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Appendix B: Sending a Bug Report

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Históricamente, la organización política que más fielmente representó las ideas vinculadas al fascismo europeo en nuestras latitudes fue Falange Española. Los intentos de Albiñana con su Partido Nacionalista Español no dejan de ser meros intentos de «gesticulación reaccionaria» tal como lo calificara Ramiro Ledesma; apenas tuvo importancia política y fue más bien un movimiento sensacionalista financiado por el gran capital. Con Falange Española varía sustancialmente el planteamiento.

En 1924 aparecía en España la primera revista fascista «La Camisa Negra»; el intento apenas tuvo historia y no se pudo concretar en ningún movimiento político importante. Giménez Caballero intentó realizar más tarde una adaptación española del fascismo italiano y se perdió en los vericuetos de la retórica imperial. Más tarde pasaría a integrarse en la publicación que editaba un joven desde Madrid: «La Conquista del Estado». Ramiro Ledesma, alma de la nueva publicación, estaba muy al tanto de las corrientes político-ideológicas de Europa. El círculo de simpatizantes de la revista pudo dar pie a la creación de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas que más tarde se fusionaron con otra organización similar radicada en Valladolid y que utilizaba como portavoz la revista «Libertad». Otro joven, Onésimo Redondo, era su líder.

A pesar de que fueron constituidas algunas J.O.N.S. locales y que empezaron a gestarse algunos sindicatos, lo cierto es que hay que considerar importante a esta organización desde el punto de vista de su aportación doctrinal. En las J.O.N.S. se gestaría el nacional-sindicalismo que, más tarde, con mayor fortuna y popularidad, sería el motor ideológico de Falange Española. Ramiro aportó la ideología y la emblemática, José Antonio su atractivo personal y su capacidad! de líder.

La guerra civil debería segar las vidas de todos estos jóvenes: Ramiro Ledesma fusilado sin juicio, José Antonio ejecutado por sentencia del tribunal popular de Alicante, Onésimo muerto en un enfrentamiento armado. El movimiento quedó descabezado, desbordado por la avalancha de nuevas adhesiones, comprometido en la lucha en los frentes de batalla... Por último el Decreto de Unificación con el movimiento carlista si bien era un pacto destinado a ganar la guerra consolidando un amplio frente político que evitara discordias internas en la retaguardia, fue difícilmente aceptado por muchos de los «camisas viejas» que agrupados en torno a Manuel Hedilla fueron eliminados del espectro político. El mismo Hedilla condenado a muerte sólo fue indultado en última instancia.

Tanto la antigua Falange como el nuevo Movimiento tenían unas trazas características a todos los movimientos fascistas. Anticapitalismo y anticomunismo, principio de orden y autoridad, na- cionalismo y una política social sindicalista bastante similar a la preconizada por los movimientos fascistas de la época, mística del servicio y sacrificio, de la tarea común, de la unidad nacional, etc. Sin embargo el decreto de unificación de 1937 señaló la división de esta corriente en dos: los que lo aceptaron y los que se mantuvieron al margen, «los auténticos».

La historia y vicisitudes de estos últimos no es precisamente breve. Ha sido relatada en un llamado «Manifiesto de la Legitimidad» por el partido conocido actualmente con el nombre de «F.E. de las J.O.N.S. (auténtica)» el cual desea presentarse como el legítimo heredero de aquellos que no aceptaron la unificación con los carlistas. Un año después de la publicación del decreto de unificación, en julio de 1938, algunos elementos radicales del nacional-sindicalismo constituyen la llamada «Falange Española Auténtica» y una vez liberada la capital, podrá formar en ella la primera Junta Política Clandestina de Falange. Existía, en aquellas fechas, la intención de atentar contra Serrano Suñer, antiguo diputado de la C.E.D.A. y dirigente de la Falange «oficial». El complot fue, sin embargo, descubierto y la junta desarticulada. Dos falangistas próximos a los grupos clandestinos fueron fusilados en 1942, uno acusado de vender trigo ilegalmente y el segundo de ser el autor del atentado antimonárquico en el Monasterio de Begoña. A partir de esta fecha la actividad de los grupos no integrados en el Movimiento franquista decrece y desaparece prácticamente.

La actividad se reanudará de forma orgánica en 1952 con la creación de las Juntas de Acción Nacional Sindicalista (J.A.N.S.) desarticuladas policialmente ese mismo año. Dos años después se

volverá a repetir la operación bajo las siglas J.O.N.S, con la particularidad de que el emblema será, además del tradicional yugo y flechas, la H inicial de Hedilla. Tampoco este intento tendrá excesivo éxito y pasará a desintegrarse.

Al producirse los violentos enfrentamientos en las universidades españolas en 1963, coincidiendo con la última etapa de desintegración del S.E.U., en la universidad —especialmente en el distrito de Madrid— aparecen organizaciones disidentes del sindicalismo oficial que entran en contacto con aquellos falangistas que jamás se integraron en el Movimiento. De los contactos habidos en esos años nacerán los primeros grupos falangistas autotitulados «de izquierda» (para oponerse a la Falange «de derechas», según ellos, representada en el Movimiento Nacional). En esas fechas empiezan a destacar Narciso Perales, antiguo palma de plata de la Falange (alta condecoración falangista) y Ceferino Maestu, fundador del Círculo Manuel Mateo, antiguo líder de la tendencia falangista de las primeras Comisiones Obreras. Por fin aparecen unas siglas concretas: el Frente Sindicalista Revolucionario y el Frente de Estudiantes Sindicalistas.

El F.S.R. presidido por Narciso Perales tenderá a virar lentamente hacia la izquierda; se le puede calificar con propiedad como un movimiento encuadrado dentro del «fascismo de izquierdas» a pesar de que sus miembros eran violentamente antifascistas y sindicalistas revolucionarios. Sin embargo su anticomunismo, su nacionalismo y su postura de organización de «tercera vía» lo convierten, en sus primeros tiempos, en un típico producto del fascismo de izquierdas. El F.S.R., cuyo emblema era la espiral levógira, formó comités coherentes en Madrid únicamente. Los intentos de llevar la idea del F.S.R. a provincias constituyeron un fracaso, reduciéndose a pequeños grupos a menudo contradictorios con las líneas marcadas por la dirección de Madrid, o como en el caso de Barcelona, virados mucho más a la izquierda que la propia dirección. En 1974 Maestu fundó la revista «Sindicalismo» de la que aparecieron una veintena de números. Sin embargo ya no se trataba de una publicación falangista de izquierdas sino típicamente anarcosindicalista. El mismo Maestu, según algunas fuentes, habría acabado por militar en la C.N.T. como muchos de sus antiguos camaradas del F.S.R.

En cuanto al F.E.S. cabe decir que en más de quince años de actuación prácticamente no ha sufrido evolución ideológica alguna gracias a la persistencia de su líder y fundador Sigfredo Hillers de Luque. El F.E.S. mayoritariamente compuesto por estudiantes alcanzó su momento álgido a principios de la década de los 70 cuando constituía la única fuerza no marxista organizada en el distrito universitario de Madrid. También como en el caso del F.S.R., su implantación provincial fue episódica y apenas ha tenido importancia a pesar de que logró bases en la mayoría de distritos. Sus militantes fundaron en 1971 la Asociación Juvenil «Octubre» a fin de lograr una cobertura legal a sus actividades de la misma forma que antes habían utilizado el Círculo Ruiz de Alda con los mismos fines en los años 60. Después de los fallidos intentos de unificación falangista Hillers persistió en una posición sectaria y ultraortodoxa. Cuando el gobierno dio luz verde a la constitución de partidos y asociaciones políticas los restos del F.E.S., bastante debilitado por la competencia de los grupos hedillistas y habiendo perdido a sus miembros más activos en la universidad, pasó a constituir la Falange Española Independiente que apenas ha logrado implantarse débilmente en cinco provincias. En las pasadas elecciones las listas de F.E.I. alcanzaron un total de 888 votos. Sin embargo los militantes del antiguo F.E.S. mantienen una fama de activistas y voluntaristas bien ganada. Su líder Hillers protagonizó el 29 de octubre de 1976 los incidentes en el teatro de la Comedia al tomar la palabra en un mitin unitario expresando posturas personales que terminaron en un enfrentamiento abierto entre falangistas del F.E.I. y de los grupos «movimentistas» de Fernández Cuesta y Blas Piñar.

El eje del protagonismo falangista debía desplazarse en los años 60 a los más activos «Círculos Doctrinales José Antonio», el primero de los cuales sería fundado en Madrid en 1965 íntegramente constituido por disidentes del Movimiento Nacional. Pronto contaron con el apoyo y la ayuda de sectores del Movimiento que veían con buenos ojos la iniciativa de constituir centros de estudios falangistas independientes; con el tiempo esta ayuda debería cesar casi completamente. En 1969 los círculos crecieron hasta 17, 101 en 1973 y 231 en 1976, aunque bastantes de ellos tienen un carácter meramente episódico o han cesado toda actividad en el momento presente. Buscaron colaboración con la «Hermandad de Antiguos Miembros del Frente de Juventudes» y con los grupos activistas como el F.E.S., e incluso se aproximaron a los sectores falangistas del régimen (Vieja Guardia, Guardia de Franco y Frente de Juventudes). Fruto de todos estos intentos fue la concentración unitaria de Alicante en 1970 promovida por las «Juntas Promotoras de

Falange Española de las JONS» constituidas en vistas a aprovechar el decreto asociativo que parecía próximo en aquellas fechas. La concentración fue prohibida en el último momento y apenas unos 4.000 falangistas lograron llegar a Alicante. Al año siguiente los problemas internos se multiplicarían y la unidad conseguida en 1970 estaría cada vez más lejana.

Ilustración 26. Sigfrido Hillers, la Falange

Independiente.

Ilustración 27. Fernández Cuesta, la Falange Histórica.

Ilustración 28. Miguel Hedilla, la Falange Auténtica.

La IIa concentración tuvo lugar en el Valle de los Caídos, la III.a en Alicante, en Toledo la IV.a (produciéndose graves incidentes internos), en Valladolid la siguiente. El poder de movilización de los círculos se ha mantenido siempre constante, apenas ha logrado superar la cota de los 4.000 asistentes. La aparición del fenómeno hedillista, constituido en torno a disidentes de los «Círculos José Antonio» ha contribuido a debilitarlos profundamente, así como su ala derecha se ha visto mermada por la formación de la Falange de Raimundo Fernández Cuesta.

Esta última había nacido directamente del «Movimiento» y del «Frente Nacional Español» el cual en el momento que el régimen dejó de poner obstáculos a la utilización del nombre del «F.E. de las J.O.N.S.» lo asumió en competencia con hedillistas, miembros del F.E.S. y de los Círculos José Antonio. Los «raimundistas» han hecho en muchas ocasiones causa común con los miembros de «Fuerza Nueva» participando en la coalición electoral «Alianza Nacional del 18 de Julio» en las pasadas elecciones generales. Su actividad en provincias siempre ha sido muy limitada permaneciendo en continua disputa la sustitución de Fernández Cuesta sin que hasta la fecha haya podido ser desbancado de su cargo.

El partido hedillista tomó como punto de partida a elementos disidentes de los «Círculos José Antonio» y a pequeñas organizaciones universitarias falangistas. Irrumpió en mayo de 1976 pocas semanas antes que los Círculos José Antonio celebraran su congreso unitario. Desde el primer momento destacaron por un izquierdismo antifascista visceral y un dinamismo inusitado. Dirigido por Narciso Perales, Pedro Conde y uno de los hijos de Manuel Hedilla, el partido protagonizó acciones espectaculares que le reportaron abundantes artículos en la prensa. Con razón Manuel Hedilla pudo declarar a la revista porno-política «Play-lady»: «En seis meses hemos levantado el muerto»...

Al cabo de un año la situación de la Falange Española Auténtica es bastante problemática. Dos tendencias internas están en perpetuo tira y afloja, la primera propugna una trayectoria más anarcosindicalista que falangista (tendencia dirigida precisamente por Hedilla-hijo), mientras que la otra sigue con las constantes propias de la doctrina joseantoniana. Durante el segundo congreso del partido, celebrado en mayo de 1977 se han registrado algunas expulsiones, como la de Gussoni, responsable sindical en un primer momento y que luego se afilió al Sindicato Unitario (dependiente de la O.R.T. maoísta). El Círculo «Amanecer», situado entre los Círculos y la Falange

Auténtica mantiene una postura ecléctica después de haber colaborado con unos y con otros. Dentro de los grupos falangistas no cabe la menor duda que los hedillistas son los mejor organizados y los que disponen de unos organismos de prensa propios: «Si» para los universitarios, «C.O.N.S.» para los sindicatos, «Boletín Informativo» para el interior y «Patria Sindicalista» órgano del partido, asimismo existen distintas publicaciones locales de escasa importancia.

Tanto los Círculos José Antonio, como el FES, como los hedillistas se podrían clasificar como unas distintas variantes del nacionalismo-revolucionario a pesar de que su nacionalismo y su vinculación sentimental a Hispanoamérica los haga sino anti-europeístas sí por lo menos a- europeístas. El radicalismo del que hacen gala y algunas de sus formulaciones ideológicas son similares a las de la «Nueva Derecha» alemana y a las de la «Organizazione Lotta di Popólo», por ejemplo. Otro carácter tiene el partido «Fuerza Nueva», partido típico de la derecha-nacional.

«Fuerza Nueva» nació como revista a mediados de los años sesenta a partir de un seminario religioso al que asistió Blas Pinar y algunos de los actuales líderes del movimiento. El director espi- ritual les instó a que crearan algo que diese una continuidad a estos ejercicios espirituales. De ahí nació «Fuerza Nueva». Inicialmente no se trataba más que de un semanario afecto al Movimiento de línea eminentemente católica que poco a poco fue politizándose y consiguiendo formar un círculo asiduo de lectores y simpatizantes.

Como líder indiscutible del movimiento, Blas Pinar, habló en 1970 por primera vez de constituir un partido político al abrigo de la que entonces se creía próxima ley de asociaciones políticas. El antiguo presidente del Instituto de Cultura Hispánica y notario de Madrid, se aprestó desde entonces entusiásticamente a la construcción de un gran partido de carácter nacional que reflejara fielmente los ideales del 18 de Julio. Blas Pinar multiplicó sus conferencias en Madrid y provincias, recorrió varias veces toda la geografía nacional suscitando vivas polémicas e indudables entusiasmos. A su entorno el partido fue creciendo manteniendo siempre un ritmo ascendente de crecimiento sin apenas escisiones ni graves problemas internos.

En la actualidad «Fuerza Nueva» ha editado más de 600 números, constituido como partido cuenta ya con cerca de 35.000 afiliados, mientras que la revista tira semanalmente cien mil ejem- plares y las suscripciones ascienden a diez mil. En la actualidad está prevista la publicación de un matutino diario, «La Nación», y la creación de una emisora de radio de alcance nacional, habién- dose abandonado la idea de creación de un sindicato propio. La organización juvenil «Fuerza Joven» en el momento en que escribo estas líneas está estructurada sólo mínimamente aunque un congreso nacional de constitución está previsto para el mes de febrero. También el servicio de orden, la Sección «C», constituye una de las piedras angulares del partido.

Bastante injustamente se ha relacionado el nombre de Fuerza Nueva con atentados espectaculares cometidos por elementos incontrolados de extrema-derecha. Hasta la fecha los registros a la sede del partido, las detenciones de algunos destacados líderes del partido y los ataques de grupos izquierdistas, no han logrado hacer mella en la decisión de los hombres de «Fuerza Nueva» de convertirse en el gran partido de la derecha-nacional en España. Todo induce a pensar que en pocos años se tenderá a la constitución de un Frente Nacional formado esencialmente por los restos de la Unión Nacional Española, los falangistas de Fernández Cuesta una vez desengañados de sus repetidamente fracasados intentos unitarios, y los militantes de «Fuerza Nueva», organización que aventaja en número y dinamismo al resto de fuerzas. Este «Frente» del que la «Alianza Nacional 18 de Julio» no era más que un apresurado anticipo, se adivina ya en el futuro.

En la actualidad, de izquierda a derecha la situación es la siguiente en el campo del nacionalismo español:

— Falange Española Auténtica, extrema-izquierda falangista, grupo que tiende a ser mayoritario gracias a su dinamismo, corriendo el riesgo de romperse interiormente.

— Círculos Doctrinales José Antonio, izquierda falangista, excepcionalmente debilitada por el fenómeno hedillista y habiendo perdido más del 60 % de los efectivos y viendo disuelta la Junta Coordinadora Nacional Sindicalista.

— Falange Española Independiente, estancada en su sectarismo, constituye un pequeño «centro» falangista, obsesionado con la idea de ortodoxia y pureza doctrinal, apenas puede pasar

del estado grupuscular aunque últimamente ha mejorado su implantación en provincias.

— Falange Española de las JONS sector de Raimundo Fernández Cuesta, sector «derechista» de Falange, procedente del Movimiento, próximo a «Fuerza Nueva» con quien en última instancia deberá concluir un pacto.

— Fuerza Nueva, partido de la derecha-nacional, capaz de organizar en los últimos meses importantes movilizaciones de masas, con la mayor parte de los cuadros juveniles del nacionalismo español.

— Círculo Español de Amigos de Europa, organización muy minoritaria de carácter nacional- revolucionario y social-racista que forma parte del Nuevo Orden Europeo, fundada en 1967 y especializada en la edición y distribución de libros de carácter neofascista.

Aparte de estas organizaciones se puede hablar de los grupos desaparecidos actualmente o en estado larvario. Habría que recordar naturalmente a las famosas Defensas Universitarias, grupo de choque surgido entre 1963 y 1968 y que protagonizó diversos incidentes contra organizaciones izquierdistas. En esa fecha fue sustituido por un modelo más refinado: la «Acción Universitaria Nacional» que llegó a agrupar a unos 300 universitarios en el Distrito Universitario de Madrid. El A.U.N. pretendía ser un embrión de sindicato universitario antes que un, grupo de choque. Tampoco pudo evitar el protagonizar episodios de violencia, sin embargo jamás alcanzaron la gravedad que en el caso de la Defensa Universitaria.

El A.U.N. tiene la particularidad única de haber estado teledirigido poco discretamente, por cierto, por oficiales del «Servicio de Documentación de la Presidencia del Gobierno», especiali- zados en la lucha anti-subversiva. Según reveló González-Mata dicho Servicio parecía haber tomado como cometido el espolear y alimentar el activismo anticomunista universitario que languidecía en la primera mitad de los años setenta por falta de medios económicos y preparación técnica. Dotados de estos dos factores, los oficiales del S.D.P.G. pasaron a editar revistas y octavillas a dichos grupos, les impartieron en el Valle de los Caídos, Peñíscola, el Monasterio de Piedra, etc., cursillos sobre los métodos más adecuados para luchar contra el comunismo en la universidad. Cuando el almirante Carrero Blanco, principal impulsor de la operación murió víctima del atentado terrorista de E.T.A., la orientación del gobierno varió y lógicamente la del S.D.P.G. del que no era más que una mera caja de resonancia. El A.U.N. fue puesto en letargo y privado del apoyo de estas esferas desapareció sin dejar casi trazas. Una de sus derivaciones directas la constituyó el Centro Universitario Madrid, asociación legal que tampoco fue muy lejos. Los restos más oportunistas del A.U.N. pasaron a formar parte de partidos democráticos (especialmente de U.C.D. y de Alianza Popular), mientras que los más fieles a su ideario anticomunista lucieron las insignias de «Fuerza Nueva».

Si en Madrid la fuerza preponderante durante varios cursos universitarios fue la A.U.N, en Barcelona el ambiente bastante más radicalizado hizo que los amos del terreno fueran los grupos neo-nazis, especialmente el «Partido Español Nacional Sindicalista» que, también temporalmente, recibió ayuda del S.D.P.G. aunque sin llegar a ser directamente teledirigido por éste sino manteniendo una peligrosa autonomía propia. El P.E.N.S. logró constituir un nutrido núcleo universitario del que han partido algunos de los cuadros dirigentes de varios movimientos nacionalistas en Cataluña. Extendió su radio de acción a Madrid trabando contacto con el pequeño Movimiento Nacional Revolucionario y a Valencia en donde el Movimiento Social Español se

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