Como en el resto de Europa también en los países nórdicos el neo-fascismo actúa con una cierta incidencia. Trátase aquí de organizaciones bien de derecha-nacional, bien nacionalistas- revolucionarias o bien formaciones ortodoxas de tipo nacional-socialista. No se puede decir que movilicen masas, ni tan siquiera que dispongan de una representación parlamentaria nutrida. En absoluto, apenas son unas pocas islas en el mar democrático, las suficientes para que también en aquellos confines de Europa el neofascismo viva y actúe.
Islandia es sin duda la nación europea más alejada de la plataforma continental. Como se sabe hasta 1940 la isla formaba parte del estado danés, a partir de esa fecha, las tropas americanas la ocuparon cuando ya los alemanes se habían instalado en Dinamarca. Al acabar la guerra Islandia pasó a formar un estado independiente. En estas condiciones era lógico que existiera un fuerte partido fascista. En los años 30 se trataba del «Movimiento Nacional», el partido formado por Gisli Sigurjorusson, quien ostentaba la representación islandesa en el Congreso Fascista de Montreux. Sigurjorusson formó un dinámico movimiento, típicamente fascista, juvenil, interclasista. Paralelamente a él nació un Partido Nacional de similares características y la Liga de la Juventud Nacional Socialista mucho más radical y extremista, copia exacta del N.S.D.A.P. hitleriano. Pues bien, las dos primeras organizaciones y la mayoría de la base de la última iniciaron durante la ocupación americana un proceso de convergencia del que saldría el «Sjalfstaedischflokkruin», nombre no precisamente corto que significa «Partido de la Independencia».
El «Partido de la Independencia» tiene un carácter populista, muy similar al movimiento poujadista en Francia o al del «Uomo Qualunque» en Italia, los rasgos fascistas, existiendo están muy atenuados. Partido contradictorio, visceralmente anticomunista y antiamericano, nacionalista radical, es en la hora actual el partido político más fuerte de Islandia agrupando algo más del 35 % del cuerpo electoral formando parte de la actual coalición gubernamental.
Aparte de esta formación apenas existen unas pocas docenas de nazis ortodoxos de los que ya se hablará en el capítulo relativo a la W.U.N.S. Sin embargo en Suecia el cuadro político neo- fascista es algo más amplio. La «Sveriges Nationella Forbund» (= Liga Nacional Sueca) es en aquel país un raro intento de conciliar las tradiciones suecas, una lealtad a la monarquía y un monarquismo militante con el nacionalismo integral de Charles Maurras. Como la «Action Fransaise», la Liga mantiene una cierta y amplia audiencia entre la juventud universitaria. No se puede hablar, con todo, de grupo neo-fascista, sino extremista de derechas, a lo más. Más importante y, también, mucho más tipificado como fascista es el movimiento de Per Engdahl, el «Nysvenska Rorelsen».
El «Nysvenska Rorelsen» o «Movimiento de la Nueva Suecia» fue constituido en 1930 por el mismo hombre que todavía lo' dirige hoy, Per Engdahl. Su organización e ideología eran similares a las del fascismo italiano, aunque a medida que el nacionalsocialismo fue imponiendo sus criterios tendió a aceptar un cierto racismo «atenuado». Al terminar la guerra, los hombres del N.R. ayudaron a muchos antiguos combatientes de las S.S. a refugiarse bien en Europa o en América Latina. Más tarde se constituyó en uno de los más sólidos puntales del Movimiento Social Europeo organizador de la famosa reunión de Malmoe.
El congreso de Malmoe señaló para el N.R., así como para otros muchos grupos, un lanzamiento publicitario cuyo impulso ha llegado hasta nuestros días. Per Engdhal, privado casi completamente de la visión, ha viajado un poco por todo el mundo, asistido a la mayoría de congresos del Nuevo Orden Europeo e incluso la revista «Fuerza Nueva» lo ha entrevistado. En la actualidad otros movimientos mucho más radicales y activistas han tomado el relevo del agotado «Nysvenska Rorelsen» que apenas cuenta con unas pocas centenas de militantes jóvenes. Sin embargo, mensual-mente aparece el que antaño fuera portavoz del Movimiento Social Europeo, «Vagen Framat», un título de indudable fuerza que significa «El camino hacia adelante».
Con bastante más actividad, incomparablemente más radicalizado que el movimiento de Engdhal y escisionado de él en 1972, se encuentra el «Foedrelandske Studentenfront» (= Frente Patriótico Estudiantil) que, hasta ahora, no ha podido sobrepasar la etapa grupuscular aun practicando una política de unidad de acción con los demás partidos y organizaciones
nacionalsocialistas y fascistas (ver capítulo referente a la W.U.N.S.).
En conjunto, el neo-fascismo en Suecia no ha podido convertirse hasta ahora en una auténtica fuerza política; ni tan siquiera un partido de «derecha-nacional» se ha consolidado. Los grupos moderados —neo-maurrasianos del S.N.F., neo-fascistas del N.R.— no han demostrado la habilidad suficiente como para construir un partido de dimensiones postgrupuseulares. Los radicales neo-nazis vinculados a la W.U.N.S., perdidos en su tradicional folklorismo —si bien atenuado en Suecia—, apenas pueden desarrollar una tarea aceptable más allá de la puramente espectacular y dirigida a escuálidas minorías.
Más envergadura tienen las formaciones nacionalistas, neo-fascistas y de la derecha nacional en Finlandia, Dinamarca y Noruega. En este último país el fascismo sufre una larga y trágica historia. En los años 30 el partido fascista local, el «Nasjonal Samling», dirigido por Vidkun Quisling, antiguo diputado y ministro del Partido Agrario, cosechó éxitos notables, llegando a ser una fuerza de indudable peso en el país. Quisling, cuyo nombre se ha convertido en sinónimo de traidor, encarna el drama personal de los fascistas y nazis de los países ocupados por las tropas alemanas: «Fidelidad a su bandera? ¿Fidelidad al nuevo orden europeo?» Cualquiera de las dos opciones significaba ser tachado de traidor por unos u otros. Quisling, como la mayoría de los «colaboracionistas», no fue más que un hombre que intentó servir a su patria de la mejor forma que pudo. Vencieron sus adversarios y fue considerado como un traidor, como el prototipo de traidor, de la misma forma que mientras los alemanes ocuparon Noruega era el hombre que había conseguido una paz honorable...
Descendientes del partido de Vidkun Quisling son el «Centro Agrario» y el «Partido de Derecha». Este último obtuvo el 21 % de los votos en las municipales de septiembre de 1973, centrando sus campañas en la lucha contra la socialdemocracia y la corrupción, mientras que el «Centro Agrario», constituido esencialmente por campesinos conservadores, obtuvo el 10 % en las mismas elecciones. El primero se trata de un partido típico de la derecha-nacional, mientras que el segundo, el «Centro Agrario», se muestra más partidario de temas «gauchistas» tratados con un enfoque derechista, tales como la ecología y los problemas del medio ambiente.
Delante de estas organizaciones, en un extremismo avanzado, neo-fascistas radicales y neo- nazis folklóricos se disputan los puestos de vanguardia. Así el «Nasjonal Ungdomfylking» nacido de la fusión de distintos grupos activistas de carácter nacional-revolucionario. En la actualidad cuentan con varias centenas de militantes que distribuyen la revista «Folk og Land» (Pueblo y Patria). Cooperando estrechamente con esta formación y en aquellas lejanas tierras encontramos un pequeño movimiento inspirado en el pensamiento español de José Antonio Primo de Rivera, el «Korporatistik Arbeiter Front» (Frente Corporativo del Trabajo), constituido en 1972. Junto a estas organizaciones se encuentran los inefables grupos neo-nazis.
El juicio de conjunto del neo-fascismo noruego, sin ser excesivamente positivo es, sin embargo, aleatorio. Un par de partidos moderados que eluden referencias directas y vinculaciones con Vikdun Quisling y su antigua organización, precedidos de una vanguardia activista, forman un conjunto armonioso y ciertamente operativo. Ahora bien, hay que reconocer que tanto el «Partido Campesino» como el «Partido de Derecha» han realizado amplias concesiones al régimen democrático y parlamentario situándose en la divisoria entre la derecha-nacional y la derecha- liberal.
Otro tanto ocurre en Dinamarca país en el que el nacionalsocialismo alcanzó cierta posición preponderante antes de la guerra de la mano del D.N.S.A.P. (Partido Obrero Danés Nacional Socialista). Muchos de sus militantes fueron a luchar y morir con el uniforme de las S.S. en el Frente del Este y defendiendo el bunker de la cancillería de Berlín. La represión que siguió a la liberación de Dinamarca por los aliados fue terrible para los miembros del D.N.S.A.P. de tal forma que en 1953 se oreó una liga para defender a los «colaboracionistas»: el «Partido de los Indepen- dientes» el cual en 1960 alcanzó el 3,3 % de los votos para ir declinando hasta 1968, año en que cesó prácticamente toda actividad una vez los objetivos prioritarios por los que luchaba (amnistía para los colaboracionistas en especial) se cumplieran. Sin embargo en 1973 los restos del Partido de los Independientes se coaligan con el Partido del Progreso obteniendo un fabuloso resultado (el 15,9 de los votos y 28 diputados) aun cuando en el parlamento danés los diputados de una y otra fracción no cesaron de enfrentarse, produciendo continuos cismas, crisis, escisiones, formación de tendencias fracciónales, etc.
Las organizaciones de vanguardia extraparlamentaria tienen la particularidad en Dinamarca de ser única y exclusivamente de carácter nacional-socialista ortodoxo. Sin embargo no se puede decir que representen una fracción especialmente eficaz a nivel de lucha política. De éstos ya hablaremos en su momento, pasemos ahora a Finlandia en donde las formaciones extraparlamentarias han sido prohibidas por el gobierno en el mes de noviembre de 1977 luego de fuertes presiones de la U.R.S.S.
En efecto, el Ministerio del Interior finés dictó una orden de disolución contra la «Juventud Patriótica Finlandesa», organización nacionalista tradicional, poco marcada por el neo-fascismo, contra las «Escuadras de Asalto Nacionalistas», grupos incontrolados de carácter nazi-fascista, y, por último, contra el «Frente de Liberación Nacional de Carelia», organización semi-clandestina en Finlandia y que realiza acciones de propaganda entre las minorías finlandesas de la Carelia anexionada por la U.R.S.S, Con lo que prácticamente las fracciones extraparlamentarias más dinámicas del neo-fascismo finlandés han quedado marginadas de la legalidad si bien otros grupos (la sección finlandesa de N.R.P., el «Comité Nacional Socialista» y el «Frente Finés del Trabajo») continúan trabajando en plena legalidad.
Apenas existe en Finlandia un partido de derecha-nacional digno de tal nombre. Algunos residuos más o menos difuminados del partido fascista local de los años treinta, el «Movimiento de La-pua», siguen actuando con otros nombres, extraordinariamente moderados a nivel de programa electoral y atemorizados por la amenazante presencia del coloso soviético —recuérdese el término «finlandización» sinónimo de neutralización—. Sin duda el «Soumen Masaboundu Puolue» (Partido Rural) es la formación más ampliamente implantada y más próxima a las líneas de trabajo neo-fascista parlamentario con el 3,6 % de los votos.
Como puede verse la fauna neo-fascista en los países nórdicos es amplia y variopinta. En algunos, los partidos de derecha nacional mantienen cierta iniciativa y poca o ninguna los grupos extra-parlamentarios. Se ha dicho que el fascismo y mucho más el neofascismo no pueden crecer salvo en situaciones de crisis y precisamente nada más lejos de coyunturas caóticas y convulsivas en los países nórdicos. Sin embargo los neo-fascistas locales hacen de la lucha contra la corrupción, por un medio ambiente sano y natural, un caballo de batalla, en realidad el peligro comunista inexistente en aquellas zonas se ha convertido en su propaganda en lucha contra los peligros de la corrupción e inmoralidad...