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El término “turismo” es un término no exento de imprecisión en su significado, a pesar de su valor universal o, quizás, precisamente como consecuencia de su uso generalizado e indiscriminado. No existe una definición absoluta del término “turismo”. El turismo debe observarse en relación con una serie de conceptos afines: ocio o recreo, tiempo libre y viajes.

Dichas definiciones pueden ser clasificadas como conceptuales, cuando tratan de describir lo que es el turismo, o técnicas, cuando permiten medir el valor y volumen del turismo.

Las definiciones de turismo se pueden plantear desde dos perspectivas: del lado de la oferta o del lado de la demanda. En el lado de la oferta, Leiper (1990) define el turismo como un

modelo que se puede considerar como una gama de individuos, negocios, organizaciones y lugares que se combinan de alguna manera para ofrecer una experiencia de viaje.

Krippendorf (1999) considera el turismo una industria que incluye agencias de viajes, empresas de transporte, contratistas de catering y entretenimiento, constructores de segundas viviendas y caravanas, fabricantes de equipos para campings y caravanas, asesores de planificación, casinos, bancos, compañías de seguros…etc.

En el lado de la demanda, (Ryan (1995) en Bowen, (2001)) afirma que el turismo se refiere a las experiencias vividas en diferentes lugares y la interacción que se desarrolla en esos destinos.

Pearce ((1982) en Swarbrooke et al., (2003)) define el turismo como las relaciones y los acontecimientos que suceden en los viajes de ocio y recreo.

Davidson (2001) afirma que el turismo del ocio y la recreación está compuesto por personas que viajan por vacaciones, acontecimientos deportivos o culturales, para visitar a amigos o parientes, negocios, educación, religión y salud (Tesis doctoral de Javier de Esteban Curiel, 2007).

Santana Talavera (2003b) entiende, siguiendo las definiciones de Mathieson y Wall (1982), que el turismo es el movimiento de gente a destinos fuera de su lugar habitual de trabajo y residencia, las actividades realizadas durante su estancia en estos destinos y los servicios creados para atender sus necesidades.

Ascanio (2004) entiende por turismo el “fenómeno socioeconómico y cultural, provocado por forasteros que al visitar voluntariamente una localidad sin propósitos inmediatos de lucro, canjean los consumos materiales y culturales que ahí realizan, por productos equivalentes generados en la comunidad en que radican.”

Para la Organización Mundial de Turismo, OMT, el turismo comprende las actividades que realizan las personas durante sus viajes y estancias en lugares distintos a su entorno habitual, por un periodo de tiempo consecutivo inferior a un año, con fines de ocio, por negocios y otros.

La sociedad de turismo del Reino Unido lo define como “la circulación de personas en corto plazo a destinos distintos a los que normalmente viven y trabajan, y las actividades que realizan durante su estancia en estos lugares” (Richards, 1996a).

Para Vera (1997) el turismo es, sobre todo, una práctica social de naturaleza espacial que es generadora de actividades económicas y que ha dejado de ser marginal para convertirse en estructural. De hecho, se ha proyectado sobre las diversas dimensiones del conjunto de la sociedad a pesar de los contrastes entre los países y entre los grupos sociales de los mismos.

La definición clásica más ampliamente aceptada es la que formularon los profesores Hunziker y Krapf en 1942, y que fue adoptada por la Asociación Internacional de Expertos Científicos en Turismo (AIEST): turismo es el conjunto de las relaciones y fenómenos producidos por el desplazamiento y permanencia de personas fuera de su lugar de domicilio, en tanto que dichos desplazamientos y permanencias no estén motivados por una actividad lucrativa.

Basándonos en Fernández Fuster (1967) (tomada de Grande Torraleja et al, 2005), el turismo es, por un lado, el conjunto de turistas, que cada vez son más numerosos; por otro lado, son los fenómenos y relaciones que esta masa produce a consecuencia de sus viajes. Turismo es todo el equipo receptor de hoteles, agencias de viajes, transporte, espectáculos, guías- interpretes, etc., que el núcleo (turístico) debe habilitar para atender a las corrientes turísticas que lo invade. Turismo son las organizaciones privadas o publicas que surgen para fomentar la infraestructura y la expansión del núcleo; las campañas de propaganda que hay que planear, ejecutar y difundir; la creación de oficinas de información; la creación de escuelas para la enseñanza de turismo; el estudio de turismo para deducir las líneas generales de la política a seguir; la promoción del turismo social. También es turismo los efectos negativos o positivos que se producen en las poblaciones receptoras (económicos, ambientales, sociales…) por el “contagio” de los extranjeros y dentro de estos últimos, y el que a su vez se produce por el de estas poblaciones con las próximas, aunque estas últimas no reciban turistas, y para terminar esta lista, no limitativa, turismo es también, por paradoja, el efecto que se produce en un núcleo receptor cuando se corta la afluencia turística. Es decir, que pueden darse efectos turísticos negativos sin turistas.

Cala (2003) hace una clasificación económica, netamente monetaria, del concepto turismo, entendiendo por turismo “global” o “comercial” las ganancias que generan las cadenas hoteleras, pues el grueso del dinero que los turistas pagan se va fuera de la región, dejando en los bolsillos de los locales sólo una fracción marginal en forma de salarios, propinas e impuestos. Las franquicias crean estrategias para lograr que el turista tenga que pasar el mayor tiempo posible en el hotel. Y el turismo “provincial” o “social” donde las divisas más significativas quedan en manos locales, cuando los locales participan no sólo como operadores de los negocios, sino como propietarios e invierten las utilidades en su provincia, estimulando sectores de la economía.

Desde una conceptualización tradicional (Jaén Ávila, 1999), se ha venido entendiendo el turismo como aquella actividad socioeconómica realizada por los turistas, consistente fundamentalmente en el consumo de cuantos productos y servicios son necesarios en el traslado y permanencia temporal de los mismos en los núcleos receptores o lugares de destino turístico. Este consumo implica, naturalmente, la producción de unos productos y servicios por aquellas empresas que asimismo se han venido considerando como empresas turísticas: los hoteles, los restaurantes, las agencias de viajes, las empresas de transporte, las empresas de información, las de recreación, etc.

El turismo se manifiesta, se analiza y se estudia, tanto en el campo de la producción como en el del consumo, solamente en los núcleos receptores, olvidándonos de que el turismo se produce en lugares diferentes de donde se consume. El turismo se produce en los núcleos emisores o se importa, hasta donde los turistas residen habitualmente y, posteriormente, se consume allí donde los turistas van a permanecer sólo temporalmente. Por otra parte, las empresas productoras de turismo son otras muy diferentes a las que tradicionalmente se les ha venido asignando el papel de elaboradoras de turismo o de productos turísticos.

Si entendemos que la actividad turística se produce por la conjunción de dos grandes fuerzas, la demanda y la oferta turística, es decir, si lo concebimos como una actividad económica, que es la visión con la que se mira generalmente, dependerá, consecuentemente, de la intervención del Estado, en la medida en que cada país haya resuelto el problema de la relación economía/ política.

Estos intentos de definir el turismo suelen focalizar esta actividad en el terreno económico, desde una visión de demanda, produciéndose, entre otros, los siguientes resultados:

- El turismo se entiende como el conjunto de relaciones y fenómenos que generan los turistas en sus desplazamientos y estancias temporales en los núcleos receptores, en tanto en cuanto consumidores de bienes y servicios.

- Estos bienes y servicios (llamados turísticos) que consumen los turistas no tienen características especificas y no son distinguibles de los demás bienes y servicios que consumen los naturales de los núcleos receptores (alojamiento, transporte, diversión...)

- Asimismo, la conceptualización de empresa turística nos llega teñida de esta misma visión. Todas las empresas pueden ser turísticas (básicas o complementarias, principales o secundarias), si sus servicios son demandados mayoritariamente por los turistas y su existencia y desarrollo se debe fundamentalmente o en buena medida a los turistas. Es decir, la demanda turística determinará esencialmente si una empresa es o no turística y su grado de implicación en la actividad turística.

- Si el turista es la persona que se encuentra temporalmente fuera de su lugar habitual de residencia, la empresa turística, que es la que satisface con sus servicios las necesidades de éstos, sólo se concibe en los destinos turísticos.

- Partiendo de todo lo anterior, determinadas legislaciones han establecido cuáles deben ser consideradas empresas y actividades turísticas, generalmente a través de un “numerus apertus” que deberá incorporar a cuantas otras sean objeto del interés de los turistas. Nos muestra el papel definitivo que juega el turista en la determinación de conceptos fundamentales en el turismo.

- En consecuencia, no es de extrañar que distinguidos economistas hayan firmado y sostengan que no hay un “sector turístico”, que el turismo constituye una pequeña economía en la que caben todos los otros sectores de la economía general y que, por tanto, el turismo y las actividades turísticas se encuentran presentes en el sector primario, secundario y terciario.

- Todo ello conduce a una contabilización de los efectos económicos del turismo (ingresos y egresos de divisas, en el turismo internacional, y movimiento de dinero nacional, en el turismo doméstico) absolutamente irreal y sobredimensionada, ya que en ellos se incluyen todos los que corresponden a cualquier pago o consumo de los diferentes productos o servicios que generan prácticamente todas las empresas, si ellos son demandados y consumidos por las corrientes turísticas con ocasión de sus desplazamientos y estancias temporales en los núcleos receptores.

El turismo es una actividad tanto de producción como de consumo que envuelve y arrastra dentro de su campo terrenos extraños que, en otros tiempos, estuvieron perfectamente definidos y constituían campos del saber autóctonos y ajenos al turismo. El turismo se ha convertido en una actividad depredadora que engulle áreas asignadas a otras ciencias y actividades.

El turismo se encuentra en el sector económico de los servicios y se admite, que el turismo es la adquisición y disfrute de cuantos bienes materiales e intangibles el turista necesita en sus desplazamientos y permanencia temporal, pertenezcan éstos al sector primario, secundario y terciario.

Como consecuencia, se ha levantado y confeccionado una balanza del turismo artificial y errónea, en la que se encuentran presentes los diferentes sectores de la economía. Sin embargo, en nada se hace referencia al verdadero servicio turístico o plan programado de viajes de ida y vuelta, cuyas importaciones y exportaciones constituirían la verdadera balanza turística, en cuanto que sólo estos movimientos hacen referencia a los ingresos y egresos por turismo.

Es decir, limitamos el turismo al sector servicios y no tenemos al mismo tiempo inconveniente en abrirlo a cualquier tipo de relación que incluya sectores diferentes al de los servicios como las mercancías o los movimientos de capital.

Así, el sector hotelero o de alojamiento, que se dedicaba a prestar acogida a cuantos necesitaban de albergue, ha sido llevado al terreno del turismo como un sector típico y exclusivo del turismo y sus servicios son considerados como turísticos y las empresas que los facilitan o proporcionan son llamadas y definidas jurídicamente como empresas turísticas.

Lo mismo podemos decir del sector de la alimentación, transporte, información y tantos otros que se han visto relacionados con el turismo o con la actividad que los turistas realizan durante sus desplazamientos. No podemos, pues, afirmar que estas empresas sean típica y exclusivamente turísticas, pues su existencia es anterior a la realidad del fenómeno turístico como fenómeno de masas. Por otra parte, muchas de ellas prestan servicios a turistas y no turistas.

Hemos venido atribuyendo al turismo unos efectos económicos colosales, cuando una parte de estos resultados ya se contabilizan en otros sectores (industria, comercio…). Se trata de una contabilización turística teórica, pues es imposible segregar de las importaciones y exportaciones generales, a las que hace referencia la balanza de pagos, la parte que correspondería a la exportación e importación turística.

Además del termino turismo, se debe tener en cuenta la definición de visitante (Montaner Montejano, 1999), entendiendo por tal, a cualquier persona que visita un país diferente de aquél en el cual tiene de ordinario su residencia, con fines distintos al de ejercer una ocupación remunerada en el país visitado. Acotando esta definición, la OMT la ha redefinido como aquella persona que viaja, por un período no superior a doce meses, a un país distinto de aquel en el que tiene su residencia habitual y cuyo motivo principal de la visita no es el de ejercer una actividad que se remunere en el país visitado. El concepto de visitante se subdivide en dos categorías:

- Turista: se refiere a los visitantes temporales que permanecen al menos veinticuatro horas en el país que visitan y que deben pernoctar en él. Las finalidades de su viaje pueden clasificarse del siguiente modo: placer, distracción, salud, vacaciones, religión y deporte, negocios, familia, reuniones…

- Excursionista o visitante de día: aquel visitante que permanece menos de veinticuatro horas en el país que visita, es decir, el visitante que no pernocta en un

- medio de alojamiento colectivo o privado del país visitado, incluidos los viajeros que realizan cruceros y los viajeros en tránsito en aeropuertos y que deban permanecer unas horas en la ciudad haciendo escala.

Se puede considerar que el turismo siempre ha tenido, en mayor o menor medida, un componente cultural, ya que una de las principales motivaciones que han llevado a los individuos a desplazarse a otros lugares ha sido el conocer otras formas de vida, culturas, manifestaciones artísticas, etc.

Ante todo lo expuesto, nosotros entendemos que el concepto de turismo debe ser interpretado desde dos vertientes o puntos de vista:

- La industria como tal, donde se incluiría a todas las empresas que ofrecen los servicios de hostelería, hotelería, agencias de viajes, ocio…que satisfacen las necesidades que el visitante requiere al estar unos días fuera de su lugar habitual, haciendo así posible que está actividad exista, es decir, es el conjunto de relaciones, servicios, instalaciones técnicas y actividades que se generan a raíz de ciertos desplazamientos humanos y que están encaminados a atraer, prestar servicios turísticos y satisfacer las necesidades y motivaciones de los turistas (Moles y Vilasalo, 1996).

- Las experiencias, vivencias, relaciones e interacciones que se producen en las personas cuando estas visitan o viajan lugares diferentes.

Por tanto, como refiere Vilafradera (1970) el turismo es un bien de consumo abstracto, inmaterial, inaprensible, invisible, aunque esté integrado por elementos materiales, visibles, aprensibles, etc.

Los motivos, por supuesto, serán distintos, pues aquellos que se basen en la primera vertiente pueden verse motivados por negocio o trabajo, visita a familiares o amigos o bien conocer nuevos lugares. En cambio, los que opten por la segunda opción los motivos serán probablemente más lúdicos.

Es un escape a la rigidez del trato social mediado por la posición de estatus. El turismo, por tanto, como fenómeno de masas debe ser inscrito dentro del marco de la sociedad de consumo. De la sociedad post-industrial avanzada, que configura los elementos estructurales que le dan su razón de ser, y a cuyo desarrollo debemos remitirnos para entender sus tendencias actuales. Es decir, el turismo, como resultado de las condiciones

una sociedad tecnológicamente desarrollada, generadora de los medios de transporte y distribución necesarios para la configuración de una industria turística a gran escala, pero sobre todo, la disposición de vacaciones pagadas (Rubio, 1996).

Hoy en día, pensamos que se le está dando mucho más valor a la experiencia, las vivencias y el recuerdo que se ha vivido en el lugar visitado que a las instalaciones o necesidades en sí que la práctica de dicha actividad requiere. Pues a veces está carencia ha sido suplementada por el adjetivo de “exótico”, “virgen” o “natural”.

Podemos concluir este apartado definiendo de una manera general el Turismo como la acción de viajar por placer que conlleva la puesta en práctica de un conjunto de actividades humanas necesarias para realizar este tipo de viajes. El viaje turístico se caracteriza por una serie de pautas y prácticas sociales que se desarrollan a partir del momento del desplazamiento inicial, se prolongan después in situ en el destino, y finalizan, por último, con el regreso al lugar habitual de residencia y la recreación de la experiencia vivida (Boyra, 2007).