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luchas internas a la

consolidación

En el análisis de la evolución de la composición política de la gestoras que dirigieron el Ayuntamiento de Elda en la primera década de la dictadura fran- quista distinguimos tres fases: Julio de 1939– agosto de 1940, agosto 1940–ene- ro de 1943 y febrero 1943-1948.

La primera etapa estuvo caracterizada por la inestabilidad respecto a la for- mación de los ayuntamientos que, como mucho, contó con cinco gestores, lle- gando incluso a estar dirigido sólo por dos, que sustituyeron a una primera co- misión nombrada por el comandante militar de ocupación el 6 de abril de 1939 y que no ratificó el gobernador ci- vil 16 días después36.

La segunda etapa fue de dominio falangista, encabezada por el alcalde y Jefe Local de FET y de las JONS José María Batllés. Hermano de Luis Batllés, con- sejero nacional de la Falange asesinado en 1936, intentó monopolizar los cargos con falangistas y tradicionalistas, lo que le resultó imposible, dada la escasa mi- litancia e influencia falangista en Elda. La tercera etapa es la del final de los conflictos, con el definitivo triunfo del sector de los derechistas, un personal político que, en parte, continuará en los ayuntamientos tras las primeras elec- ciones municipales, con las que el régi-

men ponía en marcha la democracia or- gánica en el ámbito local. Fue una eta- pa que coincidió con la llegada de José María Paternina al Gobierno Civil. Con él se produjo, desde finales de 1942, pri- mero como secretario y luego, a partir de 1944, como gobernador civil, la depu- ración de los miembros del Partido Único, buscando no a los más puros desde el punto de vista ideológico, sino a los más fieles al régimen, a los menos combati- vos con el único poder, que debía ser de Franco. Bajo su mandato se acabaron los conflictos en toda la provincia y el po- der político quedó concentrado en el Gobierno Civil, quedando reducido FET y de las JONS a un organismo mera- mente burocrático.

Estas dos últimas etapas se entien- den mejor teniendo en cuenta la pre- ponderancia de los alcaldes en el desa- rrollo de la política local franquista. En ambas etapas van a ser alcaldes dos po- líticos que definen completamente a los dos grupos que lucharon por hacerse con el poder, José María Batllés y José Martínez González.

José María Batllés, hijo y hermano de «caído», según los informes de FET, era «el único camarada en esta ciudad que pue-

de encauzar y regir, dentro del nuevo estilo, los verdaderos destinos de nuestra organiza- ción.» Durante su mandato las sesiones

del Ayuntamiento comenzaban al grito de ¡José Antonio Primo de Rivera! ¡Pre- sente! y se cerraban con el «Cara al sol». Fueron años de retórica falangista y ma- nifestaciones del ritual fascista en un

ayuntamiento en el que predominaban los signos externos de la «revolución na- cional sindicalista», ornamentado con el yugo y las flechas, y con las banderas de FE y la CT, ondeando junto a la Nacio- nal.

En su primer pleno como alcalde tomó tres medidas que demuestran el nuevo espíritu que quiso dar a la corpo- ración, acordando la adquisición de una lápida «con una cruz de mármol en la que fi-

guren los nombres de los caídos por Dios y por España encabezados por el de José Antonio que será colocada en la fachada del ayunta- miento hasta que haya Iglesia». Decretó tam-

bién «que los vecinos engalanen sus balcones

con colgaduras nacionales de obligación ine- ludible y observación por los vecinos de las ca- lles principales.» Y nombró a José Sedano

Serna, primer teniente de alcalde y dele- gado de Información e Investigación de FET y de las JONS, como asesor de in- formación de la alcaldía, con lo que se pro- ducía una imbricación total entre el par- tido y el Ayuntamiento, ambos coman- dados por Batllés, quien recibió la alcaldía por parte del gobernador civil «solicitan-

do el servicio y el sacrificio necesarios a Espa- ña, procurando que la Comisión Gestora cons- tituida actúe como órgano consultivo y conciencia de partido único por deber a la FET y de las JONS, evitando toda clase de rozamientos y de- fectos del sistema parlamentario»37.

En el pleno siguiente Batllés consi- guió que la corporación le autorizase para llevar a cabo una nueva revisión «de

todo el personal dependiente del ayuntamiento en cuanto a su depuración y afección al mo-

Esperando el paso del general Franco por la carretera de Madrid.

vimiento», además de proponer la revi-

sión de un número de calles «para roturarlas

con nombres de hijos del pueblo preferente- mente caídos de la revolución».38

Como consecuencia de la política desarrollada en estos años dos gestores, empresarios y procedentes de la derecha tradicional, abandonaron la comisión gestora «por desavenencias con la política local». Pero el hecho más característico de los conflictos que se sucedieron en Elda durante la implantación del franquis- mo ocurrió bajo su mandato cuando, en agosto de 1941, denunció ante el Go- bierno Civil una campaña de difama- ción contra su persona y otras autori- dades «camaradas jóvenes de las Falanges

combatientes que no entienden de caciquis- mos ni conocen los procedimientos rastreros (...) que intentan realizar por el único camino que nos marca el caudillo la revolución nacional».

Las difamaciones estaban hechas por

«autoridades caciquiles indignas, profesiona- les de la política, representantes de los intere- ses creados y del capitalismo judío». Pese a la

fraseología falangista, tan al gusto de la época, hay que tener en cuenta que el ca- ciquismo, como sistema político, hacía tiempo que había sido sellado en Espa- ña, por lo que se trataba de pura retóri- ca para disfrazar un conflicto que, en realidad, respondía a una mera lucha por el poder.

Para Batllés el motivo de los ataques no presentaba duda, se producía «con el

fin de socavar y desprestigiar el principio de au- toridad para provocar un ambiente político desfavorable a las actuales autoridades y Je- rarquías (...) para conseguir la destitución de las actuales Jerarquías y autoridades y poder- las sustituir por este grupo de derrotistas»39.

Como consecuencia se produjo la detención y arresto en el retén municipal de hombres como Julio Beneit, importante industrial del calzado que, tras la caída de los falangistas en 1943, ocupará el cargo de primer teniente de alcalde, has- ta 1951. Curiosamente de esta nueva co- misión gestora formaron parte los dos ges- tores que la habían abandonado bajo el mandato de Batllés40.

Más allá de la fraseología regenera- cionista empleada por los falangistas, la verdadera naturaleza del conflicto fue la lucha por el control de la liquidación del SICEP, sociedad mercantil creada por la unión de varios empresarios y obre- ros durante la guerra civil, con el objeti- vo de suministrar capital y materias pri- mas a las industrias del calzado que, en virtud de una denuncia presentada por la jefatura local, había sido incautada a favor del Estado por dictamen del Tri- bunal de Responsabilidades Políticas, «independientemente de la acción que se si-

gue a través de la Delegación Sindical para que esta pase a ser propiedad de la CNS, cor- tando de este modo los propósitos de estos ele- mentos caciquiles que pretenden hacerla pasar como una entidad particular sin responsabi- lidades políticas, falseando su verdadera sig- nificación41».

Tras ser depositados en el retén mu- nicipal los arrestados fueron conduci- dos a Alicante, donde pasaron a dispo- sición del gobernador civil y jefe provin- cial del Movimiento, que los liberó a los pocos días. Batllés relató los hechos a la comisión gestora, que por unanimidad acordó «manifestar al Sr. Alcalde su absolu-

ta adhesión y conformidad por lo realizado no sólo aprobándole su gestión sino felicitán- dole por ella y condenando las actividades de los arrestados42».

Como se ha dicho más arriba, la lle- gada de José María Paternina al Secre- tariado del Gobierno Civil a fines de 1942 significó un duro golpe para los falangistas de toda la provincia. En los pri- meros meses de su actuación realizó una labor de depuración dentro del partido encaminada a anular políticamente a los elementos más combativos y molestos, en- tre los que estaba José María Batllés. Tan sólo dos meses después de su llegada, Fachada del Ayuntamiento de

Elda durante la etapa de José María Batllés. Pueden observarse los principales símbolos del Nuevo Estado.

desde el Gobierno Civil se renovaba com- pletamente la comisión gestora de Elda, que quedó formada por un personal po- lítico procedente en su totalidad de la derecha tradicional, encabezado por José Martínez González y que, socialmente, tuvo en los empresarios el grupo más in- fluyente con diferencia, tanto cuantita- tiva como cualitativamente, constitu- yendo un 50% del personal político, en- tre los que destacan los cargos de alcalde y tenientes de alcalde.

Hay que tener en cuenta que la en- trada de Batllés y su gestora en la políti- ca eldense había supuesto la llegada de un personal político totalmente nuevo, que chocó con la derecha tradicional de la localidad. Socialmente fue la gestora en la que los industriales del calzado tu- vieron menos influencia. Por ello, la al- caldía de Batllés tuvo choques con ese sector desde el principio y la consecuen- cia, como se ha visto, fue la sustitución de su gestora por otra comandada por los principales empresarios: Martínez Gon- zález, Julio Beneit, Porta Rausa, Pedro Bellod, la mayoría procedentes de la DRA43.

La figura de José Martínez González ilustra el personal político por el que el régimen optó finalmente y los nexos que existieron entre el poder político y el mundo económico. Procedente de las fi- las de la DRA fue nombrado alcalde en

1943 y ratificado por el gobernador civil en las elecciones de 1948, fue procurador en Cortes en representación de los ayun- tamientos de la provincia entre 1946 y 1952, cuando pasó a formar parte de la Comisión de Gobierno de la Diputación Provincial de Alicante. Como reconoci- miento se le concedió la Medalla de Oro de la Orden de Cisneros en 1949. Se en- cargó también, desde el principio, de la Delegación de Auxilio Social de Elda, cargo que compaginó con una activa la- bor en el sindicato de la Piel. Su ascenso económico fue tan fulgurante como su carrera política: al finalizar la guerra se convirtió en presidente de la reciente transformada sociedad anónima Rodolfo Guarinos, una de las fábricas más im- portantes del sector en la provincia, cuyo capital desembolsado en 1939 ascendía a 3.000.000 de pesetas. Además formó parte del consejo asesor del Banco de Elda, entidad de la que había sido presi- dente Ángel Vera Coronel, detenido y posteriormente asesinado por los gol- pistas cuando, como gobernador civil de Zaragoza, supuestamente era trasla- dado a la prisión de Tarazona junto a otros presos, lugar al que nunca llega- ron porque «se les hubo de ejecutar al intentar escapar»44.

Las elecciones de 1948 no produje- ron cambios cualitativos, simplemente ra- tificaron en sus cargos al alcalde y sus

hombres de confianza, permaneciendo cinco gestores de la anterior corpora- ción45. No es hasta 1955 cuando se pro-

duce en Elda el relevo generacional. Sin embargo a partir de las elecciones de 1948, junto al grupo comandado por Martínez González comienza a vislum- brarse algo que será una constante del pe- riodo posterior. Se trata de la llegada a los cargos de una serie de concejales que en los informes personales internos de FET están conceptuados como «apolíticos», nada más y nada menos que ocho de los quince concejales que componían el Ayun- tamiento46. Este hecho da cuenta del fun-

cionamiento de los canales de partici- pación (a)política que abrió el franquis- mo, que fueron permitiendo la entrada a una serie de apoyos sociales que se ca- racterizaban precisamente por su prag- matismo y apoliticismo, factores que po- tenció un régimen que basaba su «con- senso» en la defensa de unos intereses que supo salvaguardar y que en el ámbito local se estructuraron a partir de la ocu- pación de cargos de responsabilidad ins- titucional, fundamentalmente ayunta- miento y sindicato, donde se tomaban de- cisiones que en ocasiones afectaban directamente a la actividad industrial.

Conclusiones

Podemos concluir que el personal político sobre el que finalmente se apo- yó el franquismo para desarrollar su po-

lítica a escala local fue aquel que, res- pondiendo a unas características de su- misión y plena fidelidad, parecía más apropiado para actuar como mediador en- tre el régimen y la sociedad. Si a los pri- meros años de confusión correspondió la selección de un personal viciado por las prisas en encontrar fieles cara a la im- plantación del régimen, creándose una base política sustentada ideológicamente en la victoria en la Guerra Civil, una vez pasados los primeros años de inestabili- dad se vio la verdadera naturaleza res- tauracionista del franquismo.

Por otra parte, el Nuevo Estado fue consciente de que la violencia era un medio para implantarse, pero debía ir acompañada de un modelo de sociedad. Este modelo se basó en la división entre vencedores y vencidos, o, lo que es lo mismo, en la inclusión de unos y la ex- clusión de otros. Éstos últimos debie- ron soportar unas condiciones de vida du- rísimas y fueron acallados mediante un sistema de intimidación sostenido, crea- do por el enorme aparato represivo pues- to en funcionamiento para acabar con cualquier posibilidad de oposición o di- senso activo. La desaparición de sus prin- cipales referentes, la desmoralización, el miedo y la realidad de una larga pos- guerra de carestía les hizo retraerse y centrar todas sus esperanzas sencilla- mente en sobrevivir. Para los primeros, el régimen no dudó en beneficiar a sus principales apoyos, haciéndoles partici- pes de los beneficios de la victoria mili- tar por medio de una serie de premios y privilegios. En primer lugar, devolvió a los empresarios, principales apoyos so- ciales del régimen en la localidad, las propiedades que habían sido incauta- das y socializadas durante la Guerra Ci- vil, además de una legislación que per- mitió la explotación obrera a unos niveles inimaginables. Al mismo tiempo, en una situación de escasez que alcanzaba a muchos más de los que podían consi- derarse como vencidos, premió a una serie de apoyos potenciales, como ex- cautivos, excombatientes y familiares de caídos, permitiéndoles que se benefi- ciaran de una legislación laboral basada en el privilegio y estableciendo una cla- ra discriminación con respecto al acce- so de puestos de trabajo público. De esta forma, ayuntamientos y toda clase de organismos públicos se llenaron de per- sonas cuyas cualidades eran los méritos adquiridos en la Guerra Civil y su fide- José Martínez González, alcalde

de la ciudad desde 1943 hasta su muerte en accidente en 1956.

lidad al régimen. Por otra parte, devol- vió a la Iglesia su tradicional capacidad de influencia sobre el medio social y el control moral, permitiéndole participar en un entramado de poder que, a esca- la municipal, reflejaba la plena comunión que se dio entre las autoridades políticas, económicas y religiosas de la localidad. Pero, además, el concepto de apoyo social hay que ponerlo en relación a la ar- ticulación que se produce entre las ins- tituciones y el personal político que se im- plicaría en la consolidación de un Esta- do al que percibían como defensor de sus intereses. Esta implicación se va a es- tructurar con a la formación de una red de intereses a partir del encuentro de po- líticos y empresarios –o políticos-em- presarios– en las principales institucio- nes locales: ayuntamiento y sindicato, cuyo control era clave en un sistema de economía autárquica e intervensionista que permitía la corrupción y la impul- saba47.

De esta forma, el régimen buscó en- tre sus apoyos sociales a los grupos in- fluyentes de la localidad, abriendo me- canismos de participación a través de la filiación en el Partido Único para que, como consecuencia de la búsqueda de su propio beneficio, ayudaran a consolidar la dictadura con su apoyo y con la ex- tensión de sus redes, integrando a otros participantes de círculos afines.

El ejemplo lo tenemos en hombres como José Martínez González, con car- gos en la política local, nacional y pro- vincial, además de su influencia en el sindicato de la Piel; o Porta Rausa, quien a su cargo de teniente de alcalde del Ayun- tamiento de Elda, unió el de Jefe de Fa- bricantes de Calzado de Señora del Sin- dicato Nacional de la Piel; o Julio Beneit, también teniente de alcalde, Jefe del Sin- dicato Local de la Madera y Jefe de fa- bricación de hormas y tacones, adherido al ramo del calzado del Sindicato Na- cional de la Piel. Se iba formando ya, a me- diados de los años cuarenta, esa red de in- tereses que a partir de las elecciones por tercios se regularizará por medio del con- trol del sindicato y de los gestores nom- brados por el gobernador48.

Quienes finalmente se hicieron car- go de desarrollar la política local fue- ron los sectores sociales que tradicio- nalmente habían detentado estos pues- tos, sectores procedentes de la derecha política y entre los que no podía estar un grupo nuevo y con escaso arraigo en la

provincia, como era la Falange. La ex- periencia falangista llegó a convertirse en algo incómodo, dada la combatividad que Batllés presentó ante las «fuerzas vivas» de la localidad, sinónimo de ines- tabilidad, por lo que fue relegado y de- finitivamente marginado desde el Go- bierno Civil. Por su parte, Martínez Gon- zález siempre renunció a ejercer el cargo de Jefe Local de FET y de las JONS, car- go ofrecido por el gobernador civil y que, a la altura de 1949, recayó en Ma- nuel Esteve Puche, proveniente de las filas de la DRA. Esta marginación de Falange fue general en otras localidades de la provincia, o incluso de la comarca, como Monóvar o Novelda. Los falan- gistas sólo estuvieron donde no causa- ron problemas o, lo que es lo mismo, allí donde no crearon un núcleo de opo- sición a la derecha tradicional, como en la vecina población de Petrer, donde el al- calde y jefe local hasta mediados los años sesenta, además de ser «camisa vieja» había desempañado cargos de respon- sabilidad municipal en la dictadura de Primo de Rivera, mérito al que sumaba su historial de excautivo, perseguido y ex- propiado, además de contar con el apo- yo de los principales industriales de la lo- calidad49.

Lo que nos muestra la depuración de FET y de las JONS es el camino hacia la homogeneización ideológica, hacia la se- lección de un personal político genéri- camente franquista, aquel que se define por su inquebrantable adhesión al im- preciso término de «Movimiento» y por su docilidad política ante el régimen. Sir-