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HOW – Using ELT and SDRL as Design Framework 83

Chapter 4: Learner-Directed Model Design 71

4.5   Design Components Breakdown 81

4.5.3   HOW – Using ELT and SDRL as Design Framework 83

FIGURAS CON AUTORIDAD Y |»K( »MISIONALES LIBERALES

Sí No

— — 9. ¿L e resulta penoso llam ar al dentista o al médico d e cabecera por su nombre de pila?

— — 10. ¿Paga usted la cuenta, «sin m ás», aun

a

sabiendas d e que le han cargado en ex­ ceso?

— — 11. ¿L e cuesta trabajo decir a alguien con

statu s

lo que opina usted, después

d e

que esc alguien le haya defraudado? — — 12. ¿S e lim ita a aceptar las notas con que le

califique un profesor, aunque esté con­ vencido de que merece algo mejor?

BUROCRACIA

SI No

— — 13. ¿Acaba usted aguardando en la coi:» cuando va a tram itar algo a una oficin:* del gobierno?

— — 14. ¿No solicita ver al jefe de negociado cuando se considera víctima de alguna ar­ bitrariedad?

— — 15. ¿E vita enfrentarse a los burócratas qu

c

sabe usted hablan con hipocresía y se ma­ nifiestan evasivos?

LO S EMPLEADOS DEL MUNDO

Si No

— — 16. ¿H ace usted lo que l<- «Inen m a n d o lo »

dependientes le ¡níoiiiiuii •!«• que ha d

c

atenerse a las normas establecidas en po­ líticas tales como la de «n o se admiten devoluciones*?

— — 17. ¿L e cuesta un gran esfuerzo decir a los dependientes, en su propia cara, que se siente usted atropellado?

— — 18. ¿S e conforma usted, en los restaurantes, con ocupar mesas que no le gustan y no pide que le asignen otra m ejor?

UNO M ISM O

Sí No

— — 19. ¿E vita las conversaciones con desconoci­ dos?

— — 20. ¿S e siente usted poco dispuesto a dar li­ mosna a los mendigos, elude la charla con los excéntricos que pueda encon­ trarse en la acera, desea escabullirse, e t­ cétera?

— — 21. ¿P id e usted permiso para hablar o para hacer cosas?

Si responde afirm ativam ente a cualquiera de las pre­ guntas anteriores, ello indicará que se deja usted ava­ sallar, debido a que opera desde la debilidad.

NUEVA OJEADA A LA FORTALEZA

Ser fuerte no im plica d e ningún modo ser poderoso, manipulador o, ni siquiera, enérgico. Con la frase «o p e­ rar desde la fortaleza» quiero decir gobernar su vida desde posiciones gem elas de

valía y eficacia.

Usted es siempre un ser humano valioso e impor-

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tantc, y no hay razón alguna, en ningún momento, para que avance, o perm ita que otros le impulsen o tiren de usted, en una dirección que ponga en entredicho su mérito fundam ental como ser humano. Es más, en toda situación puede usted elegir entre (1 ) actuar con eficacia y alcanzar sus objetivos o (2 ) procede; d e modo ine­ ficaz y , al final, encontrarse con que se le im pide hacer lo que desea. En la mayoría de los casos — no en todos, pero sí en la mayoría— , puede mostrarse eficaz y , en

to d o s

los casos, puede operar desde la posición de su propio valor intrínseco como persona.

A l tratar con su autovalía, recuérdese que, por defi­ nición, tiene que dim anar de usted mismo. Usted es un ser humano m eritorio no porque otros lo digan, no por lo que ha realizado ni por sus éxitos. M ás bien es usted valioso porque lo afirm a usted mismo, porque está con­ vencido de ello y , lo que es más im portante, porque

a c t ú a como persona de valor inestim able.

No ser víctim a empieza con el principio d e decir y creer que uno es valioso, lo que se confirma en la prác­ tica cuando comienza a comportarse como ente humano meritorio. Esto es la esencia de la fortaleza y , natural­ mente. de la redención. Usted no puede proceder im ­ pulsado por la necesidad de ser poderoso o intimidato- rio, sino que debe actuar desde una fortaleza que le garantiza e l ser tratado como persona digna, simplemen­ te porque en el fondo de su alma está convencido de que es usted im portante.

Ser efectivo no constituye un don universal, como lo es su propia estim a. En ocasiones, no alcanzará sus objetivos. De vez en cuando, tropezará irracionalmente ron gente imposible de tratar o afrontará situaciones en las que tendrá que dar marcha atrás o Ivovar una fórmu­ la de compromiso que le perm ita poner « » lo a los des­ manes de que es objeto, evitar que los .!•••• llo r o « vavan más lejos. Puede lograr, sin embao*«*, n-ilno* •••■*• - iv r - «lidas» a un mínimo ineludible y. 1«• • «■••*• unpor-

tantc, puede elim inar com pletam ente los trastornos emo­ cionales producidos por las ocasionales frustraciones que sufra.

Ser eficaz significa sencillam ente aplicar todos sus recursos personales y em plear todos los métodos de que disponga, siem pre y cuando no atropelle al prójim o, para alcanzar sus m etas. Su propia v alía y eficacia personales son las piedras angulares d e la operación desde la forta­ leza.

Tenga presente que la palabra

in vá lid o,

en su acep­ ción d e persona físicam ente debilitada, está compuesta por el prefijo

in ,

que denota privación o negación, y el término

válid o.

A l regir su vida desde una posición de debilidad emocional, usted no sólo resulta un perdedor en la m ayor parte de las ocasiones, sino que tam bién se invalida virtualm entc como persona. « P e ro » , puede us­ ted preguntarse, « ¿ p o r qué me iba a hacer una cosa así a m í m ism o?».

M IEDO : ALGO QUE RESIDE EN USTED

C asi todas las razones que usted podría alegarse para no operar desde la fortaleza conllevan alguna especie de temor al « ¿ q u é pasará s i . . . ? » . Incluso es posible que reconozca que, a menudo,

* e l m ied o

le p araliza». ¿Pero qué cree usted que es lo que surge de la nada y le inmo viliza? S i empezase hoy a buscar y le dijesen que vol­ viera con un cubo lleno d e miedo, podría pasarse la vida dando vueltas infructuosas, siem pre regresaría a casa con las manos vacías. Sencillam ente, en este mundo, e l miedo no existe. Se trata d e algo que usted mismo se crea m ediante el procedimiento de engendrar pensamientos temorosos y albergar temerosas expectativas. Nadie cu este mundo puede lastim arle, a menos que usted !«• perm ita, y , en consecuencia, es usted quien se lastim a sí mismo.

*>*

Puede ser víctim a de abusos porque está convencido de que alguien le tendrá antipatía, de que alguna catás­ trofe va a acontccerle o d e que le ocurrirá algo desa­ gradable, en tre b s mil excusas que pueda im aginarse, si nace las cosas a su modo. Pero el miedo

e s in ter n o

y está sustentado por un bien dispuesto sistem a d e ideas que usted u tiliza hábilm ente para evitar enfrentarse de modo directo con su autoim pucsto pavor. Puede expresarse esas ideas m ediante frases como las que siguen:

Fracasaré.

Pareceré estúpido. Carezco de atractivo. M e falta seguridad. Pueden perjudicarm e.

Es posible que no les caiga bien. M e sentiría dem asiado culpable. Lo perderé todo.

T al vez se enfurezcan conmigo. Puedo perder mi empleo.

Dios no me dejará en trar en el G elo .

Si hago eso, probablem ente sucederá algo malo. Sé que lo pasaré fatal, si digo tal cosa.

La conciencia no me dejará vivir.

Pensamientos d e esta naturaleza socavan e l sistema Interno d e sustentación y mantienen una personalidad basada en el miedo, lo cual le impide a usted o p rtar ilesdc la fortaleza. C ada vez que busque en su in terio í y «alga con una d e esas frases temerosas, habrá consultado a su m entalidad débil y la impronta de víctima no ta r­ dará en evidenciarse en su frente.

Si, antes d e lanzarse a correr un riesgo, tiene que * untar con una garantía de que todo v.i a salir bien, minea abandonará el punto d e partida, |»orqoc el futuro no tiene garantías para nadie. No lu v garam ias sobre los •rrvicios que la vida pueda prest ni Ir d r nnnlo que

deseche sus pensamientos de temor si aspira a conseguir jo que desea de la vida. Por otra parte, casi todas sus ideas tim oratas son meros deslices m entales. Los desas­ tres que usted im agina raram ente saldrán a la superficie. Recuerde al sabio antiguo que d ijo : «S o y un anciano y he tenido muchos sinsabores, la m ayoría de los cuales nunca se produjeron».

En cierta ocasión, acudió a mi consulta una paciente con un problema de temores. De niña, en el Canadá. Donna recorrió a pie seis kilóm etros y medio, porque le aterraba lo que le pudiese decir e l conductor del auto­ bús. debido a que e lla ignoraba dónde había que echar el dinero del b illete y le asustaba preguntarlo. R efirió que, a lo largo de toda su infancia, había operado desde el tem o r... se aterraba de tal modo que, por ejemplo, cuando tenía que hablar en la clase, porque le tocaba el tu m o de presentar verbalm cntc ponencias sobre un tex­ to, enferm aba con fiebres altas y accesos d e vómitos in­ controlables. lo que la impedía ir al colegio. Y a de adulta, cuando asistía a alguna fiesta y en el transcurso de la misma iba al lavabo, no se perm itía aliv iar la ve jig a , por temor a que la gente la oyese orinar y riera de ella.

Donna era un manojo de dudas sobre sí m ism a. El miedo gobernaba su vida. Vino a consultarm e porque estaba cansada d e la tiranía d e sus propios tem ores. Al cabo d e varias sesiones, durante las cuales la animó a que corriera algunos «riesgos sencillos», empezó a asim ilar el antídoto destinado a suprim ir su miedo. Como prime ra hazaña, algo más bien insignificante: decir a su madre que le iba a resultar im posible visitarla en toda la sema na siguiente. Para Donna, éste fue un paso de suma importancia. Con el tiempo, empezó a practicar enfren tándosc a em pleados y cam areras que. en opinión de Donna, la servían m al. Por últim o, accedió a pronuncia! una charla d e cinco minutos en una de mis clases univer sitarias. A quella presentación en público le produjo terr

/.O

blores internos, pero los superó v •nmj»lin j>crfecta- mcntc.

E ra asombroso comprobar la lr.mNl«iin.icióii que se manifestaba en Donna m ientras procedía .1 desarrollar su conducta dom inante del miedo. Actualm de numera sen­ sacional delante d e la clase y nadie detectó nunca su nerviosismo y sus dudas internas. Además, la Donna ac­ tual (unos tres años después) es instructora d e eficacia paterna y suele organizar sus propios sem inarios para amplios auditorios en toda la metrópoli de N ueva York. Nadie puede creer que hubo un tiem po en que Donna era una acum uladora de temores. Los apartó d e sí al enfrentarse d e m anera eficaz con el absurdo de su sis­ tema interno de sustentación del miedo, y al aceptar riesgos que ahora constituyen para ella algo natural y divertido.

El brillante autor y lexicógrafo inglés Sam uel John­ son escribió:

Todo miedo es doloroso y , cuando no conduce a la seguridad, es inútilm ente doloro so... Por lo tanto, toda consideración a través de la cual pue­ dan suprim irse los terrores carentes de base incor­ pora algo a la felicidad humana.

Las palabras d e Johnson continúan teniendo vigencia vital doscientos años después de que las escribiera. Si tus temores carecen de base, son inútiles, y elim inarlos resulta indispensable para su felicidad.

LA EXPERIENCIA CO M O ANTIDOTO DEL MIEDO

El caso d e Donna ilu stra una «lo !.«•. m.o. mjmiiI¡cati­ vas lecciones de la vida: U sted no |*m di ipi. n.l. i n.ida, m socavar m iedo alguno, so pon.« do qm • i> .li-.puosio

a h a c e r algo. L a acción, antídoto del m iedo y de la

conducta más contraproducente, la rehuyen la mayoría de las víctim as que operan desde la debilidad. Pero la m áxim a educativa que a m í me parece más razonable es:

O igo: O lvido. V eo: Recuerdo. H ago: Comprendo.

Nunca sabrá qué se siente al desem barazarse de un temor hasta que acepte el riesgo d e enfrentarse a él Puede hablar con su terapeuta hasta quedarse ronco o convertirse en ran a, puede rum iar hasta que le escuezan los dientes y le sude el cerebro y puede escuchar a los am igos que le digan que no hay nada de qué tener miedo hasta que e l caracol del oído se le venga abajo, pero no comprenderá d e verdad hasta que

a ctú e.

Del mismo modo que nadie puede enseñarle a tener m iedo, nadie puede tampoco enseñarle a no tener miedo. Sus temores son sensaciones exclusivam ente suyas, y sólo usted tiene que enfrentarse a ellos.

En una p laya, o í a una m adre que le gritaba a su hijo: «¡N o te metas en el agua hasta que sepas n ad ar!» ¿ Y la lógica del aprendizaje? Es como decir: «N o tra tes d e ponerte d e pie hasta que hayas aprendido a an d a r » , o «N o te acerques a esa pelota hasta que sepas cómo lan zarla». S i otras personas pretenden impedirle hacer algo y esperan au e usted aprenda sin hacerlo, ten drá que considerar e l asunto como problema peculiar d e esas personas. Si las personas m ayores salían airosas del empeño cuando usted e ra niño y usted achaca a eso su inm ovilización actual producida por el m iedo, cnton ces es que está realm ente bloqueado. Lo que le hicieron

a usted cuando era niño ya no puede revocarse, d e forma

que si usted lo u tiliza ahora como excusa para no hacer algo, va a seguir siendo la misma víctim a de siempre Entienda su experiencia como resultado d e que sus p3

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