CHAPTER 2: LITERATURE REVIEW
2.12 Theoretical model
2.12.3 Social Information Processing Theory
de kohl, 1982-1998
Paul Nolte con una clara derrota terminó en el otoño de 1998 el período más largo de un canciller en la historia de la república Federal de alemania. cuando, tras 16 años, Helmut Kohl entregó el cargo a gerhard schröder y una coalición rojo- verde reemplazó a la cristiano-liberal que gobernaba desde 1982, se habló del numeroso grupo de personas jóvenes que nunca habían vivido conscientemente un gobierno y un canciller diferentes y que estaban presenciando por primera vez el cambio democrático. pero el traspaso de poder de 1982, que se conoció como “Wende” (cambio de dirección), había estado acompañado de sentimientos semejantes. Bien sea con Willy Brandt o bien con Helmut schmidt, la coalición social-liberal se había convertido entonces para muchos en algo lo más natural del mundo tanto política como históricamente. desde finales de los años 50 el “compañero tendencia” le había impreso un impulso cada vez más fuerte a los socialdemócratas. primero los había conducido como socios junior a la primera gran coalición1; tres años más tarde los hizo acceder a la cancillería, y de nuevo
tres años más tarde, en noviembre de 1972, el partido socialdemócrata llegó a ser por primera vez el grupo parlamentario más fuerte en el Bundestag. para los de “la generación del 68” y sus descendientes resultaba difícil imaginar que el pensamiento mundial pudiera sufrir un nuevo cambio de dirección que llevara una vez más a los conservadores al poder. con todo esto pueden explicarse a pos- teriori muchos de los exagerados temores ante una posible cancillería de Kohl en los corrillos izquierda-liberales de la época del cambio. el subestimar al político con instinto de poder de la región del palatinado como un político de provincia, se ajustaba por completo a ese patrón de desconcierto.
1 el termino “gran coalición” hace referencia a una coalición política entre los dos grandes partidos alemanes (también llamados partidos del pueblo), la Unión cristiano-demócrata (cdU) y el partido socialdemócrata (spd). (nota de los compiladores)
pero las cuestiones críticas de entonces definieron simultáneamente pun- tos cruciales en la programática y en la autognosis del nuevo gobierno. ¿Qué se escondería tras el “cambio espiritual y moral” del país que exigía Helmut Kohl una y otra vez? ¿y qué pasaría si los planes sociopolíticos y fiscales del llamado “documento de divorcio” de lambsdorff2 se pusieran en práctica en forma conse-
cuente? ninguna de estas dos preguntas ha tenido hasta ahora una respuesta, lo cual demuestra que la realidad de este “cambio” se quedó rezagada tras su propio programa, pero también, que algunos problemas fundamentales de entonces están aún hoy en el orden del día; pues quien quiera entender la crisis actual de alema- nia debe retroceder por lo menos hasta finales de los años 70. en retrospectiva, tras cerca de un cuarto de siglo, el relevo en el gobierno del año 82, es decir, el comienzo de la era Kohl, es considerado inicialmente como el proceso de apren- dizaje democrático, como lo normal del péndulo político, desde la izquierda hasta el centro-derecha. en retrospectiva, este cambio escasamente significó un movi- miento regresivo social o cultural, un roll-back a la época de Konrad adenauer, teniendo presente que Helmut Kohl se estilizaba una y otra vez como su nieto. en retrospectiva y en la clasificación histórica, el cambio en el otoño de 1982 y lo que siguió al mismo significan mucho más tres cosas.
primero, la confirmación de decisiones fundamentales de la antigua repú- blica Federal. en muchos aspectos dominaba predominantemente la continuidad, por ejemplo, en la política frente a la rda y de la distensión. y en aquellos puntos en donde el curso trazado por el antecesor se había tornado vacilante, como en las relaciones trasatlánticas, el gobierno de Kohl condujo de nuevo el tren a las antiguas vías, construidas conjuntamente por todos los gobiernos, todos los can- cilleres, desde 1945. en segundo lugar, no un decidido giro sino una laissez-faire, incluso hasta un estancamiento social-político. a quien en 1982 había temido por los logros de la república Federal liberal de la era Brandt-schmidt, no le fue realmente mal bajo Kohl. la abolición del deprimente examen de conciencia de quienes se negaban a prestar el servicio militar es un ejemplo simbólico. en los años 80 el país no se hizo ni más conformista ni fue más controlado; por el contrario, fue más variado y liberal. pero el reverso de la medalla consistió en un desplazamiento creciente de problemas sociales, que constituyó posteriormente el tan mencionado estancamiento de reformas. en tercer lugar, un cambio dramático y una dinámica cultural, en la forma, sin embargo, de una transformación que no pudo ni ser planeada ni manejada por el gobierno; una transformación que, sobre
2 otto graf lambsdorff, político del partido liberal aleman (Fdp), fue ministro de economía en el gobierno federal de Helmut schmidt, y después, entre 1977 y 1988, en el gobierno de Helmut Kohl. (nota de los compiladores)
todo, hubiera debido ser sospechosa para la Unión, y a pesar de ello fue promovi- da no sólo por la misma Unión (cdU/csU), sino también por Kohl personalmen- te. a esto se añadió la revolución de los medios de comunicación de finales del siglo XX, con la fanfarria de la introducción de la televisión privada. igualmente, se añadió la aceleración de una individualización social que no pudo ser mitigada ni sociopolitica ni fiscalmente.
y por encima de todo flota el megaacontecimiento de aquel otro cambio que le robó siete años más tarde este apelativo al de 1982: el de la caída del muro, el desmoronamiento de la república democrática alemana y la veloz reunificación de alemania. esto fue una cesura que aún hoy se atraviesa curiosamente en la autognosis de la antigua república Federal. dicha autognosis, incluso, sobrevivió un par de años tras el fin de la era Kohl, en 1998.
II
como jefe único del gobierno alemán, Helmut Kohl perteneció a una generación que se tornó ciertamente tan importante como ninguna otra para la autognosis y el carácter de la república Federal durante su largo período de posguerra. en la investigación histórica contemporánea se designa frecuentemente como “la ge- neración del 45”, porque la cesura de 1945 constituyó para esta generación el cambio decisivo de ruta en su experiencia biográfica y en su concepto de vida. sus integrantes ya tenían en ese momento suficiente edad para ser socializados en la dictadura y en la guerra, en las juventudes hitlerianas, o como auxiliares de las baterías antiaéreas, pero, por otro lado, eran demasiado jóvenes para dejarse corromper del todo por la ideología del régimen, o bien para servirle desempeñan- do funciones de responsabilidad o criminales. y después, eran suficientemente jóvenes para aprender enfáticamente la democracia de los aliados occidentales; una orientación pragmática al occidente y escepticismo frente a ideologías tota- litarias determinaron en forma duradera la orientación de sus vidas. escritores como günter grass, científicos sociales e intelectuales como jürgen Habermas, ralf dahrendorf y Hans magnus enzensberger marcaron desde esta generación, y por muchos decenios, la república Federal, incluso hasta hoy en día. políticos como johannes rau y Helmut Kohl portan igualmente claros rasgos de esta “ge- neración del 45”.
la incomprensible e incomprendida fórmula de Kohl de “la gracia de un nacimiento tardío” nos conduce a este engranaje de una generación que por la misma razón hizo carrera rápidamente, en vista de que las anteriores generacio- nes se encontraban políticamente desacreditadas o simplemente muy debilitadas
por la guerra. la normalidad democrática y una orientación indubitable al oc- cidente determinaron su sistema de coordenadas: qué tanta “normalidad” de la república Federal era posible una o dos generaciones después del holocausto; por eso mismo, no por accidente, se desataron decisivas controversias históricas y sociopolíticas durante el período de gobierno de Helmut Kohl. sin embargo, el político de ludwigshafen, presidente del partido Unión cristiano-demócrata (cdU) desde 1973, apareció inicialmente como un “chico salvaje” y moderniza- dor al hacer pasar su partido de una asociación de notables a una rígida sociedad de miembros. la proximidad al éxito en las elecciones parlamentarias de 1976 y su triunfo final de 1982-1983 no pueden explicarse sin la capacidad de reorganizar su propio partido, no sólo como tal, sino también en cuanto a contenidos y pro- gramas –con brillantes compañeros de los primeros años como Heiner geißler y Kurt Biedenkopf–, haciéndolo adecuado a una sociedad sensiblemente libera- lizada desde los años 60. mientras más tiempo pasaba, más se fue desplazando el acento de una modernización programada hacia una estrategia de satisfacción interna y estabilización exterior de la república Federal.
cuando el nuevo gobierno inició su labor en el otoño de 1982 la situación general del clima cultural y social se encontraba marcada por una tensión nervio- sa. el otoño alemán del terror, entre el secuestro de schleyer y mogadiscio, era ya cosa de cinco años atrás, y el debate sobre rearme, en relación con el estaciona- miento de nuevas armas nucleares de mediano alcance, politizó y movilizó a mi- llones, especialmente a gente joven y de tendencia académica. problemas funda- mentales, mejor dicho, fundamentalistas, destrozaron al partido socialdemócrata (spd) y consiguieron que el consenso fundamental de la república Federal, que perduraba hasta entonces, pareciera quebradizo. en el transcurso de los años 80 se consolidó de nuevo dicho consenso y las protestas fundamentales se desinfla- ron paulatinamente. al final surgió incluso una nueva declaración de la izquierda a favor de los valores occidentales fundamentales, que se alió con el concepto del “patriotismo constitucional”, y jürgen Habermas se concilió con la autoconcien- cia no intelectual e instintiva de Helmut Kohl de democracia y occidentalidad. con el terror de la Fracción del ejército rojo (raF), y a pesar de los asesinatos de alfred Herrhausen y detlev rohwedder3, se resecaron los temores exagerados
de una amenaza al estado por parte de los extremistas. recién la retrospectiva nos permite reconocer más fácilmente que entonces ya se movilizaban peligros de otro tipo –por ejemplo, la bomba que explotó en la discoteca “la Belle” en Berlín
3 alfred Herrhausen fue presidente de la junta directiva del deutsche Bank y fue asesinado por la raF en 1989. detlev rohwedder fue un gerente y político de alemania occidental. Fue asesinado por la raF en 1991. (nota de los compiladores)
occidental–, y que en esta forma esas inseguridades globales pudieran socavar de nuevo la sensación de la seguridad provisionalmente reencontrada.
satisfacción y confirmación de decisiones fundamentales, un titular de esta suerte puede utilizarse igualmente para las relaciones exteriores de la república Federal en la era Kohl. el canciller se movía ciertamente cada vez más a gusto en la escena internacional, y en realidad cada vez más exitosamente, que en las profundidades de la política económica y social. las perturbadas relaciones con norteamérica se normalizaron hasta el punto en que george Bush senior se refi- rió a alemania y estados Unidos como compañeros de liderazgo. sin embargo, en lo relativo al nuevo orden de la guerra Fría, se llegó muy pronto a nuevas disonancias, y la estabilidad de una amistad germano-americana, orientada al modelo y a las condiciones de la posguerra, mostró ser ilusoria. a este respecto, Kohl, como político occidental de la vieja guardia, ya no encontró respuestas que lo siguieran guiando.
en vez de ello, la integración europea avanzó cada vez más con mayor fuer- za hacia el primer plano y se convirtió en una historia de éxito de los años 80 y 90 desde el punto de vista alemán. de nuevo pueden reconocerse claramente los motivos fundamentales de la “generación del 45”, a saber: aprender de las expe- riencias históricas del siglo XX; la consecuente disposición a relativizar el propio estado-nación y su soberanía; los esfuerzos de reconciliación con los enemigos de los padres y los abuelos, al menos con Francia. se trataba de hacer avanzar la integración europea tanto y tan irreversiblemente que se descartaran tanto las guerras entre las naciones como el establecimiento de una nueva dictadura. con el ingreso de españa y portugal a la comunidad europea finalizó en 1986, de momento, el proceso de ampliación al sur en el hemisferio occidental de europa; con la firma del acta Única europea se inició en el mismo año el camino hacia el establecimiento del mercado común. desde el acuerdo schengen, pasando por el tratado de maastricht, hasta la Unión monetaria, se prolonga desde entonces una larga lista de hitos en la integración de europa a través de los años 80 y 90: en muchos aspectos, y a pesar de los reveses en el decenio subsiguiente, una si- lenciosa revolución. en la etapa inicial del cambio hacia la aceptación de estados postcomunistas se prolongó dicha revolución.
esta misma ha estado siempre en alemania a la sombra de la reunificación, aunque la integración europea y la reunificación han estado indisolublemente en- trelazadas entre sí desde 1989. en la exitosa conjunción de las uniones alemana y europea puede verse incluso uno de los realmente extraños casos en los que se han armonizado totalmente la programática política, la actuación política y los efectos a largo plazo. entretanto, existe quizás la tendencia a ver la euforia de los años 80 y 90 en forma más bien crítica. y, efectivamente, ha dejado ésta
cuestiones centrales sin respuesta que se replantean cada vez con más energía: no en último término, la cuestión de la legitimación democrática de las decisiones que se toman en Bruselas. sin embargo, el fuerte impulso de unión de finales del siglo XX ha constituido igualmente un fundamento de la seguridad alemana y del bienestar europeo, y no podemos imaginar, ni nos es lícito desear, recaer detrás del mismo.
III
el desarrollo social durante la era Kohl proporcionará ciertamente a los historia- dores durante un buen tiempo temas por discutir. Fue una época paradójica, en la cual se entrecruzaron profundos fenómenos críticos en el campo de lo social con los temores que de allí resultaban, con nuevas cimas en la expansión del bienestar y un estilo de vida seguro y despreocupado. ya a mediados de los años 70 hablaban algunos observadores clarividentes, entre ellos algunos reformistas del partido cdU (Unión cristiano-demócrata), como Heiner geißler –adentrán- dose en la situación del aparentemente consolidado “milagro económico” y de la expansión–, del surgimiento de una “nueva cuestión social” que había reempla- zado la clásica del siglo XiX, siendo ésta resultado del entonces nuevo trabajo industrial. algunos jóvenes no encontraban trabajo ni orientación en la sociedad laboral; se hacían visibles precarias condiciones familiares en las que mujeres jóvenes debían hacerse cargo de la educación de sus hijos; emigrantes con escasa calificación ya no podían participar de las nuevas oportunidades y se constituían en nuevos casos sociales para el estado. Finalizó el tiempo de una integración de la sociedad aparentemente incontenible, de una uniformidad creciente. las fuer- zas centrífugas experimentaron crecimiento.
como un indicador importante se constituyeron las condiciones habitacionales y los modelos de asentamientos como expresión de organización espacial, especial- mente en las densas zonas habitacionales de las grandes ciudades. justamente, aun en los años 70, habían surgido los grandes asentamientos como “ciudades satélite”, con un gesto triunfal de la modernidad, en los que una nueva clase media iba a encontrar su hogar en apartamentos de cuatro habitaciones y conjuntos cerrados de casas propias. tras sólo media generación estos apartamentos empezaron a atraer la atención en forma totalmente diferente, como “puntos críticos sociales”; la migra- ción, el desempleo, la necesidad de ayuda social y crisis familiares se ocultaban tras las fachadas de concreto. Quien podía, se mudaba en cambio a los nuevos suburbios de las mitades de una casa doble, con cerraduras rojas y tejados a cuatro aguas, y calles de tráfico tranquilo, que habían surgido en la mitad de los años 80 en los linderos de las grandes ciudades. la expansión del subsidio fiscal con la figura de
propietario del inmueble, amortizaciones y “subsidio infantil para la construcción”, que se aunaron posteriormente, simplificados y expandidos, en el subsidio estatal para casa propia, aceleró esta diferenciación social en el espacio. en los nuevos estados federales se llevó a cabo en los años 90 un proceso muy análogo, como consecuencia del cual los casos problemáticos y los perdedores económicos de la unificación se quedaron frecuentemente en la calle.
por esta misma razón fue subvalorada durante largo tiempo la “nueva” cues- tión social, porque en el orden del día aparecían de nuevo problemas clásicos de la sociedad industrial en la figura de la creciente desocupación masiva. el mercado de trabajo, la política social y las finanzas del estado, además del desarrollo de- mográfico, constituyeron, a más tardar desde los primeros años 80, un verdadero campo de fuerzas: sobre cada uno de sus polos podía uno obtener alguna explica- ción, pero a su vez, como sistema global, permanecía contradictorio e indomable. el gobierno de Kohl inició una política de liberalización económica, que, sin em- bargo, se quedó en estrechas fronteras, comparada también con el desarrollo in- ternacional. en los primeros años, tras el “Wende”, se reconoció de todas formas el endeudamiento del estado como una trampa gigante para el futuro y se redujo el endeudamiento anual. tanto más imperaba de nuevo la despreocupación en este frente en el séquito de la reunificación, con la primacía de la meta política de establecer rápidamente, y no en última instancia, con medios de la política social de transferencia, las mismas condiciones de vida en oriente y occidente.
desde el acceso al poder de la coalición cristiano-liberal se ve expandir a través de la historia de la república Federal la huella del discurso del “debilita- miento social”; empero, visto desde la distancia, se habrá de poder hablar de un cambio parcial en la estratificación social y deberá caracterizarse esta época, por lo menos hasta mediados los años 90, como una fase más de la expansión del estado social. se expandieron tanto los resultados de la política familiar como las subvenciones fiscales por motivos sociopolíticos; el nuevo seguro de salud para casos de invalidez redondeó el espectro de los seguros sociales financiados por contribución, cuando la frontera demográfica del mismo espectro era claramen- te identificable; se registraron una vez más fases de fuertes subidas de salarios con reducción simultánea de las horas semanales de trabajo. no todos salieron beneficiados con ello pero sí la gran mayoría de la población con posición com- parativamente segura en la sociedad mayoritaria. a este grupo pertenecían, por otra parte, cada vez más pensionados, por cuanto desde los años 80 habían ido acogiéndose a la pensión los de las “generaciones doradas” del tiempo de la ex- pansión de la posguerra y quienes, a diferencia de sus padres, no era raro que en la edad avanzada pudieran mejorar aún más su nivel de vida. no fue casualidad el que en esta época haya surgido el término de “la sociedad de los dos tercios”,
el mismo que, por una parte, llamaba la atención sobre la solidificación de un sector marginal de la población y, por otra, puede leerse como fortalecimiento del