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Sarven Capadisli replies Authors

6.3    Semantic Content Authoring Quality Attributes

Para los padres de familia lo más importante es el cuidado de la vida y la sombra de los konemej desde que éstos nacen. Durante los primeros meses de edad del niño los familiares lo protegen del “mal viento”114 porque saben que se trata de una corriente de

aire dañina al espíritu. Una vez que “el mal viento” entra en un cuerpo frágil, solamente con “buen corazón”115 como los bebés, los síntomas pueden ser malestares físicos como

llorar sin detenerse, dejar de comer o dormir y despertar rápidamente. Hablar de “mal viento” en la Huasteca es hablar de una enfermedad que no se quita yendo con “el doctor”. Para ello, un xiuipajtijketl como don Rafael recomienda lo siguiente:

“Ora” del maíz hay blanco, rojo, rosita… Cuando una criatura se está muriendo de “mal viento”, el maíz se quiebra y se remoja en agua, lo dejas unos diez minutos. Se le puede poner tres colores o cinco, si no del rojo sirve. Cuando se quiebra, se pone en el altar y se rocía encima de la cabeza del niño, así nosotros lo hacemos, así se han levantado los niños. (Los Ajos 04/10/2007)

Ciertamente, en la cosmovisión de los huastecos las corrientes de aire pueden ocasionar “un mal”, porque se supone que de allí es de donde provienen los sentimientos negativos, deseos y pesares de otras personas. Dado que los seres más sensibles para captar los mensajes del ambiente son los niños, particularmente los bebés que aún no tienen un año de edad, la relación con las divinidades se vuelve indispensable, pues éstas son las únicas capaces de dar su protección. La curación no depende de las relaciones sociales si no de la relación de lo social con la dimensión espiritual.

Así como las pastillas o un jarabe no tendrán ningún efecto para curar del “mal viento”, el maíz molido no es en sí mismo el remedio. El altar en donde se colocan las velas, el agua que se pone a hervir y las diferentes semillas de maíz con distintos colores constituyen los elementos esenciales para devolver la salud al enfermo. El nexo que el experto indígena

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Se refiere a los pesares, enojos y rencores de las personas que se vierten en el aire que circunda a la comunidad.

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logra establecer con las divinidades (Santos, Toteko y Chikomexochitl) es lo que permite que el espíritu del paciente vuelva a tener tranquilidad y el cuerpo consiga las ganas para vivir: el lloriqueo cesa, regresa el apetito y no hay inconvenientes para conciliar el sueño.

En este caso, los especialistas en curación encarnan un elemento propio de conocimiento; los remedios naturales y los que ellos mismos preparan, son elementos materiales propios; los elementos simbólicos y emotivos que hacen posible la comunicación y la eficacia en la relación médico-paciente, son también propios; y la realización de las prácticas médicas obedece a decisiones propias, internas. (Bonfil 1992: 119)

Poner el maíz en el altar durante determinado tiempo es una forma de crear una especie de contacto entre el mundo material y el divino antes de verterlo al paciente. Rociarlo encima de la cabeza del niño significa que el remedio debe aplicarse sólo en la parte en donde el espíritu puede llegar de nuevo. La cabeza es un centro de poder, desde allí se llama a la sombra, desde allí se pueden vencer los males. Toteko como la divinidad máxima, también es “nuestra cabeza”, ese es el significado etimológico y es también el significado al que la medicina tradicional acude para realizar el procedimiento que busca la cura.

Como hemos visto, los mayores cuidan y protegen la “sombra” de los bebés de acuerdo a la cosmovisión. Si la “sombra” se ha apartado del cuerpo se pide a los Señores y Señoras de la Tierra que dejen libre el espíritu que ha quedado atrapado en alguno de los lugares que les corresponden como entes sobrenaturales116. Asimismo, se solicita la ayuda de las divinidades del plano celeste para que el cuerpo se encuentre nuevamente en condiciones favorables para vivir. Los expertos indígenas mediante oraciones y la utilización de semillas de maíz solicitan que “la sombra” se “levante y regrese” al niño.

Aunque dicho procedimiento es indispensable para los konemej, éste no termina sino por el contrario, se mantiene como una constante a lo largo de toda su vida. El cuidado de la “sombra” o tonal es una necesidad para que los konemej se desarrollen sin dificultades, es decir, con alegría (pakilistli) en el tránsito que implica la convivencia con otros seres vivos que habitan la Tierra. El mantenimiento del cuerpo que involucra poseer el físico y el espíritu en su conjunto se entiende como un requerimiento o condición indispensable

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desde el nacimiento de un bebé. Este cuidado del tonal no termina en un momento o ciclo etáreo sino que se mantiene de modo transversal porque la sombra puede “perderse” debido a situaciones tales como encontrarse repentinamente con el mal viento producto de relaciones sociales negativas o cruzar por los lugares en donde los Señores y Señoras de la Tierra manifiestan su presencia sin que los padres atiendan a ello. El “levantamiento” de la sombra o la “llegada” del tonal para que el enfermo vuelva a su normalidad, es decir, a su completa salud, solamente es válida si en la curación se articulan los nexos entre el maíz y las divinidades que protegen a los humanos.