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1.5 Dissertation outline

2.1.2 Security requirements in event processing

Y DE LA CRIANZA

La pedagogía y la filosofía de los siglos XVII y XVIII aportan algo al estudio científico

de la crianza porque ofrecen datos en el seno de la polémica racionalismo-innatismo frente a empirismo. Como señala Linaza (1988), no existe un interés científico específi- co por el estudio del desarrollo psicológico, ni mucho menos por el impacto que en el mismo pudiera tener la interacción familiar; pero las posiciones filosóficas empiristas conceden gran importancia a las experiencias precoces en el proceso de desarrollo pos- terior. En este sentido la familia va a ser mencionada por diversos autores como un en- torno influyente sobre las características in fan tiles.

El sacerdote checo Jan Amos Komensky (1592-1670) es considerado el fundador de la pedagogía como ciencia (Debesse, 1970). En el ámbito de la psicología del desarrollo es igualmente considerado como precursor de teorías centrales para la comprensión del desa - rrollo psicológico. Así es juzgado por el propio Jean Piaget en una de las ediciones de la Didáctica magna de Comenio (1632), nombre latino del autor checo. Además de preconizar la extensión de la enseñanza para todos los seres humanos, Comenio capta la importancia del proceso educativo infantil, tal como se muestra en el siguiente texto:

«Si se me objetara diciendo que los niños, por lo flaco de sus fuerzas, de su alma y de su cuerpo son incapaces de recibir instrucción y que se gasta en vano trabajo y tiempo, etc., yo contestaré: alguien escribió: los niños saben (en potencia) todas las lenguas, pero sólo hablan en acto aquella que aprenden. Hablando en términos generales, podemos decir: los niños lo saben todo en potencia; en acto sólo aquello que aprendieron. En efecto su potencia y habili- dad es indefinida y abierta a todas las posibilidades. Con base en ellos Platón emitió la opi- nión del eterno retorno del mundo y dijo que aprender es recordar» (Jan Amos Komensky, Pam-

pedia, tomado de Gutiérrez y Pernil, 1997: 527).

Este texto de Comenio, pone de manifiesto una posición ecléctica entre el inna- tismo platónico y el empirismo aristotélico: a pesar de las predisposiciones innatas,

solamente a través de la experiencia se consiguen los aprendizajes. El pedagogo che- co formula un desarrollo por fases, de las cuales la primera es la maternal, que trans- curriría hasta los seis años. Los padres deben ser los responsables de una formación humana que debe ser anterior a otro tipo de formación profesional o social (Gutié- rrez y Pernil, 1997b). Según Comenio, si los padres fueron autores de la vida natu- ral, deben serlo también de la vida racional, honesta y santa, como consta en el ca- pítulo VIII de la Didáctica Magna. La gran utopía de Comenio enlaza con uno de los principios de la reforma iniciada por Lutero (1483-1546) y Calvino (1509-1564), y consiste en que todo el mundo debe tener acceso a la enseñanza y a la lectura de las escrituras para desarrollarse plenamente como hombre.

La filosofía empirista se acerca al mundo educativo a través de la obra de John Locke (1632-1704) Pensamientos acerca de la Educación, en la cual se encuentran referencias di- rectas a la importancia de la educación en el ámbito familiar; en la sección sexta de esta obra Locke afirma lo siguiente:

En el contexto de la Ilustración francesa del siglo XVIIIaparece la figura de Rousseau (1712-1778); a este autor se le reconoce de forma casi unánime el mérito de haber identificado a la infancia como un periodo diferente de la vida adulta, con sus propias peculiaridades y poseedora de unos derechos entre los que destaca el de ser educado. Además de la importancia que la obra de Rousseau tiene como precedente para la psi- cología del desarrollo (Arranz, 1998), es evidente que el «descubrimiento» de la in- fancia supone una activación de la sensibilidad relativa a la crianza. En este sentido, muchos contenidos de la obra Emile (1762) se refieren a consejos a las madres para que amamanten a sus hijos y a los padres para que respondan a las obligaciones de la paternidad. Resulta curioso recoger el dato señalado por Gutiérrez y Pernil (1997b), que afirman que el propio Rousseau tuvo varios hijos a los que no atendió. En opinión de Holden (1997), la máxima roussoniana relativa a la crianza va en consonancia con su planteamiento pedagógico de fondo, es decir, que la misión educativa de los padres consiste en preservar la bondad natural de la que el niño es portador. A continuación se transcribe un texto del Emile con marcado carácter pedagógico:

«Después de haber considerado lo poderosa que es la acción de la sociedad y lo dispues- tos que estamos, sobre todo cuando somos niños, a imitar a los demás hombres, me tomo la libertad de hacer a los padres una indicación, a saber: que para conseguir de sus hijos el res- peto para él y para sus órdenes, debe él mismo profesar una gran reverencia para su hijo. Ma-

xima debetur pueris reverentia. No hagáis delante de él lo que no queráis que haga por imita-

ción. Si se os escapa alguna cosa que consideráis en él como una falta, podréis tener la seguridad de que se excusará con vuestro ejemplo; y se excusará tan bien que os será difícil conseguir corregirle en este punto por medios eficaces» (John Locke, Pensamientos acerca de la

Un precedente muy significativo de lo que se podría denominar interés por la crianza, o influencia del contexto familiar en el desarrollo o, incluso, educación familiar se encuentra en la obra de Johann Heinrich Pestalozzi (1746-1821), a quien Quintana Cabanas (1988) consi- dera uno de los grandes precursores de la pedagogía contemporánea. A Pestalozzi se le pue- de considerar un hijo de la Ilustración en la medida en que es influido por la figura de Rous- seau, pero, a diferencia de éste, sus aportaciones no están basadas en la especulación sino en la observación. Probablemente su responsabilidad como director de un instituto de huérfanos desarrolla en él el eje central de su teoría, que se expresa en la convicción de que la piedra angular de la educación es la vinculación del niño con su madre. Así se muestra en los si- guientes textos, extraídos de la obra Cartas sobre educación infantil; el primero, de la carta ti- tulada «La corriente afectiva madre-hijo» y el segundo de la carta titulada «Función superior del afecto del niño hacia su madre. Actitud de esta ante el afecto de su hijo», escrita en 1818. Ambos dan muestra de la profundidad pedagógica de las aportaciones de Pestalozzi.

«¿Qué se deriva de eso? En primer lugar, que al imponerles un deber que no sienten los indisponéis contra vuestra tiranía y los apartáis de amaros; que los enseñáis a volverse disi- mulados, falsos, mentirosos, para arrancar recompensas o sustraerse a los castigos; que, por úl- timo, al acostumbrarse a encubrir siempre con un motivo aparente un motivo secreto, vosotros mismos les dais el medio de engañaros sin cesar, de privaros del conocimiento de su verdade- ro carácter, y de contentaros a vosotros y a los demás con vanas palabras llegado el caso. Las leyes, diréis, aunque obligatorias para la conciencia, utilizan la misma coacción con los adul- tos. Lo admito, pero ¿qué son esos adultos sino niños echados a perder por la educación? Pre- cisamente eso es lo que hay que prevenir. Emplead la fuerza con los niños y la razón con los hombres: ése es el orden natural: el sabio no necesita leyes» (Emile, libro II, tomado de Gu- tiérrez y Pernil, 1997).

«La providencia ha provisto a la madre de los medios precisos para colmar las necesidades ani- males de su hijo. Hemos visto que el niño posee un impulso animal que facilita esta tarea. Pero cuando la mirada del niño encuentra la de su madre, no busca la mera satisfacción de una necesi- dad momentánea o librarse de una pasajera sensación de malestar, está buscando algo más exce- lente; delata la primera necesidad de índole espiritual; busca una comunión de sentimientos» (Pes- talozzi, 1818, 1988: 45).

«Para quienes no han tenido ocasión frecuente de observarlo, les resulta imposible hacer- se una idea de la rapidez y el ímpetu con que crece el impulso animal cuando se lo abando- na a sí mismo, sin que el influjo maternal le ponga un saludable coto. Ciertas madres a me- nudo intentan detener el crecimiento de tales tendencias suscitando en el niño un temor al castigo; pero tal sistema no hará más que agravar el mal. La prohibición viene de por sí, a es- timular el deseo. El temor no puede servir de incentivo moral; nunca pasará de ser un esti- mulante de apetencias corporales, amargando el alma y alejando al niño de la madre. Esto es, pues, lo que se consigue con el rigor. No cabe duda de que sus consecuencias vienen a ser tan dañinas como las de una negligencia blandengue. Contra los peligros de ambos males no pue- do recomendar más que lo de siempre: amor y firmeza» (Pestalozzi, 1818, 1988: 68-69).

En el primer texto se vislumbra la importancia de la sincronía de afectos entre el bebé y la madre que los teóricos del apego (Bowlby, 1969) han descrito como la base sobre la que se constituirá el vínculo afectivo. El segundo recoge todo un planteamiento educativo para facilitar en los niños el desarrollo del autocontrol. La obra de Kant (1724-1804) tam- bién influye en el carácter moral de las aportaciones de Pestalozzi, que defiende el desa - rrollo de la libertad individual basada en el autocontrol.

Por otra parte, la obra de Pestalozzi puede considerarse como precursora de las actua- les políticas de protección infantil. Pestalozzi fundó una serie de escuelas populares diri- gidas a los niños más pobres, donde se compensaran las carencias de esos niños en su vida familiar para que luego pudieran contribuir a la mejora de la sociedad en general. Desde su punto de vista, el cambio social solamente podría provenir de una adecuada educación temprana, cuyo eje fundamental es la figura educadora de la madre. La obra de Pestalozzi influirá en aportaciones significativas posteriores como son las obras de Herbart (1776- 1841), gran sistematizador del pensamiento de Pestalozzi, y la de Froebel (1782-1852), que aplica los principios de Pestalozzi a la acción pedagógica practicada en los primeros jardines de infancia.

La obra de Pestalozzi Diario de un padre, que no fue publicada hasta 1828, es una muestra de la metodología de observación sistemática practicada por su autor y constitu- ye un precedente de observaciones biográficas posteriores como las de Tiedemann (1748- 1803) y la de Darwin en 1877 (Arranz, 1998).

A finales del siglo XIXse encuentra un precedente significativo de la investigación sis-

temática en el campo de la interacción entre padres e hijos: se trata del cuestionario ela- borado por C.H. Sears y Stanley Hall (1899) en la Universidad de Clarck para conocer las perspectivas de los padres acerca del castigo físico.

4. LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX: LA INFLUENCIA DE LA