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Syntax and Semantics of APEs and Abstract Program Fragments

4.2 Abstract Execution Logic: Syntax and Semantics

4.2.2 Syntax and Semantics of APEs and Abstract Program Fragments

La estrecha relación entre el Estado y la Iglesia determina con frecuencia una religión de Estado y una Iglesia de Estado; es lo que Constantino desarrolló en el Imperio Romano. Esta relación puede evidentemente desembocar en una forma de Estado teocrático que concede un poder considerable, ya que hay una compenetración de lo sagrado y lo profano. Las interdicciones, las obligaciones, los sacrificios de tipo religioso, son sancionados por el poder temporal y por ello adquieren una fuerza enorme, ya que la transgresión de las reglas y normas tiene no solamente consecuencias en el plano espiritual, sino también el plano temporal. La comunidad está entonces encerrada en vínculos político-religiosos extremadamente fuertes. En Japón, el movimiento de Meiji10, que a partir de 1868 modificó sensiblemente el papel del emperador, coincidió con el reconocimiento del sintoísmo puro como religión de Estado.11 De esta forma, el emperador se transformó en el sacerdote de todos los cultos y los asuntos del Estado estaban enraizados en el culto.12 Hasta 1945, los sacerdotes fueron empleados del Estado. Después de la guerra, la eliminación del sintoísmo de Estado tuvo naturalmente consecuencias en la situación de los sacerdotes. Esta compenetración, que duró casi un siglo, explica cómo durante la guerra el patriotismo japonés encontró en el sintoísmo la fuente espiritual para restablecerse y sostenerse. Esta convergencia entre lo sagrado y lo profano constituye un temible instrumento de poder y el medio de una rara eficiencia para movilizar una población. Los hechos muestran que una relación estrecha entre la Iglesia y el Estado desemboca finalmente en un predominio del Estado, que manipula la religión para reforzar su poder. La reforma anglicana del siglo XVI tenía como objetivo, entre otros, facilitar ciertas transferencias de riqueza y un mejor control de la población. Las ventajas de esta relación son evidentes. En efecto, el poder, en este caso, tiene un fuerte componente informativo y el Estado invierte mucha menos energía para obtener la adhesión de la población a sus objetivos políticos. A veces logra incluso, obtener un consenso admirable. En los países socialistas se da el predominio del Estado sin ayuda de la religión; en estos Estados se puede tener una política de eliminación total de la religión, como en Albania, por ejemplo, que es la primera república democrática popular oficialmente atea, o también pueden seguir una política de tolerancia más o menos flexible en relación a las diferentes iglesias. De la tolerancia a la persecución hay una cantidad importante de posibilidades y de matices, pero esta actitud no es nueva en la historia. Las persecuciones de Luis XIV contra los protestantes se nutrieron del código de la homogeneidad religiosa. Las persecuciones contra los judíos en distintos lugares del mundo se alimentaron de códigos muy diversos. Cualquiera que haya sido el motivo, la pérdida del control de la religión ha determinado numerosas relaciones asimétricas.

El predominio de la Iglesia, sin considerar el caso del Tíbet antes de la ocupación china de 1950, es muy raro. En Ceylán hubo intentos de hacer del budismo una religión oficial para reformar al Estado, pero sin éxito: “Los jefes políticos y religiosos de Ceylán combaten el materialismo y el comunismo y ven en la religión budista la única posibilidad de salvar al mundo de sus crisis económicas y sociales.”13

Ideología, pero incompleta e imperfectamente realizada, como sucedió en el caso del sureste asiático. En muchos Estados democráticos modernos, como Francia, existe una separación estricta de la Iglesia y el Estado. Pero en otros, como Italia, esta separación es

10 La era Meiji se desarrolla en Japón entre 1868 y 1912. Implica la modernización y una especie de democratización en la toma de decisiones, pero al mismo tiempo reorganizó a la nobleza, otorgándoles nuevos estamentos. (NdT)

11 Gustav MENSCHING, Soziologie der Religionen, Bonn, 1966, p.55. Según la mitología japonesa, después de vencer al reino Yamato, el príncipe Jinmu ocupó el trono de Japón y fundó el imperio japonés. Jinmues, según la leyenda, el nieto de la diosa solar Amaterasu Ō Mikami, divinidad del culto shintoísta. Todos los soberanos de la historia japonesa se reivindican como descendientes de Jinmu (NdT).

12 Ibid., p.58. 13

93 imperfecta, debido a la existencia de concordatos. Eso significa que la religión interfiere todavía en el terreno laico.

Si se consideran las cosas desde un punto de vista estrictamente político, hay que señalar que el factor religioso ha sido en muchos casos un elemento activo en la creación del nacionalismo. En apoyo a esta tesis, podemos citar el catolicismo filipino, el budismo birmano y el islamismo indonesio. Esta vía religiosa de nacionalismo puede sorprender, pero hay que recordar que los primeros nacionalistas fueron con frecuencia “tradicionalistas” que predicaban el regreso a una sociedad anterior a la conquista, antes que la libertad y la modernización.14 En esas condiciones, la religión fue un medio de oposición y de resistencia al extranjero y por eso en la fase pre- nacionalista los jefes religiosos jugaron con frecuencia un papel primordial.

La religión, en dichas circunstancias, fue primero un poderoso factor de identidad y después un medio eficaz de resistencia. Es gracias a su cultura islámica que los indonesios pudieron resistir y oponerse al orden holandés antes del siglo XX. Entre 1900 y 1910 nacieron las primeras asociaciones religiosas, educativas y económicas de inspiración musulmana. No tuvieron grandes dimensiones, pero su papel político no fue nada despreciable. En Birmania, la Y.M.B.A. (Young Bouddhist Association), agrupación religiosa e intelectual, jugó también un papel en la escena política. Es la voluntad de reivindicar los valores obtenidos del suelo nacional lo que da a esos movimientos cierta audiencia, antes de que se manifiesten ideologías extranjeras, como el marxismo.

La religión, una vez más, al igual que la lengua, puede ser el punto de apoyo para la resistencia y de la oposición. La religión, al ser una fuente de poder con un componente fuertemente informativo, permite concentrar considerables energías y tejer una red muy compacta de resistencias. En los países que padecieron la presencia colonialista y que con frecuencia no poseían una historia escrita, sino básicamente tradiciones orales, el profundo enraizamiento de lo sagrado en las consciencias era la única base informativa sobre la cual era posible construir una oposición coherente.

Dicho lo anterior, las religiones -y al respecto, pueden encontrarse en la historia ejemplos notables con facilidad-, originan relaciones asimétricas según los códigos manipulados. La cristianización y la islamización son manifestaciones evidentes de poder. Las herejías y las disidencias merecieron, por parte de las Iglesias oficiales y mayoritarias, persecuciones y crueles. Pero al interior de las propias Iglesias, las deducciones de las riquezas, las transferencias de bienes, evidencian también una gran cantidad de relaciones asimétricas. Antes que la lengua, la religión está marcada por relaciones de poder donde se apuesta por el control de la energía y la información bajo la forma de hombres, recursos y espacios.

Como organización, una Iglesia se comporta de la misma manera que cualquier otra organización: busca expandirse, concentrar, controlar y administrar. Busca codificar todo su entorno y esta codificación por lo sagrado es muy eficaz, ya que tiende a aislar de los demás a los hombres, los recursos y los espacios que son codificados. En ciertos casos la codificación religiosa precedió a la codificación del Estado y éste la continuó. Es lo que ocurrió con el cristianismo, que marcó con su huella durante el periodo medieval, antes del nacimiento del Estado moderno, muchas de las instituciones que se volvieron laicas pero cuyo origen fue cristiano. Las religiones impregnan o impregnaron todas las manifestaciones de la vida cotidiana, ya sean culturales, sociales, políticas o económicas.

En muchos países, el Estado recuperó esos códigos y los ha, en cierta medida, laicizado: por ejemplo, el código jerárquico, esencial para el sistema político. Los Estados modernos de tipo occidental se construyeron sobre el desvalijamiento de las iglesias, en muchos casos y de muchas maneras. Lucharon contra las iglesias para limitar su poder y las utilizaron para fortalecer el suyo. El debilitamiento del sentimiento religioso ayudó fuertemente a los Estados para luchar

14 Fred R. von der MEHDEN, Religion and Nationalism in South Asia, The University of Wisconsin Press 1963, p. 26.

94 contra las Iglesias, pero al mismo tiempo les privó de medios cómodos para influenciar a las poblaciones. Eso es cierto sobre todo en las democracias liberales, ya que en los regímenes totalitarios de inspiración marxista, imaginaron otros medios para controlar a la sociedad en todas sus manifestaciones. En el caso del poder, la religión permanece, aunque bajo formas modificadas.