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3 A qualitative analysis in domain specific extensions

Requirement 9: Model constructs should be individually

5.4 Simulation building blocks

Tal y como hoy la conocemos, la crónica de Indias se aprecia como un documento con vocación literaria, pero en realidad constituye una prueba documental, un testimonio de las hazañas personales que habitualmente era remitido a la Corona para informar y avalar con él el merecimiento de mercedes.

El manuscrito remitido al Consejo de Indias solía ser solo parte de un expediente personal, mediante el cual su autor justifi ca una trayectoria individual y pide una jus- ta recompensa a su servicio. En estos casos, la crónica forma parte de un expediente compuesto por otros documentos como cartas, informes de parte, testimonios, etc., que contextualizan la petición y los méritos del autor (y también a la propia crónica).

Entre todos ellos, tiene un valor focal la carta, que suele acompañar y presentar a la crónica y sirve como vía de remisión del manuscrito. La carta es un tipo documental que experimentará un notable resurgir en el siglo XVI, utilizada como documento ofi - cial11 y particular por emisores de diversa formación cultural y procedencia social. Por

su versatilidad se convertirá en un medio común para la expresión de los más variados contenidos y temáticas (Carrera de la Red, 2006).

Estas misivas van dirigidas a una persona concreta y contienen una referencia ex- presa a la obra, así como una petición personal. Su extensión es fl exible y puede ser

11 Las cartas ofi ciales, convertidas en tipo fundamental en la comunicación con Indias, serán objeto de

regulación en cuanto a su disposición y estructura a partir de 1595, con objeto de mejorar y agilizar el des- pojo de las informaciones contenidas en ellas (Heredia Herrera 1985a y Bravo, 1998).

enviada directamente al rey (en sus reales manos) o por mediación del Consejo de Indias12.

En ellas se recogen noticias de carácter ofi cial junto a otras de valor personal. Su fi nali- dad es dar cuenta de sucesos acaecidos o de la difusión de disposiciones del monarca, y son por lo tanto un medio de la Corona para obtener constatación de la aplicación de sus leyes y la marcha del gobierno en Indias13. El contenido de las cartas es tenido en

cuenta por los gobernantes y adquiere en muchos casos fuerza jurídica, generando do- cumentos ofi ciales consecuentes (disposiciones, misivas reales, visitas, leyes, etc.)14.

La estructura de este documento responde a la ordenación que muestra la Figu- ra 2.2.

a) Fórmula de tratamiento que revela el destinatario.

b) Motivación o exposición de los hechos. c) Petición o súplica.

d) Termina con una breve fórmula de despedida y la cláusula cronológica completa: fecha tópica (lugar) y fecha crónica (día, mes y año).

Figura 2.2. Estructura de las cartas que acompañan a las crónicas.

La cortesía obligaba a incluir, tras un espacio en blanco15, la fórmula de sometimien-

to (Muy Poderoso Señor, besa a vuestra Alteza sus reales pies), que no era un elemento pre-

12 La crónica de Baltasar Obregón [1586], por ejemplo, va precedida de dos cartas, una dirigida al rey y

otra al Presidente del Consejo de Indias.

13 Esta técnica no es solo de los primeros siglos; Ramón Ezquerra estudia las informaciones de bastantes

autores y constata cómo en el XVIII las remisiones de informes particulares desde América siguen siendo pie- zas fundamentales: «Como labor previa para las reformas era necesaria la información, y así las obras de crítica son en ocasiones informes privados para conocimiento del gobierno, y dentro de esta categoría entran las célebres Noticias secretas de Jorge Juan y Antonio de Ulloa o las memorias e instrucciones de los virreyes» (1962: 164).

14 «Porque de las cartas de los virreyes, Audiencias, y otras personas, assí públicas, como particulares de

las Indias y de la Casa de la Contratación de Sevilla, y otras partes se nos escriben resulta la mayor parte de cosas de gobernación a que se debe mucho atender por lo que nos importa [...]» (Ordenanzas de 1571, n.º 13, Ordenanzas de 1636, n.º 27).

15 «Pónese la cortesía, como ya os dije, en medio de ella [de la fecha] y de la fi rma, y luego la fi rma con

su rúbrica de una parte y de otra del nombre. Y lo que en esto hay también que notar es que cuanto más baja se pusiere y mayor distancia hubiere de ella a la carta, tanto se entiende que es mayor y el respeto que se tiene a la persona que se escribe, y lo mismo es si las cortesías estuvieren también bajas [...], cuando la cortesía y la fi rma se ponen iguales, o casi en un renglón, es tener en poco a la persona» (Torquemada, 1970: 254).

ceptivo de la carta pero sí costumbre en el siglo XVI y, un poco más abajo aún, la vali-

dación, compuesta por el nombre del autor y su rúbrica16. Puede ser autógrafa (escrita

por una sola mano o autor) o heterógrafa (de varias manos o autores), pero generalmen- te irá avalada por la fi rma del autor (entendiendo como tal la persona que encarga o escribe la crónica) o del escribano que hace la copia.

La carta es también y por sí misma un medio formal para hacer una relación de hechos. Algunas crónicas con valor informativo se construyen por la agrupación de cartas, como es el caso de las Cartas de Relación de Hernán Cortés [1519-1526].

La carta será también el formato más utilizado para comunicarse con los familiares y amigos de la península17, expresando en ellas, con toda libertad, los sentimientos y

vicisitudes de la vida en Indias (Cano Aguilar, 1996). En defi nitiva, son

«textos escritos sin pretensiones retóricas ni literarias más allá de la inmediatez de la comunicación, pero fuente riquísima para estudiar el lenguaje y la mentalidad de quienes los escribieron o los hicieron escribir.» (García Mouton, 2004: 140).