2.3 The Loop Scope Method
2.3.1 Syntax and Semantics of the Loop Scope Statement
El poder busca controlar y dominar a los hombres y a las cosas. Podemos retomar aquí la triada usada en la geografía política: la población, el territorio y los recursos. Podrá entenderse fácilmente, considerando lo que hemos dicho respecto a la naturaleza del poder, por qué situamos a la población en primer lugar: ésta es el origen de todo poder y en ella residen las capacidades virtuales de transformación. Es, además, el elemento dinámico del que procede la acción. Es por eso que la veremos en el capítulo siguiente. El territorio no es menos importante, ya que es el escenario del poder y el lugar de todas las relaciones, pero sin la población no es sino una potencialidad, es decir, un dato estático para arreglar e integrar en una estrategia. Por último, los recursos determinan los posibles horizontes de la acción y condicionan los alcances de la misma.
Una relación puede privilegiar a alguno de los componentes: la población, el territorio o los recursos. De hecho, éstos son siempre movilizados en grados diferentes de manera simultánea. El conflicto entre dos estados debido a la posesión de una región no es un conflicto por adquirir sólo un pedazo de territorio, sino también por su población y/o recursos. Con frecuencia el objetivo confesado inclusive oculta los verdaderos riesgos que un actor está dispuesto a jugar. De esa manera, los conflictos fronterizos entre Marruecos y Argelia no habrían tenido ese carácter agudo si la posesión del hierro de la zona en disputa no hubiera sido la verdadera apuesta.
La defensa de los intereses norteamericanos en Cuba, antes de Fidel Castro, disimulaba un control total sobre el territorio y la población que se traducía en el control y el dominio sobre la isla entera.
El apoyo otorgado por Alemania a la población de habla alemana del lado checoslovaco, cerca de Bohemia, durante el periodo de entreguerras, ocultaba su verdadero objetivo, que era la anexión pura y simple de ese territorio por parte de Alemania.
Todo eso nos dice que rara vez el objetivo es simple. Casi siempre se trata de un objetivo complejo. Los ejemplos que escogimos son juegos de suma cero, en el sentido de que lo que unos pierden lo ganan los otros. Se trata de casos extremos y mucho más raros de lo que generalmente se cree. En la realidad, son mucho más frecuentes los juegos que no suman
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45 cero. Dos empresas que compiten entre sí por controlar un mercado no pierden ni ganan todo por completo, ya que llegarán a un acuerdo, que dependerá de los medios y de las estrategias de cada una de las empresas, para repartirse el mercado. Dicho de otra manera, en las situaciones que no suman cero los riegos son compartidos.17 En la realidad, las relaciones son, con frecuencia, asimilables a los juegos que no suman cero.
Cualquier organización se caracteriza por seres y cosas, ya sea que las posea, las controle o las domine. En consecuencia, en cualquier relación, la organización las pone total o parcialmente en juego. Si esto resulta evidente respecto a un Estado, lo mismo sucede con las demás organizaciones. La empresa controla no sólo todo el aparato de su producción, que comprende seres y cosas, sino que también controla, de manera más indirecta, seres y cosas a través de su o sus mercados. En el momento en el que entra en competencia con otras empresas, pone en la balanza todo o parte de lo que está dispuesta a arriesgar.
Cada organización busca reforzar su posición corriendo riesgos suplementarios para pesar más que las otras en la competencia: “el poder (político) aparece, en consecuencia, como un producto de la competencia y como un medio de contenerla.”18
La obtención de riesgos suplementarios no significa de ninguna manera “poseer” o “dominar” dichos recursos. Puede tratarse simplemente de ejercer un control que permita prever, tener acceso, neutralizar, etc. Ese es todo el problema cuando se trata de las posiciones relativas a dichos riesgos, es decir, a la posibilidad de integrarlos en tal o cual estrategia.
Los riesgos también remiten a la energía y a la información. Esto no resulta evidente respecto a la población y los recursos, si se admiten los argumentos anteriores. El territorio es un reto particular: es a la vez recurso y límite, continente y contenido. El territorio es el espacio político por excelencia, el campo sobre el que se despliegan los riesgos. En cuanto a la energía y la información, éstas pueden convertirse en las dos fases complementarias de la medida de todas las cosas. Juegan, pues, un papel preponderante que no puede ni debe ser subestimado.
Las organizaciones que combinan energía e información deben organizar circuitos para la circulación, la distribución, la difusión o, por el contrario, para la concentración, el acotamiento, el enrarecimiento de la energía y de la información. Hay entonces dos consecuencias fundamentales entre las que se establece un continuum: difusión y concentración se sitúan en los extremos del eje. “La historia” de cada organización se inscribe en los movimientos que se originan a lo largo de este eje y que caracterizan la acción.
Por su acción, la organización que busca la simplicidad extrema, la expresión, jamás alcanzada, del poder absoluto, tiende a no interesarse más que por los signos de los riesgos. El ideal del poder es arriesgar sobre los signos y exclusivamente sobre ellos. Tal vez es eso lo que vuelve frágil al poder a fin de cuentas, en el sentido de que aumenta la distancia entre el reto real –lo referencial- y el reto imaginario –el signo. Este distanciamiento es en muchos aspectos fatal: el modelo no es la realidad y si el modelo difiere mucho de la misma, cualquier decisión puede ser peligrosa. Más allá de cierta distancia, llamémosla distancia crítica, la percepción es tan deforme que la imagen sobre la que se ejerce la reflexión es puramente imaginaria. La distancia entre la emisión y la recepción es tan grande que el mensaje que corresponde al momento t está completamente modificado en t+1, cuando se toma la decisión: las posiciones relativas a los riesgos se han modificado y las decisiones que se toman con base en ellos no tienen efecto o tienen un efecto catastrófico que acelera el proceso de desestructuración.
17 Cf. Morton D. DAVIS, op.cit. 18
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