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Notas confidenciales, 16 de diciembre de 1944
Estoy contenta de escribir en este cuaderno mi alegría inmensa de estar en Roma, en esta tierra bendita, regada con toda la sangre de los mártires, en esta ciudad donde está el corazón de la cristiandad, donde está su padre y su jefe. Dentro de algunos días estaré de rodillas a sus pies y le entregaré mi pequeña familia religiosa. Ojalá la Fraternidad naciente pueda ser para él un oasis de dulzura.
Señor Jesús, te suplico que me concedas en Roma la gracia que más deseo: que las hermanitas permanezcan siempre profundamente unidas a la Santa Sede y a la persona del Santo Padre.
Primera carta a Pío XII, 14 de diciembre de 1944
Santo Padre, he afrontado toda clase de dificultades para tener la alegría de venir a Roma y arrodillarme a los pies de Vuestra Santidad. Y el Señor así lo ha debido de querer, puesto que he llegado, a pesar de los obstáculos casi insalvables que se encuentran actualmente para viajar.
Sin embargo, soy una «hermanita insignificante»: quizás por esto el Señor me da todo lo que le pido y se sirve de mí para la fundación de una nueva congregación consagrada exclusivamente al islam a través de la oración, de la inmolación y del apostolado. Quisiera llamarla «Hermanitas de Jesús (del padre De Foucauld)», bajo la protección del gran ermitaño del desierto.
Con este motivo he venido a pedir a Vuestra Santidad que bendiga a mi pequeña familia religiosa. Contamos ya con todo el apoyo y el paternal afecto de monseñor de la Villerabel, arzobispo de Aix, y de monseñor Mercier, prefecto apostólico del Sahara, aunque no tengamos aún aprobación canónica.
Deseo someter a Vuestra Santidad nuestras constituciones y las fórmulas nuevas que contienen. Son las de la Acción Católica aplicadas a la vida religiosa misionera: ser como la levadura que se mezcla a la masa para que fermente…; volverse árabe con los árabes, nómada con los nómadas…; hacer nuestras su lengua, sus costumbres, su
mentalidad…; poner la caridad por encima de todas las reglas…; abrir nuestras puertas con mucho respeto a las vocaciones del país…; dar la vida con alegría por la redención de nuestros hermanos del islam…
Me inspiró nuestro padre, el hermano Carlos de Jesús, que me legó también su amor y obediencia al papa. Por esto, vengo muy humildemente a suplicaros, Santo Padre, que me recibáis, junto con mi compañera, para que os pueda someter mis grandes sueños de apostolado.
Roma, 23 de diciembre de 1944
Primera súplica al papa Pío XII sobre la pobreza 1) Nuestro ideal de pobreza
Es el de Jesús en Nazaret. ¿Por qué nació él en un pesebre? Dios, que es tan grande, asumió la humanidad de un pobre artesano que se gana duramente el pan; ¿por qué las religiosas, sus íntimas, no tendríamos el derecho de imitarle?
Esto es lo que pedimos: poder vivir la pobreza de un pobre trabajador, que tiene su casa, su huerto, su oficio, pero sin rentas ni dotes.
2) Nuestras fuentes de ingresos
– El trabajo de nuestras manos: cultivo de un huerto u otros oficios como tejido, alfarería.
– Las limosnas. – Las conferencias.
– Hasta la profesión perpetua, la ayuda de las familias de las hermanitas, si tienen la posibilidad.
– En previsión de la salida de algunas, una cantidad de dinero depositada en una obra de la Santa Sede.
– Y, sobre todo, una confianza ilimitada en la Providencia, que ha confirmado maravillosamente nuestra pobreza.
– Boghari, 1936-1939: creación de un dispensario, de un taller, de una sopa popular, sin que nos faltaran ni un solo día medicamentos, lana y pan.
– Touggourt, 1939-1942: construcción de nuestra fraternidad, sin que nos faltaran nunca materiales ni dinero.
– Le Tubet – Aix, 1942-1944: construcción de nuestro noviciado en plena guerra, sin tener que interrumpir las obras a pesar de la escasez de materiales. El lunes, la caja estaba vacía…; el sábado estaba llena para pagar a los obreros.
– Septiembre a diciembre de 1944: viaje al Sahara y a Roma, en unas circunstancias en que los más ricos y grandes de la tierra no lo hubieran podido conseguir ni con millones. Salimos de Marsella con 2.800 francos en el bolsillo, todo lo que nos quedaba. Al llegar a Roma, después de dos meses y medio de un viaje maravilloso, después de haber subido en cuatro aviones y haber recorrido cinco mil kilómetros por el Sahara…, quedan aún 2.800 francos.
Veo en esto la bendición y la consagración de nuestra pobreza. ¿Por qué buscar medios humanos cuando el Señor Jesús es tan generoso? Él no renunciará a su generosidad, si no renunciamos a confiar en la eficacia de sus palabras: «Observad los lirios del campo: ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. No os preocupéis por el mañana».
Esto no es poesía, es una profunda realidad: Don Bosco, santa Clara, san Francisco…
4) Las razones profundas de nuestra pobreza
Cada familia religiosa tiene una misión, que le ha sido legada por su fundador, y es importante que, al continuar su obra, vele cuidadosamente para no traicionar su pensamiento.
Las Hermanitas del padre De Foucauld no pueden tener dotes ni rentas sin apartarse de su espíritu. ¿Cómo tendríamos el derecho de llevar su nombre y de ser llamadas «sus hijas» si se nos negara esta pobreza?
Cada familia religiosa tiene su misión, para la cual tiene que coger los medios adecuados. ¿Cómo comprender y amar a los nómadas si no se comparte un poco su vida dura, su pobreza? ¿Será posible tenerlo todo en medio de aquellos a quienes falta todo, sin que su miseria sea un reproche vivo a nuestro bienestar y a nuestra comodidad?
Todas sin excepción, preferiríamos abandonar nuestra vida religiosa oficial si no se nos permitiera seguir la verdadera pobreza de Cristo, porque es eso lo que nos atrae en él, y todas queremos seguir esta regla del padre De Foucauld:
«Tendrán siempre delante de los ojos al Modelo único, el carpintero, hijo de María, recordando que todo lo que tengan de más que él mostrará hasta qué punto son distintas de él».
Hacemos nuestras estas palabras:
«Dios mío, no puedo soportar ser rico, acomodado, vivir tranquilamente de mis bienes, cuando vos fuisteis pobre y vivisteis penosamente de un duro trabajo. Yo no puedo amar así».
De ninguna manera quiero juzgar a nadie. Si otras congregaciones no tienen esta regla, es porque están llamadas a vivir otros aspectos de la vida de Cristo. Pero a nosotras, por el amor de Dios, dejadnos su pobreza. Actualmente, en Francia, los directores de conciencia desaconsejan a los jóvenes la vida religiosa, diciéndoles que es un obstáculo a la pobreza real, ya que las congregaciones están obligadas a prever el futuro para estar seguras de que no les falte nunca nada.
Por favor, dejen a las personas que el Señor llama a la pobreza total la alegría de encontrarla efectivamente en la vida religiosa.
Escribo esta súplica en Roma, en un espíritu de sumisión total a la Iglesia, y la escribo la víspera de Navidad. En nombre del Niño Jesús del pesebre, que se hizo tan pobre por amor nuestro, os suplico humilde pero ardientemente que nos concedáis lo que para
nosotras es el mayor de todos los bienes, la pobreza de aquel a quien llamamos, siguiendo a nuestro padre Carlos de Foucauld, «nuestro muy amado Hermano y Señor Jesús».
Carta desde Roma, 24 de diciembre de 1944
Al padre Voillaume
¡Qué alegría escribirle desde Roma, donde mucha gente le recuerda!
Hemos tenido grandes alegrías y ninguna decepción, porque hemos percibido enseguida lo que se esconde bajo las apariencias de Roma, y la persona del Santo Padre ha sido para nosotras el centro de todo. Le vimos durante media hora en audiencia privada y se interesó tanto por la Fraternidad que le hice llegar un ejemplar de las constituciones.
Los que tienen autoridad sobre nosotras en la Iglesia me han acogido con una bondad que me ha emocionado. ¿Se acuerda que fue esta la señal que le pedí al Señor, como sello suyo sobre nuestra fundación? Todo ha sido muy rápido, parece que esto es excepcional. Van a entregar las constituciones a los consultores y monseñor Costantini me ha aconsejado que vaya a verles. Monseñor Montini, que actualmente ejerce la función de secretario de Estado y está muy cerca del Santo Padre, me ha prometido su apoyo.
Monseñor Fontenelle me ha hablado mucho de usted. Tiene en el breviario una estampa del hermano Carlos de Jesús con la firma de usted y me ha encargado que se lo diga.
Mi proyecto de «hermanitas auxiliares», del que ya le hablé, ha suscitado mucho interés en Roma. Ahí también hay amigos entusiastas y adversarios, pero los primeros son más numerosos y más apasionados.
Le mando las notas que dejé al Santo Padre después de la audiencia, así como mi «súplica sobre la pobreza» que voy a enviarle también a él. La he depositado en la Congregación de Propaganda Fide para el día en que la comisión discuta la cuestión de la pobreza en nuestras constituciones. Según monseñor Costantini, la ausencia de dotes y
de rentas será el punto difícil, pero la mayoría de los consultores lo aprueba. Dios decidirá. Siento mucha paz, no tengo más que dejarme conducir.
Este viaje excepcional a Roma va a terminar con la gran alegría de asistir a la misa de medianoche del Santo Padre y de estar situadas muy cerca del altar. Todo esto es la prueba del gran cariño con el cual hemos sido acogidas y da mucho ánimo para el futuro.
Nuestro papa, Pío XII, es muy bueno y sufre mucho; se le ve cargado con el dolor de toda la humanidad. Ya le quería mucho antes de verle, pero ahora aún le quiero más. Este amor nos caracterizará. Cada vez estoy más decidida a que todas las hermanitas pasen obligatoriamente por Roma para el noviciado profeso que precederá a la profesión perpetua. Pondremos aquí la Fraternidad General.
Carta desde Roma, 26 de diciembre de 1944
A monseñor Montini
Ya que fue tan bueno con nosotras, me permito recurrir una vez más a su bondad. Deposité en la Congregación de Propaganda Fide una «súplica» en favor de la pobreza, para que sea comunicada a la comisión de los consultores cuando se reúna para estudiar nuestras constituciones, porque tengo miedo de que este punto sea una dificultad. Me gustaría que usted le entregara un ejemplar de la misma al papa Pío XII, puesto que ya tiene el resto de nuestra documentación y sabe que este asunto de la pobreza es muy importante para mí.
Pasado mañana nos iremos de Roma. Me llevo de aquí una gran alegría, una gran fuerza: la bendición del Santo Padre para la obra que me es tan querida y la acogida tan buena y benévola de todas las autoridades de la Iglesia para la pequeña familia que acaba de nacer. Me llevo sobre todo un deseo más ardiente que nunca de obediencia a la Santa Sede y a la persona del Santo Padre.
Presentación de las constituciones, diciembre de 1944
Humildemente sometida de antemano a las decisiones de la Santa Sede, y deseosa sobre todo de conocer lo más exactamente posible su pensamiento sobre esta nueva fundación
del padre De Foucauld, me he empeñado en venir a presentar yo misma mi primer proyecto de constituciones de las Hermanitas de Jesús, después de haberlo sometido al examen minucioso de un canonista y a la aprobación de monseñor de la Villerabel, arzobispo de Aix, y de monseñor Mercier, prefecto apostólico del Sahara, ordinario de la fundación.
He redactado este proyecto de constituciones con todo el respeto y el amor de un niño que es consciente de las riquezas que ha heredado de su padre y no quiere dejarlas perder. He intentado traducir lo más fielmente posible el pensamiento profundo, el método de apostolado, todo el espíritu y la vida contenidos en la regla y los escritos espirituales de nuestro padre, Carlos de Foucauld…; en una palabra, el ideal del evangelio, el método de apostolado de la Acción Católica y, sobre todo, el espíritu y la vida de Jesús. Como hacía el hermano Carlos, nos gusta llamarle «nuestro amado Hermano y Señor Jesús», y deseamos de todo corazón ser oficialmente sus «hermanitas».
Somos solo una pequeña familia religiosa, la última y la más pequeña de todas: unas veinte hermanitas. Este número crecerá sin duda rápidamente cuando una primera aprobación de la Iglesia me dé seguridad para aceptar las vocaciones, que se presentan muy numerosas cuando conocen el ideal nuevo y atractivo de nuestro padre, Carlos de Foucauld.
Tenemos dos fraternidades: una fundada en 1939 en el Sahara, en Touggourt, y la otra, en 1941, en Aix-en- Provence, para cuidar la acogida de hermanitas que irán después al Sahara.
Somos muy pequeñas, pero tenemos el audaz deseo de ser lo más rápidamente posible «de derecho pontificio», debido al amor de filial veneración al «padre común» que nos ha legado nuestro querido fundador.
En el más completo abandono y la mayor docilidad de espíritu, espero las decisiones de Roma, feliz de pensar que ellas indicarán la voluntad de «nuestro amado Hermano y Señor Jesús».