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Desde 1999, la persistencia y continuidad de factores adversos ha afectado el desempeño de la economía nacional, siendo éstos tanto de carácter externo como interno. Dichos factores han determinado una desaceleración en las tasas de crecimiento observadas en el país desde el 5.0 por ciento en 1998, hasta 2.0 por ciento proyectado para el 2002, como se muestra en la Gráfica 1.

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El origen de la desaceleración se encuentra fundamentalmente en el deterioro de la economía y comercio mundiales, que incidieron en una baja de los precios de los prin- cipales productos de exportación, así como de su demanda, y por ende en una caída de las exportaciones y en el crecimiento de la actividad agrícola donde se encuentra la mayor parte de la producción exportable. En este sentido se destaca la caída en la tasa de crecimiento de las actividades agrícolas, que en 1998 registraron un 3.7 por ciento, la que se ha reducido constantemente en todo el período hasta registrar un 1.4 por ciento a finales del 2002. Además, hay que agregar factores climáticos que han afectado la producción nacional en las actividades agrícolas.

La significativa pérdida de importancia de la agricultura como porcentaje del PIB, se

redujo del 23.4 por ciento alcanzado en 1998 a un 22.4 por ciento en el 2002, se explica en primer lugar por el debilitamiento de las exportaciones tradicionales, especialmente del café en los últimos años por lo prolongado de la crisis del mercado de dicho producto a nivel mundial; en segundo término, y probablemente como resultado del proceso de apertura comercial y de la mayor competencia derivada de las importaciones, se redujo la importancia de la producción agrícola dirigida a satisfacer la demanda interna, que pasó de representar un 15 por ciento de la producción agrícola en 1990 a un diez por ciento en 2000.

En el caso de la industria manufacturera tradicional (excluyendo la maquila), su participación dentro del PIB se redujo de un 13.6 por ciento en 1998 a un 12.8 por ciento

a en el 2002. En lo que al sector manufacturero tradicional se refiere, su menor dinamismo se puede explicar como el resultado de la apertura comercial, la apreciación del tipo de cambio y el aumento de importaciones que compiten con la producción nacional. Sin embargo, el significativo aumento de las exportaciones industriales a Centroamérica, especialmente notable en el 2001, sugieren un proceso significativo de reconversión y reactivación en varias ramas industriales.

Por otra parte, entre 1999 y 2002 se redujo la tasa de crecimiento de la economía en general, pero de manera desigual, notándose un mayor dinamismo de los sectores de electricidad y agua, transporte y comunicaciones y minas y canteras (básicamente el petróleo), que creció a una tasa media superior al diez por ciento en la década de 1990. Merece especial mención el caso que presenta la construcción que para el 2002 decrecerá en 16.1 por ciento, lo que en buena parte está explicado por la baja en los créditos asociados a la construcción de viviendas, y que en particular dio un inusual dinamismo al sector en la expansión de crédito ocurrida en 1998 cuando alcanzó una tasa de crecimiento de 9.2 por ciento.

En cuanto a la explicación del crecimiento de los otros sectores, ésta obedece a dos razones: a) la variación del precio de la moneda local que habría favorecido el crecimiento de aquellas actividades que no compiten con las importaciones; y, b) los procesos de desregulación y apertura que incidieron en la evolución del sector financiero, que creció más durante la primera mitad de la década de 1990, y luego en los servicios electricidad y comunicaciones, que tuvieron altas tasas de crecimiento a lo largo de todo el período, aunque a mayores tasas entre 1996 y 2001.

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Gráfica 1

Tasas de crecimiento económico real 1998-2002

(Porcentajes)

* Estimado ** Proyección

Fuente: Banco de Guatemala

En cuanto a la generación de empleo inherente en la producción de todas las actividades económicas que conforman el PIB, se ha observado una baja tendencia en la generación

de empleo aun en las actividades donde han registrado tasas de crecimiento significativas, en buena medida porque la generación de empleo formal ha venido cayendo como proporción de la Población Económicamente Activa (PEA) (una mayor explicación acerca

de este tema se desarrolla en la sección 2.2.1.2 Empleo).

Las estadísticas recientes muestran que en el año 2000, el número de trabajadores cotizantes al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) sólo representaba el 22

por ciento (MINTRAB, 2000: 23) de la PEA ocupada del país, lo que significó que el 78 por

ciento se encontraba fuera de los beneficios que actualmente ofrece la seguridad social. Los indicadores más importantes del mercado laboral se obtuvieron de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos Familiares (ENIGFAM), realizada por el Instituto Nacional

de Estadística (INE) en los años 1998 y 1999, los que evidencian que por cada cien

habitantes, 79 formaban parte de la Población en Edad de Trabajar (PET), tomando el

criterio de siete años y más de edad; y que de cada cien personas de este grupo, cincuenta efectivamente conformaban la PEA. Este indicador muestra que la mitad de la población

en edad de trabajar se encontraba trabajando o buscando trabajo, y refleja el tamaño de la fuerza laboral y el potencial del país en términos del factor trabajo.

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Respecto con la población ocupada, ésta representó el 49.5 por ciento de la PET y el

98.1 por ciento de la PEA. Es importante mencionar que la cuantificación de los ocupados

en las encuestas de hogares se basa en la respuesta positiva de los encuestados de haber trabajado por lo menos una hora durante la semana de referencia de dichas encuestas, por lo que el resultado incluye a dos grupos: los que estaban plenamente ocupados y los que se encontraban subempleados.

Por otra parte, los subempleados constituyen el 59.4 por ciento de la PEA, lo que

evidencia el principal problema del mercado laboral del país, constituido por el creciente contingente de población subempleada que incluye a trabajadores (subempleados visibles), en condiciones de trabajo con jornadas laborales menores de ocho horas al día y con deseo de trabajar más; y trabajadores (subempleo invisible), con jornadas iguales o mayores a las ocho horas diarias, pero que reciben ingresos insuficientes para satisfacer sus necesidades más elementales, o que perciben ingresos menores al salario mínimo establecido legalmente en la rama de actividad económica en la que están empleados.

Los desempleados representaron el 1.9 por ciento de la PEA, lo que a simple vista

pareciera alentador, pero para entender este fenómeno es necesario considerar que dentro la población ocupada, el grupo principal lo conforman los subempleados, como ya se mencionó anteriormente.

En materia de actividades económicas que generan mayor empleo, la actividad primaria, conformada por la agricultura y la extracción de minas y canteras, sigue siendo, con el 39.8 por ciento de la PEA, la que mayor cantidad de empleo genera; le sigue en

importancia el sector de servicios que agrupa al comercio, restaurantes y hoteles, transporte, almacenamiento y comunicaciones, establecimientos financieros y seguros, enseñanza, servicios sociales y personales, con el 35.7 por ciento. El sector industrial que agrupa las actividades de manufactura y fabril, la construcción, la producción de electricidad, gas y agua con el 22.3 por ciento, la administración pública y defensa con el 1.8 por ciento y otras actividades denominadas como extraterritoriales con el 0.8 por ciento. Los registros del IGSS, muestran que las actividades productivas de los trabajadores

afiliados al seguro social se distribuyen en 16.7 por ciento para las actividades primarias, el 59.1 para los servicios, y 24.2 por ciento para las actividades industriales, lo cual es consistente con el proceso de pérdida de importancia de las actividades primarias e in- dustriales, sustituidas por los actividades relacionadas con servicios.

Una de las características importantes en el análisis del empleo formal, constituido por los empleados cotizantes al IGSS es que en el período 1997-2001 a nivel nacional se

registró un aumento de 76 mil 476 empleos; sin embargo, a nivel departamental, los datos reportan una disminución de puestos de trabajo principalmente en la Costa Sur y otros departamentos del occidente y norte del país. Esta reducción puede explicarse en parte por los efectos del negativo contexto internacional cuya principal manifestación se encuentra en la crisis del café. La reducción de empleos afectó a los departamentos de San Marcos, Suchitepéquez, Escuintla, Izabal, Quetzaltenango, Alta Verapaz, Santa Rosa, Retalhuleu y Sololá, con un total de 42 mil 692 empleos (Cuadro 1).

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Cuadro 1

Trabajadores cotizantes al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social

1997-2001

Fuente: SEGEPLAN con información del boletín estadístico del IGSS.

Como ya se ha indicado, las condiciones adversas en los precios internacionales de los principales productos de exportación (café y azúcar) han incidido en la desaceleración del crecimiento económico. Asimismo y de acuerdo con la gráfica 2, la caída en los precios internacionales del café, aunado con una política fiscal expansiva (con déficit fiscal que alcanzó un 2.8 por ciento del PIB en 1999), fueron los factores más importantes

que incidieron en el deterioro de la cuenta corriente de la balanza de pagos. Igualmente, se registraron caídas en los precios de otros productos tradicionales y no tradicionales, incidiendo en el deterioro del déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos.

Departamentos 1997 1998 1999 2000 2001 Diferencia 2001-1997 Total 851,292 887,228 893,126 908,122 927,768 76,476 Guatemala 467,867 502,869 522,620 547,657 570,591 102,724 El Progreso 4,720 5,572 6,115 6,205 6,113 1,393 Sacatepéquez 15,668 17,486 17,931 21,126 21,275 5,607 Chimaltenango 13,563 13,819 14,276 14,260 13,743 180 Escuintla 96,752 91,800 85,125 80,113 90,607 -6,145 Santa Rosa 12,646 13,586 13,282 12,312 10,258 -2,388 Sololá 6,491 5,545 5,480 5,409 5,527 -964 Totonicapán 2,841 2,924 3,040 3,271 3,524 683 Quetzaltenango 38,432 40,370 39,370 36,975 34,327 -4,105 Suchitepéquez 33,696 33,328 30,125 28,183 24,647 -9,049 Retalhuleu 19,688 19,431 18,046 16,940 17,588 -2,100 San Marcos 32,500 32,507 30,206 27,496 23,367 -9,133 Huehuetenango 10,109 10,753 11,086 11,271 12,101 1,992 Quiché 6,938 6,872 6,966 7,376 7,379 441 Baja Verapaz 5,722 5,838 6,247 5,871 5,955 233 Alta Verapaz 23,050 23,447 22,824 22,495 19,497 -3,553 Petén 6,752 8,334 8,687 8,660 8,367 1,615 Izabal 28,418 25,499 23,664 23,511 23,163 -5,255 Zacapa 9,072 10,377 10,742 11,312 11,279 2,207 Chiquimula 7,018 6,981 6,380 6,678 7,020 2 Jalapa 3,617 4,071 4,472 4,670 5,079 1,462 Jutiapa 5,732 5,819 6,442 6,331 6,361 629

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Gráfica 2

Precios internacionales del café y déficit en cuenta corriente 1997-2002

(Dólares por saco y porcentajes)

* Estimado ** Proyección

Fuente: Banco de Guatemala.

En cuanto a política comercial, ésta se caracteriza por realizar esfuerzos tanto de carácter bilateral como multilateral. Desde 1960 el país participa en un proceso de integración con el resto de países centroamericanos, proceso que ha generado un incre- mento en la relación comercial entre los países y que se renovó en la década de 1990. Con el afán de lograr una integración acelerada con nuestros principales socios comerciales, se han suscrito Tratados de Libre Comercio y se negocian otros acuerdos comerciales. Como consecuencia de este proceso, el sector exportador ha fortalecido su participación dentro del PIB.

Este proceso de apertura ha incidido en una mayor dependencia y vulnerabilidad de la economía del país respecto a la evolución de la actividad económica y de comercio mundiales, lo cual se evidencia en el deterioro de los términos de intercambio y en el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos del período 1999-2002. Con la finalidad de prevenir un mayor deterioro de las actividades de transacción con el sector externo reflejadas en el déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos y ante la persistencia de condiciones externas desfavorables, el gobierno diseñó y ejecutó un programa de políticas económicas y financieras que ha sido respaldado por el FMI a través de un acuerdo de

Derecho de Giro con carácter precautorio (ver sección 2.1.2.5 Génesis del acuerdo de Derecho de Giro).

En 2001 varias instituciones financieras del sistema afrontaron problemas relacionados con el incumplimiento de los requerimientos financieros para la cobertura de los depósitos

1997 1998 1999 2000 2001* 2002** 192.7 3.6 135.1 5.2 104.3 5.5 86.1 5.4 62.8 5.9 57 4.9 Precio café Cta. Cte.

US$ por saco

Porcentaje del PIB

3.5 190 170 150 130 110 90 70 50 4 4.5 5 5.5 6 6.5

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e iliquidez, la presencia de problemas de solidez en las carteras crediticias, y el incumplimiento de la reestructuración establecida por la autoridad monetaria, situación que condujo a acciones de intervención por parte de la autoridad monetaria, que significó un costo potencial de 0.5 por ciento del PIB. En parte esto se originó por la existencia de

un marco regulatorio obsoleto que no tomaba en cuenta los cambios que en los últimos años se han producido especialmente en términos de las funciones del banco central y de la solidez del sistema bancario. Es oportuno indicar que de no haber realizado la referida intervención el costo para el país pudo ser mayor debido al contagio sistémico derivado de la desconfianza generalizada de los agentes económicos hacia el sistema bancario, la cual hubiera ocasionado una corrida bancaria de importante magnitud.

Con la finalidad de evitar en el futuro la presencia de situaciones similares en el sistema bancario, y como parte de una reforma estructural al sistema financiero, en el primer semestre del 2002 se aprobaron las siguientes leyes: a) Ley Orgánica del Banco de Guatemala, Decreto número 16-2002 del Congreso de la República; b) Ley Monetaria, Decreto 17-2002; c) Ley de Bancos y Grupos Financieros, Decreto 19-2002; y, d) Ley de Supervisión Financiera, Decreto 18-2002. Esta reforma apunta a crear un marco general, ágil y flexible, que brinde certeza jurídica y contribuya a la eficiencia, transparencia y competitividad de las actividades financieras, orientado a promover una gestión sólida de administración de riesgos, en el marco de la globalización económica y financiera. Asimismo, provee al banco central de mayor autonomía delimitando el objetivo fundamental en el control del nivel de precios de la economía a través del uso de instrumentos indirectos y con la redefinición del encaje bancario Es obvio que en la consecución del objetivo de estabilidad de precios es indispensa- ble la coordinación con la política fiscal, especialmente en lo que al nivel de déficit fiscal se refiere. Esta coordinación entre las políticas monetaria y fiscal se ha logrado en el período 2000-2002, y ha redundado en una baja sostenida en las tasas de interés y en una menor variabilidad en el tipo de cambio, principalmente luego de políticas expansivas observadas entre 1998 y 1999 (Gráfica 3).

Gráfica 3

Déficit fiscal, tasas de interés y tipo de cambio 1998-2002*

* Proyección

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