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Other Aviation Terms

In document X-Plane Operation Manual (Page 175-180)

Appendix C: Glossary of Terms

IV. Other Aviation Terms

Durante la pasada guerra civil desencadenada en el Líbano el «Khataeb» o «Falange Libanesa» protagonizó los más sangrientos combates y se constituyó como la fuerza de choque mejor preparada del sector cristiano-libanes. La lucha de las falanges de Pierre Gemayel suscitó inmediatamente movimientos de solidaridad en organizaciones neo-fascistas que se concretaron en el envío de un cuerpo expedicionario, compuesto mayoritariamente por franceses, a luchar al lado de los cristianos. Como se puede ver las falanges libanesas ocupan, dentro de la cadena de organizaciones neo-fascistas, un eslabón importante que merece ser conocido.

El «Khataeb» es ante todo un partido perteneciente al fascismo histórico fundado en 1936 por Pierre Gemayel, actualmente con 76 años de edad y que sigue dirigiendo la organización. El partido adoptó un nombre y un aspecto típicamente fascista inspirado en el nacional-sindicalismo de José Antonio. A esto ayudaba el hecho de que el «Khataeb» surgiera como expresión política de la comunidad cristiano-maronita libanesa. Posteriormente ingresaron musulmanes en sus filas abandonando un poco este carácter tan confesional que hasta el inicio de la guerra civil libanesa le caracterizaba tanto.

Gemayel concedió hace unos años una entrevista a la revista del Círculo Español de Amigos de Europa en la que se defendía de las acusaciones de pro-sionismo. Declaraba que la lucha de las Falanges era una lucha por pacificar la zona y que uno de los factores de desestabilización era precisamente el imperialismo sionista. Pero el auténtico enemigo de Gemayel y de sus camaradas ha sido y seguirá siendo la resistencia palestina, especialmente aquella orientada hacia las posiciones marxistas. Cabe decir incluso que muchos de los combatientes del Khataeb habían pertenecido antes a las filas de la resistencia palestina, especialmente a «Al Fatah» y a «Al Assiff», asimismo los voluntarios europeos que luchaban a su lado mantenían posturas políticas francamente antisionistas cuando no anti-semitas.

El emblema de las falanges libanesas es un cedro esquematizado. Están organizados en comunidades políticas en tiempo de paz y agrupaciones militares en tiempo de guerra. Un cuerpo de élite, el «Securité Khataeb Service», hace las veces de policía interna del partido. Normalmente en el anagrama suelen escribir la «K» más pequeña, surge así las «S.S.» No nos debe extrañar, también las camisas que utilizan los militantes son pardas y las juventudes militarizadas nos recuerdan a las hitlerianas. Especial fama tienen las secciones femeninas que han participado activamente, «klachinkov» en mano, en la lucha contra los izquierdistas palestinos. En tiempo de paz el partido podía considerarse como formación de la derecha-nacional obsesionada por una serie de temas moderados y anticomunistas, haciendo constantes referencias a la unidad nacional por encima de las castas, las religiones y las opciones políticas. Un militante del Khataeb declaró a un periodista italiano del «Tempo»: «Soy de derechas, no soy quién para morir sino que lucho para ayudar al Líbano a vivir». Y más adelante: «En Italia con los comunistas haced como nosotros, cazad-los...». Y efectivamente esto era lo que hacían las falanges.

Durante el cerco del campo atrincherado palestino de Tell-al-Zaatar las falanges demostraron una ferocidad sin igual. Sus hombres se lanzaron como fieras por las brechas abiertas vengando a sus camaradas muertos y a los poblados cristianos saqueados. Y la venganza alcanzó caracteres de tragedia. Los intereses sionistas no fueron ajenos a la guerra civil libanesa, veían en ella la creación de un foco de tensión que descongestionara los frentes árabes y no dudaron en avivarla de mil maneras. En unas ocasiones bombardeaban aldeas cristiano-libanesas a fin de que estos mismos culparan a los- palestinos de su desgracia. En otras ocasiones facilitaron armamento a los partidarios de Gemayel (concretamente se sabe de 33 tanques T-34 anteriormente capturados a los ejércitos de la República Árabe Unida y 38 tanques «Sherman» desechados por los judíos por su antigüedad, que fueron entregados a los falangistas). Sin embargo, no existen indicios probados de que miembros del ejército judío combatieran personalmente en las filas del Khataeb.

La guerra civil del Líbano, ahora pacificado gracias a la intervención siria, fue una guerra sucia y dura. Es conocida la declaración de un jefe falangista que declaró haber capturado a cerca de 200 fedayines pero sólo logró salvar del linchamiento a 25 de ellos. Ya hemos mencionado las crueldades cometidas en el asalto a Tell-al-Zaatar, sin embargo no fueron las únicas, volvieron a

repetirse nuevamente cuando los palestinos reaccionaron en las zonas por ellos ocupadas de la capital y de los suburbios de Beirut. Por cierto que la colina de Tell-al-Zaatar, ha pasado a llamarse Colina de Guillaume Hawi, un combatiente del Khataeb muerto en su conquista.

Durante los combates los falangistas interrumpieron forzosamente la publicación de su antiguo diario «Al Aamal» (El Trabajador) portavoz de la organización durante los años en que el Líbano era considerado la Suiza del cercano oriente. Otros dos diarios «Al Nahar» (El Día) y «Al Anuar» (Las Luces) estaban ligados al partido más o menos directamente.

Fue en las columnas de este último en las que se publicó la espectacular y reconfortante noticia para los falangistas de que había acudido en su ayuda un cuerpo expedicionario europeo cuya primera remesa estaba formada por una treintena de franceses militantes de diversas organizaciones de extrema-derecha: antiguos miembros de «Ordre Nouveau», militantes de los «Groupes d'Action Jeunesse», del «Group d'Union et Défense», concretamente. «Nuestro gesto era puramente simbólico, se trataba del testimonio concreto de solidaridad de muchos europeos hacia la comunidad cristiana del Líbano que defienden los falangistas libaneses de Pierre Gemayel...» declaró a la revista «Rivarol» (10-V-76) Francis Bergeron, voluntario francés. «Una victoria de los "islamo-progresistas" marcaría el genocidio de todo un pueblo y su exilio, los cristianos lo saben», continuaba Bergeron y concluía con las siguientes palabras a fin de justificar su acción: «La acción de estos voluntarios franceses era estúpida, han pensado algunos... pero la inacción era totalmente criminal»...

Ilustración 29. Una miliciana falangista libanesa armada con

una ametralladora rusa

Ilustración 30. un voluntario francés en la guerra del Líbano,

con el rostro oculto

Ilustración 31. Tom Gemayel, líder de los comandos falangistas

libaneses.

Otro de los voluntarios franceses, Stephan Zatenacci, resultó muerto en la aventura, otros dos gravemente heridos, el resto adquirió una extraordinaria experiencia en el combate callejero, una experiencia que quizás les sirva algún día en Europa.

Esta anotación sobre el neo-fascismo libanes no estaría del todo completa si omitiéramos hablar del único partido nacional-revolucionario de la zona: el «Partido Social-Nacionalista» de Antón Saade (fusilado en 1949 por los libaneses). Se trata éste del único partido laico, que lucha contra la presencia judía en la zona y por un panarabismo seudo-baasista al mismo tiempo que dispone de milicias disciplinadas y combativas.

Cuando se produjo la guerra de los seis días, en 1967, el partido se dividió en dos facciones, una partidaria de la lucha armada junto a la resistencia palestina que ha luchado contra los fa- langistas durante la guerra civil y otra rama de derecha que se ha abstenido de apoyar a uno u otro bando, hostil a las falanges pero anticomunista, que se limitaron a defender las ciudades en las que eran fuerza preponderante. Cuando se produjo la invasión siria los social-nacionalistas presentaron alguna resistencia en las ciudades del norte (Ment, por ejemplo) siendo aplastados por los blindados sirios.

Antón Saade, el jefe de la otra rama del fascismo libanes, había declarado poco antes de su fusilamiento: «Nosotros somos la frente, el pecho y la espalda del Mundo Árabe»... Se nos olvidaba decir que el partido de Antón Saade, fundado hacia 1932, tenía como emblema la cruz gamada formada por los pétalos de una rosa (la rosa-cruz), saludaba brazo en alto y mantuvo estrechos contactos y vinculaciones con las S.S. y la S.D. alemanas durante la guerra.

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