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Challenges for Teachers of German in Tertiary Institutions in Taiwan: Ten Voices

5.3 Reporting the data

5.3.3 Teaching skills development

m

aniel 7:9 al 14 dice que el cuerno pequeño está condenado mediante el juicio previo al advenimiento, que involucra abrir los libros que presumiblemente registran las acciones de ese poder. ¿Por qué? Este juicio no es necesario para condenar los imperios humanos previos: Babilonia, Medo-Persia, Grecia, y Roma Imperial/Pagana. Ellos terminan sencillamente porque son malva- dos y no hay dudas acerca de si salvarlos porque no tienen ninguna conexión positiva con Dios, quien tiene el poder para salvar. Como Jesús le dijo a Nicodemo: “El que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18). Todos los seres humanos han pecado (Romanos 3:23), y “la pa- ga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). Por eso los que nunca res- pondieron a la oferta divina de salvación sencillamente mueren la muerte eterna, así como los reclusos en la fila de la muerte no son considerados para una demora en la ejecución a menos que apelen al gobernador.

¿Por qué el cuerno pequeño no sería automáticamente condenado sin reunir antes un tribunal celestial que se tome el trabajo de abrir sus actos para ser inspeccionados? Aunque el cuerno pequeño ejerce una fuerza coercitiva contra el pueblo de Dios como lo han hecho otros poderes humanos (ver Daniel 7:25; 8:24; y comparar, por ejem- plo, con Daniel 3:6), la situación difiere porque las pretensiones del cuerno pequeño trascienden la política secular (ver Daniel 7:24). Es

un poder religioso. Esto se muestra en el hecho de que “pensará en cambiar los tiempos y la ley” (Daniel 7:25), es decir, la ley del pacto de Dios (incluyendo el tiempo sagrado) y la adoración.

El cuerno pequeño entra bajo el juicio previo al advenimiento porque pretende tener una conexión con Dios. Por lo tanto, lo que representa afecta la reputación de Dios en el mundo, así como las ac- tividades ilegales de un coronel del ejército norteamericano afecta- ron adversamente la reputación de su presidente, bajo cuya adminis- tración estaba actuando. A fin de dar al pueblo un cuadro exacto de su carácter, Dios debe mostrar su relación verdadera con el cuerno pequeño.

Por la misma razón, Dios necesitaba condenar a los antiguos is- raelitas y a los extranjeros que vivían dentro de las fronteras de Is- rael que pertenecían a la comunidad del pacto, pero que contamina- ban su reputación cuando adoraban a Moloc (Levítico 20:3) o des- cuidaban voluntariamente sus provisiones para purificarse de la contaminación con muertos (Números 19:13, 20). Estas “transgresio- nes” (pecados de rebeldía) nunca eran perdonadas mediante el sis- tema israelita de sacrificios. Tenían que ser eliminadas del santuario israelita el Día de la Expiación junto con los pecados perdona- bles/perdonados (Levítico 16:16). Aunque la eliminación de estos úl- timos pecados del santuario beneficiaba a los pecadores perdonados con la purificación/vindicación moral (versículo 30), la eliminación de las transgresiones sólo beneficiaba a Dios. Los pecadores rebeldes no tenían parte en el juicio del Día de la Expiación en el sentido de recibir su beneficio, sino quedaban irremediablemente condenados. 1

Significativamente, el cuerno pequeño comete “transgresiones /pecados de rebelión” (persa; Daniel 8:12, 13, el mismo término he-

breo como en Lev. 16:16). Por esto es condenado por medio del juicio (Daniel 7:11, 22) aun cuando el santuario/reputación de Dios es pu- rificado/vindicado (Daniel 8:14). De modo que el cuerno pequeño se ajusta al perfil de los pecadores rebeldes en la comunidad divina del pacto quienes no reciben el beneficio de la vindicación en el Día de la Expiación. 2

En el antiguo Israel, la contaminación más severa del santuario /templo ocurría cuando los rebeldes contra Dios introducían objetos

de culto extraño en el santuario mismo, como hizo el rey apóstata Manasés: “Y puso una imagen de Asera que él había hecho, en la ca- sa de la cual Jehová había dicho a David y a Salomón su hijo: Yo pondré mi nombre para siempre en esta casa, y en Jerusalén a la cual escogí de todas las tribus de Israel” (2 Reyes 21:7; comparar con Eze- quiel 8). El hecho de que el buen rey Josías más tarde tuvo que orde- nar a los levitas que pusieran “el arca santa en la casa que edificó Sa- lomón hijo de David, rey de Israel” (2 Crónicas 35:3) sugiere que Manasés había sacado el arca del pacto del Lugar Santísimo y la ha- bía reemplazado con un símbolo idolátrico o imagen de Asera, una diosa pagana de la fertilidad. 3

En una escala mayor que en los días de Manasés y Josías, el tem- plo celestial de Dios necesitaría “ser justificado” (Daniel 8:14) des- pués que el cuerno pequeño pusiera una “prevaricación asoladora” en lugar de la verdadera adoración (vers. 11-13) e impidiera a la gen- te que adorara en forma adecuada y regular (Apocalipsis 11:2, 3 dice que hollarán el patio que está fuera del templo).

“El ‘cuerno pequeño’ es específicamente culpable porque no sólo deja de tomar en cuenta parte del sistema divino de sacrificios (com- parar con Números 19:13, 20) sino que participa de un sistema alter- nativo (comparar con Lev. 20:3); quita parte del sistema de Dios, es decir, la ‘regularidad’ (llamada el ‘diario’ o ‘continuo’), y establece un sistema alternativo (Daniel 8:11-13; 11:31; 12:11). De este modo el cuerno caería bajo la jurisdicción de un tribunal que repasa su situa- ción respecto del pacto”. 4

Otra vez, nuestra identificación del cuerno pequeño como la Igle- sia de Roma (en vez de Antíoco IV Epífanes, que era un gobernante pagano) se ajusta perfectamente: Esta iglesia es un poder cristiano profeso que pretende tener una conexión con Cristo pero niega su ministerio celestial al sustituir un confesional, un sacrificio (la misa), y un sacerdocio terrenal. 5 La Iglesia de Roma se desarrolló a partir

de una iglesia cristiana primitiva originalmente fiel, de modo que puede pretender un vínculo no interrumpido con los apóstoles. Sin embargo, trágicamente, se apartó de la adoración pura autorizada por el verdadero Dios, así como generaciones de antiguos israelitas apostataron y se apartaron a diversas formas de idolatría, incluyen-

do la mezcla de verdadera adoración con prácticas paganas (ver los libros de Jueces, Reyes y Crónicas).

Cuando el pueblo de Dios se apartó de él, especialmente al seguir su hipócrita profesión de fe, mancharon la reputación de Dios. Y su reputación de amor, incluyendo la justicia y la misericordia, es vital porque los seres humanos son atraídos a él y la salvación que ofrece sólo en la medida que el carácter de Dios los atrae. Si estas personas ven que el pueblo de Dios tiene poca diferencia con los demás, y tal vez en algunas formas es peor que ellos (compare Jueces 19 con Gé- nesis 19), ¿por qué deberían esperar que una conexión de pacto con Dios les ayudaría?

En Daniel 7 y 8, el cuerno pequeño actúa como un intruso que tra- ta de asumir, en forma hostil y corporativa, el pacto de Dios y las bendiciones que van con él. Sin embargo, el juicio del tribunal celes- tial le quita el dominio y se lo entrega al santo pueblo de Dios (7:26, 27). Dios da este premio a su pueblo porque ellos le pertenecen. “Los mansos [...] recibirán la tierra por heredad” (Mateo 5:5; comparar con Salmo 37:11) por la misma razón que Canaán fue prometida a Abrahán: porque tenía una relación de pacto con él.

El anticristo

En el siglo XVI, los Reformadores llegaron a la conclusión de que el cuerno pequeño simbolizaba a la Iglesia de Roma. Los contrarre- formadores intentaron desviar esta evaluación negativa de su iglesia en dos direcciones posibles: los preteristas dijeron que las profecías del cuerno pequeño se cumplieron antes de que existiera la iglesia, en el tiempo y la persona de Antíoco IV Epífanes. Y los futuristas empujaron el cumplimiento de estas profecías para mucho más tar- de, a un “anticristo” que todavía no había aparecido. No importaba que los puntos de vista de los contrarreformadores fueran contradic- torios; ofrecían una distracción, como en las historias. Algunos ami- gos del “hombre malo” decían que él se había ido, y apuntaban en una dirección, y otros decían: No, él se fue en esa otra dirección y señalaban la dirección contraria.

El preterismo y el futurismo son enfoques que se excluyen mu- tuamente. Ninguno de ellos se ajusta a los datos del texto bíblico.

Con respecto al preterismo, hemos encontrado que Antíoco IV Epí- fanes no se ajusta adecuadamente al perfil del cuerno pequeño: Aunque hay algunas similitudes, Antíoco vivió en el tiempo y lugar incorrectos, y su actuación no se ajusta al panorama de lo que haría el cuerno pequeño (ver el capítulo 10).

Aquí hay un par de dificultades importantes para el concepto fu- turista:

1. Daniel describe al cuerno pequeño que surge durante la divi- sión del Imperio Romano, que ocurrió en el siglo V d.C. (ver más arriba). Desde nuestra perspectiva, esto es historia, no algo todavía futuro.

2. En Daniel 7, un poder sigue en los pasos de otro. No hay gran- des espacios vacíos entre los imperios profetizados y el cuerno pe- queño. Este es contemporáneo de otros poderes que siguieron a Ro- ma, como lo muestra el hecho de que varios de ellos caen delante del cuerno pequeño durante el tiempo en que él está surgiendo (ver arriba).

3. La Escritura indica que el cristianismo no fue protegido del an- ticristo hasta algún tiempo en el futuro; ya ha experimentado un an- ticristo. En 1 Juan 4 se nos dice lo que significa ser “anticristo”:

“En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo” (vers. 2, 3).

No es suficiente que creamos que Jesús es humano, o por otro la- do, que él es divino. Es vital que aceptemos que él vino de Dios en la carne, lo que significa que él es divino-humano, porque sólo si él tie- ne esta combinación puede servir como puente o escalera entre los seres humanos caídos y mortales, y el Dios puro y santo (comparar con Juan 1:51). Sólo un Ser divino-humano puede mediar como nues- tro sumo sacerdote de la línea real de Melquisedec, que tiene pleno acceso a Dios, y que “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15).

Hay más de una manera de ser un “anticristo”. Uno puede negar explícitamente la divinidad de Jesús o su humanidad. O se puede

negar implícitamente “que Jesús vino en carne” al negar lo que su misión divino-humana realizó al establecer un sacrificio terrenal continuo en lugar de su sacrificio “de una vez para siempre” (He- breos 9:28) y poniendo en lugar de su sacerdocio celestial plenamen- te suficiente (Hebreos 4:14-16; 6:19 a 10:25) un sacerdocio humano que pretende en forma blasfema perdonar los pecados.

Hemos identificado al cuerno pequeño como la Iglesia de Roma no por causa de alguna clase de prejuicio previo, sino sencillamente al seguir la evidencia que hay en la Biblia, y al reconocer la forma notablemente exacta en la que se han cumplido las profecías de Da- niel. Estas predicciones son claramente divinas, pues Dios procura revelar su carácter y el camino de salvación mediante Cristo, adver- tirnos acerca de los peligros espirituales, y aseguramos que él nos salvará si le somos fieles.

Al implicar a la Iglesia de Roma, la Biblia ha señalado un sistema institucional de jerarquías, ritos y dogmas que es contrario a Dios. Sin embargo, esto de ningún modo excluye de la salvación definitiva a todos los miembros de esa iglesia. 6 Jesús dijo: “También tengo

otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor” (Juan 10:16; comparar con Apocalipsis 18:4, donde Dios llama a su pueblo a salir de la “Babi-

lonia” del tiempo del fin, el equivalente del Apocalipsis del cuerno pequeño de Daniel). A lo largo de los siglos, muchas personas mara- villosas pertenecieron a la Iglesia de Roma. Su sinceridad, su espiri- tualidad, su vida sacrificada por Cristo, y su servicio abnegado por otros son una fuente de inspiración para todos los cristianos. Ojalá todos nosotros fuéramos tan dedicados como lo fue la Madre Teresa, la monja albanesa que dio su vida por la resaca humana de Calcuta.

Referencias

1 Roy Gane, Altar Call, pp. 210-215; Roy Gane, Leviticus, Numbers, pp. 281, 282, 166-

368. Para más detalles, ver Roy Gane, Cult and Character, pp. 144-151, 154-156, 162,

2 Ver Roy Gane, “Judgment as Covenant Review”, Journal of the Adventist Theological Society 8 (1997): pp. 190, 191.

3 Cuando Manasés hizo esto y otras clases de abominaciones, él quebrantó el pacto

entre Dios e Israel tan seriamente que el exilio de su pueblo fue inevitable desde ese tiempo en adelante (2 Rey. 23:26, 27; ver Roy Gane, “The End of the Israelite Mo- narchy”, Journal of the Adventist Theological Society 10 [1999], pp. 344, 345, 348-350). 4 Gane, “Judgment as Covenant Review”, p. 191.

5 Compare William H. Shea, Selected Studies on Prophetic Interpretation, Daniel and

Revelation Committee Series 1, p. 145; Gerhard Pfandl, Daniel: The Seer of Babylon,

pp. 80- 82.

C

A P Í T U L O

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Juzgados por no elegir al