un feminismo europeo, etnocéntrico y universalista, para lograr una
lectura de los problemas de las africanas desde sus propias realidades, es decir, sin abandonar su cultura y mundo social (Kabunda, Mbuyi, 2009:222). Por otro lado, se
considera necesario relativizar el mito de la centralidad masculina y de las propuestas androcéntricas de las investigaciones, de inspiración colonial, cristiana y estatal. Yolanda Aixela (2009) nos ofrece un ejemplo de este enfoque al estudiar la sociedad matrilineal “bubi”, tomando como base las tesis defendidas por Ifi Amadiume (1998). Por su parte Soledad Vieitez (2002, 2006, 2008, 2011, 2013, 2014) demostrando el
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papel activo de la mujer africana en la toma de decisiones políticas y económicas y siguiendo las aportaciones de Oyewumi Oyeronke (1997, 2004, 2005, 2010) nos acerca una mirada no occidental sobre la mujer africana, denunciando las posturas que reafirman a las africanas como excluidas o víctimas pasivas.
Soledad Vieitez (2002, 2006, 2008) en sus análisis antropológicos de género realizados en diferentes países de África Subsahariana, entre ellos Mozambique, hace referencia al importante papel que los movimientos femeninos y feministas han tenido a la hora de integrar los intereses estratégicos de las mujeres en políticas de desarrollo a diferentes niveles, teniendo como hitos importantes la Conferencia de México 1975, Nairobi 1985, y por último, Beijing 1995. Los feminismos africanos destacan por la incorporación de los intereses estratégicos de género en el desarrollo, a partir de movimientos sociales de base, entre los que destacan:
• Luchas anticoloniales en los tiempos de independencia.
• Movilizaciones sociales en materia de legislación favorable a la igualdad de género, sobre todo en aquellas referidas a: Ley de Tierras26; Ley de Familia
(asunto muy problemático por la existencia diversos tipos de familias de base tradicional); protección de los derechos de la mujer ante el divorcio, la propiedad, la violencia de género…
• Sensibilización y divulgación en los aspectos relacionados con la igualdad de género y las nuevas legislaciones.
26 En Mozambique la propiedad de la tierra es del Estado y se da en usufructo por 50 años. Los movimientos de mujeres lograron que se aprobara una ley que regula la propiedad de la tierra demostrando su ocupación durante 10 años. Es una manera de proteger a la mujer del linaje del marido y poder ser así propietarias de la tierra que trabajan.
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• Activismo político referido a: movimientos anti-corrupción, tribalismo político (control de un único partido que suele ser el que hizo la revolución), leyes de paridad…
• Investigación-Acción como herramienta para hacer de la teoría feminista una metodología práctica y transformadora.
Los estudios consultados coinciden en señalar que los feminismos africanos tienen su apogeo en la época colonial y a partir de las luchas por las independencias (Vieitez, Soledad, 2011). Estos estudios resaltan la influencia y los cambios impuestos por el colonialismo en las sociedades africanas, señalando diferentes épocas clave -pre-colonial, colonial, post-colonial y periodo de independencia- y una serie de características determinadas para cada una de ellas: comercio a gran escala, monocultivo, impuestos, empleo asalariado, sociedad de clases, esclavitud… Estas tendencias provocaron, entre otras consecuencias: pérdida de capital cultural, sustitución de prácticas tradicionales por otras más “competitivas”, empobrecimiento de los recursos… Y en cuestiones de género: devaluación de las organizaciones domésticas y de las fórmulas de poder de las mujeres (como la maternidad), transformación de los roles sociales de género y su aprendizaje en función de la dicotomía entre lo público y lo privado (no existente en África antes del colonialismo27)
, etc.
27 Un ejemplo relevante es la investigación realizada por Patricia Draper en la década de los ´70 de la sociedad ¡Kung. La autora analizó la transición de las sociedades recolectoras y cazadoras hacia el pastoreo, y la agricultura en poblaciones del África austral. Esta transición trajo consigo una menor movilidad, tipificación más rígida del trabajo, procesos más largos de producción de comida, diferenciación más marcada del estatus de las personas, pérdida del control sobre la distribución de la comida, actividades infantiles segregadas por sexo… suponiendo un cambio cultural muy relevante para las mujeres (Draper 1975; Shostak, 1981 en Vieitez, Soledad 2001).
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Entender cómo se “es mujer” en las sociedades africanas y la evolución de los feminismos en este continente, requiere considerar no sólo la influencia de las colonizaciones, sino también el papel de las mujeres en las posteriores revoluciones sociales y los procesos de independencia. Centrándonos en Mozambique, la revolución socialista de la década de los ´70, influenciada por los feminismos marxistas, partía del supuesto de que la base de la desigualdad de género estaba estrechamente ligada con la desigualdad de clase. Como se ha expuesto en el apartado anterior, se tenía la certeza de que con la eliminación de las desigualdades de clase tras el triunfo de la Revolución, se llegaría inmediatamente a la igualdad de género. Evidentemente, hoy sabemos que este presupuesto no se llegó a alcanzar, no sólo en África, por ejemplo en la China comunista actual se demuestra que socialismo y patriarcado también pueden ir unidos. De esta manera tampoco se puede afirmar un logro en términos de igualdad de clase, ni plantear una igualdad de género al margen de otras luchas sociales: de clase, por el acceso a la educación... Por ello entendemos que la igualdad de género debe ser transversal, coordinada e integrada en todos estos procesos.
En Mozambique (y en otros lugares de África) también tuvo lugar una “revolución de género”. Aunque las mujeres no accedieron de manera masiva al mercado laboral como en Europa tras la II Guerra Mundial, sí tuvieron un papel decisivo en la lucha por la independencia y en la organización y visibilización de los movimientos sociales de mujeres en pro de medidas políticas y sociales equitativas (Vieitez, Soledad, 2011). En este país, como en otros de África, las movilizaciones de las mujeres contrastan con las reformas neoliberales de la década de los ´80 y ´90 que no fueron neutrales en términos de género. Las mujeres, en general, no participaron del mercado formal de trabajo, sin embargo mantenían sus puestos de poder en los sectores informales
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de la economía o de subsistencia. Uno de los graves problemas de las reformas neoliberales fue que no se tuvo en cuenta este tipo de economía local o informal, lo que provocó un empobrecimiento de las mujeres a nivel mundial.
Los trabajos analizados permiten afirmar que el origen del feminismo africano es diferente al occidental, ya que las mujeres africanas no vivieron la primera o la segunda ola de los feminismos de los años ´60, ´70 u ´80 tal y como son conocidos en Europa o EEUU. Por el contrario, las feministas africanas28 inician sus estudios
y acciones desde el cuestionamiento del lugar que la mujer ocupa en el desarrollo (años ´50-´70), cuando se pensaba que las mujeres estaban fuera del mismo y había que trabajar por incluirlas. Al final de la colonización, sobre todo durante las luchas anticoloniales, se comenzaron a organizar grupos de mujeres que hablaban de la liberalización de las mujeres. Estos grupos tuvieron una participación activa en la emancipación de sus países y una preocupación importante sería el lugar que iban a tener las mujeres tras la independencia, ya que algunos de estos grupos estuvieron vinculados a los partidos políticos que encabezaron las luchas por la independencia29.
En la siguiente tabla se recoge una evolución de las principales ideas del feminismo africano teniendo en cuenta lo dicho hasta el momento:
28 Me estoy refiriendo al feminismo africano, por simplificar la redacción, aunque hay que tener en cuenta que muchas mujeres africanas no se reconocen bajo este término por considerarlo ajeno a su cultura y ser un símbolo más de la colonización, dando lugar a diferentes corrientes y movimientos sociales de mujeres.
29 Es el caso de Mozambique y la LIFEMO, sección femenina en el exilio de la FRELIMO o más adelante la OMM (Organizaçao da Mulher Moçambicana).
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Tabla 11: Evolución de las principales ideas del Feminismo Africano
AÑO IDEAS PRINCIPALES
1970
Entendimiento de la mujer africana como “heroína olvidada y mitificada”, guerreras, comerciantes…
1972, surge el feminismo afroamericano en EEUU: Alice Walker reconoce a las mujeres afroamericanas como grupo con su propia herencia cultural, social, política y económica, denominándolo feminismo negro
1975, Año Internacional de la Mujer por Naciones Unidas: énfasis en la educación y el desarrollo de las mujeres.
1980
Las mujeres africanas pasan a ser consideradas marginadas y esclavas o beneficiarias pasivas de ayuda
1985, Conferencia de las Naciones Unidas en Nairobi: un grupo de
activistas, escritoras y críticas africanas inauguran el Movimiento de Mujeres Africano, en el que los modelos euro-americanos se presentaban como el ejemplo a seguir para la lucha feminista africana. Interés por la igualdad de la mujer.
1990
Recuperación de las mujeres africanas en la historia, visibilización e inclusión del concepto de género en el desarrollo. Critica las aportaciones occidentales
Comienzan a desarrollarse estudios acerca de la sexualidad: sujetos “generizados”, diferencias entre sexo y género…
Importancia de la maternidad como definición de la mujer africana.
2000
Las mujeres africanas comienzan a movilizarse frente a las dinámicas de poder desiguales y opresoras en cuestiones de género
Cobran importancia los estudios de género contextualizados en la realidad africana (Amadiume Ifi, Oyewumi Oyeronke, Aminata Traoré, Buchie Emecheta…), frente a posiciones eurocentristas y universalistas Estudio del colonialismo y el cristianismo en África en base al género Avance en la relación entre género y desarrollo: implicación de las mujeres en las actividades económicas formales e informales y en el desarrollo Visibilización del papel activo de las mujeres en el trabajo, la agricultura, el comercio, las tareas domésticas y de subsistencia, la creación de estrategias de ahorro o inversión…
Fuente: Elaboración propia a partir de las aportaciones de Iris Berger (2003)
Aunque la tabla anterior presenta los principales hitos en la evolución de los feminismos africanos conviene señalar que la evolución de los mismos no es homogénea. Por un lado, es habitual encontrar pensadoras y activistas que no se consideran a si mismas como feministas en el sentido occidental, debido a las contradicciones existentes entre lo occidental y las tradiciones africanas; a éstas, se
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suman otras autoras dedicadas a retratar las realidades de las mujeres africanas sin replantearse de manera crítica estas formas de vida, tampoco se piensan a sí mismas como feministas; por otro lado, encontramos un grupo de mujeres que actúan y piensan en favor de la emancipación de la mujer, consideradas como feministas pero adaptando dicho término a los problemas, vivencias, obstáculos de los contextos específicos africanos.
Bajo estas premisas, con importantes objetivos de investigación y acción, las mujeres africanas, feministas, académicas o activistas, plantearon la necesidad de elaborar teorías que contemplaran y respondieran a sus necesidades. Como respuesta surgen diferentes corrientes teórico-prácticas, que encuentran sus orígenes en una tendencia conocida como womanism30: enfoque alternativo, diseñado desde la
cultura de las mujeres negras de EEUU, como modo de reivindicar las necesidades de las mujeres negras y africanas. Según Sotunsa Mobolanle (2011) el womanism se
distingue por su enfoque de la experiencia femenina negra detallando las cuestiones raciales, clasistas y sexistas en relación a la familia, la comunidad y la maternidad
(p.22). Dentro de esta corriente se entiende que la liberación de la mujer negra debe ser más una cuestión de raza que de género. Por ello, unen a la cuestión de la emancipación de la raza negra la centralidad de los valores de la familia, la comunidad y la maternidad: respetan la posición de la mujer como madre a la vez que cuestionan ciertas tradiciones que benefician a los hijos varones o cargan a la mujer con excesivo trabajo. Estos últimos aspectos serán, en cierto modo, compartidos con
30 Término acuñado por Alice Walker en su colección de ensayos titulada “In Search Of Our Mothers Gardens: Womanist Prose” (1983) en MOBOLANLE EBUNOLUWA, Sotuna (2011), Feminismo: la búsqueda de una variante africana. Africaneando. Revista de actualidad y experiencias Núm. 07, 3º trimestre 2011. Pág. 19- 27. Las seguidoras de esta tendencia no se consideran a si mismas como feministas por entenderlo como un concepto “blanco y racista”.
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los feminismos africanos actuales en términos de interseccionalidad.
Chikwenye Okonjo Ogunyemi (1985, Nigeria) o Clenora Hudson-Weems (1993, EEUU) son autoras seguidoras de esta corriente31. La primera, además de la raza,
incluye en el análisis de género peculiaridades que considera propiamente africanas, como la pobreza extrema, los problemas con las familias políticas y las coesposas, la opresión de las mujeres de más edad hacia las jóvenes, los fundamentalismos religiosos… La segunda autora se suma a este enfoque y plantea un feminismo afroamericano asentado en la cultura africana y basado en una triple opresión: racial, clasista y sexista (sigue considerando la raza y la clase como más importantes que la opresión de género, negando diferencias entre las mujeres por el hecho de ser africanas o norteamericanas). Ambas autoras evolucionan hacia un African Womanist caracterizado por la hermandad entre las mujeres, el respeto hacia los mayores, la complementariedad con los hombres, la defensa de la familia y la maternidad… aspectos que serán características fundamentales en la evolución posterior del feminismo africano.
Las autoras citadas, en especial Chikwenye Okonjo Ogunyemi (1985:24) se apoyan en el término womanism para describir la experiencia de las mujeres negras y africanas en la aceptación de las culturas en su heterogeneidad, basándose en una estrategia realista y carente de enfrentamiento agresivo, volviendo a destacar los valores de la familia, el matrimonio y la maternidad como ideas positivas para las negras y africanas.
31 Las autoras que aparecen a continuación se nombran en la Conferencia de Khanysa Eunice Mabyeka en el Curso expertos universitarios en CID con África Subsahariana. Feminismos africanos. Universidad de Jaén y Casa África. 14, enero, 2012. Y en el artículo de, Bibian Perez, “Otra manera de sentir: feminismos negros, género y estudios literarios en el África Subsahariana” publicado en la web http://ctli.wikispaces.com/file/view/FEminismoAfricaBibianPerez.pdf
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Complementando estas teorías, Filomina Chioma Steady32 atribuye al feminismo
africano una serie de características que serán ampliamente estudiadas por los feminismos africanos posteriores: autonomía y cooperación femeninas (Marcela Lagarde se referirá a esto como sororidad femenina), énfasis de la naturaleza por encima de la cultura, centralidad en los hijos e hijas, multiplicidad de las maternidades y rechazo de la visión de la mujer como un ser apolítico, pasivo y oprimido. La autora propone un feminismo humanista, al elogiar los valores de la familia y la feminidad, plantear la necesidad de la complementariedad de hombres y mujeres y definir el feminismo africano en relación a la opresión de raza, clase y sexo.
En esta misma línea, Molara Ogundipe-Leslie33 (1994, Nigeria), además de
tener en cuenta la lucha de raza y clase, defiende una corriente alternativa conocida como Stinwanism (Social Transformations Including Women in Africa)34. Su tesis
principal es la necesidad de una transformación social de África ante la hegemonía blanca, siendo responsabilidad tanto de hombres como de mujeres. Enfatiza como principales características de la mujer africana, frente a la dicotomía público/privado desarrollada en occidente, la multiplicidad de roles asumidos por las mujeres y la interrelación entre los tradicionales y las nuevas funciones que exige el desarrollo. Destaca el rol de la maternidad como poder. Por otro lado, la autora analiza los aspectos que limitan el desarrollo y la transformación social de la mujer africana, entre ellos incluye: la opresión exterior, como el colonialismo, el capitalismo o las relaciones exteriores desiguales; la marginación de la mujer de los procesos de
32 Filomina Chioma Steady, 1981, escribe The black woman cross-culturally, Sierra Leona. Libro en el que describe el feminismo africano frente al estereotipo de mujer africana oprimida que necesita ser liberada por la ideología del feminismo occidental.
33 Molara Ogundipe-leslie, 1994, “Re-Creating ourselves: African women and critical transformations”, propone un concepto alternativo al feminismo africano, STIWANISM
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producción; la división del trabajo basada en el sexo y la desvaloración del trabajo femenino; la pobreza de las mujeres; las actitudes patriarcales en el acceso al poder, la propiedad y los privilegios; la raza y la clase social; la auto-imagen negativa de