6.4 Web front-end
6.5.2 Security properties
Si el matrimonio y la maternidad son las puertas a la edad adulta, la jubilación y la abuelidad lo son a la vejez. Independientemente de la edad en que estos acontecimientos ocurran, su valor simbólico es el de ritos de paso a la última etapa de la vida. Las comi- das de despedida del trabajo o las celebraciones sociales por el nacimiento del primer nie- to son también la inauguración de nuevos roles sociales para los mayores: jubilado y abue- lo. A partir de ese momento, la persona deberá ajustar su identidad a la nueva situación vital y responder a las exigencias propias de sus nuevos roles sociales y familiares (Kauf- man y Elder, 2003).
Ser abuelo durante los últimos 20 años de la vida es una situación cada vez más co- rriente en las familias actuales; por lo tanto, es importante comprender el significado que esta relación tiene para las tres generaciones implicadas en ella. Convertirse en abuelo pue- de ser muy importante para las personas mayores, puesto que abre una vía a la generati- vidad en los momentos en que se cierran las vías típicas adultas, cuando los hijos se in- dependizan y se produce la jubilación. Los diferentes estudios sobre este tema son unánimes al afirmar que ser abuela o abuelo es importante y satisfactorio para la mayor parte de las personas. Entre abuelos y nietos se establece un intercambio de afecto y apo- yo que evolucionará a lo largo de los años desde la inicial asimetría en que los abuelos son el polo del que parten el afecto y los servicios instrumentales, hasta la relativa simetría o incluso asimetría inversa que se establece entre abuelos y nietos adolescentes o adultos. En muchos casos, el nacimiento de los nietos implica mayor contacto con los hijos y, sobre todo, aumento en la colaboración de los padres mayores en la vida de éstos, tanto a nivel
instrumental como en cuanto orientadores y consejeros, lo cual suele ser fuente de satis- facción para ambos.
El papel de los abuelos en la dinámica del sistema familiar es importante y puede to- mar diferentes formas en función de las características de personalidad de los abuelos, los estilos de relación de las familias o de las distintas situaciones a las que deban enfrentarse a lo largo de los años. Los abuelos pueden ser el referente de la continuidad familiar, ejer- cer el papel de guardianes de la familia, cumplir la función de mediadores entre la segun- da y la tercera generación o actuar como guardianes de la historia familiar (Bengtson, 1985). Todo ello depende de si actúan como foco para el contacto y la reunión familiar, cumpliendo el papel de estabilizadores en situaciones de cambio; de si son las personas a las que se acude en las emergencias o cuando se precisa ayuda y apoyo; si intervienen cal- mando las tensiones entre padres y nietos, haciendo más comprensibles para ambos las
DA DA
DAA
DAA DAA
Figura 6.2. La familia trigeneracional.
Macrosistema: Valores, creencias, etc. Exosistema: Apoyo institucional. DA: Demanda afectiva. DAA: Demanda afectiva y asistencial.
Los valores y creencias sociales (macrosistema) influyen de forma determinante tanto en el tipo de apoyo institucional (exosistema) como en la forma que toman los diferentes roles familiares. Las deman- das intersistema son de dos tipos: demanda afectiva (DA) y demanda afectiva y asistencial (DAA). La lí- nea punteada indica la demanda de padres a abuelos cuando los padres son jóvenes. Más tarde, cuando éstos se convierten en adultos de mediana edad y los abuelos envejecen, cambia el tipo de demanda (lí- nea continua).
HIJOS PADRES ABUELOS
MACROSISTEMA
posiciones de cada parte; o de si ejercen de vínculo entre el pasado y el futuro familiar (Warner y Willis, 2003), dotando de significado y continuidad tanto a la familia como a su propia trayectoria vital, puesto que sus vivencias y recuerdos corresponden al pasado familiar, que se actualiza cuando los abuelos cuentan a las nuevas generaciones quiénes eran las personas que aparecen en las fotos familiares, cómo vivían y se relacionaban, o cuáles han sido los valores fundamentales dentro de la familia, lo que hace posible el desarrollo de un sentimiento de pertenencia familiar y de continuidad a través del cambio que suponen las distintas generaciones.
En cuanto al significado que la abuelidad tiene para los propios abuelos, encontramos diversas tipologías dependiendo de las variables que se consideran importantes en las per- cepciones que los abuelos tienen de la relación, el significado que tiene para la vida de los abuelos, la pertenencia a uno u otro sexo y linaje o la implicación en la vida de los nietos (para una revisión detallada, véase Pinazo, 1999). El primer estudio sobre estilos de abue- lidad, considerado como clásico, es el realizado por Neugarten y Weinstein en 1964, quie- nes identificaron cinco estilos de ser abuelo: formal (muy interesados en sus nietos y con autoridad y control sobre ellos en ausencia de los padres), buscador de diversión (con un estilo relajado y no autoritario en la relación con los nietos), padres sustitutos (abuelos que asumen la responsabilidad y el cuidado de los nietos de forma cotidiana), reserva de la sa- biduría de la familia (proveen de habilidades, recursos y conocimientos) y figura distante (abuelos con poco contacto con los nietos).
En la relación abuelos-nietos es necesario también tener en cuenta algunas cuestiones que afectan a la forma en que se ejerce y se percibe por parte de ambos: la naturaleza y el grado de relación de los abuelos están mediatizados por los padres, que pueden facilitar o di ficultar el ejercicio del rol de abuelo (King y Elder, 1997); es por tanto una relación muy sensible a los conflictos familiares. El distanciamiento afectivo o la ruptura de relación en- tre padres e hijos pueden dificultar o impedir el ejercicio de la abuelidad; de igual forma, el divorcio suele afectar de forma negativa al contacto con los abuelos de la línea parental que no mantiene la custodia de los hijos (Wilson y De Shane, 1982; Johnson y Barer, 1987). Por el contrario, las situaciones de enfermedad o la necesidad de ayuda instru- mental son circunstancias en que se recurre a los padres mayores y que, por tanto, incre- mentan la intensidad de la relación abuelos-nietos. Los padres se benefician de la ayuda que los abuelos prestan para el cuidado de los nietos, siempre y cuando se respete la nor- ma de no-interferencia, según la cual los abuelos no deben inmiscuirse en la educación de los nietos.
Existen numerosos estudios que muestran otra de las características de esta relación: la existencia de diferencias en función del sexo. Las abuelas se involucran más desde el pun- to de vista emocional que los abuelos, mientras que los abuelos dan más importancia a as- pectos como la responsabilidad con el trabajo o los estudios (Neugarten y Weinstein, 1964; Triadó y Villar, 2000); las actividades conjuntas son más frecuentes entre abuelas y nietos que entre abuelos y nietos (Fundación La Caixa, 1993); la intimidad percibida y el nivel de influencia es mayor en las abuelas que en los abuelos y, en general, las abuelas se sienten más satisfechas con su rol independientemente del linaje (Thomas, 1986, 1989). La habitual matrifocalidad de las relaciones familiares implica la matrilinealidad de la abuelidad, tanto en la frecuencia de relaciones como en la intensidad de éstas y en el
significado que se atribuye a la figura del abuelo. La mayor parte de los estudios muestran que los abuelos maternos son los que mantienen un contacto más estrecho con los nietos y que la abuela materna es la más comprometida e implicada en la crianza; los abuelos ma- ternos tienen un rol más significativo en la vida de sus nietos que los abuelos paternos (Fischer, 1982; Shea, 1987; Smith, 1991). Para los nietos, los abuelos por vía paterna se ven como figuras distantes, mientras que los abuelos por vía materna son las verdaderas figuras significativas (Triadó, Martínez y Villar, 2000; Van Rast, Verschueren y Marcoen, 1995), y la abuela materna es la preferida en la mayor parte de los casos (Hodgson, 1992; Kennedy, 1990).
En cuanto a las preferencias de los abuelos, Triadó y Villar (2000), en un estudio so- bre la percepción que los abuelos tienen de su relación con los nietos, refieren que, en los casos en que se tenía al menos un nieto por vía paterna (hijo/a de hijo) y un nieto por vía materna (hijo/a de hija), los hijos de hija son aquellos con los que se tiene mayor contac- to y que, cuando se pide a los abuelos que escojan a un nieto preferido, aunque la mayo- ría de los sujetos afirmó no tener ningún nieto preferido, cuando nombraban alguno cita- ban más frecuentemente un nieto por vía materna que paterna (22,5 frente a 12,8); en ambos casos, frecuencia de contacto y preferencia, las abuelas superaban a los abuelos en la orientación hacia los nietos por vía materna.
Otra característica importante de esta relación es la importancia de la variable edad, tanto como predictor de la forma de ejercer de los abuelos como en la percepción que los nietos tienen de la relación. Los abuelos más jóvenes suelen ser más activos, más impli- cados emocionalmente y prestan más ayuda que los mayores, que suelen ser más forma- les y distantes (Cherlin y Furstenberg, 1985; Triadó y Villar, 2000). La edad de los nie- tos también afecta a la relación, de manera que los abuelos irían modificando su comportamiento en función de la edad de sus nietos: así, mientras los nietos son peque- ños, los abuelos tienden a comportarse de forma más relajada y menos autoritaria, se ocu- pan a menudo de ellos y ejercen cierto control en ausencia de los padres, mientras que, como indican los estudios realizados sobre muestras en que los nietos eran adolescentes, la función de los abuelos pasa a ser más tarde la de consejero, reforzador de la autoesti- ma y aliado en determinadas situaciones, sin que merme su importancia afectiva, pues son considerados por los nietos como figuras importantes y afectivamente próximas (Van Rast et al., 1995). Cherlin y Furstenberg (1985), por su parte, encontraron que, en casi la mitad de su muestra de abuelos y nietos adolescentes, los abuelos eran calificados como activos debido al alto flujo de intercambios entre ambos y, sobre todo, a su activa implicación en la educación del nieto adolescente. En contraposición a estos datos, Tria- dó et al. (2000) constataron que, cuanto mayor es la edad de los abuelos, menos son con- siderados por sus nietos adolescentes como guardián y guía familiar o mediadores en conflictos y más como figuras distantes cuya función sería la de «modelos» de la última etapa de la vida.
Estas diferencias dan acceso a la descripción de una última característica de la relación entre abuelos y nietos: la importancia del marco sociocultural, que está afectando a la con- cepción que los abuelos tienen de la relación, pero también a la perspectiva de los nietos sobre la misma. La diversidad de expectativas, incluso la carencia de expectativas norma- tivas sobre la forma adecuada de ejercer la abuelidad (Rosow, 1985), hacen que no exista
una forma adecuada de ejercerla, sino que sea más bien una experiencia individual muy marcada por las características de las familias, la situación económica, las propias expe- riencias como nietos y los cambios que se producen en la forma de vida de las personas mayores.
Un último comentario sobre la abuelidad con relación a su importancia en la función familiar de socialización. Aunque los padres son los responsables directos de socializar a los hijos, los abuelos pueden contribuir a ello sin que surjan los conflictos y enfrenta- mientos inevitables en las relaciones parento-filiales, pues como los nietos no sienten la necesidad de rebelarse contra los abuelos la comunicación con ellos es más fácil que con los padres y se sienten con más libertad para comentar el significado y la importancia de las costumbres y valores que los padres intentan transmitirles (Warner y Willis, 2003). Los abuelos son, junto con los demás miembros de la familia, modelos de con- ducta para las nuevas generaciones; modelos para sus hijos en el ejercicio de la mater- nidad/paternidad y, a través de la relación con los hijos, modelos de la renegociación de intercambios propia de la evolución familiar.