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Adaptive vs Adaptable Approaches in Supporting Learner Control 66

Chapter 3: Learning Systems and Student Modeling 51

3.5   Adaptive vs Adaptable Approaches in Supporting Learner Control 66

(«M edicina Psicosomática. Sus principios y aplicación»), el doctor Franz AJexander habla del ¡xHlcr «le la m ente:

«L a circunstancia «Je que e l cerebro gobierne ai cuerpo constituye, pese a que la biología y la medicina lo pasen por alto, el hecho más fundam ental que conocemos acer­ ca del proceso de la v id a».

Su CAPACIDAD INTELECTUAL. Uno d e los más alar­ mantes proyectos de investigación que se hayan realizado nunca en e l terreno educativo demuestra e l peligro que representa perm itir que fuerzas exteriores lim iten sus perspectivas en cuanto al estudio y adquisición d e cono­ cim ientos. En el decenio de 1960, a un profesor le en­ tregaron una lista con las puntuaciones obtenidas por los alum nos de una clase en la prueba de cociente inte­ lectual y , respecto a otra clase, una lista en la que la columna d e cociente intelectual se había rellenado con el número del arm ario correspondiente a cada estudiante. El profesor dio por supuesto que los números de los arm arios reflejaban la puntuación del cociente intelectual d e los alumnos de la segunda clase, y lo mismo hicieron los alumnos, cuando las listas se expusieron en la pi­ zarra, al principio del sem estre. A l cabo d e un año, se comprobó que, en el caso d e la primera clase, los estu­ diantes con altas puntuaciones de cociente intelectual habían obtenido mejores resultados, a lo largo del curso, que los alumnos con puntuaciones bajas. Pero, en la segunda clase, ¡los estudiantes con número de arm ario más alto consiguieron calificaciones significativam en­ te más elevadas que los que tenían número de arm ario más bajo!

Si a usted le dicen que es tonto y se deja convencer de ello , se m anifestará d e acuerdo con esa idea. Se verá sojuzgado por sus propias expectativas d e bajo rendi­ m iento m ental y , si convence usted a otros, se encontrará en doble peligro.

Dentro d e usted reside un genio, y a usted le com­ pete aspirar a que muestre su brillante superficie o per- sundirsc .1 sí mismo de que está desdichadamente mal

Sí.

pertrechado por la naturaleza en todo lo referente a la m ateria g ris. De nuevo, el acento se carga sobre lo que usted espera de sí mismo. Puede creer que va a serle difícil aprender algo nuevo y entonces le resultará todo lo difícil que había augurado. Puede decir, por ejemplo, que no tiene confianza alguna en aprender un idioma extranjero y , casi con toda seguridad, no lo aprenderá.

En realidad, sin em bargo, la asombrosa capacidad de almacenaje de un cerebro del tamaño de un pomelo, estim ada más bien por lo bajo, es de diez mil millones de unidades de información. Por si desea averiguar qué es lo que usted

sabe,

M ichael P hillips le sugiere el si­ guiente ejercicio: Siéntese, armado de papel y plum a, y escriba todo lo que recuerda, incluidos nombres d e per­ sonas que conozca o de las que tenga noticia, experien­ cias de la infancia, argumentos de libros y películas, descripciones de empleos y trabajos que haya desempe­ ñado. aficiones que tenga, v así sucesivam ente». Pero valdría m ás que dispusiera de una barbaridad de tiempo para dem ostrarse a sí mismo este punto, y a que, como Phillips dice a continuación, «S i escribiese usted veinti­ cuatro horas d iarias, necesitaría un mínimo calculado en dos m il años».

El potencial que lleva incorporado, sólo en la me­ moria, es algo prodigioso. Puede adiestrar su cerebro, sin excesivo ejercicio, para recordar todos los números de teléfono que utilice en un año determ inado, acordarse «le cien nombres de personas a las que haya conocido en fiestas v que acudan a su m ente meses después, explicar detalladam ente cuanto le haya sucedido en el curso de la semana anterior, catalogar todos los objetos de un cuarto tras una visita de cinco m inutos y grabarse en la memoria una larga lista de hechos tomados al azar. Lo « ierto es que usted se convierte en una persona poderosa m ando em plea su cerebro y sus poderes m entales, pero

m i s perspectivas pueden ser muy distintas, c o m o resul­

tado de dejarse dom inar por los s ig u ie n te s siMemas de 37

autosum isión: «R ealm en te, no soy muy listo ». «Nunca consigo recordar nada, ni nombres, ni números, ni idio­ mas, ni lo que se a .» «L a s m atemáticas no se me dan nada b ien .» «L eo muy despacio.» «N o logro sacar estos rom­ pecabezas.»

Las frases expuestas más arriba reflejan una actitud que le im pedirá alcanzar cualquier cosa que pudiera gustarle conseguir. Si las cam bia por expresiones de con­ fianza y por e l convencimiento de que puede aprender la forma de llevar a cabo lo que elija, no acabará usted siendo la víctim a en un lastimoso juego de «autoderrota in d ivid u al» consigo mismo.

Sus a p t i t u d e s e m o c i o n a l e s. Tiene usted la misma capacidad inherente para e l genio emocional que para la excelencia física m ental. Una vez más. todo depende de la clase d e perspectivas de que disponga. Si espera sen­ tirse deprim ido, inquieto, angustiado, temeroso, eno­ jado, culpable, preocupado o padecer alguna de las otras conductas neuróticas que he detallado en

T us zonas

e r r ó n e a s *

entonces logrará que esas condiciones formen parte regular de su vida. Las justificará diciéndose frases como: «E star deprim ido es natural* o «E s humano eno­ jarse». Pero no tiene por qué ser hum ano; es neurótico menoscabar su existencia con traumas emocionales y usted puede elim inar por sí mismo de su horizonte esa clase de reacciones. No hay razón para que existan esas zonas erróneas en su vida, si usted empieza a vivir mi­ nuto a m inuto y a plantar cara y poner en tela de juicio algunas de las pamemas que sueltan muchos operarios psicológicos d e la salud m ental. Es usted quien ha de elegir sus opciones y si borra de sus perspectivas los trastornos y la inestabilidad empezará a disponer de las características d e una persona en pleno funcionamiento.

• Fdtnonci Gnjtlbo. Btrctloni, 1978.