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PROJECT METHODOLOGY

3.3 RUP As A Software Development Process

3.3.4.1 T1 Iteration

capítulo anterior, deben ser analizadas y valoradas teniendo en cuenta los factores que las condicionaron, así como las circunstancias que las determinaron, para posibilitar el establecimiento de patrones comunes de referencia. Por ello se tendrá en cuenta el estudio de cada dimensión y su comportamiento individual y general en los casos de estudio, analizando sus tendencias y posibles causas.

En el caso de la dimensión Económica, los indicadores E1 y E2, referentes a los bajos costos y asequibilidad, facilidad de esquemas de pago y disponibilidad de créditos, se debe señalar que en las labores de recuperación en la actualidad cubana se aplican diferentes planes y políticas para respaldar y ayudar a los damnificados. En este sentido existen las llamadas “inversiones estatales” (su nombre puede variar en los diferentes contextos), las que garantizan todos los materiales y mano de obra necesarios para la construcción de viviendas, con sus correspondientes facilidades de pago. Los pagos que se establecen pueden variar, según el ingreso familiar, oscilando entre 17 y 25 pesos mensuales, los que comienzan a tener efecto una vez terminada la vivienda. Para que se tenga una idea de la accesibilidad de los precios a los damnificados, para el caso de Gibara por ejemplo, los precios de materiales constructivos, en moneda nacional, son: 34 centavos el bloque de hormigón, 18 centavos el ladrillo prensado y la bolsa de cemento a 4,50 pesos. Mediante esta variante, el Gobierno Local puede dirigirla a determinados intereses sociales, como por ejemplo, discapacitados, asistencia social, veteranos de la Asociación de Combatientes y otros casos.

También existen las llamadas “inversiones de movimiento popular”, las que cumplen con los principios de la anterior, pero donde el damnificado asume totalmente la mano de obra, por lo que al valor general de la vivienda terminada se le descuenta el 30% del

monto total a pagar. Otra variante la constituye las “inversiones CTC” en las cuales el damnificado paga los materiales a los precios subsidiados, pero lo hace al contado en el momento de la facturación, mientras que la mano de obra queda totalmente a su cargo. En los casos estudiados, teniendo en cuenta el monto de los daños y las severas afectaciones, el plan de inversiones estatales cuenta también con la cooperación de los propios damnificados en trabajos de reconstrucción o rehabilitación, aunque se destinan brigadas estatales para su ejecución.

Los resultados en el barrio Cachón respecto a los anteriores indicadores (E1 y E2), en especial en la asequibilidad económica, muestra un buen comportamiento general, para un 66,6%, debido a las actividades económicas fundamentales y las labores portuarias, las que elevan las posibilidades adquisitivas de los pobladores.

En los barrios de Pino II y “Petropalmas” estos indicadores se comportaron para un 41,6% y 50% de forma regular, también influye la lenta recuperación económica que tienen ambos barrios.

En el barrio Las Calabazas resultó en un 83,3% desfavorable la asequibilidad económica, debido a que la gran mayoría de los damnificados son casos sociales de discapacitados, donde por lo general sólo ingresa a la vivienda el pago de la seguridad social.

A modo general, estos planes constituyen buenas prácticas, resultan inversiones que tienen un alto porcentaje de subsidio y se aplica a las personas más afectadas, a pesar de que existen damnificados que se les dificultará el futuro pago de su vivienda, se debe considerar que son lugares en recuperación económica y valorar casos específicos, donde existen damnificados con edad y condiciones que no mantienen vínculos laborales. Debe señalarse la atención y comprensión de los casos sociales de discapacidad, que como se demostró, no tienen posibilidades de asumir económicamente tan siquiera estos planes especiales.

En el indicador E3, referente a la minimización de recursos en divisas e importados, se puede resumir que en los barrios estudiados se construye para un 100% de recursos nacionales y de producción local, sobre todo los elementos de muros, que en todos los barrios se producían en sus poblados.

Se confirma que resulta una buena práctica el cumplimiento de este indicador, donde se señala la gestión como problema fundamental, ya que existen volúmenes adecuados de materias primas y productos según los planes previstos, pero en ocasiones se detectó retrazo en entregas y puesta en marcha de tecnologías por cuestiones asociadas al transporte y trámites burocráticos.

La generación de empleos locales planteada en E4 indica un comportamiento desfavorable, en ninguno de los casos de estudio se emplearon a nuevas personas, ya que las brigadas ejecutoras mantuvieron sus plantillas originales. Resulta un punto muy importante, ya que como se determinó en el E1 y E2, muchas personas presentan problemas económicos, y ésta sería una buena oportunidad de aprovechar la recuperación del barrio para generar ingresos en las familias y contribuir con el mismo, así como aumentar los niveles productivos.

En el indicador E5, referido a la generación de consecuencias producto de la relocalización no se presentaron problemas, puesto que los barrios Pino II y “Petropalmas”, que fueron relocalizados, no se ubicaron a grandes distancias de su lugar de origen, sólo se alejaron de la zona costera vulnerable, ubicándose en el mismo poblado en lugares de mayor seguridad, por lo que se mantuvieron sus anteriores empleos y no se encareció ningún servicio.

En la Dimensión Social y Cultural, el indicador S1 que aborda los aspectos relacionados con la apropiabilidad de la vivienda al perfil sociológico local, en especial en la satisfacción de los espacios de acuerdo a sus necesidades, donde se presentaron variados resultados. En los barrios Cachón y Pino II fueron positivos, mostrando un 58,3% y 66,6%, ya que la población se siente conforme con la cantidad, distribución y uso de los espacios; sin embargo, se aprecia la inquietud de que no se contempla en el proyecto el portal trasero, espacio de uso tradicional en ambos lugares, algo que pudiera resolverse posteriormente de acuerdo a las posibilidades de cada damnificado. En los barrios Las Calabazas y “Petropalmas” este indicador se comportó para un 66,6% y un 100% respectivamente de forma desfavorable. Las insatisfacciones estuvieron enfocadas a la carencia de servicios sanitarios, aunque en Las Calabazas se

ejecutaron parte de ellos posteriormente, respondiendo a casos sociales de discapacitados.

En general, los espacios concebidos cumplen con las expectativas de los damnificados, exceptuando los barrios en que no fueron construidos los servicios sanitarios, situación que compete a las autoridades locales, ya que aún en condiciones de emergencia éstos deben formar parte de cualquier solución de intervención. La ausencia de baños constituye una mala práctica, por ello, las condiciones económicas no deben constituir una justificación para no tenerlos en cuenta.

El indicador S2 que aborda los temas del protagonismo participativo será analizado por los puntos que lo conforman. La posibilidad de decidir o tomar parte de la misma en el diseño de la vivienda resulta un punto negativo en todos los casos de estudio. Se ejecutan módulos de materiales y proyectos que responden a inversiones con marcada rigidez a los cambios. Los proyectos no tienen en cuenta especificidades locales ni permiten modificaciones, resultan soluciones centralizadas de las inversiones abordadas en la Dimensión Económica. En opinión del autor, dadas las condicionantes económicas, pudiera considerarse más de una variante de solución de proyecto, que diera la posibilidad de elegir al damnificado de acuerdo a sus intereses y necesidades particulares.

Lo referente a la participación de los damnificados en las labores de reconstrucción resultó positivo para todos los casos, comportándose para un 100%, 91,6%, 50% y 100% en Cachón, Pino II, Las Calabazas y “Petropalmas” respectivamente. Los damnificados que no participaron fueron los casos de discapacitados.

La participación de organizaciones que actúan en el ámbito comunitario, así como la influencia de líderes locales fueron escasas, mostrando en Cachón, Pino II, Las Calabazas y “Petropalmas” un balance negativo de 66,6%, 91,6%, 100% y 83,3% respectivamente. Debe considerarse que durante los procesos de concepción y organización de las labores de recuperación, no se les otorgó protagonismo ni se le encargaron misiones y roles, olvidando su papel de articuladores y la integración social que pudiera obtenerse. Su inclusión en el conjunto de actores participantes en la

intervención post-desastre constituirá una buena práctica en aras de perfeccionar dicho proceso.

En el indicador S3 que trata el tema del respeto por la cultura local, se puede afirmar que las soluciones empleadas en los barrios Cachón, Pino II y Las Calabazas se relacionan y contribuyen medianamente con el ámbito local (100%). En el barrio “Petropalmas” fue negativo en un 100%. En sentido general se aprecian aspectos que atentan contra las tradiciones locales, como la introducción las cubiertas de zinc, las que contrastan negativamente con la expresión de las tejas criollas tradicionalmente utilizadas. Se debe señalar que se apreció una homogeneidad en las expresiones arquitectónicas, que no otorgan un carácter de identidad local, ya que se han tipificado los mismos proyectos en las diferentes zonas geográficas. Aunque por el contrario se manifiesta una adecuación en cuanto a niveles, tamaño y distribución de las viviendas, cubiertas a dos aguas y portales delanteros, elementos que se integran al contexto construido local.

En sentido general a pesar de la solución empleada en el barrio “Petropalmas” que se concibió temporalmente, se puede considerar una aceptable integración de las viviendas construidas en su contexto local, aunque pudieran mejorarse algunos aspectos tratados anteriormente, teniendo en cuenta la no reproducción del riesgo.

El indicador S4 que aborda los temas de enfoque de género y atención a grupos en desventaja social resultó positivo, en especial en el barrio Las Calabazas, donde gran parte de las viviendas construidas fueron destinadas a estas personas, por lo que se puede afirmar que constituye una buena práctica, acorde con el sistema de seguridad social cubano.

El indicador S5 que refiere a los aspectos socioculturales de la relocalización, plantea la posibilidad de decidir o tomar parte en ese proceso, aspecto que resultó negativo, ya que en los casos de barrios relocalizados como Pino II y “Petropalmas” fueron decisiones de las autoridades municipales que no contaron con la participación de la gente afectada. Aunque plantea la relación que se establece entre el nuevo lugar y las raíces culturales y anteriores oficios, punto que resultó positivo por la ubicación dentro del mismo poblado.

A pesar de no contar directamente con los damnificados, se tuvo en cuenta sus intereses y necesidades, además de los aspectos económicos que se derivan del mismo, considerándose una buena práctica.

En la Dimensión Tecnológica, el indicador T1 tiene estrecha relación con el económico E3, donde se aborda la utilización de recursos locales o nacionales, en este punto los resultados son positivos, los materiales se obtienen tanto de las capacidades instaladas de producción local como de las industrias de diferentes provincias.

En el indicador T2 referente a la flexibilidad y versatilidad de las soluciones tecnológicas respecto a un proceso progresivo, se plantean diversos resultados, a pesar de contar con las mismas soluciones tecnológicas. Lo anterior puede imputársele a la creatividad e interés del damnificado. Aunque las viviendas las construyen las brigadas ejecutoras estatales en un proceso continuo, estas tecnologías de obras de fábrica permiten posteriores adecuaciones y adiciones de acuerdo a los intereses particulares de cada afectado. Por ello en los barrios Pino II y “Petropalmas” resultó positivo para un 66,6% y 100% respectivamente y en Cachón y Las Calabazas se consideró intermedio, para un 58,3% y 100% por su orden, por lo que se considera una buena práctica.

En el indicador T3, que aborda las tecnologías y materias primas locales y tradicionales utilizadas en la recuperación de las viviendas, se aprecia un resultado general intermedio en todos los casos, puesto que las tecnologías empleadas son las tradicionales, compuestas por obras de fábrica, lo novedoso radica en la cubierta, la cual cambia su estructura tradicional de madera por una solución metálica con mayor resistencia y se sustituye la teja criolla por planchas de zinc. Los materiales locales fundamentales en todos los casos son los bloques de hormigón, los que tienen una producción estable en el poblado, también se destacan otros como arena, piedras y mosaicos en sus respectivos poblados.

El indicador T4 plantea una serie de parámetros relacionados con la adaptabilidad local y la consolidación sostenible, los que serán analizados por separado. En el caso de la posibilidad de permitir modificaciones o adaptaciones locales por parte de las tecnologías utilizadas, así como su posterior mantenimiento con recursos locales, los resultados fueron positivos en todos los barrios, en general las soluciones de cubierta,

de vanos y otros detalles constructivos pueden ser adaptados a las soluciones tradicionalmente utilizadas, así como por la procedencia local y nacional de los materiales constructivos, sin depender de la ayuda externa, en pos de un mantenimiento futuro.

La adquisición de las habilidades y conocimientos para ejecutar las tecnologías no resultó un problema en ninguno de los casos, para un 100% positivo en los barrios Cachón y Pino II, un 83,3% en “Petropalmas” y un 50% en Las Calabazas, este último debido a los casos de discapacitados y la imposibilidad de sus acompañantes de participar en la construcción.

En cuanto a la existencia o posibilidades de fabricación de herramientas y medios técnicos para la ejecución de las tecnologías no resultó favorable, en Cachón, Las Calabazas y “Petropalmas” para un 100% negativo, mientras que en Pino II en un 91,6%, en este caso existió un damnificado que trabajó con medios rudimentarios, lo cual no garantizó la calidad requerida. Este punto demostró que resulta un parámetro muy difícil de lograr, teniendo en cuenta la inexistencia de recursos y medios para producir herramientas de forma local. No debiera considerarse una buena práctica por la poca viabilidad que presenta.

En el indicador T5 se plantea una valoración sobre el empleo intensivo de mano de obra local en las labores de recuperación, obteniéndose resultados positivos en los barrios Cachón, Pino II y Las Calabazas en un 100%, toda la construcción corrió a mano de las brigadas ejecutoras estatales y los propios damnificados. En el caso de “Petropalmas” fueron reclusos y damnificados los encargados de la construcción, obteniéndose un resultado intermedio de un 100%.

También refiere a la proporcionalidad que existe entre los procesos constructivos manuales y mecanizados, lo cual demostró que no se ejecutan procesos mecanizados en ninguno de los barrios, las tecnologías resultan manuables y asequibles en su construcción.

La combinación de estos puntos le otorga al indicador un importante papel en la autonomía de la mano de obra para la recuperación de las viviendas, por lo que debe considerarse una buena práctica.

El indicador T6 aborda el tema de la supervisión técnica enfocada hacia la calidad, donde se investigó sobre la supervisión de especialistas o personal calificado a los procesos principales de la ejecución de las viviendas, en este sentido se obtuvo resultados positivos en los barrios Cachón, Pino II y las Calabazas para un 66,6%, 100% y 66,6% respectivamente, mientras que en “Petropalmas” resultó para un 50%, debido en gran medida a su situación atípica de viviendas en emergencia, con carácter temporal.

Se presentan en general resultados aceptables, en gran medida por la presencia de las brigadas ejecutoras estatales, esta buena práctica no debiera perderse aún cuando los damnificados asuman totalmente la mano de obra de su vivienda.

El otro aspecto de este indicador refiere a la calidad de los materiales y materias primas utilizados en la recuperación de las viviendas, en este punto se detectaron buenos resultados para un 100%, 91,6%, 100% y 66,6% en los barrios Cachón, Pino II, Las Calabazas y “Petropalmas” en su orden.

El indicador T7 aborda el tema de la reutilización de materiales obtenidos de los desechos resultantes del desastre, en este caso los resultados fueron positivos en Cachón y Pino II para 91,6% y 83,3%. En Las Calabazas y “Petropalmas” no se aprovecharon, mostrando un resultado negativo del 100%.

Este punto resulta una buena práctica, con el aprovechamiento de esos recursos que constituyen desechos y se presentan como un estorbo, se obtiene ganancias económicas, ambientales y tecnológicas. Entre las prácticas más utilizadas se encuentra el reciclaje de ladrillos y bloques de hormigón, utilización de escombros como relleno y la madera para realizar los encofrados.

El indicador T8 plantea la evitación de la reproducción del riesgo respecto a niveles anteriores, este punto resultó aceptable en los barrios Cachón, Pino II y Las Calabazas para un 91,6% en los primeros y un 100% en el tercero. El “Petropalmas” fue negativo en el 100%, como ya se ha mencionado estas soluciones inicialmente con carácter temporal presentan grandes vulnerabilidades en su solución tecnológica y de materiales.

La no reproducción del riesgo resulta fundamental en cualquier práctica de intervención, constituye un principio clave para enfrentar los próximos fenómenos y obtener mejores desempeños, confirmando la efectividad de lo planes e inversiones post-desastre. En la Dimensión Ambiental se aborda en el A1 los aspectos relacionados con el confort de la vivienda en cuanto a iluminación, ventilación, temperatura y ruido, los cuales arrojaron resultados intermedios en los barrios Cachón, Pino II y las Calabazas para un 100% en todos los casos, al ser proyectos preconcebidos muchas veces las viviendas se encuentran mal orientadas respecto al recorrido solar, también en la mayoría de los casos no se corresponden las ventanas del módulo que se otorga a las del proyecto, por lo que hay que cerrar un vano, y la transmitancia térmica de las cubiertas de zinc influyen en las temperaturas interiores. En “Petropalmas” resultó negativo en el 100%, las viviendas están constituidas por tres pequeños espacios, lo que no garantizan un confort adecuado, ya sea por lo reducido del local, o por el mal comportamiento de los indicadores ambientales planteados.

Este indicador debe constituir una buena práctica, siendo un principio de toda obra arquitectónica, en especial en la vivienda post-desastre, ya que debe contribuir con la racionalidad energética y satisfacer a damnificados que en ocasiones perdieron todos sus bienes y en especial equipos eléctricos para mejorar su confort.

Los aspectos concernientes al indicador A2 fueron valorados en T7 referido a la reutilización de desechos resultantes del desastre, donde se determinó su pertinencia en la valoración de una buena práctica.

El indicador A3 refiere a la racionalidad en el uso del agua, aspecto que resultó aceptable en todos los casos para un 100%. Las tecnologías y materiales utilizados no conllevan excesivas cantidades de agua, aunque se debe considerar en otros contextos en que pueda escasear teniendo en cuenta el consumo humano y agrícola.

El indicador A4 que aborda los parámetros de la minimización del impacto ambiental, será analizado y desglosado por sus aspectos correspondientes. Se plantea la generación de desechos sólidos inutilizables, en el cual los barrios muestran resultados adecuados de gestión de gestión de los mismos, para un 83,3% en Cachón, 91,6% en Pino II y 100% en Las Calabazas y “Petropalmas”.

En lo referido a la resolución del tratamiento de los residuales, se obtuvo resultados desfavorables en todos los barrios, para Cachón, Pino II, Las Calabazas y “Petropalmas” se exhiben porcentajes de 50%, 58,3%, 66,6% y 100% negativos. En todos los casos las fosas, que por demás se conciben una por vivienda, las asumen los damnificados, por lo que en estos casos dada las pocas posibilidades y la pereza de de los mismos no se construyen, así, se vierten todos los desechos hacia el entorno inmediato, creando problemas de sanidad y afectando al medio ambiente local.