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Las sociedades han sido clasificadas en virtud de múltiples crite- rios: desde la clasificación en griegos y bárbaros hasta la marxista o la distin- ción de Spengler, podríamos elaborar un amplio catálogo de los que han sido utilizados.

Dentro de la propia perspectiva sociológica con la que se iniciaba el apartado dos, Niklas Luhmann considera que su distinción de tipos de sistemas sociales es no sólo operativa, sino también histórica; sirve para ordenar el proceso de evolución sociocultural. Así, las formaciones sociales arcaicas son estructuras sociales simples en las que interacción, organización y sociedad —los tres tipos de sistemas sociales que distingue Luhmann— son lo mismo. La complejidad que apa- rece con los grandes centros urbanos lleva al desarrollo de las organizaciones que se ocuparían de las funciones religiosas, militares, comerciales, etc.; por último, es

en la sociedad moderna donde se separan los tres tipos de sistemas sociales, pro- duciéndose una progresiva separación entre las organizaciones y la sociedad.

Se trata ahora de exponer algunas distinciones de tipos de sociedades basadas sobre todo en las relaciones de esas sociedades con la tecnociencia. Para ello acudiremos a cuatro autores: Ortega y Gasset, Lewis Mumford, Carl Mit- cham y Javier Echeverría. Los tres primeros ya se han tratado en el capítulo referi- do al concepto de tecnología, pero mientras que allí se aborda su filosofía de la técnica, aquí comentaremos sus percepciones de las diferentes sociedades que han dado lugar a los distintos estados del desarrollo técnico.

La periodización antropológica de la técnica de J. Ortega y Gasset

Ortega y Gasset es autor de una obra que ha recuperado actualidad desde los estudios CTS. Se trata de su Meditación de la técnica (Ortega y Gasset, 1939), obra que recoge un curso celebrado en la Universidad de Verano de San- tander en 1933. En ella Ortega recoge sus reflexiones sobre la técnica, cuya opor- tunidad y visión anticipadora son hoy unánimemente reconocidas. No vamos a entrar a exponer la filosofía de la técnica de Ortega. Lo que sí nos interesa es su clasificación de técnicas por lo que tiene de ilustrativo para comentar una tipología posible de sociedades. De hecho, este autor fundamenta su periodización de la técnica en un componente antropológico: en la propia relación que los seres humanos mantienen con las técnicas en cada momento evolutivo.

Ortega considera que se puede hablar de tres estadios en la evolución de la técnica; es decir, desde nuestro punto de vista, de tres tipos diferentes de socie- dad según sea su relación con la técnica. Un primer tipo sería aquél al que corres- ponde lo que Ortega llama técnica del azar. Las sociedades donde se da este tipo de técnica son sociedades primitivas como los Vedas de Ceilán, los Semang de Borneo, los pigmeos de Nueva Guinea y África central, los australianos, etc. (Ortega y Gasset, 1939, p. 75). En esta sociedad hay un muy escaso repertorio de actos técnicos, que no se diferencian mucho en la mente de los miembros que la forman, del repertorio de actos naturales, probablemente mayor que el de actos técnicos. Dado que los actos naturales se consideran fijos y dados de una vez para siempre, así son conside- rados también los actos técnicos en estas sociedades según Ortega. En las socieda- des de la técnica del azar todos los actos técnicos son realizados por todos sus miem- bros. No existe la especialización salvo la que marca la división sexual (los hombres la caza y la guerra, las mujeres la recolección y posteriormente la agricultura). Por últi- mo, en estas sociedades se desconoce el concepto de invención, no es el individuo el que inventa o encuentra la técnica adecuada, sino que es más bien la solución quien le busca a él (Ortega y Gasset, 1939, p. 76). De ahí el nombre de técnica del azar.

El segundo tipo de sociedades sería aquel en el que las relaciones con la técnica ya no son azarosas sino que aparece la técnica como artesanía. Fueron sociedades con este tipo de técnica la antigua Grecia, la Roma preimperial y la Edad Media. En estas sociedades el repertorio de actos técnicos creció enormemente aunque todavía no se había transformado la técnica en la única y absoluta base de sustentación de esas sociedades; la base sobre la que estas sociedades se apoyó fue la naturaleza, o al menos así lo pensaron sus miembros. Aparece una división técnica del trabajo, una nueva figura: el artesano. Puede que en estas sociedades no se sea muy consciente de la existencia de “la técnica”, pero sí se es consciente de la existencia de los técnicos, los artesanos; artesanos cuyo aprendizaje de esas técnicas no es público, sino cerrado y hereditario o controlado por los gremios, y que todavía no han distinguido al inventor del ejecutor de la invención.

El tercer tipo de sociedad es la sociedad actual, donde la relación entre el hombre y su técnica ha cambiado nuevamente. Este tipo de sociedad sería imposible sin técnica y los miembros de la misma son conscientes de ello. En esta sociedad la técnica, como dice Ortega, se ha constituido en una sobrena- turaleza, de la que ya le resulta imposible prescindir. Aquí hace su aparición y extiende su dominio la máquina, frente al instrumento que predominaba en el tipo anterior de sociedad. No es ya el utensilio el que auxilia al hombre sino al revés (Ortega y Gasset, 1939, p. 87). Se trata de la “técnica del técnico”, en expresión de Ortega. En ella el técnico y el obrero se separan y aparece una nueva figura: el ingeniero. En esta sociedad nuestra de la “técnica del técnico”:

El hombre adquiere la conciencia suficientemente clara de que posee una cierta capacidad, por completo distinta de las rígidas, inmutables, que integran su porción natural o animal. Ve que la técnica no es un azar como en el estadio primitivo, ni un cierto tipo dado y limitado de hombre —el artesano—; que la técnica no es esta técnica ni aquélla determinadas y, por lo tanto, fijas, sino precisamente un hontanar de actividades humanas, en principio ilimitadas.

Esta nueva conciencia de la técnica como tal coloca al hombre, por vez primera, en una situación radicalmente distinta de la que nunca experimentó; en cierto modo antiética. Porque hasta ella había predominado en la idea que el hombre tenía de su vida, la concien- cia de todo lo que no podía hacer, de lo que era incapaz de hacer; en suma de su debilidad y de su limitación. Pero la idea que hoy tene- mos de la técnica nos coloca en la situación tragicómica —es decir cómica, pero también trágica— de que cuando se nos ocurre la cosa más extravagante nos sorprendemos en azoramiento porque en nuestra última sinceridad no nos atrevemos a asegurar que esa extra- vagancia es imposible de realizar (Ortega y Gasset, 1939, p. 83).

El desarrollo de la máquina y su

interacción con la sociedad en L. Mumford

En Técnica y civilización(Mumford, 1934), Lewis Mumford pretende hacer un recorrido por los cambios que la máquina ha introducido en las formas de la civilización occidental. Este recorrido puede servirnos para ver otra tipología de sociedades construida tomando como referencia el desarrollo tecnológico, aun- que obviamente la intención de Mumford no es hacer un catálogo de sociedades, ni su principal interés es sociológico.

Para Mumford (1934), en nuestra civilización el desarrollo de la máquina se ha producido en tres oleadas sucesivas. Estas, que se habrían produ- cido en los últimos mil años, son llamadas por Mumford —siguiendo a su maestro Patrick Geddes—, eotécnica, paleotécnica y neotécnica. Obviamente estas tres fases o tipos de sociedades se desarrollan en el mundo occidental, donde se ha extendido lo que Mumford llama “la máquina”.

3.3.2.1 La fase eotécnica

Las técnicas que permiten definir a la sociedad eotécnica son las que aprovechan el agua y la madera. El período de desarrollo de esta etapa se extien- de aproximadamente desde el año 1000 hasta el 1750.

En la sociedad eotécnica disminuye la importancia que los seres humanos habían tenido como fuente de energía y aumenta la energía proveniente del caballo, gracias a su mejor aprovechamiento mediante dos nuevas piezas de aparejo: la herradura de hierro y la moderna forma de arnés, con la que la tracción se realiza desde los hombros y no desde el cuello. El mayor progreso técnico desde el punto de vista energético se dio en regiones que tenían abundantes suministros de agua y de viento, gracias a la aparición de ruedas y molinos hidráu- licos y de viento que permitieron una mejora sustancial en su aprovechamiento.

Junto a estas fuentes de energía, la madera era el material universal de la sociedad eotécnica; todas las construcciones utilizaban madera en su estruc- tura y de madera eran también las herramientas utilizadas en la construcción. Incluso la mayor parte de las máquinas e invenciones clave de la edad industrial se desarrollaron en madera antes de ser trasladadas al metal. A pesar de esta uti- lización masiva, Mumford considera que lo que propició la destrucción de montes en la época fue el uso intensivo de la madera en la minería, la forja y la fundición. Otro de los materiales de este período es el vidrio, cuya contribución a la sociedad de la época fue muy importante. Cambió la vida en el interior de los hogares mediante su uso en recipientes y sobre todo en ventanas, amplió la visión median-

te los lentes en gafas, telescopios y microscopios, y fue un factor esencial en el desarrollo de la química y en el perfeccionamiento de los espejos, según Mumford (Mumford, 1934, p. 147).

Son muchos los inventos característicos de la sociedad eotécnica; quizás el más importante sea el del método experimental en la ciencia, que Mum- ford considera la mayor realización en la fase eotécnica (Mumford, 1934, p. 150). La principal innovación mecánica de esta época es el reloj mecánico, al que sigue en orden, aunque quizás no en importancia, la imprenta acompañada por el papel, a cuya producción se aplicó la maquinaria movida por energía motriz. Mumford habla también de “invenciones sociales” de esta civilización, como son la universidad y la fábrica (Mumford, 1934, p. 155).

Mumford señala así mismo debilidades y problemas de esta sociedad. Según él la principal debilidad no se encontraba en la ineficiencia ni menos aún en la carencia de energía, sino en su irregularidad (Mumford, 1934, p. 159) puesto que, como hemos señalado, las fuentes de energía eran el agua y el viento. También había “debilidades sociales” dentro del régimen eotécnico. La primera era que las nuevas industrias se encontraban fuera de los controles del antiguo orden. La fábri- ca de vidrio, la minería y el trabajo del hierro, la imprenta e incluso las industrias tex- tiles, escapaban hacia el campo, fuera del control de las municipalidades y de los reglamentos gremiales. De lo que concluye Mumford que “los perfeccionamientos mecánicos florecieron a expensas de los mejoramientos humanos que tan vigorosa- mente habían sido introducidos por los gremios artesanales, y estos últimos a su vez iban perdiendo continuamente fuerza debido al crecimiento de los monopolios capi- talistas que abrían una grieta cada vez más ancha entre los amos y los trabajadores. La máquina tenía un sesgo antisocial, tendía, por razón de su carácter progresivo, a las más descaradas formas de explotación humana” (Mumford, 1934, p. 160).

3.3.2.2 La sociedad paleotécnica

Tendría su principio hacia 1700, su culminación se produciría entre 1870 y 1900, fecha esta última que sería el comienzo de un movimiento de decadencia. En esta etapa la sociedad abandonó sus valores vitales y pasó a cen- trarse sólo en los pecuniarios. Los cambios en esos valores vinieron motivados por la introducción del carbón como fuente de energía mecánica. Esta nueva fuente de energía se hizo efectiva mediante nuevos medios, como la máquina de vapor, y también fue utilizada en los nuevos métodos de fundir y trabajar el hierro. La nueva sociedad es, pues, un producto del carbón y del hierro.

En torno a 1780 cristaliza el modelo paleotécnico, que puede verse en una serie de inventos y artefactos técnicos: el coche de vapor de Murdock, el

horno de reverbero de Cort, el barco de hierro de Wilkinson, el telar mecánico de Cartwright y los barcos de vapor de Jouffroy y de Fitch. Realizaciones típicas de la sociedad paleotécnica son el puente y el barco de hierro. La construcción de estructuras de hierro, como el Crystal Palace, los primeros rascacielos, la Torre Eif- fel, etc. El hierro pasó a convertirse en el material universal. La industria militar hizo un amplio uso del mismo. Es también el período en el que la sociedad se apli- ca a una sistemática destrucción del medio. Es la sociedad de la polución del aire y la contaminación de las aguas.

Así como el paisaje sufrió una degradación importante, los seres humanos fueron tratados con la misma brutalidad. La esperanza de vida de los trabajadores de la época era muy inferior a la de las clases medias y su bienestar social prácticamente inexistente. Todo ello para producir más beneficios.

¿Qué panorama social presenta Mumford como característico de la época paleotécnica? Mumford es bastante crítico con el tipo de sociedad que sur- gió de aquí. Afirma que la humanidad se vio contagiada por una especie de fiebre de explotación motivada por la llegada repentina de los yacimientos de carbón. El modo de explotación minera se convirtió en el modelo de otras formas subordina- das de la industria e incluso de la agricultura.

El daño a las estructuras y a la civilización por el auge de estas cos- tumbres nuevas de explotación desordenada y de gastos despilfarra- dores permaneció, aunque desapareciera o no la fuente misma de energía. Los resultados psicológicos del capitalismo carbonífero —la moral rebajada, la esperanza de conseguir algo sin dar nada, el des- precio por un modo equilibrado de producción y consumo, la habitua- ción al naufragio y a las ruinas como parte del ámbito humano nor- mal— todos esos resultados eran francamente dañosos (Mumford, 1934, p. 178).

Junto con esto Mumford señala que se produjo el paso de unas tec- nologías democráticas a otras más autoritarias (Mumford, 1934): mientras que la energía del viento y del agua, propias de la fase eotécnica, eran libres, el carbón era caro y la máquina de vapor costosa, por lo que se tendía a la concentración y el monopolio. La sociedad paleotécnica se desarrolló como una sociedad satisfe- cha de sí misma, lo que sólo fue posible con la puesta en circulación, desde el siglo XVIII, de la noción de progreso. Se consideraba evidente la existencia de unas leyes del progreso que se reflejaban en las continuas invenciones de máquinas, de nuevas comodidades, etc.

Era una sociedad volcada en la realización de beneficios, antes que en la producción de lo necesario para la vida. Esta escasez de lo necesario era

padecida por los trabajadores que no encontraban casas y se veían obligados a hacinarse en barracas con pésimas condiciones higiénicas. Era tal la degradación que a mediados del siglo XIXla situación trató de ser corregida mediante una serie de medidas legislativas. En esta nueva sociedad la lucha por la supervivencia de los trabajadores es constante y feroz.

Hay que decir que hubo resistencias a todo esto no sólo individuales (Ruskin, Nietzsche, Melville,…) sino también colectivas, como las que planteó el movimiento ludita (sobre los luditas véase el capítulo “¿Qué es la tecnología?” y Noble, 1995). La introducción de la máquina en esta fase tuvo otra importante consecuencia social: la división del mundo en zonas de producción de máquinas y zonas de producción de alimentos y materias primas, lo que, según Mumford, trajo consecuencias nefastas que pudieron apreciarse con motivo de la Guerra Civil Americana, al provocar el corte de los suministros de algodón, que redujo a la extrema pobreza a los habitantes de Lancashire.

3.3.2.3 La fase neotécnica

Mumford considera que en la sociedad de esta época hay una ruptu- ra con el período paleotécnico y, en cierto modo, una vuelta a algunas caracterís- ticas de la sociedad eotécnica. Es difícil definirla como un período puesto que aún estamos inmersos en ella. Tampoco se ha producido una ruptura con el período paleotécnico como la que éste realizó respecto del eotécnico.

Mumford fija los comienzos de la fase neotécnica en el momento del incremento de la eficiencia de los generadores de energía, hacia 1832. En 1850 gran parte de los descubrimientos fundamentales de esta nueva fase ya se habían producido: la pila eléctrica, el acumulador, la dinamo, el motor, la lámpara eléctrica, el espectroscopio, la teoría de la conservación de la energía. Entre 1875 y 1900 ya se habían aplicado esos inventos a los procedimientos industriales: la central eléctrica, el teléfono y el radiotelégrafo. Otras invencio- nes características del período se esbozaron o completaron hacia 1900: el fonógrafo, el cinematógrafo, el motor de gasolina, la turbina de vapor, el aero- plano…

La fase neotécnica estuvo marcada desde el comienzo por una nueva forma de energía, la eléctrica. La electricidad que, a diferencia del carbón, podía proceder de varias fuentes (el carbón mismo, pero también la corriente rápida de un río, los saltos de agua, las mareas), cambió también la distribución posible de la industria moderna en el mundo, puesto que esa industria ya no tenía por qué situarse en Europa o Estados Unidos, potencias dominantes por su control del carbón y el hierro. La electricidad, al contrario que el carbón, es muy fácil de

trasladar sin grandes pérdidas de energía y sin excesivos costes. Además, es fácilmente convertible de varias maneras: con el motor se puede realizar un tra- bajo mecánico, con la lámpara alumbrar, con un radiador calentar, etc. El uso de la electricidad permitió la supervivencia de los pequeños talleres frente a las grandes fábricas características de la sociedad paleotécnica. No obstante esto no ha impedido la concentración de empresas, que es más un fenómeno que res- ponde a los intereses de los empresarios o los financieros que a puros condicio- nantes técnicos.

Los materiales característicos de este período son las nuevas aleacio- nes, las materias térreas raras y los metales más ligeros (cobre, aluminio). Apare- cen también nuevos materiales sintéticos: el celuloide, la vulcanita, la baquelita y las resinas sintéticas.

La sociedad neotécnica comienza a trasformar radicalmente sus sis- temas de comunicación, lo que constituye una característica destacada del pe- ríodo. El telégrafo, el teléfono, el radioteléfono y la televisión (recordemos que Mumford escribía en 1934) provocarán contactos más numerosos, instantánea- mente y a largas distancias. No obstante, Mumford era bastante crítico con estos artefactos:

Se enfrenta uno aquí con una forma ampliada de un peligro común a todos los inventos: una tendencia a usarlos exíjalo o no la ocasión. Así nuestros abuelos utilizaban planchas de hierro para las fachadas de los edificios, a pesar del hecho de que el hierro es un conocido con- ductor del calor […]. Eliminar las restricciones en el estrecho contac- to humano [que era lo que propiciaban esos nuevos inventos para la