3.4 Adaptive-Mutation Particle Swarm Optimiser
3.4.4 Adaptive Position Update Time-Variant Mutation
comercial del calzado
español (1900-1959)
ANTONIOMARTÍNEZPUCHEUniversidad de Alicante
28
Lámina de un calendario de Rafael Romero (Museo del Calzado de Elda).
dancia de mano de obra barata derivada de una agricultura marginal y poco pro- ductiva que cada vez expulsaba a los ac- tivos hacia otras actividades artesanales y comerciales; y a la acumulación de un pequeño capital derivado de otras acti- vidades, fundamentalmente las artesa- nales y las comerciales, que era lo básico para comenzar en talleres fabriles fami- liares.
Así, Bernabé Maestre se apoyó en un modelo evolutivo para explicar la gé- nesis de la industria del calzado en el Va- lle del Vinalopó, a partir del análisis de los aspectos físicos favorables, entre los que destacan las excelentes comunica- ciones (mejoradas por la irrupción del Ferrocarril MZA en 1858), y los aspectos humanos más destacados, como era la existencia de una situación socio- económica coyuntural favorable para la aparición de una nueva actividad –cri- sis agrícola y una clase de pequeños co- merciantes emprendedores–, y también la presencia de artesanos y unas estruc- turas de la propiedad agraria muy re- partida. Con esas circunstancias favora- bles, concluye que el calzado aparece como una posibilidad de supervivencia para los pequeños propietarios agrícolas y jornaleros «sin tierra» en unos mo- mentos de crisis de la agricultura co- marcal, gracias al conocimiento de los mercados y a la iniciativa de los pequeños comerciantes, que invirtieron en esa nue- va actividad sus exiguos capitales. Cabe
señalar también que Bernabé Maestre enuncia que, a pesar de existir una arte- sanía del esparto en Elda y en el Alto Vi- nalopó, ésta no supuso la materia pri- ma y la base del crecimiento de la in- dustria del calzado, ya que la artesanía del esparto, que se dio también en otros mu- nicipios como los del Altiplano de Ju- milla-Murcia y llanuras de Albacete, con materias primas propias y también bien comunicados (incluso con mejores ren- tas de situación), no en todos ellos aca- bó sustituida por la fabricación de za- patos, resultando en este caso la presen- cia de materias primas un aspecto secundario2. Sin embargo se puede pen-
sar que esas mujeres y niños empleados en la manufactura del esparto (unos cua- trocientos cuarenta según se calcula en- tre los que majaban y hacían filete3) fue-
ron, junto con los hijos varones de los jor- naleros que ya no querían seguir la profesión de sus padres, la cantera en la que la industria del calzado reclutó la mano de obra necesaria para ampliar su producción.
Por otro lado y como va dicho la fa- bricación de calzado es actividad carac- terizada en sus orígenes por una escasa necesidad de capitales. En el proceso im- pera el esfuerzo humano, la habilidad de la mano de obra, que desempeña de for- ma manual todas las fases de fabrica- ción, incluso en casas particulares y par- ticipando mujeres y niños en el proceso productivo, con herramientas muy ele- mentales. Estas faenas las mujeres las compaginaban con las labores del ho- gar y consideraban el salario percibido como un complemento a otros ingresos familiares; también el trabajo de los ni- ños y viejos (incluso el de los jornaleros durante épocas de paro agrícola), era considerado como una simple ayuda, por eso siempre se consideró como un tra- bajo mal pagado4. Hay que tener en cuen-
ta que a mediados del siglo XIX una par- te de la población eldense vivía en con- diciones cercanas a la miseria, sobre todo entre la gran masa de jornaleros, lo que obligó a que las exigencias salariales fue- ran escasas y permitieran el despegue de una industria muy poco mecanizada y competitiva, basada en la baratura de la mano de obra existente. Así los salarios eran superiores en Barcelona frente a los que se pagaban en Alicante o Baleares, donde la posibilidad de compaginar las tareas agrícolas con las industriales ofre- cía a las empresas de calzado una mano Anverso y reverso de la medalla
conseguida por Rafael Romero en Londres en 1902, conservada en el Museo del Calzado de Elda.
Anverso y reverso de la medalla conseguida por Rafael Romero en París en 1902, conservada en el Museo del Calzado de Elda.
Centenario de los Patronos de 1904. Carroza de la industria zapatera (Revista Fiestas
de obra abundante y barata. Según la prensa de finales del siglo XIX, desde el momento que en que los jornales de Elda fueran remunerados al nivel de los de Madrid, Barcelona y Mahón, resultaría el calzado de Elda más caro que el de estas capitales por los arrastres que gravan las primeras materia y material elaborado. De esta forma Elda inició una fuerte espe- cialización en la fabricación de un pro- ducto de calzado de gama baja realizado manualmente, convirtiéndose en un im- portante productor a nivel nacional, y en el epicentro industrializador de otras poblaciones de la comarca, llegando ha- cia 1900 la población de Elda a una pro- ducción de medio millón de pares anua- les. Pero el desarrollo de la industria del calzado en el Valle del Vinalopó no se basó únicamente en el menor coste de la mano de obra. Además de la ventaja sa- larial existía una mano de obra especia- lizada, pequeños capitales disponibles para la inversión, y lo que resulta más importante, la capacidad empresarial.
El crecimiento industrial del calza- do en Elda comenzó a manifestarse a mediados del siglo XIX. En la matrícula de la Contribución industrial de 1850 ya aparecen registrados ocho artesanos zapateros, el padrón de habitantes de 1868 recoge más de treinta trabajadores con esta profesión y en el padrón de 1885 este número se multiplica por seis. En efec- to, a finales de 1884 ya existían en la vi- lla más de catorce fábricas de calzado que en sus reclamos publicitarios hacían referencia a los precios económicos de sus productos, a la solidez de los mis- mos, a la elegancia y buen gusto, aun- que el principal atractivo fuesen los ba- jos precios y su producción diversificada ya que hacían «toda clase de zapatos». La ca-
pitalización industrial fue retroalimen- tándose en sucesivas fases de inversión de pequeñas ganancias por parte de los za- pateros que eran a la vez los encargados de vender sus productos en ferias y mer- cados5.
Las innovaciones tecnológicas en el proceso productivo no fueron de mo- mento excesivas, ante el aumento de la de- manda en el sector del calzado. Las pri- meras máquinas incorporadas fueron las de coser los cortes de piel entre ellos,
la Singer, y las de cortar suela de cuero, a
las que se sumó la de coser cortes a la suela, la United, si bien cuando ya los ta- lleres alcanzaron la envergadura de ver- daderas fábricas y la producción fue en serie. La mayoría de los niños y niñas el- denses de las familias más humildes fue- ron reclamados por los talleres y zapateros a domicilio, que les ofrecían trabajos de aprendiz que era el paso previo para con- vertirse en oficiales, estableciéndose una clara jerarquía en la producción que iba desde el industrial, zapatero, oficial, apa- radora y aprendiz6. En este periodo era ha-
bitual el taller familiar y las pequeñas fábricas instaladas en los bajos de cual- quier casa, en cuyo local apenas había separación entre las mesas de cortadores, las mesillas bajas de los zapateros ma- nuales «de dentro de la fábrica», ya que los que trabajaban en sus casas eran más que los que lo hacían en las fábricas o ta-
llericos. La incorporación de activos jó-
venes y procedentes del sector agrícola –braceros– fue alimentando las necesi- dades de mano de obra que llegaron a ser insuficientes, ya a finales del siglo XIX, y que supusieron el comienzo de proce- sos de inmigración. Así se calcula que entre 1887 hasta 1900, llegaron de 600 a 900 efectivos humanos, que motivados
Calendario del gremio de zapateros para 1905 (Revista
Fiestas Mayores).
Fábrica de Pedro Giménez, donde previamente estuvo la fábrica de Silvestre Hernández. También se la conoció como de Casto Peláez (Revista Fiestas
por el auge de la industria zapatera el- dense, se trasladaron desde poblaciones cercanas del ámbito comarcal, aunque también lo hicieron de Mahón y sobre todo de Almansa.