• No results found

Los ejercicios de terapia, como se indicó antes, son concretamente tos dirigidos a la autoestima, autoconcepto, autocontrol, orden y castigo, más un ejercicio concreto de tratamientos fisiológicos y las órdenes post-hipnóticas.

Con el ejercicio de autoestima se pretende que ésta se eleve, tome fuerza si está hundida, que lo suele estar. La autoestima es la forma de verse, de quererse y de aceptarse el ser humano a sí mismo. Cuando es baja, se siente y manifiesta cierta incapacidad por hacer y lograr cosas generalmente comunes, mientras que se admira a los demás por hacer cosas que parecen grandiosas, aunque sean corrientes.

Al nacer, el hombre dispone de un bagaje de autoestima muy justo para el resto de su vida. Si a lo largo del trayecto recibe reproches o reveses, sin sentido y

continuos, ésta se va debilitando. Si se reciben parabienes y felicitaciones, o se tienen éxitos contrastados, la autoestima se fortalece.

Por esto, la educación del niño ha de ser cuidadosa en este aspecto, de forma que se le reconvenga en los momentos adecuados y se le premie de igual forma. Los sistemas de educación rigoristas, que sólo reprimen sin premiar, producen bajas de autoestima y más tarde aparecerán individuos inseguros, con crisis de ansiedad frecuentes. Es curioso observar que la educación de tipo muy liberal produce. igualmente individuos inseguros y con carencia de objetivos. Dos formas radicalmente opuestas de educar, con los mismos o muy parecidos resultados finales.

Los ejercicios se componen de frases alusivas a aceptarse y verse como cada cual quiere ser, ya que el terapeuta ni debe ni puede entrar en cómo cada cual se considera o se desea ver a sí mismo. Según las patologías este ejercicio puede ser uno sólo o existir la necesidad de doblarse, por ejemplo, en depresiones fuertes. Además de incidir en cómo quiere ser, hay que hacer que el paciente se vea como si ya hubiera superado todo y está fuera de patologías. Tiene que verse ya

realizado, sin problemas, habiendo superado todo de forma satisfactoria. Debe verse superando concretamente situaciones adversas en relación con su patología, es decir, superando esos momentos en que se siente peor, que son concretos generalmente, y superándolas de forma natural, sin esfuerzos.

Estos ejercicios deben desarrollarse de forma monótona, cadenciosa, incluso aburrida. Hay que ir incidiendo con un ritmo adaptado a las características y patología del paciente, no a la velocidad que le apetezca al terapeuta. Un ejercicio de autoestima típico y tópico puede ser el que a continuación se detalla:

"Ahora, quiero que te imagines a ti mismo, que te veas realmente como quieres ser, su verdadero yo, lleno de vida y con un total control de ti mismo. Ese es el hombre en quien te quieres transformar. En este momento te estás haciendo una promesa a ti mismo, un compromiso de transformarte en su verdadero yo. Este compromiso será cada día más fuerte.

De ahora en adelante, cada día te transformarás un poco más en este tipo de persona que quieres ser. Estarás relajado y sereno, no importa lo que esté

sucediendo a tu alrededor, te sentirás lleno de energía y te será muy fácil mantener estrictamente este tipo de vida elegido, todos los días, sin importar lo que hagas o dónde estés".

El autoconcepto es la forma como considera el individuo que los demás lo ven y piensan que es. Es decir, es una opinión subjetiva de si mismo, supeditada a lo que se creemos que los demás piensan de si, sin que sea necesario que esto deba ser cierto.

Personas con el autoconcepto dañado o bajo son aquellas que siempre están pendientes de lo que los demás van a pensar, no de lo que a ellos les apetece. Supeditan gran parte de sus actos a lo que creen que va a agradar más a los otros, no a ellos mismos.

El ejercicio de autoconcepto debe ir dirigido a que el sujeto se vea como quiere ser, no como piensa que los demás lo ven o creen que es. Este ejercicio en todos los casos, y doblado para patologías' más graves, debe ser realizado dirigiéndose a tres aspectos fundamentales:

- El yo por encima de las circunstancias

- El yo fuerte, poco influenciable - El yo positivo

En primer lugar, es necesario aislar al yo y hacerle ver que es capaz de pasar por encima de lo que haya indicado el paciente como primordial; luego se hace ver un yo fuerte, seguro, firme, sin posibilidad de caer de nuevo en errores y, finalmente,

un yo que piensa siempre en positivo, que no decae ante nada, que va a extraer lo mejor de cada situación.

A continuación se inserta un ejercicio de tipo de autoconcepto:

"Ahora ya estás al margen de opiniones ajenas' sobre ti. No te interesa más que tu propia opinión, de fe que estás seguro y convencido. Tu entorno te interesa sólo en la medida de compartir con ellos, te sientes superior porque lo eres y las opiniones del entorno sabes que son sólo eso, opiniones. Ya estás por encima de ese tipo de comentarios y sólo te interesa fa que realmente eres capaz de hacer, sin pararte a pensar lo que los demás puedan decir u opinar. Ya no condicionas tus actos, tu vida, a opiniones de terceros que ya han dejado de importarte".

El autocontrol, corno su propio nombre indica, se refiere a la capacidad de controlar situaciones del paciente, pero muy en especial la capacidad de controlarse a sí mismo, a no perder el dominio de todas las acciones, por difícil que resulte la situación. Caso arquetípico es el del tímido que enrojece con cualquier cosa; el autocontrol le va a facilitar olvidarse de este problema, primero, y aprender a dominarlo después, desapareciendo en poco tiempo. También hay que emplear este tipo de ejercicios en todas aquellas patologías que implican algún tipo de pérdida de control, bien sea por irritabilidad, por desánimo o por cualquier otra circunstancia. Prácticamente en todas.

El ejercicio concreto de cada terapia vendrá dado por aquellas situaciones que el paciente nos ha comentado como propicias a la pérdida de control correspondiente, incidiendo en estos puntos concretos de forma directa y generalizando a cualquier otra circunstancia.

Se detalla a continuación un ejercicio de autocontrol, extraído de una terapia concreta:

"Ahora quiero que te veas a ti mismo seguro, firme, convencido de lo que haces y cómo lo haces. Ya puedes contratar perfectamente tus reacciones porque te sabes superior a todo y e todos. Ahora ya heces tu vida de forma normal, haciendo amigos, relacionándote con la gente que consideras que te interesa, porque ya sabes lo que tienes que hacer y sabes cómo hacerla, sin más dudas ni temores. Ya sabes que puedes hacer lo que le apetezca sin miedos, ni timidez, ni nada por ese estilo. Tú ya es superior a esos sentimientos".

La orden es el ejercicio de terapia por excelencia, ya que no tiene ni puede tener conceptos previos. Simplemente se trata de "ordenar" al paciente que deje de hacer aquello en lo que está fallando, en el motivo de su patología y, por lo tanto, de su terapia.

Hay que resaltar los momentos en que debe dejar de hacer esto o hacer aquello, que serán los mencionados por el paciente de forma específica, y redondear con alusiones a la autoestima, haciéndole verse de forma que está superando todos los inconvenientes que venía arrastrando.

La orden debe ser dada de forma autoritaria, tajante, aunque sin estridencias. El tono de voz ha de ser firme y seguro, no necesariamente elevado. También debe ser lo más corta que sea posible para ganar en intensidad. Una orden larga, reiterativa y tediosa pierde efectividad de forma exponencial.

Ahora se inserta una orden concreta de un ejercicio de terapia de un médico con fobia:

"Ahora ya sabes que el condicionamiento que mantienes desde hace mucho tiempo con respecto a ver cadáveres, ya no te afecta más. Ya eres superior a los efectos de esos sentimientos y te escudas en otros miedos al sentir ansiedad, que también deja de acosarte. Quiero que te imagines esta escena: vas a su trabajo, la consulta llena, todos te observan, te consultan, quieren hablarte, pero temes que te asalte la ansiedad, ser incapaz de atender a todos. Sin embargo, te superas a ti mismo, atiendes a todos y ves que todo es normal, sin ansiedad, ni temor, ni pánico. Ahora ya puedes hacer lo que deseas sin más limitaciones que tus propios deseos, tus anhelos. Ya eres capaz de pasar por encima de bromas pesadas y de mal gusto, sin considerarlas y especia/mente, sin que te causen daño alguno, olvidándolas de inmediato. Ya eres superior a todo y a todos y esas cosas han dejado de afectarte para siempre. También tienes que superar el sentimiento de frustración que te acompaña desde pequeño por la educación recibida de tu padre. Todos esos sentimientos ya han terminado, pero especia/mente ya dejas de focalizarlos en fobias a nada ni a nadie. Ya eres capaz de superar ese tipo de sentimientos. Todo esto es lo necesario para el nuevo tipo de vida que quieres tener y tú lo sabes, por eso nunca abandonarás esto que se te pide, y te mostrarás muy contento y realizado con los resultados".

Hay varios tipos de patologías que necesitan de un ejercicio de rechazo; a modo de castigo, también llamados aversivos por la aversión que producen. Para mayor efectividad suelen situarse al final, después de la orden, y mejor aún como orden pos hipnótica, según los casos. Los ejercicios de aversivos o de castigo son de dos tipos; fuerte y suave.

El castigo suave consiste en inducir un sabor negativo, muy concreto para el

paciente y que le reporte connotaciones desagradables en sumo grado. Hay muchos pacientes que no encuentran ningún tipo de comida especialmente desagradable, por lo que hay que recurrir a elementos consabidos y comunes como el sabor a chinches, aguarrás, cucarachas, etc. El riesgo de estos elementos comunes es que nadie ha comido nunca nada de esto y, por tanto, no se puede conectar

mentalmente con este tipo de sabor. En estos casos es mejor recurrir a situaciones que, en general, resultan repugnantes, como los vómitos o la colitis.

Se recrea una situación teórica visualizada en la que cada vez que el paciente va a hacer lo que se pretenda eliminar, se reproducirá el sabor desagradable, no sólo como elemento de alarma, sino como elemento disuasorio de esas acciones. Es válido para todas las dependencias, e incluso para patologías con un fuerte trastorno de personalidad.

El castigo fuerte es exclusivamente la inducción de un calambrazo en idénticas circunstancias a lo anteriormente expuesto. Tiene más vigencia que el sabor y más efectividad, pero es más difícil de inducir, excepto si se dispone de una máquina inductora de descargas que permite dar calambrazos de poca tensión y con un amperaje muy exiguo, para evitar quemaduras y efectos indeseados (cuidado con pacientes con marcapasos, no se puede inducir esta técnica). Los terapeutas americanos inducen esta corriente de verdad, llegando a producir quemaduras reales leves, mientras que en Europa no está extendida la utilización de este tipo de aparatos.

El castigo tiene una vigencia 'limitada por el tiempo en nuestra mente, pero una vez logrado el propósito principal, no tiene importancia que este efecto se pierda. Lo que sí tiene vigencia es la modificación que se produce en nuestros hábitos de conducta, pudiendo seguir con los nuevos de forma indefinida y consciente, aceptados como una nueva forma de comportamiento.

Los ejercicios de tratamiento fisiológico deben realizarse lo más aisladamente que sea posible, separados en el tiempo de los ejercicios de terapia, para que éstos obtengan la mayor potencia.

Es sabido que si se mezclan dos tipos de terapia su potencia se divide entre ambos, nunca se va a sumar, excepto si se mezcla terapia y tratamiento fisiológico en una misma dirección. Es decir, potenciar autoestima y control para soportar los efectos de la quimioterapia, más el fisiológico correspondiente. De esta forma el

tratamiento sí funciona, pero tratar dos o tres puntos fisiológicos diferentes en la misma sesión divide la potencia y la efectividad por dos o por tres,

respectivamente.

El ejercicio fisiológico incluye la sensación táctil para ayudar a aislar la zona concreta que se quiere tratar, pero si esta zona es mayor, hay que poner las dos manos además de hacer una extensa descripción de dicha zona, en vigilia

previamente, y en hipnosis después.

La única técnica conocida, de resultados probados, es la de la hipertermia (o hipotermia, en su caso), que consiste en inducir calor a elevadas temperaturas y hacer ver que este calor actúa en la dirección que nos interesa. Por su importancia la trataremos separadamente, más adelante.

Finalmente, se tratará la orden post-hipnótica, muy divulgada en determinadas actuaciones teatrales, pero mal conocida, como casi toda la técnica. Es una orden muy concreta y específica que se da en algún momento del ejercicio, de preferencia al final, inmediatamente antes de la salida. Es muy corta, concreta, concisa y debe referirse al punto o los puntos verdaderamente esenciales en ese momento, ya que se puede cambiar en cualquier sesión.

Pura aumentar la eficacia hay que hacerla en forma de bucle reiterativo, que no es otra osa que una idea repetida de diferentes formas muchas veces, como mínimo cuatro para que surta el efecto apetecido. Cuando se trata de algo terapéutico, debe llevar una mención especial que la distingue de las demás órdenes, y es que tiene que ir envuelta por la idea base " ... a partir de este momento y hasta la próxima sesión ... ". Es una muy buena ayuda para el ejercicio de orden principal y colabora en fijar las ideas más urgentes, según la patología y la gravedad.

Una orden post-hipnótica es también la que se envía en un programa televisivo o en el teatro, al individuo voluntario, que permite poner de forma automática al sujeto en trance al emitir dicha orden de nuevo, estando despierto. Es una clave, como un chasquido de dedos o una palabra convenida, que al utilizarse coloca al sujeto en el mismo punto en el que estaba cuando se le dio. Por eso se presentan esos actos tan impactantes, como si se tratara de un poder sobrenatural, mediante los cuales las personas caen en trance con sólo poner el dedo en la frente.

Hay que indicar en seguida que estas órdenes post-hipnóticas sólo las puede utilizar el hipnólogo que las puso, ya que si cualquier otra persona tratase de hacer uso de ellas resultaría inútil, el sujeto no haría el menor caso de ellas.

Este tipo de órdenes se difuminan con el tiempo, no mantienen su vigencia. Por esto las terapéuticas es bueno renovarlas cada sesión, o cambiarlas por otras diferentes.