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Support and documentation for domain specific extensions

3 A qualitative analysis in domain specific extensions

Requirement 9: Model constructs should be individually

5.6 Support and documentation for domain specific extensions

La difusión de las crónicas no impidió la entrada masiva de indigenismos; muchos cro- nistas, llevados por un afán enciclopédico y etnográfi co (más propio del XVIII), se con-

virtieron en infatigables recolectores de voces autóctonas. Este es el caso de Fernández de Oviedo, que justifi ca continuamente su cargo presentando un mayor número de voces que testimonien su experiencia indiana6:

«Si algunos vocablos extraños e bárbaros aquí se hallaren, la causa es la novedad de que se tracta; y no se pongan á la cuenta de mi romançe, que en Madrid nasçí y en la casa real me crié y con gente noble he conversado, é algo he leído, para que se sospeche que avré entendido mi lengua castellana, la qual de las vulgares, se tiene por mayor de todas; y lo que oviere en este volumen que con ella no consuene, serán nombres ó palabras por mi voluntad puestos para dar á entender las cosas que por ellos quieren los indios signi- fi car.» (1991: 11)

Otros escritores como Francisco López de Gómara [1554]7 en su Historia natural de

las Indias y en La conquista de México, a pesar de no haber estado nunca en América, usa

un gran número de voces indígenas, porque comprende el valor comunicativo de di- chos préstamos y la autenticidad que confi eren a su documento.

6 La misma razón la da casi un siglo después el español fray Pedro Simón, radicado en el Nuevo Reino

de Granada: «Pareciome al principio destos libros poner una declaración por modo de Abecedario de algunos vocablos, que solo se usan en estas partes de las Indias Occidentales, que se han tomado de algunas naciones de los indios, que se han ido pacifi cando, y para mejor poder entenderse los españoles con ellos en sus tratos los han usado tan de ordinario, que ya los han hecho tan españolizados, que no nos podemos entender acá sin ellos, ni declararlos en las historias sin introducirlos» (Simón [1637] 1986: 51).

7 López de Gómara escribe a partir de datos aportados por Cortés, Fernández de Oviedo y Pedro Mártir

de Anglería. Con respecto a Anglería, tampoco estuvo en América, pero se preocupa hasta de la pronuncia- ción de las voces indígenas. Un ejemplo nos lo proporciona cuando describe la pronunciación de la [h] arahuaca que confunde con la [f] castellana en la palabra furacanes, y el cronista explica lo siguiente: «Hic de aspiratione panca referamus, quae aliter se habet quam apud latirnos. Aduertendum est nullam inesse aspi- rationem vocabulis eorum, quae non habeat efectum litterae cvnsonantis, iino grauíus aspirationem pro- ferunt quam nos .f. consonantem, proferendumque est quidquid est aspiraturn eodem halitu quo .f. sed minime amoto ad superiores dentes inferiore labello, ore autem aperto he he hi ho liu & concussv pectore. Hebraeos & Arabicos eodem modo suas proferre aspirationes video, Hispanos etiam in his quae ab Arabibus din possessoribus vocabulis experior idear seruare, multa quíppe retinent, vt Almohada que dicitur puluinar, almohaza quae interpretatur strigilis & huiuscemodi multa quae anhelante pectore promunt» (cfr. Ludtke, 1992: 131).

Muchas de estas lexías se incorporaron fi nalmente al español general8; otras per-

manecieron siempre circunscritas a determinadas áreas americanas; y por último, un buen número se olvidaron porque tan solo se registran en determinadas zonas, sin ca- rácter panhispánico, o bien fueron desplazadas por otro indigenismo de uso general e incluso por una designación patrimonial. Es comprensible que los soldados de a pie, ignorantes de muchas lenguas, no recordaran algunas palabras o las aprendieran mal, cuando el propio Inca Garcilaso confi esa que se le ha olvidado cómo se dice en su len- gua —el quechua— el nombre del tigre:

«Cómo se llame el nombre del tigre en la lengua general del Perú se me ha olvidado, con ser el nombre del animal más fi ero que hay en mi tierra. Reprendiendo yo mi memoria por estos descuidos, me responde que por qué le riño de lo que yo mismo tengo la culpa. Que advierta yo que ha 42 años que no hablo ni leo en aquella lengua. Válgame este descargo para el que quisiere culparme de haber olvidado mi lenguaje. Creo que el tigre se llama uturuncu, aunque el padre maestro Acosta da este nombre al oso, diciendo «oto- rroncos» conforme a la corruptela española. No sé cuál de los dos se engaña: creo que su paternidad.» (Inca Garcilaso [1609] 1991: 535.)

Los textos permiten seguir la huella de los indigenismos a través de estos dos pro- cedimientos:

1. la adopción de préstamos indígenas de lenguas autóctonas,

2. el uso de recursos lexicogenésicos y expansión semántica de vocablos patri- moniales.

Las crónicas son un testimonio de cómo la cultura indígena convivió con la de los españoles llegados en calidad de conquistador, colono o misionero. La aparición del indigenismo léxico obedece a múltiples causas de tipo lingüístico y extralingüístico (véase Figura 3.1)9.

Según el perfi l del cronista, es posible establecer una gradación con respecto a la presencia de las voces autóctonas (véase Tabla 3.1).

El indigenismo en las crónicas es el elemento que dota de autenticidad a las cosas descri-

tas y expuestas (Vaquero de Ramírez, 1991: 21), y su presencia es necesaria, tal como

explica el Padre Acosta (1590) porque si hemos de juzgar de las especies de los animales por

sus propiedades, son tan diversas que quererlas reducir a especies conocidas en Europa, será lla- mar al huevo, castaña (1987: 203).

En las obras hasta la primera mitad del siglo XVI hay un celo por dar una explicación del signifi cado del vocablo indígena. Los recursos varían desde la comparación más elemental hasta las descripciones más prolijas, en función de la experiencia del autor y sus conocimientos. La tendencia general será comparar, siempre que sea posible, la

8 Para conocer la recepción contemporánea a los hechos de estas voces en obras lexicográfi cas, cfr. Her-

nández Hernández (2008); para la entrada de estas voces en los diccionarios peninsulares, cfr. Ariza Viguera (2011). En cuanto a la difusión y la vitalidad en Canarias, como «antesala de América», cfr. Corrales Zum- bado y Corbella Díaz (2010) y Medina López (1999).

9 Cfr. Alvar (1996); Buesa Oliver y Enguita Utrilla (1992) Mejías (1980); Enguita Utrilla, (2004); Frago

Prestigio empresa americana. Propaganda institucional Intercomunicación entre culturas Cronista como experto en América. Cultura de la probanza Otorga autenticidad a los textos Designación de una nueva realidad americana Actitudes comunicativas del cronista-lector Enriquecimiento del español lengua del Imperio Vitalidad y difusión de las distintas voces Indigenismo en las crónicas

Figura 3.1. Factores que influyen en el empleo del préstamo indígena.

Tabla 3.1. Cronistas y uso de indigenismos Presencia de los indigenismos Cronista oficial o similares + G. Fernández de Oviedo Juan de Matienzo Diego Muñoz Camargo Juan Polo de Ondegardo Agustín de Zárate Militar + Juan de Betanzos Juan de Castellanos Hernán Cortés

Bernal Díaz del Castillo Alonso de Góngora Marmolejo Pedro Pizarro Andrés de Tapia B. Vázquez de Tapia Sacerdote o religioso + José de Acosta Fray Pedro de Aguado Francisco de Aguilar Fray Bartolomé de Las Casas Juan Díaz

Fray Toribio de Benavente Motolinía Bernardino de Sahagún

realidad americana con la peninsular (o europea), que es el referente conocido por el lector de la crónica:

«Aquí nos bastecimos de muchos managi, que son frutos de árboles de la grandeza y sabor de los melones, y asimismo de ages, que son raíces como zanahorias al comer; y de ungias (que son animales que en Italia se llaman schirati» (J. Díaz [1518] 1988: 42)10.

En otras ocasiones, el mundo árabe es el referente de lo extraño y también de otras claves culturales que eran conocidas por el español debido al largo proceso de recon- quista peninsular: [...] ellos hacían ciertas ropas labradas de seda a la morisca de las que llaman

almaizares (J. Díaz [1518], 1986: 49).

No todas las lenguas americanas tenían la misma extensión geográfi ca ni conside- ración social —antes o después de la llegada de los españoles—, de ahí que sea relevan- te tener en cuenta que algunas ya tenían una gran difusión en época precolombina. Otras alcanzan reconocimiento más tarde gracias a la política lingüística que, a partir de Felipe II, consideró algunos idiomas como lenguas generales para su uso en la evan- gelización y fomentó su estudio mediante la instauración de cátedras en las Univer- sidades.

La incorporación de los préstamos en las crónicas se puede diferenciar por periodos, correspondientes con las lenguas autóctonas con las que el descubridor entraba en con- tacto. Según este proceso, encontramos en los textos y por orden cronológico, términos procedentes de las diferentes lenguas (véase Tabla 3.2)11.

Además de la secuencia cronológica del descubrimiento, en las crónicas hay que tener en cuenta la pervivencia del antillanismo sobre los préstamos de las diferentes lenguas. Son las voces que el español aprendió en primer lugar, y las transfi ere al resto del territorio incorporadas ya en su propia lengua.

«La Española —según advirtió Cuervo en 1885 (§ 85)— fue el campo de aclimatación donde empezó la lengua española a acomodarse a las nuevas necesidades. Como en esta isla ordinariamente hacían escala o se formaban y reforzaban las expediciones sucesivas, iban estas llevando a cada parte el caudal lingüístico acopiado, que después seguían au- mentando o acomodando en los nuevos países conquistados.» (Enguita Utrilla, en línea.)

Los cronistas emplean las voces taínas junto a las de otro origen con normalidad, y no es extraño encontrar ejemplos de los antillanismos papaya, maíz, ají:

«Del árbol que en esta isla Española llaman papaya, y en la Tierra Firme los llaman, los españoles, los higos del mastuerzo, y en la provincia de Nicaragua llaman, a tal árbol, oloco- ton.» (Fernández de Oviedo [1535-1557] 1992: 274.)

«[...] hubiese depósitos de todas comidas ansí de maíz como de ají e fríjoles e chochos e chuño e quinua e carnes secas e todos los demás proveimientos e comidas curadas que ellos tienen.» (Betanzos, [1551] 1987: 48.)

10 Las formas actuales de los indigenismos citados son mamey, ají y jutía, respectivamente. 11 Para la pervivencia de indigenismos de estas lenguas, cfr. Aleza y Enguita Utrilla (2002).

Los antillanismos se introducen en las crónicas de Indias con las siguientes caracte- rísticas12:

1. Aparecen profusamente en distintos documentos y perviven durante años13.

2. Con frecuencia conforman inventarios muy numerosos (salvo excepciones). 3. El cronista suele considerar el antillanismo como un vocabulario cercano y

clarifi cador, no lo percibe como extraño.

12 Cfr. Lope Blanch (1990), Mejías (1980), Zamora Munné (1992) y Bravo-García y Cáceres-Lorenzo

(2011).

13 Cfr. López Morales (1974).

Tabla 3.2. Lenguas autóctonas y extensión en América

Periodos Lenguas Extensión

Caribe (desde 1492 hasta 1519)

Arahuaco

Taíno (variedad)

Entre el extremo meridional de la Florida (al norte) hasta el Paraguay septentrional (al sur) y desde la costa peruana (al oeste) hasta la desem- bocadura del Amazonas (por el este).

En Haití, Puerto Rico, Cuba, Jamaica y otras islas antillanas.

Caribe Áreas de Colombia, Venezuela, las Guayanas,

Brasil, parte de las Antillas Mayores y Menores, Honduras Británica, Guatemala y un pequeño enclave en la península de Florida. Oeste Bocas del Orinoco (en Venezuela): caribe cumanagoto.

Desde 1519 Nahua

lengua general

Abarcaba una zona central compacta desde la ciudad de México hasta Tuxtla (Veracruz) y des- de Pachuca (Hidalgo) hasta las cercanías de Iguala (Guerrero), con numerosos islotes que se extendían hacia el sur hasta Panamá.

Quechua lengua general

Aimara

Araucano

S. Colombia, NO argentino, núcleos aislados del norte de Chile, Bolivia y, sobre todo, Ecuador y Perú. Andes bolivianos (departamentos de La Paz y de Oruro), en el Perú (algunos departa- mentos).

El aimara fue probablemente la lengua de mayor extensión geográfi ca en la época preincaica, aunque gradualmente cedió terreno al quechua. Desde el centro de Chile actual hasta Copiapó (N Chile) y el archipiélago de Chiloé. Partes de la Pampa hasta Buenos Aires.

Tupí-Guaraní Región comprendida entre Paraná y Paraguay. Provincias argentinas (Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y Misiones). Costa de Brasil.

4. Los textos cronísticos han proporcionado un número importante de indige- nismos antillanos en el vocabulario del español estándar.

5. En caso de pugna entre voces autóctonas de distinta procedencia, se prefi e- ren las de las Antillas (salvo excepciones).

Estas particularidades quedan refl ejadas en la presencia de antillanismos en cronis- tas de diverso perfi l y en obras de distinta tipología, como puede verse en la Tabla 3.3.

Tabla 3.3. Porcentaje de los antillanismos en las crónicas.

Tipo Autor Crónica

Bases léxicas indoame- ricanas N.º de antilla- nismos % de antilla- nismos Cronista ofi cial o similar Francisco Fernández de Oviedo Sumario de la Natural Historia de las Indias (1526)

65 44 67,69

Militar

Hernán Cortés Cartas de Relación

(1519-1524) 19 13 68,40

Pedro Cieza de León

Descubrimiento y con-

quista de Perú (1554) 37 18 48,65

Pedro Pizarro Relación (1571) 52 15 28,85

Bernal Díaz del Castillo Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (1574) 80 30 37,50 Alonso de Gón- gora Marmolejo Historia de Chile (1575) 21 10 47,62 Sacerdote o religioso Fray Bartolomé de las Casas

Historia de las Indias

(1526-1561) 86 71 82,56

Padre Acosta Cartas Annuas (1576-

1578) 26 5 19,30

Cada tipo de texto cronístico tiene un grado de preferencia distinto en el uso del indigenismo, pero también infl uye en su presencia numérica el avance de la propia conquista (véase Fig. 3.2) (Mejías, 1981: 52).