Al igual que la lengua, la religión es un sistema sémico, cuya función es asegurar una mediación. No ahondaremos en la naturaleza y el contenido de esta mediación; sólo diremos que los hechos religiosos no escapan a la problemática relacional ni, en consecuencia, al poder. Sin embargo, la geografía de las religiones, al brindar puntos de observación dejó de lado, en general, las relaciones de poder, para concentrarse de manera excesiva en las expresiones espaciales del fenómeno religioso.1 Sin duda, es posible encontrar en las diferentes geografías de las religiones preocupaciones relativas al poder, pero no son sino huellas que se deben rastrear por aquí y por allá. El fenómeno religioso no fue, al menos para los geógrafos, concebido en términos de relaciones de poder. En su esencia misma, el fenómeno religioso se caracteriza por las relaciones de poder. ¿Por qué? Porque “toda concepción religiosa del mundo implica la distinción entre lo sagrado y lo profano, opone al mundo en el que el fiel se dedica libremente a sus ocupaciones, y ejerce una actividad sin consecuencia para su salvación, otro ámbito en el que el temor y la esperanza le paralizan sucesivamente y en el que, como al borde del abismo, la menor distracción en el menor gesto puede perderlo irremisiblemente.”2 Hay entonces, en el ámbito de lo sagrado, relaciones específicas, como las hay en el ámbito de lo profano. Relaciones propias de cada uno de esos mundos, relaciones también entre ambos mundos, mediatizadas por lo político, lo social, lo cultural y lo económico: “el hombre religioso es ante todo aquél para quien existen dos mundos complementarios…”3 Esos dos mundos, el de lo sagrado y el de lo profano, se definen rigurosamente el uno por el otro. Se excluyen y se determinan.4
Todas las sociedades desarrollaron, en consecuencia, esos dos mundos, por el hecho de que existen o existieron: el mundo profano determina al mundo sagrado y viceversa. ¿No dijo Bergson que “el Universo era una máquina que fabrica dioses”? Pero ¿qué relación hay entre la religión y lo sagrado? La primera es la administración del segundo.La vida religiosa “se presenta como la suma de las relaciones del hombre con lo sagrado. Las creencias las exponen y las aumentan. Los ritos son los medios que las garantizan prácticamente.”5
La religión, como la lengua puede igualmente asemejarse a un instrumento cuyas funciones son múltiples y complejas. Instrumento de comunicación, pero también y tal vez esencialmente, instrumento de comunión que las organizaciones manipulan. Instrumento de comunicación de lo sagrado que puede definirse “como una propiedad estable o efímera a ciertas cosas (los instrumentos del culto), a ciertos seres (el rey, el sacerdote), a ciertos espacios (el templo, la iglesia, las altas esferas) a ciertos tiempos (el domingo, el día de Pascua, la Navidad, etc.)”.6
Pero de la misma manera en que hay un trabajo profano, hay un trabajo sagrado y de la misma manera que hay un trabajo lingüístico, hay un trabajo religioso. Para retomar una fórmula de Rossi-Landi aplicada al lenguaje, la religión es un trabajo humano y las religiones son su objetivación
1 Para este tema se consultará a Pierre DEFFONTAINES, Géographie et religions, Gallimard, Paris, 1947. David E. SOPHER, Geography of Religions, Englewood Cliffs, N.J. 1967 y Religionsgeographie herausgegeben von MARTIN SSCWIND, Darmsstadt 1975.
2 Roger CAILLOIS. L’homme et le sacré. Gallimard, Coll. Idées, Paris 1963, p.17 (Ed. en español, El hombre y lo
sagrado, FCE) (NdT)
3 Roger CAILLOIS, op.cit., p.18. 4 Ibid., p.18-19.
5 Ibid. 6
89 necesaria.7 De esta forma, es perfectamente posible proceder a una transposición y el método analógico nos parece aquí totalmente legítimo.
La religión puede asimilarse tambiéna un capital constante. Capital sobre el que se ejerce un “trabajo religioso” posterior. Pero, al igual que la lengua, ese capital constante es algo muerto si no se le agrega un capital variable, constituido por los fieles que forman la comunidad de adeptos de una religión. Así, la misma ecuación es posible: capital constante + capital variable = capital religioso complejo. La comunicación de lo sagrado se realiza medianteese capital complejo: es la producción y la circulación de mensajes en el ámbito de una comunidad religiosa. Es evidente que si el capital constante no es objeto de un trabajo proporcionado por la comunidad religiosa, la religión muere, ya que se agotan la producción y la circulación de lo sagrado.
No es menos evidente que el capital constante cambia a través del tiempo: los cismas y las reformas son pruebas de ello. La historia de las religiones tiene muchos ejemplos de esas modificaciones y nuestro objetivo no es enumerarlas, sino identificar algunos de los mecanismos de estas modificaciones. Son numerosos los fenómenos de retroalimentación8 en el capital
constante y en el transcurso del tiempo suceden cambios en la religión. Sin embargo, hay que decir que ahí hay una diferencia fundamental respecto a la lengua, ya que cuando ésta evoluciona es más difícil concebir una modificación drástica y brusca, contrariamente a lo que ocurre en la religión. La reforma que dio lugar a las diversas iglesias protestantes en el siglo XVI es evidentemente un ejemplo de reestructuración de un capital constante religioso. Pero la modificación afecta igualmente al capital, ya que todo el trabajo disponible se comparte, se divide. Se puede expresar dicho fenómeno a través de un gráfico completo (Figura 28) mientras que, después del cisma, podemos encontrarnos frente a varias posibilidades, como las de la figura 29.
Figura 28
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Para Rossi-Landi, “estudiar una comunidad del habla significa estudiar la circulación de los signos lingüísticos como productos del trabajo humano, que satisfacen determinadas necesidades al tiempo que sugieren o imponen otras nuevas”. Cf. Duranti, Alessandro, Antropología lingüística, Akal, 2000.
90 Figura 29
Dichas posibilidades no ocurren simultáneamente. En relación a las posibilidades simultáneas reales, se pueden expresar con gráficos particulares G = (S, A), dondese define una división de S en d clases (no vacías) y se agrega x a y en un arco si y sólo si x y y pertenecen a la misma clase. La clase se define aquí por una confesión dada. Por ejemplo, se pueden tener las siguientes situaciones.9 (Figura 30)
Figura 30
En otras palabras, las diferentes comunidades se adhieren o no a tal o cual confesión religiosa.
9 Tomado de Germain KREWERAS, Graphes, chaînes de Harkov et quelques applications économiques, Dalloz, Paris 1972, p.5.
91 Se ve inmediatamente que la cantidad de relaciones se modifica considerablemente. Si tomamos el ejemplo anterior, que comprende seis comunidades, la cantidad total antes del cisma era de 6 (6-1) + 6 = 36. Después del cisma disminuyen a 4 + 1 + 9 = 14. Todavía hay que señalar que esa cantidad de 14 no tiene sentido; sólo 4, 1 y 9 lo tienen. Si se admite que esas relaciones que caracterizan a las comunidades corresponden a espacios específicos, se tiene una forma de caracterizar y de distinguir las religiones a nivel cuantitativo. Inclusive si se trata de una religión con una cantidad importante de adeptos, pero estrechamente circunscritos a un lugar determinado. Por el contrario, se puede tratar de una gran cantidad de adeptos repartidos en diversos lugares. Es lo que se utiliza generalmente como criterio para diferenciar las religiones particulares, como el hinduismo y el sijismo, de las religiones universales, como el cristianismo o el islamismo.
Se puede intentar formular esta expresión mediante la teoría de los grafos. Digamos que tenemos cuatro comunidades localizadas en lugares muy diferentes; por ejemplo, en distintos continentes (Figura 31).
Figura 31
En este caso tenemos un grafo sin arco o grafo discreto. Si una comunidad, después dos, tres y cuatro pasan a una religión cualquiera, tendremos una serie de grafos parciales antes de llegar a un grafo completo. Un grafo completo correspondería a una religión universal en el caso que nos ocupa. Suprimiendo algunos arcos, por cisma o por reforma, se obtienen las religiones particulares.
Por analogía con el análisis lingüístico que hemos hecho anteriormente, encontramos el problema del espacio y el tiempo. Las grandes religiones son aquellas que logran controlar porciones importantes del desarrollo espacio-temporal de las colectividades. ¿Se podría decir que se trata de relaciones religiosas puras? No; de hecho, esas relaciones están implícitas en las relaciones políticas y es ahí, sin duda, donde la relación entre lo sagrado y lo profano adquiere todo su valor. Valores sagrados y valores profanos, valores religiosos y valores políticos, todos están en estrecha relación.
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