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Un importante ejemplo de esta aceptación subjetiva de una concepción ideológica de la ciencia adecuada a las nuevas condiciones de dependencia lo encontramos en las ciencias sociales. La gran divulgación del formalismo empirista en estas ciencias ha hallado importantes centros de divulgación en América Latina, altamente financiados por las fundaciones y organismos afines. El formalismo científico se presenta como una alternativa nueva en las ciencias sociales. En primer lugar, ha formulado sus conceptos de modo de incorporar el estudio del cambio social y contrarrestar la crítica nacionalista y marxista a su carácter estático. Así, los funcionalistas buscan reformular sus modelos adaptándolos al estudio del cambio y del desarrollo. Sin em- bargo, esta readaptación es meramente formal. Por cambio se entiende el proceso de ajuste de las sociedades subdesarrolladas a las condiciones de funcionamiento de lo que ellos suponen ser una sociedad moderna- industrial y de masas. Todo el esfuerzo del análisis se concentra, pues, en estudiar las condiciones que permitan adecuar nuestras sociedades “no desarrolladas” a los modos de funcionamiento de lo que se entiende por sociedad desarrollada, a fin de atenuar los efectos conflictivos de la condición de subdesarrollo. Tenemos ejemplos de este modo ideológico de hacer ciencia para mantener el orden actual cambiando sus puntos críticos, en Gino Germani, y en Peter Heintz y sus discípulos brasileños.18 En segundo lugar, los formalistas empíricos estiman como propio de la ciencia y del científico el rigor lógico y el rigor de observación, subestimando completamente el rigor de conceptualización. Conceptualizar es establecer supuestos, es elegir aspectos determinantes de la realidad, es distinguir lo esencial de lo aparente. A este nivel, los

18 Véase Peter Heintz, Sociología del Desarrollo: Gino Germani, Política y Sociedad en una época de transición, y los artículos de Antonio

formalistas son de una flexibilidad que llega a la irresponsabilidad. “Tomemos tal supuesto” es la frase más común. Su concepción de la ciencia no los obliga al mínimo rigor de explicación de por qué se supone esto (siempre lo irrelevante) y no aquello (lo fundamental).

¿A quién sirve esta pretendida “ciencia”, que sustituye el rigor explicativo por el rigor aparente del aparato formal y de las técnicas de observación?

Sirve exactamente a los que se interesan en no explicar a la sociedad. A los que se interesan en analizar los mecanismos de una sociedad dada (y de ahí viene su valorización ideológica del “dato”), a los que se interesan en transformar a los científicos en tecnócratas que elaboran modelos pragmáticos destinados a actuar sobre los aspectos restrictos y localizados de un sociedad dada, a fin de ajustarla. Que se estudie el cambio dentro de esta perspectiva no es ningún problema. Tratase de adecuar el aparato conceptual ideológico- científico a las nuevas condiciones de América Latina.

Pero esta forma de pensamiento tan antigua aparece renovada y bajo las características de una ofensiva ideológica y práctica. Dirígese esta ofensiva en las direcciones siguientes:

1. “Nosotros somos los científicos, ustedes son los ideólogos y ensayistas”. Esta inversión de la realidad tiene un fundamento en la apariencia no ideológica de esta forma de pensamiento. Como ella no tiene que criticar a la sociedad existente, puede partir de los “datos” de esta realidad como si estuviera adoptando una actitud objetiva y no ideológica. Puede, así, dejar de plantear los problemas subyacentes a esta apariencia inmediata de la realidad, pues es exactamente de esta manera que ella impide la posibilidad de criticar esta sociedad y, por tanto, de superarla.

2. “Hay que formar profesionales y no ideólogos”. Así, hay que enseñar a los estudiantes la metodología y los conceptos fundamentales de la “ciencia”. Otra interesante inversión de la realidad: los ideólogos de las clases dominantes son rápidamente empleados por ella e incorporados a su aparato profesional y son así considerados “profesionales”. Dentro de la perspectiva de la clase dominante, todos aquellos que se pongan en contra de esta ideología dominante son, por lo tanto, “ideólogos’ por definición. Además, como la clase dominante no financia investigación ni estudios que están en contra de sus intereses, la posibilidad de disponer de los recursos técnicos masivos de investigación está dada a aquellos que se profesionalizan, es decir, que se adecuen a las reglas de laideología empirista y formalista de la clase dominante.19 Profesionales y técnicos, pues, del orden existente, ideólogos disfrazados de científicos.

3.”Ustedes son conservadores porque no usan las nuevas técnicas de investigación y análisis y se ponen en contra del avance de la ciencia”. Las llamadas “nuevas técnicas” son un conjunto de técnicas específicas de nivel muy empírico, por un lado, o muy formal, por otro, cuya utilidad es muy restringida para un análisis de los aspectos fundamentales de la sociedad. Estas técnicas tienen un valor muy relativo y sirven, sobre todo, para objetivos inmediatos de control de la opinión pública, para establecer ciertas correlaciones limitadas o ciertas tipologías abstractas y a históricas. Los que están preocupados con otras cosas que consideran más sustanciales buscan desarrollar otras técnicas de análisis y observación adecuadas a sus necesidades teóricas y prácticas.

Ideológico es, pues, querer someter la actividad científica al conjunto de instrumentos de observación y análisis que sirven a los objetivos de aquellos que están en la perspectiva del orden existente y que buscan actuar sobre la sociedad existente sin poner en cuestión los fundamentos de esta sociedad. En la ciencia, lo más nuevo, lo más reciente, no tiene estatuto científico privilegiado. Es la ciencia la que dice qué es lo más importante entre lo nuevo y lo viejo. Es la necesidad de conocimiento la que establece qué urge desarrollar en el mundo instrumental, y no toca a los instrumentos definir lo que hay que conocer.

Sin embargo, esta ideología asume la forma de la antiideología, de la única ciencia, y prepara a los técnicos para recoger y organizar la información dentro de las definiciones conceptuales que interesan al centro hegemónico. Se forma, así, un conjunto de trabajadores para organizar la base “fáctica”, como les gusta decir, para los análisis del pensamiento dominante.

La dependencia cultural asume, así, una forma adaptada a las nuevas condiciones. No se trata de que nuestros científicos miren nuestra realidad desde el punto de vista de los países desarrollados. Tratase de “especializar” a nuestros científicos sociales a fin de recoger los datos para los científicos de las clases dominantes de los países desarrollados. Necesidad ésta establecida por las relaciones más estrechas entre colonia y metrópolis. La metrópolis tiene ahora que incorporar las colonias a su universo interno. Para lograrlo, ha de disponer de una mano de obra colonial que le conceda esta base “fáctica” que necesita.

19 Existe, en todo caso, la posibilidad de Investigación en centros universitarios de algunos países latinoamericanos, de lo cual es

ejemplo el presente estudio. Evidentemente sin la posibilidad de disponer de recursos abundantes, si no -en la medida en que el poder en la sociedad se desplace hacia las fuerzas populares, lo que está en curso.

9. CONCLUSIONES

Del análisis anterior extraemos algunas conclusiones generales.

Primeramente, el proceso de dominación de la economía por el gran capital monopólico integrado internacionalmente enfrentase con las sobrevivencias del régimen agrario-exportador y con las formas todavía sólidas del capitalismo industrial nacional. En este enfrentamiento, el gran capital monopólico tiende a someter las otras formaciones sociales a sus intereses. Así, el gran capital monopólico se convierte en el centro dinámico de la clase dominante. Por ser parte de una economía central, dominante y articulada mundialmente, el gran capital integra a la economía, la sociedad y la política del país a sus intereses. En segundo lugar, el proceso de afirmaciones del gran capital se enfrenta a la resistencia de los sectores populares que sostienen las banderas del nacionalismo, del desarrollo y de las justicias sociales abandonadas poco a poco por el sector de la clase dominante, que era la burguesía industrial, y que mantenía el control del movimiento popular. También en el aspecto ideológico, la antigua burguesía industrial pierde su papel de liderazgo y abandona sus aspiraciones propias e independientes en la medida en que es absorbida por el capital monopólico internacional y pierde su capacidad de proponer una perspectiva propia del desarrollo. Por fin, el gran capital monopólico domina progresivamente los medios de comunicación, de educación, de producción intelectual y somete también al estado y a la burocracia estatal (incluyendo los militares) creando una estructura de poder nueva bajo el control del capital monopólico integrado internacionalmente. Pero en respuesta a este proceso de dominio del gran capital monopólico se desarrollan tendencias radicales en el movimiento popular y en la visión del proceso social.

El resultado de este proceso es la radicalización política, que se configura, por una parte, en la formación de un gobierno y un estado fuertes y, por la otra, en formas de actuación, organización y pensamiento políticos progresivamente más radicales en el movimiento popular.