MOULOUD: “no se trata del propio conocimiento activo y responsable, sino de un conocimiento desviado que ya no es verdadero conocimiento (…) ¿hay verdaderamente un vínculo entre las obligaciones o requerimientos del conocimiento y los del poder?”
FOUCAULT: Sería un placer para mí si se pudiera hacer así, esto es, si uno pudiera decir: hay buena ciencia, una que es al mismo tiempo buena y no participa de un poder repugnante; y luego está, obviamente, el mal uso de la ciencia, en su aplicación oportunista o en sus errores. Si usted me puede probar que eso es así, entonces, ¡bien! Me iré de aquí contento .
Qu’est-ce que la Critique?, p.71-‐72, mi traducción del inglés.
Una de las preguntas claves que me he hecho con esta tesis es la de cómo dar una forma adecuada a las maneras en las que he ido produciendo
conocimiento: con otras en la práctica, en soledad durante la escritura. Además de por los ritmos laborales y vitales, ha sido determinante el lugar desde donde se enuncia y el punto de vista adoptado, ambos ligados a mi participación en la lucha contra la exclusión sanitaria en Madrid.
Tomo prestadas aquí reflexiones de la investigadora Marta Malo en el prólogo del libro Nociones Comunes. Experiencias y ensayos entre investigación y
militancia (2004). ¿Con quién pensamos? ¿de qué parte?, se pregunta Malo,
porque “toda producción de conocimiento nuevo afecta y modifica los cuerpos, la subjetividad”. En este prólogo se repasan algunas de las prácticas de
63 Parafraseo aquí, consciente de la diferencia entre su “observación” y mi lugar implicado, la
frase de Akhil Gupta en los agradecimientos de su libro Red Tape. Bureaucracy, Structural
Violence, and Poverty in India (2012): “Sobre todo aprendí que, por muy valiosas que fueran para
el estudio de la burocracia las entrevistas con oficiales de lengua inglesa del Servicio
Administrativo Indio, nunca podrán tomar el lugar de la observación de lo que ocurre cuando un aldeano pobre e iletrado entra en una oficina del gobierno”, p.IX, mi traducción.
investigación militante – encuesta y co-‐investigación obrera, grupos de mujeres y epistemología feminista, análisis institucional e Investigación Acción
Participación — en las que la teoría surge de la práctica y vuelve a la práctica de modo que pensar juntos y producir conocimiento crítico genera “rebeldes” y “práctica común” de transformación. Así, el método no puede estar “abstraído de los objetivos (de la investigación) y del proceso” sino que es un útil que conecta experiencia y pensamiento, análisis y práctica de transformación. Para ello, tiene que estar dispuesto a perderse, a explorar caminos adyacentes, someterse a “la prueba de la práctica viva y de la acción” (Malo 2004).
Esta forma de investigación se parece mucho a la práctica del movimiento en el que participo desde mayo de 2012, Yo Sí Sanidad Universal, que ha sido mi principal escuela de producción de conocimiento colectivo. En todos sus espacios (asamblea, el espacio de reflexión que llamamos Ágora, los grupos de
acompañamiento de los barrios, los grupos de trabajo que se ocupan de labores específicas) el empeño que los vehicula es el de intentar entender de qué están hechas las situaciones y los discursos de exclusión. Todo lo que se aprende – de la participación en reportajes o artículos con medios, de los acompañamientos en centros sanitarios, de la afectación entre vecinos con y sin tarjeta sanitaria y de éstos con los profesionales del SERMAS, de las reuniones con gestores de los servicios de salud, de las asambleas, de los talleres en centros sanitarios y/o con vecinas de los barrios, de las manifestaciones o acciones de desobediencia -‐ se ha ido sistematizando para seguir haciendo práctica. Lo que sucede con la familia de Saiful en el centro de salud o en el INSS, las casillas que componen la base de datos que regula el acceso a los centros de salud, los papeles que dan en los hospitales para identificar a la gente sin tarjeta, los relatos de compañeras acerca
de las llamadas de los “jefes” para, primero, intentar reducir al máximo el número de altas en el sistema informático y luego, a partir de septiembre de 2015, para asegurarse de que se dan esas altas, son piezas clave en el análisis del colectivo, mucho más que unas declaraciones del ministro de Sanidad. Y todo lo experimentado se comparte con los demás.
La investigadora feminista negra bell hooks escribió:
“Aunque nunca hubo un cuerpo oficial de gente negra en los Estados Unidos que se juntara, como antropólogos/etnográfos para estudiar a los blancos, la gente negra, desde la esclavitud en adelante, ha compartido en conversaciones un saber “especial” sobre los blancos, recopilado de un escrutinio íntimo de la gente blanca. Especial porque no es una forma de conocer que haya sido recogida en su totalidad en material escrito, su propósito era ayudar a la gente negra a lidiar con y sobrevivir en una sociedad supremacista blanca. Durante años, las empleadas domésticas negras que trabajaban en casas de blancos actuaron como informantes que devolvían saberes a las comunidades segregadas – detalles, hechos, lecturas psicoanalíticas del “Otro” blanco" (hooks 1992: 165 en David Graeber 2012: 118, mi traducción)
En el caso del colectivo en el que participo, el objetivo es crear aliados, en cada intervención, por pequeña que sea. Un trabajo de interrogación constante, de excavación, de reflexión sobre los datos producidos, de sistematización de los mismos de modo que sirvan para imaginar y crear nuevas formas de pensar y de hacer y abrir nuevos discursos y prácticas. Para ello, nos ha sido útil en ocasiones conocer trabajos teóricos sobre lógicas de empresa en sanidad, o sobre
burorrepresión64, o relatos diversos de la historia del sistema sanitario, tanto los
oficiales como los que surgen de los años de experiencia. En definitiva, la lucha necesita conocer las condiciones de posibilidad de la práctica de la exclusión
64 Burorrepresión, o cuando se “deja hacer” a la burocracia de modo que contiene, controla y,
finalmente, reprime a los grupos de población más vulnerabilizados. No sólo son los que parten de una situación más vulnerable sino que además son inundados por trámites de todo tipo para poder conseguir recursos, ayudas, derechos caso por caso, y también lo que se enfrentan a más sanciones y multas (Jesús-‐Carlos Urda Lozano ed., 2013).
sanitaria en su despliegue si quiere imaginar qué otras prácticas pueden darse a partir de esas mismas condiciones.
¿Qué es esto sino un proceso de co-‐investigación continuado que produce conocimiento colectivo aplicado a la acción transformadora? Sin embargo, no es ese proceso el que narro aquí, sino que es el que me ha dado el lugar desde el que analizar y desde el que escribir.
El lector se dará cuenta de que en este texto hay una ausencia notable: no hay análisis explícito del colectivo en el que participo y el análisis de situaciones se centra sobre todo en las personas del lado de dentro del mostrador
(funcionarios de justicia, auxiliares de centros de salud, médicas, profesores e investigadores, expertos). He tomado una posición muy similar a la de mi
práctica como vecina. El análisis de subjetividades tiene los límites ya señalados arriba y otro más: guardamos el análisis de subjetividades que se han construido colectivamente para llevarlo a cabo también colectivamente. Así, lo que aquí se muestra es un análisis crítico del despliegue de la exclusión como norma de gobierno de crisis en sanidad.
En un trabajo de campo como el descrito, las entrevistas y conversaciones han sido muy seleccionadas, con el objeto de intentar arrojar más luz sobre la comparación en marcha. Por ejemplo, de la historia de Saiful y de otras que nacen del mismo cruce de leyes y regulaciones surge la necesidad de entrevistar a un gestor del INSS y también de leer con atención y analizar el informe del Tribunal de Cuentas sobre el SNS y la conexión que los portavoces del gobierno establecieron entre “crisis”, “turismo sanitario” e inmigrantes sin papeles
(Capítulo 4). Las dos largas conversaciones con auxiliares administrativas que he tenido me permitieron contextualizar rutinas de trabajo y argumentos en torno a
ellas ya observados en multitud de situaciones (Capítulos 5 y 6). Las dos entrevistas con médicos del SERMAS fueron temáticas: una versó sobre la
evaluación como forma de introducir lógicas de empresa en sanidad (Capítulo 5) y la otra sobre historia encarnada del sistema sanitario y su relación con las situaciones de exclusión (Capítulo 6)65. La entrevista a Nena y Ale (Capítulo 6)
fue un espacio en el que, después de experimentar juntas el periplo de la exclusión, pudimos reflexionar sobre lo ocurrido relacionándolo con otras experiencias y situaciones.
Por otro lado, tampoco era fácil conseguir entrevistas con profesionales del SERMAS y cargos medios. En septiembre de 2014 utilicé el contacto de una compañera para enviar un cuestionario que sirviera de excusa para encuentros posteriores con un grupo de auxiliares administrativas. A los pocos días,
mientras estaba en un taxi camino del registro civil de Málaga, me llamaron de la Subdirección General de Investigación Sanitaria para decirme que yo no podía solicitar entrevistas como lo había hecho, que para poder hacer investigación tenía que solicitar permisos por los cauces oficiales. Al parecer, alguien había enviado mi correo, dirigido a un pequeño grupo a título personal, a todas las auxiliares del SERMAS. Para la entrevista con el INSS tuve que esperar ocho meses y la Consejería de Sanidad, a pesar de mi regular insistencia, nunca resolvió mi petición (Capítulo 5).
La etnografía se ha llevado a cabo en todas partes: en los centros sanitarios, en conferencias y congresos, en el tren y el metro, en la calle… Se trataba de observar un proceso, el de la exclusión sanitaria, en su despliegue.
65 La primera la hizo la investigadora Marta Malo, que me compartió el audio que yo transcribí. La
Para narrar ese proceso he tenido que plantearme el problema de la forma y la adecuación. ¿Cuál es la forma adecuada para narrar, una que esté pegada a las situaciones, que reduzca todo lo posible la separación entre materialidad y teoría?66 Un ejemplo de decisión tomada en la escritura y guiada por esta
pregunta es el uso de comillas y cursivas: en las charlas en las que no usé grabadora las palabras están en cursiva porque no se trata de citas que pudiera transcribir sino de retazos de frases que apunté mientras conversaba y sobre las que luego, en una cafetería al salir, ya sola, volvía para reconstruir. Otro ejemplo sería el problema del uso de los términos de la administración: “ilegal”,
“aseguramiento”… Por un lado, como norma general, se ha tratado de no usar, ni siquiera entrecomillados, estos términos. Sin embargo, algunos que son clave para poder entender transformaciones cuyo análisis aborda esta tesis, como el paso de un modelo de sanidad universal a uno de “aseguramiento”, sí se usan con comillas.
Finalmente, la escritura está marcada por el intento de encontrar una forma adecuada que, al tiempo, respete y cuide tanto a las personas que participan de las situaciones como al lector que lee sobre ellas.
En cuanto al cuidado de las personas que aparecen en este texto, he optado por cambiar sus nombres solo cuando su uso haría fácilmente
reconocibles a las personas y cuando las personas me han pedido expresamente que lo haga. He de reflejar que la mayoría de los cargos públicos que entrevisté solicitaron no aparecer como identificables. Tampoco nombro el barrio ni el “centro de salud de mi barrio” que aparece en múltiples ocasiones, porque el
66 Le debo esta formulación a mi compañero Álvaro García, de quien la escuché, si bien él se la
riesgo de contribuir a su estigmatización es mayor que lo que puede aportar nombrarlo para el tipo de análisis que hago. Las historias de personas que han sufrido la exclusión aquí escogidas están ya registradas y son públicas (en forma más breve) en el registro REDES, en medios de comunicación o en informes. Corresponden a las situaciones en las que varias circunstancias (de tiempo, de manejo del idioma, de capitales compartidos) nos permitieron debatir juntos durante y tras el periplo. Otras historias, en las que las posiciones y capitales eran más distantes y las condiciones más dificultosas para poder compartir reflexiones, no aparecen o lo hacen como arquetipos. Finalmente, el uso del plural, tanto en la narración de historias como en el propio análisis tiene que ver con que mi participación en las situaciones narradas, o en las conversaciones reflejadas, o en los datos producidos, siempre era una participación con otras, compañeras de lucha haciendo y pensando juntas.
En cuanto al cuidado del lector, el intento es el de ser capaz de mostrarle con mi análisis lo cotidiano de un proceso que dejar morir a nuestros vecinos, sin restar un ápice de la alarma y la pulsión a hacerse cargo que nace de conocer situaciones profundamente injustas que ponen en riesgo las vidas.