CHAPTER 2 LITERATURE SURVEY
2.5 Summary
En 1985, Julianne Burton publica en Screen un artículo47 en que critica el libro de Gabriel y el proyecto del Tercer Cine en general, el cual, dice, no ha sido adecuadamente examinado por haber primado el sentido de solidaridad por sobre el rigor crítico. Burton detecta una carestía de trabajos crítico-teóricos que atribuye a dos causas: a) el menosprecio de los cineastas ‘oposicionales’ hacia el rol de la crítica (para Willemen se tratará únicamente de un ataque hacia un cierto tipo de intelectual), y b) el atraso del Tercer Mundo, que se convierte en exportador de ‘materias primas’ (filmes) e importador imperfecto de ‘productos manufacturados’ (teoría crítica). Concluye otorgando al crítico occidental-europeo el papel exclusivo de mediador e intérprete, dado que los críticos del Tercer Mundo no están capacitados para esta tarea por su ignorancia de las corrientes teóricas dominantes en Occidente. Gabriel responderá en la misma revista48 señalando que la teoría crítica está implicada en el deseo eurocéntrico de globalizar y homogeneizar las culturas y el cine del mundo, entre otros argumentos que no pasaremos a detallar. Creemos que la posición de Burton, aunque acertada en algunos puntos, permanece en general apegada a una concepción predeterminada de lo que es ‘teoría crítica’, y por lo tanto es incapaz de ver las contribuciones que los cineastas han hecho a la propia teoría del cine.
Ya en este último número de Screen (1986) se anuncia la conmemoración del cuadragésimo aniversario del Festival de Cine de Edimburgo (EIFF), marco en el que se lleva a
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“Marginal cinemas and mainstream critical theory”, Screen, 1985, pp. 13-21
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cabo un Congreso dedicado íntegramente a debatir el Tercer Cine49. Parte del debate fue recogido, como hemos apuntado, bajo el título de Questions of Third Cinema (1989). Esta publicación nos parece importante, porque ya se encuentran de alguna manera planteadas las dos direcciones principales que va a seguir el debate en las siguientes dos décadas, posiciones que, en relación al tema que venimos tratando, podemos resumir como: vigencia del tercer cine, suscrita, predeciblemente, por la gran mayoría de los autores que aparecen en el volumen; versus, superación del tercer cine, expresada, aunque no precisamente en estos términos (que sí aparecerán en textos posteriores), en la intervención de Homi Bhabha.
Paul Willemen, en su participación en el debate, que hemos parcialmente reseñado, y en tanto co-organizador del Congreso y editor de la recopilación, es uno de los más convencidos defensores de la primera opción. Para Willemen, la teoría del Tercer Cine, resulta muy pertinente a la hora de plantear relaciones entre cultura y política, y en tal sentido, se conecta perfectamente (“for a European reader”), con planteamientos previos de Brecht y Benjamin, así como con las vanguardias artístico-políticas de los veintes y treintas, sorteando, inclusive, algunos de sus callejones sin salida o de las emboscadas que la historia les tendió a estos movimientos (la Segunda Guerra Mundial, y el estalinismo). El énfasis de los cineastas en la necesidad de conservar la lucidez durante la lucha los previene de entregarse pasionalmente a los dictados de un régimen, por compartidas que sean las intenciones. Su insistencia en la flexibilidad y adaptabilidad de los modelos viene de reconocer la dinámica siempre cambiante (temporal y espacialmente) de la lucha social, y les permite fijarse en el proyecto común por sobre las diferencias. Willemen también entiende que esta apelación a la flexibilidad permitiría superar sus principales limitaciones, como son la rigidez de sus binarismos, su apego a la teoría de la
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dependencia, que difícilmente refleja la complejidad actual de las relaciones internacionales, y su concepción de la identidad como determinada únicamente por la clase social, relegando otros factores a veces no menos gravitantes, como el género sexual y la identidad étnica. La vigencia del Tercer Cine –y esta será una constante- pasa necesariamente por su reformulación. Aún así, los planteamientos del Tercer Cine tienen el potencial suficiente para contrarrestar otras teorías que compiten por la explicación de los mismos problemas: “the notion of Third Cinema is far more relevant to contemporary cultural issues than any other form of postestructural or any other kind of ‘post’-theory.” (2)
La reformulación será también discursiva. El vocabulario marxista y confrontacional vigente desde los manifiestos originales hasta el propio Gabriel deja paso a un lenguaje infligido por las problemáticas del postestructuralismo y la globalización, incluso entre los defensores del Tercer Cine. Por ejemplo, en el prefacio del libro, Jim Pines, co-organizador del evento, empieza por preguntarse sobre la relevancia actual del Tercer Cine para el caso de los sujetos diaspóricos. Asimismo, la ‘intersticialidad’ o ‘in-betweenness’ será un motivo y una categoría que cruza de lado a lado las diversas posiciones sobre el Tercer Cine y su universo de problemas. Willemen parte de las observaciones de Bajtín sobre la exterioridad al objeto como precondición de productividad de los discursos sobre el mismo, matizándolas de esta manera: “it obviously is possible to be ‘other’ in some respects and to be ‘in and of’ the culture at the same time, the fact remains that it is in this disjuncture, in this in-between position, that the production of social intelligibility thrives, at least as far as socialist cultural practices are concerned” (28). Para Willemen, podríamos decir, la instersticialidad es una práctica significante socialista. Para otros estará más bien ligada a “any other kind of ‘post’-theory”.
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Homi Bhabha es precisamente el más conocido conceptualizador de esta categoría. Cabe anotar que su intervención en el debate de Edimburgo formará luego, sin mayores modificaciones, el primer capítulo de su estudio clásico The Location of Culture (1994), uno de los textos fundadores de la teoría postcolonial. No sería exagerado entonces decir que una vertiente de los estudios postcoloniales comienza a gestarse, al menos parcialmente, como una respuesta al Tercer Cine. Homi Bhabha reacciona frente al menosprecio de la teoría por parte de los participantes en el congreso (y podría pensarse, de los cineastas originales50) que consideran que la teoría es necesariamente el lenguaje de los privilegiados. En este festival de cine, Bhabha habla muy poco de cine (ya sea del tercer cine, o de cine en general), aunque no deja de observar acertadamente (como Burton) y de paso, que la localización del Congreso y del Festival demuestra la importancia que sigue teniendo Occidente para el Tercer Cine en tanto lugar de exhibición y discusión de sus temas, lugar de valoración de sus películas, y mercado para la distribución de las mismas. Reutilizando el lenguaje del intelectual ‘comprometido’, Bhabha habla del “compromiso con la teoría” (“The Commitment to Theory”, título de su artículo). El punto central de su respuesta es que la teoría crítica nos permite ver cómo los referentes y prioridades políticas que la retórica de la militancia y el ‘compromiso’ considera transparentes y auto-explicativas, no son en realidad pre-discursivas, sino que se constituyen en el discurso, y no son tampoco un objeto homogéneo. Existe una relación insterticial de deslizamiento sutil entre lo ‘fáctico’ y lo fantasmático. Atendiendo al contenido de los enunciados, no hay manera de deducir la estructura de su posicionalidad. Se abre un Tercer Espacio, que constituye las condiciones discursivas de la enunciación, y donde descansa la variabilidad primordial de los
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Willemen aclara que el antagonismo de Rocha o García Espinosa contra los intelectuales profesionales está dirigido contra el intelectual funcional al régimen: “What they do condemn is a particular kind of middle-class intellectual, not intellectual activity per se […] they consistently warn against drifting into anti-intellectualism, or worse, shoddy intellectualism” (6). Los cineastas saben pues distinguir entre la historia institucional de la teoría crítica y su potencial conceptual, como reclama Bhabha.
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símbolos de la cultura. Este espacio inter-medio (in-between: es Homi Bhabha quien más ha teorizado esta categoría) es el que lleva la carga del sentido de la cultura. Este Tercer Espacio de Bhabha en un sentido se encuentra en las antípodas del Tercer Cine, dada su asertividad y polarización, pero en otro sentido, como no ha faltado quien lo sugiera, lleva su carga, así como la del Tercer Mundo. Un Tercer Cine reformulado (recargado, quizás) podría ocupar justamente ese espacio, un Tercer Cine que desestabilice oposiciones en lugar de reafirmarlas, un Tercer Cine que ‘transforme su herencia colonial en los signos liberadores de un pueblo libre del futuro’ (Bhabha), uno que emplee la ‘traducción’ como arma y que abrace el potencial subversivo de la ambigüedad, sin renunciar nunca a la lucha política, sin necesidad de abandonarse posmodernamente al libre juego de los significantes:
“Released from its topographical moorings, the idea of a Third Cinema may remain relevant as the “third space” which [in Bhabha’s words] ‘displaces the histories that constitute it and sets up new structures of authority, new political initiatives, which are inadequately understood through received wisdom.” (Sen, 2003: 163)