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3.5 Data Mining

3.5.1 Self-Organising Maps

Sin lugar a dudas el desarrollo de la industria del calzado en Elda, tuvo re- percusiones de todo tipo, no sólo en esta población, sino también en los munici- pios del resto del Vinalopó. Puede ras- trearse así la teoría argumentada por Schumpeter entre las causas que explican el origen y desarrollo de la industria del calzado que argumenta cómo a raíz de una industria pionera y un empresario em- prendedor se puede producir una ex- pansión de la actividad concreta por un espacio más amplio, involucrando vo- luntades y aumentando el número de empresarios emprendedores. Si bien en Almansa tal proceso es posible cuando de- saparece el monopolio oligárquico de la familia Coloma, y la crisis de esa empre- sa promueve una completa crisis del sis- tema productivo local, seguida de la apa- rición de nuevos empresarios surgidos de los cuadros directivos de la empresa ma- triz. Sucede también un proceso de re- organización técnica y comercial y, en cambio profundo, del sistema econó- mico local, al que van sumándose pro- gresivamente las experiencias organiza- tivas de los nuevos empresarios. Con un tejido empresarial algo más amplio, el proceso se repite en el caso de Elda7.

El momento que atravesaba la in- dustria en la última década del siglo XIX incitó a algunos emprendedores zapateros a construir los primeros edificios fabri-

les, superando el antiguo concepto de ta-

llerico, separando por vez primera los lo-

cales productivos de las viviendas de sus propietarios. Estos serían las fábricas de Silvestre Hernández, inaugurada en 1895, y la de Rafael Romero, algo posterior, empleando ambas a varios centenares de obreros. De origen humilde, y pre- sumiblemente antiguos aprendices que se empaparon del oficio desde sus tiem- pos mozos como ayudantes de algún zapatero de silla, ambos empresarios fueron los representantes de esa nueva burguesía que estaba sustituyendo a la oligarquía terrateniente como grupo di- rigente de la sociedad eldense. Así Rafael Romero Utrilles, lograría sendas meda- llas de oro y diplomas de honor en las Ex- posiciones Internacionales de Londres y París por la calidad de su fabricación y la belleza de sus diseños. Este hecho uni- do a los más de 450 empleados que al- bergaba en su fábrica y una producción cercana a los 297.600 pares anuales, de- nota que fue uno de los primeros ex- portadores de la ciudad, que junto a Sil- vestre Hernández sentó las bases de la nueva Elda Industrial. Esta se apoyaría en otras fábricas de calzado que fueron surgiendo, propiedad tanto de indus- triales de Elda (Vera Hermanos, Antonio y Vicente Maestre, Sirvent, B. Hernández), como de empresarios foráneos que rea- lizaron inversiones en el municipio. Así, destacan en el proceso de capitalización de nuevas industrias, los empresarios madrileños Jiménez y Casto Peláez, el ilicitano José Tobar y el alicantino Se- bastián Cid. Además de los fabricantes mencionados, cabe señalar otras indus- trias que ya estaban establecidos en 1900, como la de Bellod Hermanos y Zarago- za (fundada en 1899 por los hermanos Antonio, Santiago, Pedro y Miguel Bellod Payá) y la de Blas Amat, fundada en 1897 cuya mayor pujanza llegó en 1912. Tras la muerte del titular en 1915 la razón social cambió a Viuda de Blas Amat, lle- gando a tener unos 150 operarios.

El fuerte aumento de la producción conllevó un crecimiento rápido de la in- dustria auxiliar: Isidro Aguado, el in- dustrial hormero, había convertido sus modestas instalaciones de la calle Nue- va en una moderna fábrica, fuertemen- te mecanizada, situada cerca del puente de la estación. Pero Isidro Aguado no era el único empresario eldense que fabrica hormas, ya que desde 1897 funcionaba ya la empresa de Constantino Bañón, y Máquina Singer de 1910,

conservada en el Museo del Calzado de Elda.

también se establecieron industrias de cajas de cartón como la de Francisco Santos que tenía como clientes, no sólo a los zapateros, sino a farmacias y som- brererías. Las materias primas para la fa- bricación de calzado eran traídas de fue- ra, hecho que condicionó la instalación en Elda de los primeros representantes, comisionistas y agentes comerciales, va- rios de los cuales abrieron depósitos y almacenes de curtidos, clavazón, hilatu- ras, tejidos, etc. La gran empresa inte- gral radicada en un municipio, dentro de cuyas naves se produce todo; y se cami- na hacia un sistema territorial integrado y también jerarquizado, en el que se con- figuran los centros polares y las periferias dependientes.

En los últimos años del ochocientos, Elda ya contaba con varias fábricas de calzado importantes, de más de un cen- tenar de trabajadores, que habían em- pezado a desarrollar en torno suyo un tejido económico auxiliar, con fábricas de hormas y envases, almacenes de curti- dos y otros productos para el calzado. Las fábricas no acabaron con los peque- ños talleres ni con el trabajo a domicilio, sino que se sirvieron de ellos y los utili- zaron como una forma de rebajar costes y regular rápidamente la capacidad pro- ductiva, manteniendo una estructura in- dustrial atomizada. El ciclo de rápido crecimiento se cerró en torno a 1903. Entre esa fecha y el estallido de la pri- mera Guerra Mundial el número de em- presas zapateras en Elda se estabilizó, aunque la capacidad productiva siguió au- mentando por la introducción de ma- quinaria. Además, la fabricación de la rama del calzado de piel se extendió por otras poblaciones del Valle del Vinalo- pó con mano de obra disponible a menor precio. Así mientras que en Elda au- mentaban las industrias auxiliares (fa- bricación y tratamiento de curtidos), co- menzaron a aparecer talleres de calzado y algunas fábricas en Petrer, Monóvar, Biar, Benejama, Sax y Villena.

De esta manera se llega a la concep- ción polarizada de la dinámica econó- mica propuesta por Perroux, según la cual, el crecimiento no se manifiesta en todas partes, sino que aparece concentrado en puntos o polos de crecimiento, en los que se han dado procesos singulares de efectos contrapuestos, unos favorables al desarrollo económico y otros retarda- dores del mismo, con una intensidad va- riable que define una desigual distribu-

ción territorial. Así en Elda se darán du- rante las primeras décadas del siglo XX, diferentes fases de expansión y crisis, re- petidas de manera cíclica, ocasionando procesos de renovación del tejido em- presarial, reestructuración organizativa y generalización de las innovaciones pro- ductivas entre las nuevas empresas sur- gidas tanto locales, como del ámbito co- marcal, a partir de las que Perroux de- nomina empresas líderes. Estos cambios empresariales, también tuvieron su in- cidencia en las dinámicas sociodemo- gráficas, políticas y urbanas del munici- pio que fueron materializando la cita de Eloy Catalán en la revista local Albor en 1934: «Este Elda nuestro, de nuestros ante-

pasados y de nuestros amores es cada día más Elda y menos nuestro… y pienso que ha podi- do ocurrir en tan corto número de años para que este pueblo nuestro haya cambiado el tra- je de negro paño de labrador alicantino por ese otro de aire cosmopolita…».

Crecimiento demográfico

Elda contaba en el censo de 1887 con 4.437 habitantes y a finales de 1900 alcanzaba los 6.131 habitantes, hecho que supuso un crecimiento del 38%. Sin duda el motor del crecimiento demo- gráfico eldense fue la industria del calzado que canalizó unas mejores condiciones de vida, mejoró los saldos vegetativos y aumentó los flujos migratorios. En efec- to, las dos épocas de expansión demo- gráfica, década de los años veinte y década de los sesenta, coincidió con fuertes sal- dos migratorios positivos ayudados por los procesos de inmigración. El origen de estos inmigrantes será muy diferente; así mientras que en la primera oleada la emi-

Zapateros de fiesta en el Pantano en 1912 (Archivo EMIDESA).

gración será del ámbito comarcal (mu- nicipios del Alto y Medio Vinalopó abar- cando las áreas de Yecla y Almansa); en los años sesenta la inmigración será man- chego-andaluza.

Los obreros inmigrantes de las pro- vincias como Albacete y Murcia y sobre todo de municipios cercanos como Mo- nóvar, Sax, Villena, Salinas, venían de forma desordenada y sin más relación con los otros inmigrantes que el idénti- co trabajo y la misma necesidad econó- mica que les hacía abandonar sus vi- viendas. Eran muchos los que recorrían el camino en bicicleta o andando hasta los lugares de trabajo, para luego regre- sar con los suyos, registrándose pequeños movimientos migratorios pendulares de profesionales del ramo entre unos y otros municipios productores de la comarca. Destaca el caso de muchos empresarios, así por ejemplo Ricardo Herrero Berna- bé, uno de los primeros empresarios del calzado de Sax, contaba que empezó a tra- bajar a la edad de 10 años en una empresa de Elda para aprender el oficio de cortador, recorriendo a pie cada día los 6 kilóme- tros que separan una población de la otra, inaugurándose en esos años un flu- jo cotidiano de obreros, entre 80 y 100 se- gún sus estimaciones, que seguían el ten- dido férreo (más corto) o accedían por la carretera local de Sax a Elda por el para- je de La Torreta.

Tenemos que hacer referencia obli- gada a una primera «modesta oleada» de inmigrantes zapateros que venidos desde Mahón, mejoraron la calidad del calzado eldense y constituyeron una pe- queña colonia de una treintena de efec- tivos, en el barrio industrial realizado por el fabricante eldense D. Rafael Ro- mero. Fue este industrial quien en 1897 se presenta en tierras baleares para re- clutar a los operarios mejor cualificados ya que consideraba que el «progreso ver-

dadero había de venir por la perfección de la mano de obra» a cambio de beneficiosos

contratos en el aspecto económico, ya que en los últimos años del siglo XIX Mahón (una de las principales pobla- ciones zapateras que enviaban sus pro- ductos a los mercados de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y repúblicas sudamerica- nas), sufrió un importante receso pro- ductivo por las mermas en las exporta- ciones, como consecuencia del desastre colonial que provocó el cierre de empre- sas mahonesas y la emigración de tra- bajadores hacia otros territorios zapate-

ros peninsulares. En este contexto, podría enmarcarse la inmigración de trabaja- dores cualificados mahoneses hacia Elda, aunque se trató de una coyuntura breve, ya que el calzado menorquín se volvió a recuperar y estabilizar entre 1905 y 1910. En efecto, el cierre de la fábrica de Ra- fael Romero Utrilles en 1902, y las re- vueltas obreras locales de 1903 y 1905, ha- cen suponer que gran parte de la colonia de zapateros mahoneses regresaran a su isla natal.

En 1900 y 1910 la población creció en más de 1.900 efectivos. Las crisis co- yuntural internacional, provocada por la Primera Guerra Mundial, así como el hundimiento de los mercados europeos, frente al encarecimiento de materiales básicos para la industria del calzado, pro- vocaron un menor crecimiento entre la década de 1910 y 1920. Si en pocos años se había casi duplicado la población, en la segunda década del siglo XX, el au- mento demográfico se cifró en sólo cin- cuenta efectivos. De 1920 a 1930, más de quinientas nuevas personas pobla- ban anualmente el lugar; de 1930 a 1935, casi mil anuales. Y la inmensa mayoría eran inmigrantes, ya que durante el pe- riodo 1920-1935, de los 9.952 habitantes que creció la población, 7.987 se debieron al saldo migratorio positivo frente a los 1.965 que se debieron al saldo vegetati- vo. En efecto, la existencia de un impor- tante «yacimiento de mano de obra» en los pueblos del Valle del Vinalopó y su pre- paración en el ramo manufacturero, jun- to con la escasez de mejores alternativas de empleo, retuvieron los salarios en ni- veles bajos, al igual que lo hizo la posi- bilidad de aumentar el ingreso total de las familias mediante el trabajo, predo- minantemente a domicilio, de mujeres y niños y para distintas empresas.

Crecimiento Urbano

El desarrollo industrial, unido a los primeros procesos de inmigración, favoreció el desarrollo y consolidación de barriadas para obreros que se suce- dieron desde 1898 hasta la segunda década del siglo XX. Así, el 7 de mayo de 1898 con 154 asociados se constituye

La Prosperidad, una cooperativa de ca-

sas baratas que terminó sus construc- ciones en enero de 1917 para júbilo de sus 112 beneficiarios8. Otro barrio, ha-

bitado probablemente por los inmi- grantes mahoneses en sus primeros años, fue llamado primero de Rafael Romero y en 1902, se le impuso el nom-

bre de Romero y Tudela, al asociarse como socio capitalista, Damián Tude- la a Rafael Romero.

Otras barriadas o grupos de vivien- das para obreros fueron construidas en los primeros años del siglo XX, desta- cando la de Cid, que al parecer fue la principal localización de un numeroso grupo de obreros zapateros proceden- tes de Almansa, y la construida por el hombre de negocios alicantino Renato Bardín entre 1902 y 1903. Esta expan- sión urbana e industrial obligó a que en septiembre de 1900 la población de Elda cambiara su vetusta iluminación de pe- tróleo por las modernas lámparas eléc- tricas, siendo evidentes sus repercusiones económicas y sociales, al facilitar la in- troducción de maquinaria y mejorar las condiciones de productividad. Elda, como otras poblaciones del ámbito del Vinalopó, no fue ajena a este proceso de moderni- zación que comenzó en España en el úl- timo cuarto del siglo XIX en ciudades como Barcelona (1875), Madrid (1881), Gerona (1886) o Bilbao (1890). Ya en 1901 existían en España 861 pequeñas centrales eléctricas, con un potencial de 127.940 cv. El 61% de la potencia era de origen térmico y el 39% hidráulico.

Esta nueva sociedad eldense aspira- ba a conseguir un edificio para sus reu- niones, sus fiestas y diversiones, a seme- janza de los elegantes casinos existentes en otras poblaciones vecinas. Es así como surge en 1901 la idea de construir el Ca- sino Eldense, que inaugurado en abril de 1904 se convertirá en el centro neu- rálgico de las actividades socioculturales de la entonces villa de Elda, aunque por pocos meses ya. De esta forma se consolida un lugar de reuniones y esparcimiento, que albergó exposiciones, charlas cultu- rales y políticas, recitales e incluso acti- vidades deportivas de salón (billar y aje- drez). Todo ello será mejorado con la inauguración el 11 de septiembre de 1904, del Teatro-Circo Castelar que dotó a Elda de un amplio coliseo, de grandes proporciones para las representaciones teatrales, musicales o circenses. Sin lugar a dudas todo este esplendor económi- co, urbano, social y cultural será unos de los motivos por los que el 24 de agos- to de 1904, el rey D. Alfonso XIII, con la intercesión de D. Antonio Maura, jefe del partido conservador y presidente del Gobierno a la sazón, y por real decreto concede el título de Ciudad, confiriéndole así una categoría distinguida entre las

poblaciones de la provincia «destacando

Elda por su rápido crecimiento y el impulso in- dustrial e industrioso de sus habitantes».

Modernización político-social

En el resto de poblaciones del Valle del Vinalopó el atraso de las actividades industriales está ligado a las fuertes iner- cias existentes por parte de la burguesía agrarista, que había acumulado grandes rentas en las décadas finales del siglo XIX y, con ellas, forjado un espíritu con- servador, próximo al caciquismo carac- terístico del momento, que se resistía a orientar sus vidas y fortunas hacia otros menesteres y a aceptar las dinámicas so- ciales de modernización, siendo el caso de Villena y Sax.

Los periódicos locales de principio de siglo calificaban a los industriales del calzado como gente emprendedora, arries- gada y trabajadora, gracias a los cuales Elda crea riqueza y los obreros tienen asegurado su sustento. Estos industria- les suplantarán a la oligarquía agraria tradicional y junto a los trabajadores del ramo conformaran un grupo hegemónico con una marcada impronta de grupo y conciencia social. Así en septiembre de 1904, en la conmemoración del tercer centenario de la llegada de los Santos Patronos a la recién declarada ciudad (un buen momento para reflejar la pree- minencia social), el gremio de los zapa- teros inauguró con su carroza el desfile9.

Sin lugar a dudas la nueva y rica bur- guesía industrial participaban de rasgos ideológicos muy próximos al regenera- cionismo y a la logia masónica Fidelísi-

ma, creada en Elda en 1886, y a la que per-

tenecieron industriales del calzado como Pablo Guarinos, Rafael Romero, Blas Vera o Gaspar Pérez.

Algunos industriales eran conscientes de la lamentable carencia de instrucción de sus obreros y sus familias y hubo al- gunos, como Casto Peláez que en 1902 sostenían a su costa una escuela noc- turna donde se enseñaba a leer y escribir, cuentas y otras disciplinas de cultura ge- neral al obrero.

Otros de los parámetros que indi- can el progreso de la sociedad eldense en las dos primeras décadas del siglo XX, es la proliferación de la prensa local como verdadero órgano de opinión y crítica de las diversas sensibilidades sociopolíticas. Aunque tardío, con respecto a otras po- blaciones del Vinalopó, el primer sema- nario que aparece en Elda en 1886 será El

tiva de obreros que fundó el escritor y abogado eldense Ricardo Pérez Pomares. Al fallecer su fundador en 1887 desapa- reció. Después de otros semanarios como

La Educación Católica (1892) y El Vinalapó

(1902), tenemos constancia de periódicos locales como El Centenario (1904) y el se- manario republicano La Bandera Radical (1911). Durante los años veinte aparece- rán nuevos semanarios que se harán eco de la grave coyuntura económica por la que atravesaba la economía eldense, cons- tituyéndose en verdaderos referentes do- cumentales de lo acontecido en ésta épo- ca. Destacamos el semanario El Reformista (1915) y los periódicos el Heraldo de Elda (1912) y La Lucha (1920) órgano del Par- tido Republicano Radical10.

En Elda también se puede hablar de un proletariado industrial, que no tenía nada que ver con las características de los jornaleros y braceros agrícolas. Así, bue- na parte de estos obreros participaban de ideologías progresistas que iban desde los liberales a los republicanos, gracias a la mitificación que se realizó de Emilio Castelar, aunque ya a finales del siglo XIX y principios del XX irán arraigándose los movimientos anarquistas.

El primer gran movimiento reivin- dicativo se vivirá en 1899, con la convo- catoria de una huelga en protesta por los bajos salarios percibidos, motivos muy similares a las que provocaron la violenta reivindicación de 1903 y 1906. Sin duda, las dificultades para un normal desarrollo de las empresas eran numerosas derivadas de la crítica situación económica general en la nación. En efecto, la prin- cipal causa de las huelgas fueron las fre- cuentes alzas en el precio de las mate- rias primas (clavazón, curtidos, etc.). Para combatir estos incrementos de costes y evitar una subida del precio del artículo, que originaba descensos en la ventas, los fabricantes se veían obligados a disminuir los precios de los destajos y trabajo a do- micilio o bien a cargar los insumos a sus trabajadores hecho que era muy frecuente en otros centros productores del Vina- lopó11.

A pesar de la crisis permanente, de problemas y dificultades en este periodo, algunas empresas de calzado vivieron una etapa de prosperidad como «Blas Amat», que en 1912 construyó una gran nave de 1.078 metros cuadrados con ma- quinaria moderna y que daba trabajo a más de 150 operarios. También en 1913 se construyó la empresa «Pablo Guarinos