Palante es presentado en el octavo canto de la obra, durante la llegada de Eneas y su comitiva a la ciudad de Palanteo, en busca de aliados para su empresa bélica. Allí,
349 Barchiesi 1984, 60-61: “…due personaggi fatti a specchio di un unico modello: giovani valorosi
bellissimi (…) e segnati da un destino avverso: opposti solo dall’appartenenza a due eserciti nemici e (implicitamente) dalla presenza di due figure paterne molto diverse fra loro. Anche quest’ultimo tratto è da ricordare: Pallante e Lauso sono gli unici affetti di due padri che vorrebbero proteggerli, e non potranno farlo”.
350 La Fico Guzzo 2005, 261, sostiene que las aristeias de Palante y Lauso funcionan como el panel central
mediante una serie de apariciones fugaces desperdigadas en el transcurso de la trama argumental, el lector recibe las primeras impresiones sobre el personaje, plurales y diversas, aunque aunadas en torno a un rasgo común: la juventud, leitmotiv en su caracterización.
En la Eneida, la línea familiar de los Árcades se limita a dos figuras: Evandro, un anciano debilitado por el peso de los años, y Palante, su hijo, aún demasiado joven, según las palabras del rey que lo califican como un placer tardío en su vida351. No casualmente Virgilio recurre a filius al introducirlo en la obra (…Pallas huic filius una en Aen. 8.104)352, para enfatizar la dependencia con su progenitor y destacar, en consecuencia, su juventud. Esta particular constitución familiar señala la vulnerabilidad de los árcades.
Después de detallar la relación de parentesco, la obra refiere el momento en que los ciudadanos vislumbran a los hombres de Eneas en el río. Entonces, los versos dedicados a Palante resaltan otra característica sistemáticamente referida a la juventud virgiliana: la temeridad. La sorpresiva llegada de la flota troyana encuentra al pueblo sumido en una celebración religiosa a cielo abierto, motivo por el cual todos son capaces de contemplar el lento avance de las naves. Frente a esta imagen, la mayoría de los ciudadanos se espanta y piensa en huir:
ut celsas uidere rates atque inter opacum adlabi nemus et tacitos incumbere remis, terrentur uisu subito cunctique relictis consurgunt mensis…
(Aen. 8.107-110). En cambio, demostrando la osadía propia de un intrépido joven, Palante reprende a sus hombres por la interrupción de las festividades y se dirige, altivo, a Eneas:
…audax quos rumpere Pallas sacra uetat raptoque uolat telo obuius ipse, et procul e tumulo: ‘iuuenes, quae causa subegit ignotas temptare uias? quo tenditis?’ inquit.
‘qui genus? unde domo? pacemne huc fertis an arma?’
(Aen. 8.110-114).
351…mea sola et sera uoluptas (Aen. 8.581). Elftmann 1979, 175-176 hace un relevamiento de los términos
utilizados por Virgilio para denotar la edad de sus personajes, de donde extrae la preeminencia de palabras relacionadas con los extremos de la vida, juventud y senectud, en contraposición con la significativa escasez de léxico vinculado con la adultez. Según el autor, esta merma resulta de la igualmente limitada participación de personajes maduros en la Eneida.
Los dos adjetivos que se adjuntan a Palante en esta oportunidad, audax y obuius, son tan significativos como el primer atributo, filius, porque connotan su juventud a través de uno de sus rasgos propios: la temeridad. Audax es un término problemático: su sentido positivo (“Daring, bold, confident”) suele mezclarse con acepciones negativas (“Audacious, presumptuous, reckless, rash”)353. Por su parte, obuius tambiénsuele tener
un matiz adverso: “Situated or moving so as to confront (an advancing enemy, danger, etc.) (…) moving against, opposed in direction”354. Los dos adjetivos otorgan a Palante
un carácter complejo, imprudente, que se corrobora en el relato de sus hazañas heroicas en el décimo canto.
De todos modos, la característica prominente en las primeras apariciones de Palante es su condición de educando. Por ser joven, dependiente de su progenitor y temerario, Palante requiere la guía de los mayores para incorporarse adecuadamente en el mundo adulto. Esta situación se ratifica en la decisión de Evandro de entregarlo a Eneas como acompañante en su empresa heroica:
hunc tibi praeterea, spes et solacia nostri, Pallanta adiungam; sub te tolerare magistro
militiam et graue Martis opus, tua cernere facta adsuescat, primis et te miretur ab annis.
(Aen. 8.514-517). Las palabras del anciano manifiestan el carácter dependiente de Palante, quien, siendo muy joven (el sintagma ab primis annis sugiere que se encuentra en edad de iniciarse marcialmente), se subordina a una figura de autoridad, que ya no es su padre, sino un maestro, Eneas355, pues, en esta instancia de la obra, el héroe demuestra una mayor
353OLD, 207-208. Cf. también su entrada en la EV, a cargo de Bianco 1984, 395: “È l’epiteto di Turno (…),
dell’eroe fiero e ostinato, che non si rassegna alla ingenerosità della propria sorte, per essere stato assegnato dal fato, nel suo disegno provvidenziale, a un destino di morte. Per questo audax è anche l’epiteto di Pallante
(E 8, 110), dell’eroe adolescente, atteso, al pari di Turno, da un destino di sventura: perché anche la sua
virtus (…) è sine fortuna…”
354OLD, 1231.
355 Benario 1967, 25, Lyne 1987, 156, Gross 2003, 146, Fratantuono 2004, 860 y Rogerson 2017, 193-200,
ven a Eneas como una figura paterna para Palante, alejándose de Otis 1964, 361, quien niega la existencia de un vínculo profundo entre los dos personajes, debido a la escasez de escenas en común (punto también defendido por Lyne, 1987). O’Sullivan 2009, 472, extiende la interpretación de los primeros críticos, al sostener que Eneas asume un papel paterno incluso frente a Lauso. En cambio, Gillis 1983, 53-83, Putnam 1985, 6-17 y Lloyd 1999, 16-21 leen la relación entre los dos personajes en clave homoerótica. Reed 2007, 26-27 modera estas interpretaciones, al insistir en la ausencia de indicios explícitos que sustenten tal relación entre los personajes. Por su parte, Wilson 1969, 72 considera que la relación entre Eneas y Palante “…is more on the lines of a Roman contubernium (a kind of military apprenticeship)”.
capacidad conductora356. Palante debe aprender el arte de la guerra, según los términos del procedimiento educativo de la imitatio, basado en el reconocimiento de los modelos de conducta consagrados, para aproximarse a ellos y, en la medida de lo posible, superarlos357. La incorporación en el viaje busca familiarizarlo con las acciones heroicas de Eneas, a través del relato de sus glorias pasadas y la observación de sus proezas futuras. La permeabilidad del joven para encarar la imitación se sustenta en la capacidad del maestro de estimularlo, ofreciendo un modelo admirable, como sugiere la presencia de
miror en el discurso de Evandro (…primis et te miretur ab annis en Aen. 8.517)358. La determinación del rey de los Árcades se sostiene en el deseo de repetir su propia experiencia formativa, que también dependió de un sentimiento de admiración despertado por un grupo de troyanos mayores de edad, entre quienes se destacaba Anquises359:
tum mihi prima genas uestibat flore iuuentas,
mirabarque duces Teucros, mirabar et ipsum Laomedontiaden; sed cunctis altior ibat Anchises…
(Aen. 8.160-163). Los dos fragmentos se estructuran en torno al mismo verbo –miror–, representando
el modelo educativo de Palante como una continuación del de su padre. Asimismo, también Eneas actualiza este paradigma educativo, pues, en el relato de su estadía en las tierras de Evandro, la voz autoral detalla el sentimiento de éxtasis que lo invade ante los relatos de las hazañas de viejos héroes y las imágenes del pueblo árcade:
…ibat rex obsitus aeuo, et comitem Aenean iuxta natumque tenebat ingrediens uarioque uiam sermone leuabat.
miratur facilisque oculos fert omnia circum
Aeneas, capiturque locis et singula laetus
exquiritque auditque uirum monimenta priorum.
356 En particular, en relación con algunos momentos previos de debilidad, como su deseo manifiesto de
haber perecido en Troya. Por otra parte, la muerte de Anquises obliga a Eneas a asumir el papel de pater
familias, con todas sus responsabilidades, como vimos en el capítulo “La juventud virgiliana”.
357 Esta estrategia pedagógica, a la cual ya nos hemos referido en el apartado “La relevancia del intercambio
generacional” del capítulo “La juventud virgiliana”, se explicita en la alocución dirigida a Ascanio en el duodécimo canto (Aen. 12.435-440).
358Miror abarca acepciones como “To look with wonder or awe (…) To hold in awe, admire, revere” (OLD,
1115).
359 Este tema es trabajado por Lloyd (1999), quien sostiene que la relación entre Evandro y Anquises tuvo
un tono homoerótico, en tanto “…when Anchises visited, he himself was at that special age for young men when they are most attractive to prospective lovers” (Lloyd 1999, 7).
(Aen. 8.307-312). La configuración de Eneas como un héroe en formación (casi equiparable a Palante) podría socavar su madurez y su aptitud para emprender la tarea fatídicamente asignada. No obstante, su interés por las historias uirum priorum manifiesta respeto por las tradiciones de las tierras que pretende gobernar y un deseo de adquirir conocimientos enriquecedores, contribuyendo, en consecuencia, a una caracterización positiva. Además, su ubicación en un espacio intermedio como dispensador y receptor de conocimientos actualiza la imagen tópica de la Eneida, que lo encuentra cargando a su padre y a su hijo fuera de la ciudad de Troya, oficiando de eslabón entre un pasado que es necesario mantener y un futuro que es menester defender (y educar). Eneas, una vez más, articula dos tiempos diversos, al menos en la teoría; la práctica, veremos a continuación, revela algunos problemas.
Volviendo a Palante, su inclusión en la travesía fluvial de regreso a las tierras de Latino confirma su inmadurez, porque se inscribe en un motivo de la literatura universal con claros matices formativos: el viaje. Los viajes educan a los jóvenes, les permiten ganar experiencia. El viaje es el alejamiento del lugar conocido, de las comodidades hogareñas; implica el enfrentamiento con un mundo extraño, el potencial peligro, la necesidad de crecer para afrontar las dificultades surgidas en el camino360. Todos estos elementos le otorgan su pleno sentido iniciático y contribuyen a convertirlo en un componente indispensable en la construcción del personaje de Palante.
A su vez, la inmadurez del joven se manifiesta en su avidez educativa, plasmada en la escena donde se lo representa interrogando a Eneas en la cubierta de la nave:
hic magnus sedet Aeneas secumque uolutat euentus belli uarios, Pallasque sinistro adfixus lateri iam quaerit sidera, opacae noctis iter, iam quae passus terraque marique.
(Aen. 10.159-162). La inserción de este breve cuadro inmediatamente antes de la alocución a las Musas, que inaugura el catálogo de las fuerzas de Eneas, demuestra la relevancia de la educación en la caracterización de Palante. Los contenidos de las demandas del joven incluyen
360 Cirlot 1992, 459-460: “Desde el punto de vista espiritual, el viaje no es nunca la mera traslación en el
espacio, sino la tensión de búsqueda y de cambio que determina el movimiento y la experiencia que se deriva del mismo”. Sobre este tema, ver el artículo de Florio (1999).
cuestiones abstractas (los astros), preocupaciones concretas (el trazado del camino en medio de una noche oscura) y datos acerca de los sucesos vividos por el héroe. Dentro de este último grupo podrían agruparse las enseñanzas marciales que Eneas pudo, o no, haber impartido, pues en la obra no consta que el héroe haya, efectivamente, educado a Palante361. De hecho, el fragmento cuestiona la atención que el protagonista dispensa a las preguntas del joven, al plantear que, en ese momento, sopesaba en su mente varios asuntos relativos a la guerra362.
En contraposición con la aparente ausencia de intercambio educativo establecida con Eneas, en la obra se refiere una instancia formativa previa en la vida de Palante, cuando Evandro, entristecido, lamenta el infortunio de su hijo363:
‘non haec, o Palla, dederas promissa parenti, cautius ut saeuo uelles te credere Marti.
haud ignarus eram quantum noua gloria in armis et praedulce decus primo certamine posset. primitiae iuuenis miserae bellique propinqui dura rudimenta…
(Aen. 11.152-157).
361 La ausencia de un intercambio didáctico, que supone cierta negligencia por parte de Eneas, podría
poseer, como subtexto, el episodio de Dédalo e Ícaro, si mantenemos, como Putnam 1998, 78-79, que: “By swimming free of danger toward northern cold he followed the proper procedures for survival, but his child, Icarus, either was not taught or at least was not able to practice them”.
362 Lyne distingue este episodio como uno de los momentos en que, en lugar de caracterizar a Eneas
positivamente, Virgilio recurre al silencio (Lyne 1987, 56: “…at key moments Vergil’s invention provokingly includes silence”). El autor observa una sub-caracterización del protagonista en sus relaciones
con otros personajes, por el empleo de un recurso de interrupción, al que denomina “cut-off technique” (Lyne 1987, 146 y 179), y comenta sobre este episodio: “Pallas ‘asks’, Aeneas ‘ponders’. Pallas makes the overture (…) And Aeneas? He ponders. One recalls his pensiveness at Pallanteum. It seems clear that in both scenes it is because of Aeneas, and not because of disinclination or inability on Vergil’s part, that characterizing conversation fails to develop” (Lyne 1987, 159). La teoría de Lyne se basa en los tempranos aportes de Clausen 1964, 142, donde se refiere a Eneas como “…a strangely inarticulate hero…”, y el artículo de Feeney (1983) “The Taciturnity of Aeneas”, ambos refutados por Espino (2011). También Block 1980, 142 sostiene: “…the relationship of Aeneas and Pallas seems to involve no emotion whatsoever until after Pallas’ death”. Petrini 1997, 71-75, sostiene que la falta de desarrollo en la relación de las dos figuras es el punto que dificulta la comprensión de la acción final de Eneas en la obra. En el mismo orden interpretativo, es muy interesante la lectura de Putnam 1985, 13, que aproxima las figuras de Palante y Dido: “In a way his deadly wound, like Dido’s, was caused by Aeneas’ inattention, this time to the youth’s activities on the battlefield”. Ver también Gransden 1984, 92-93: “Virgil transforms this relationship into the embodiment of an abstraction, deeply felt, morally serious, and with no touch of Homer’s sense of familiarity and background. Compared with the characters in the Iliad, Aeneas and Pallas have no past, they share nothing, their lives together begin in book VIII and end in book XI”.
363 Lyne 1987, 160 trabaja sobre el contraste entre la caracterización del vínculo entre Palante / Eneas y
Palante / Evandro: “Aeneas may not be greatly characterized in relation to Pallas, but Evander is (…) Evander had asked Pallas to do what he surely knew Pallas could not possibly do (namely ‘fight warily’), and Pallas had agreed knowing that he could not and would not. That is the comforting, self-deluding kind of conspiracy that happens between parents and sons on the eve of every wat. Suddenly we have a real insight into a human relationship…”
Al recuperar el recuerdo de esta promesa, Evandro presenta los contenidos de un discurso didáctico: la necesidad de comportarse con cuidado en la guerra. El anciano rey lamenta que su hijo se haya dejado llevar por el ansia de gloria (tema sobre el que volveremos) y el ímpetu de las primeras batallas y reconoce la ferocidad de su primera experiencia364. Además, el término rudimenta manifiesta el carácter iniciático de la participación de Palante en la guerra365, resaltando también su inmadurez.
Un ajustado resumen de las nociones desarrolladas hasta este punto puede apreciarse en un fragmento posterior del canto décimo, donde Palante (nuevamente impertérrito, como en los versos de Aen. 8.110-114) arenga a sus hombres a no desanimarse frente a la adversidad de la batalla:
…per uos et fortia facta, per ducis Euandri nomen deuictaque bella
spemque meam, patriae quae nunc subit aemula laudi, fidite ne pedibus…
(Aen. 10.369-372). Si bien estos versos presentan un joven brioso, capaz asumir el control del ejército, su inmadurez vuelve a aflorar en su condición de educando deseoso de emular las antiguas hazañas de Evandro366. Asimismo, la mención al rey árcade cuestiona sutilmente la participación de Eneas en la formación del joven, pues este no lo incluye entre sus referentes367. La explicación de esta elisión podría depender de una estrategia de Palante, para animar a sus hombres con una alusión a su rey, que los sensibilice y a la vez despierte un sentimiento patriótico. No obstante, la ausencia de Eneas no deja de ser un fenómeno particular.