Chapter 3: Learning Systems and Student Modeling 51
3.3 User and Student Modeling 57
DE DIRIGIDOS ELEMENTOS PARA EL DIRECTOR
CAPÍTULO ÚNICO
I.
LA
DIRECCIÓN
ESPIRITUAL
DE LOS NIÑOS
423Puede sonar extraño hablar de “dirección espiritual” de los niños. Es, sin embargo, una tarea muy importante que ningún sacerdote debería eludir, especialmente si tiene como apostolado la formación infantil (Escuelas, Internados, Seminarios Menores, etc.).
Dirigir a un niño consiste simplemente en iniciarlo, directa y personalmente, en la práctica de las virtudes y en la reforma de sus malos hábitos, si los tiene. Es enseñarle qué debe hacer él para llegar a ser un cristiano perfecto; enseñarle cómo debe obrar élpara corregirse de tal o cual defecto, para adquirir tal o cual manera de pensar, tal regla de conducta, adecuadas a su situación actual. Es disponerlo a adquirir en su mentalidad y a aplicar en su conducta los ejemplos y las enseñanzas de Jesucristo. Es habituarlo a concretar en su conducta la imitación de Cristo.
En el plano de los Sacramentos, la dirección consiste en la adaptación individual de las gracias obtenidas, al temperamento y la condición de cada alma; mediante la dirección, el niño puede aprender a utilizar en su conducta personal y en sus relaciones con los demás, las gracias recibidas en la Comunión y en la Confesión.
Estas cosas no pueden lograrse ni en la enseñanza del Catecismo ni en los Sermones para niños (pues en estas actividades el catequista o el predicador deben adaptarse al conjunto de sus oyentes, dando principios más generales y universales) ni en la misma Confesión Sacramental (en la cual los consejos están relacionados con las faltas confesadas y donde no suele haber tiempo para hacer un seguimiento prolongado y periódico del alma). Para la educación cristiana de los niños hace falta un complemento más personalizado y continuado que es el que ofrece la Dirección Espiritual. Se ha dicho de la educación de los niños y jóvenes en general (y en particular sobre su formación en la castidad): “Los padres deben procurar que [sus hijos] frecuenten conscientemente los sacramentos... Una ayuda necesaria y sobrenaturalmente eficaz es frecuentar el Sacramento de la Reconciliación, especialmente si se pueden contar con un confesor fijo. La guía o Dirección Espiritual, aunque no coincide necesariamente con el papel del confesor, es ayuda preciosa para la iluminación progresiva de las etapas de maduración y para el apoyo moral”424.
La Dirección Espiritual de los niños debe ser muy sencilla y atenerse a los puntos más fundamentales de la vida cristiana que desde pequeños deben practicar de modo tal que se formen los hábitos buenos. Estos puntos son:
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La oración, centrada en las oraciones diarias (de la noche, de la mañana, antes de las comidas, jaculatorias). Hay que cultivarles la devoción Eucarística y la confianza en la Virgen.–
La vida sacramental, centrada en la Comunión Eucarística y la Confesión frecuente.–
La mortificación; de modo especial aquella que consiste en la sencilla aceptación de las privaciones diarias, en el no quejarse, el ser sufridos con las molestias ordinarias.–
Los deberes de estado propios de los niños: la obediencia y respeto a sus padres y mayores; el trato con sus hermanos y amigos. Un punto muy importante que los directores espirituales de seminaristasmenores o niños de colegios internados no deben obviar es el que respecta a sus deberes filiales: si escriben a sus padres, si los tienen informados, así como el modo en que se comportan con ellos cuando van a sus casas de visita. Hay que insistirles que sus padres y hermanos deben “notar” que son “mejores” desde que están en el Seminario o en el Internado, etc.
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La educación de las virtudes y afectos: hay que ayudarlos a cultivar la sana alegría, el gusto por la naturaleza y el deporte, la sinceridad, la abnegación y generosidad en los trabajos y servicios. Para todo esto ayudan mucho las excursiones, campamentos, retiros infantiles, etc.–
Hay que iniciar a los niños en la buena lectura, con versiones adaptadas para ellos de vidas de santos, historias bíblicas, clásicos infantiles.El elemento fundamental en la dirección-educación de los niños (y lo mismo vale para los adolescentes y los jóvenes) es el amor sobrenatural de quien está cargo de ellos. El director espiritual no es sólo un “maestro” o un “educador” sino un “padre”, pues ejerce una auténtica paternidad sobre sus dirigidos. Pero lo que marca la diferencia entre un buen educador y un genuino padre es el amor: el amor de paternidad supera al interés del educador. Por eso San Pablo escribiendo a los corintios les recuerda: Aunque tengáis millares de maestros, no tenéis muchos padres (1 Cor 4,15). Nunca debe desestimarse el “alcance pedagógico del amor” porque:
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La educación es una tarea tan difícil que sólo el amor puede comprometerse a asumirla y cumplirla.–
El amor insta al director a hacer un examen de sus propios defectos y a corregirse si es necesario.–
El amor no sólo logra que el niño y el joven confíe en nosotros, sino también que nosotros confiemos en los niños y en los jóvenes, y esta confianza es requisito imprescindible para esta labor pastoral.San Juan Bosco ha llamado a esta virtud “amorevolezza”. Lo escribía el Santo en su célebre “Carta sobre el espíritu de familia”, fruto de su madurez y experiencia425: “La familiaridad engendra afecto, y el
afecto, confianza. Esto es lo que abre los corazones, y los jóvenes lo manifiestan todo sin temor a los maestros, a los asistentes y a los superiores. Son sinceros en la confesión y fuera de ella, y se prestan con facilidad a todo lo que les quiera mandar aquel que saben que los ama...”. Pero esto no se consigue solamente amando a los niños y jóvenes; añade el Santo: “...Falta lo mejor... Que los jóvenes no sean solamente amados, sino que se den cuenta de que se les ama... Que, al ser amados en las cosas que les agradan, participando en sus inclinaciones infantiles, aprendan a ver el amor también en aquellas cosas que les agradan poco, como son la disciplina, el estudio, la mortificación de sí mismos y que aprendan a obrar con generosidad y amor... El que quiere ser amado es menester que demuestre que ama... El que sabe que es amado, ama, y el que es amado lo consigue todo, especialmente de los jóvenes”.
Señalo también que San Juan Bosco recomendaba a los más jovencitos comenzar el trato de dirección espiritual exponiendo al director toda su vida. Se lee en sus Memorias Biográficas: “Es mi costumbre aconsejar a los alumnos que entran nuevos en la Casa lo mismo que Pitágoras (célebre filósofo de la antigüedad), exigía de sus discípulos. Cada vez que se le presentaba uno nuevo, quería para admitirlo en su escuela, que antes le hiciese en confianza una minuciosa declaración, o sea una especie de confesión, de toda su vida pasada. Notad que era un filósofo pagano, el cual, sin embargo, buscaba merced a los muchos conocimientos adquiridos, ser útil a sus semejantes. Pedía, pues, tal manifestación y daba la razón de ello diciendo: ‘que si no sé todo lo que han hecho en el pasado, no puedo aconsejar los remedios que requiere su estado y la moralidad de sus costumbres’. Después cuando un joven era admitido en su escuela como alumno, quería que le abriese el corazón en todo: ‘Porque, añadía, si no conozco su interior, me resulta imposible hacerles el bien que deseo y que ellos necesitan’.
Lo mismo os aconsejo a vosotros, queridos muchachos. Creen algunos que basta abrir plenamente el corazón al director espiritual para comenzar una vida nueva, y que han hecho una confesión general cuando lo dicen todo... Eso es una gran cosa, pero no lo es todo... Se trata no sólo de remediar el pasado, sino también de prevenir el futuro con firmes resoluciones... En cuanto al porvenir, para caminar con
seguridad debéis revelar vuestros defectos habituales, las ocasiones en que solíais caer, las pasiones dominantes; cumplir los consejos y avisos que se os darán poniéndolos fielmente en práctica; y después perseverar teniendo abierto vuestro corazón con entera confianza, exponiendo de tanto en tanto las necesidades, las tentaciones, los peligros, de modo que quien os dirige pueda guiaros con seguridad.
Pero quede bien entendido que debéis poner como fundamento una buena confesión... En cuanto al pasado, declarad todo el mal que habéis hecho, no sólo para que el confesor pueda conocer vuestra alma, sino sobre todo para asegurar las confesiones de la vida pasada y poder decir después: En cuanto al pasado estoy tranquilo; así podré en adelante vivir más alegre. De este modo tendréis la seguridad de la ayuda del Señor en todas las circunstancias de vuestra vida, siendo con vuestro amor y humildad sus verdaderos hijos y amigos”426.