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Significant Revision Identification Experimental Setup

El SIDA añade intensidad al afecto que se experimenta dentro del grupo y al hacerlo promueve la regresión. Ésta permite y fuerza la reelaboración de las cuestiones de carácter. Las personas que por lo normal no son hostiles o

intolerantes, se descubren sintiendo y diciendo cosas que río pudieron haber anticipado. El terapeuta, un miembro individual del grupo, o el grupo como un todo, pueden experimentar culpa de haber sobrevivido después de la muerte de un miembro HIV positivo. Esto es especialmente cierto cuando existe un fuerte sentido de identificación con este paciente.

El líder debe estar consciente de su propia historia de exposición posible y estatus HIV, en especial si es homosexual o puede, de otra manera, identificarse con la persona que sufre SIDA.

La empatía puede ser difícil en ocasiones a medida que la persona con SIDA realiza constantes ajustes internos, emocionales y físicos, ante la enfermedad. Con frecuencia; el líder y otros miembros del grupo son más lentos en su capacidad para asimilar tales ajustes. En ocasiones es difícil para las personas que no son HIV positivas el hecho de imaginarse a sí mismos realizando un ajuste de manera tan rápida o tan correcta ante los cambios dramáticos como utilizar pañales, usar un bastón, vomitar continuamente durante cortos periodos de tiempo, perder de manera periódica toda energía, tomar medicamentos a todas horas del día o de la noche o perder la visión. Este rompimiento empático puede ocurrir a medida que el terapeuta o los miembros del grupo intentan adaptarse mientras cambia el paciente con SIDA. Durante este lapso, la persona con SIDA puede sentirse aislada. Esto puede ser particularmente cierto si el personal que la atiende y los miembros del grupo se distancian a medida que el paciente con SIDA se acerca a la muerte.

Los deseos de suicidarse están siempre presentes en el caso de los pacientes HIV positivos, ya sea que hablen de ello o no. De inicio, después del diagnóstico de HIV, es frecuente que el deseo del suicidio se enfoque alrededor del sentido de crisis, sensación de falta de control e incapacidad para predecir el futuro. Después, con frecuencia luego de que se realiza el diagnóstico de SIDA, el individuo se puede enfocar hacia el temor al dolor y al sufrimiento contra un deseo real de morir. Es frecuente que atender a la opción del suicidio pueda ayudar a las personas con SIDA a recuperar un sentido de control. Cuando se les alienta a hablar acerca de su deseo de suicidarse, las personas con SIDA necesitan ayuda para diferenciar sus temores al dolor y al sufrimiento de su deseo de morir; la mayoría de las personas con SIDA están preocupadas por lo primero. Con frecuencia, en las últimas etapas de la enfermedad, la mayoría de las personas con SIDA comienzan, de manera activa, a sentir deseos de morir.

Es obvio que las ideas de suicidarse no les es ajena a las personas que son HIV negativas. Discutir el asunto de manera directa puede beneficiar a todos los miembros del grupo en tanto deciden la forma de vivir de manera más completa. Sin embargo, el líder puede temer al contagio del deseo de suicidarse y estar preocupado por los otros pacientes dentro del grupo.

Para el terapeuta es difícil equilibrar la necesidad de esperanza y negación del paciente HIV positivo con la propia necesidad del terapeuta de colocar a un lado la negación a fin de ayudar al paciente a prepararse para la muerte. En términos generales, una meta del grupo de terapia no consiste en ayudar al miembro a prepararse a morir, pero esto puede surgir en un grupo con una

persona que sufre SIDA. Para el terapeuta de grupo, un asunto crítico consiste en realizar evaluaciones clínicas adecuadas de la necesidad del paciente con SIDA y no actuar con base en las inevitables resistencias contratransferenciales.

La etapa final del SIDA presenta un problema adicional para los grupos de terapia con un contrato tradicional de grupo que prohíbe el contacto extragrupo. A medida que un miembro con SIDA dentro del grupo queda cada vez más incapacitado, sus posibilidades para asistir a las reuniones pueden verse seriamente comprometidas. Es posible que otros miembros del grupo deseen establecer contacto con este miembro o visitarlo en su hogar o el hospital. Después de que muere el enfermo de SIDA, el grupo tendrá que decidir si asisten juntos al velorio o funeral. Estas cuestiones deben sacarse a relucir y explorarse. Beckett

y Rutan (1990) sostuvieron la posición de que los líderes deberían notificarle a cada miembro del grupo inmediatamente después de la muerte de otro miembro.

La cantidad de personas HIV positivas se incrementa de manera firme. Es inevitable que más personas seropositivas o con SIDA estarán en grupos terapéu- ticos heterogéneos. Dentro de los grupos mixtos, con frecuencia los varones y mujeres bisexuales y que aún no aceptan su homosexualidad, llegan a aceptar su orientación bisexual u homosexual o a actuar con base en ella. Los miembros del grupo que tienen antecedentes de relaciones sexuales inseguras con alguien que después cae víctima del SIDA se volverán seropositivos durante el curso del grupo. Los varones y mujeres adolescentes y en edad universitaria experimentan con frecuencia con ambos sexos a medida que buscan su identidad y orientación sexual (Melton, 1988). Aquellas personas que abusan de drogas intravenosas, sus cónyuges y compañeros sexuales y las personas con hemofilia comprenden a miembros presentes o potenciales de grupo.

La mayor parte de este capítulo se ha escrito con varones homosexuales en mente. Los varones homosexuales abarcan el segmento más grande de la pobla- ción con SIDA, a pesar de que existe un viraje cada vez mayor hacia las personas que abusan de drogas intravenosas. A la fecha, los hombres homosexuales han estado en mayor probabilidad de buscar y utilizar los grupos de apoyo o los de terapia debido a cuestiones de clase, capacidad económica, familiaridad con los sistemas de servicio y por un sentido de pertenencia a una comunidad clara y a un conjunto de organizaciones. Se espera que las mujeres, en especial las mujeres pobres no blancas, se permitan esta oportunidad de luchar con la agonía que rebasa al género, clase u orientación sexual, para encontrar curación dentro de un lazo común (Cochran y Mays; 1989). Los grupos son, por naturaleza, vehículos que proporcionan poder y, por tanto, pueden representar un papel importante en el cambio socia1.11

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Terapia de grupo dinámica