AN EVOLUTIONARY APPROACH TO TEXT CLASSIFICATION
8.1 TOGA : A Text-Oriented Genetic Algorithm
Se solicitaron las siguientes pruebas:
· TAC Toraco-abdominal: múltiples adenomegalias retroperitoneales, retrocrurales en el territorio del ligamento gastrohepático e inguinales. Proceso linfoproliferativo.
· Aspirado de médula ósea: afectación difusa por síndrome linfoproliferativo cuya morfología es compatible con linfoma linfoplasmocítico y macroglobulinemia de Waldenström. · Biopsia médula ósea: infiltración difusa y extensa a todo el espacio medular por cuadro
linfoproliferativo. Celularidad linfoide de pequeña talla, escaso citoplasma y núcleos redondeados o ligeramente hendidos CD20 positivos. Conservación hematopoyética en la muestra de aproximadamente un 10%. Infiltración medular difusa por proceso linfoproli- ferativo B.
· Inmunofenotipo: linfocitosis (70%) con bajos índices de dispersión de luz, que correspon- de en un 64% a elementos B maduros (CD19+, CD20+, CD22+, CD79b+, CD10-, CD34-) clonales (expresión moderada de Inmunoglobulinas, restricción Kappa) negativos para CD5, CD23, CD10, CD123, CD11c y positivos para CD25 y citología IgM.
Dada la ausencia de clínica y la presencia de infiltración de la médula ósea podemos descartar cuadros como el MM y la GMSI. Y gracias a las características del fenotipo (CD20+, CD25+, CD5-, CD23-) y a la citogenética normal descartaríamos el linfoma del manto y el de la zona esplénica marginal así como también la LLC.
2.5. ¿Cual sería el diagnóstico definitivo?
Macroglobulinemia de Waldenström.
2.6. Evolución
Con el diagnostico de Macroglobulinemia de Waldenström se programan 6 ciclos de quimiote- rapia con el esquema DRC (Dexametasona- Rituximab- Ciclofosfamida) cada 21 días. Ingresa para recibir la primera dosis de tratamiento y tras finalizarla el paciente presenta un pico febril de 39.9 ºC que cede tras administración de antipiréticos, sin clínica acompañante. Tras 12 horas en observación sin volver a presentar picos febriles y con buen estado general se le indica el alta hospitalaria.
3. DISCUSIÓN
La MW es una patología rara, tiene una incidencia total aproximada de 3 personas por millón y año. Representa el 2% de todas las neoplasias hematológicas en población caucásica y solo el 6% de las enfermedades linfoproliferativas de células B. La supervivencia media de esta enfermedad es de unos 5 años. Aparece habitualmente en hombres a partir de la séptima déca- da de la vida y no existe un tratamiento curativo, por lo que éste debe estar dirigido al alivio de los síntomas.
La sintomatología que se produce se debe a tres fenómenos. En primer lugar, al crecimiento tumoral (síndrome constitucional, citopenias e infiltración de múltiples órganos: riñón, pulmón, piel, tracto gastrointestinal). En segundo lugar, la paraproteína monoclonal puede producir sín- drome de hiperviscosidad con posible afectación del sistema nervioso central, manifestaciones cardiacas, hemorragia y enfermedad por crioglobulinemia. Por último, debido a la actividad de anticuerpos y la interacción con otras proteínas son posibles trastornos en la agregación pla- quetaria y disfunción de factores de coagulación con hemorragias, trombosis por anticoagu- lante lúpico, síndrome por aglutininas frías e inmunosupresión por alteración del sistema de complemento.
La etiología de esta enfermedad es desconocida, pero no se puede descartar un posible defecto genético pues se ha podido establecer un diagnóstico más temprano y con mayor compromiso de la médula ósea en pacientes con historia familiar de MW. Algunos estudios apuntan a una posible deleción en el cromosoma 6q21-22.1, que aunque no es específica de la MW, sugieren que los pacientes que la presentan cursan con una enfermedad de evolución más agresiva y menor supervivencia. Sin embargo casi el 50% de los pacientes presentan la traslocación
t(9;14)(p13q32) que implica al gen regulador PAX-5, el cual codifica para un factor de trans- cripción específico involucrado en la proliferación y la diferenciación de las células B.
El índice pronóstico internacional para la WM (ISSMW), incluye, como factores de mal pronós- tico presentes en el momento del diagnóstico, la edad avanzada, valores altos de beta 2-micro- globulina, anemia (hemoglobina ≤ 11,5 g/dl), trombocitopenia (≤ 100 plaquetas × 103/mm3) y valores séricos de IgM superiores a 7 g/dL. Los pacientes con mejor pronóstico son aquellos que al diagnóstico están asintomáticos, presentan hemoglobina mayor o igual a 12 g/dL y beta 2- microglobulina en límites normales; en estos pacientes no es necesario iniciar tratamiento ni ante valores de IgM monoclonal muy elevados, salvo que presenten expresión clínica de hiper- viscosidad.
En la gran mayoría de los casos, la enfermedad se controla al disminuir la cantidad de IgM cir- culante (plasmaféresis) y al inhibir el crecimiento tumoral mediante el uso de fármacos entre los que se incluyen análogos de nucleósidos, agentes alquilantes y rituximab utilizados en combinación o en monoterapia. No está definida con suficiente claridad la combinación más efectiva (evidencia de eficacia IIa, nivel de recomendación B). El esquema combinado de pri- mera elección debe contener rituximab. Cuando se necesita un rápido control de la enferme- dad, la inclusión de ciclofosfamida podría ser ventajosa. A largo plazo, sin embargo, la MW suele progresar y mostrarse refractaria al tratamiento, lo que constituye, junto a las segundas neoplasias y las infecciones, una de las principales causas de fallecimiento de estos pacientes.
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