• No results found

II. Expiration of Multigranular Temporal and Spatio-Temporal Objects

4.8 Concluding remarks

Un ámbito de indagación que se ha ocupado expresamente del análisis de las promesas, las visiones de futuro y las expectativas vinculadas a la tecnología es la que se ha denominado sociología de las expectativas. Desarrollada por autores como Nik Brown, Harro van Lente, Mads Borup y Adam Hedgcoe que se adscriben a los Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología (eSCT), en el caso de algunos con una aproximación que se encuadra explícitamente en la Teoría del Actor Red, como en el caso de Nik Brown

(Brown, 1998; Selin, 2007), la sociología de las expectativas se ocupa de analizar las visiones y promesas que predican las capacidades futuras de las tecnologías, los efectos que tendrán o las realidades a las que darán lugar en un tiempo futuro (Borup et al., 2006: 286). Y lo hacen con una aproximación en la cual no pretenden determinar si las expectativas son más o menos realizables, o son verdaderas o falsas; lo que les interesa es cómo esos discursos toman parte en la producción del presente; qué es lo que hacen esos discursos y qué es lo que hacen hacer a otros.

Frente a la orientación predominante de la teoría social ocupada con el análisis del presente, el futuro ha sido un ámbito de indagación mucho más limitado. Pero por el análisis del futuro no me refiero a las técnicas prospectivas, sólidamente establecida en el análisis social, sino a convertir el futuro en el objeto analítico de la indagación social (no a predecirlo), como han hecho autores como Max Weber (1945), George H. Mead (1932) y Alfred Schutz (1962).

La diferencia entre intentar “predecir” el futuro y comprender el futuro del presente es la base sobre la que se funda Contested Futures (2000), editada por Nik Brown, Brian Rapper y Andrew Webster, en la cual se reúnen algunos de los trabajos de quienes después contribuirán a fundar este ámbito de indagación. Es precisamente el hecho de que la tecnología aparezca insistentemente como un factor decisivo en la configuración futura de múltiples ámbitos de la sociedad lo que lleva a indagar en el futuro explorando las expectativas tecnológicas. Un futuro del presente materializado en discursos y objetos (Michael, 2000; Brown et al., 2003).

Así que los autores que contribuyen a este campo de investigación se han ocupado de tecnologías que aparecen cargadas de promesas, esperanzas y expectativas; principalmente tecnologías que se encuentran en proceso de desarrollo; centrándose en el análisis de los procesos y contextos de innovación. Muchas de ellas son tecnologías desarrolladas en la década de los noventa como las múltiples biotecnologías (Feising, 2001) entre las que se encuentran la farmacogenética (Hedgecoe y Martin, 2003) o la terapia génica (Brown, 2003); y diversos campos médicos como las células madre (Moreira y Palladino, 2005), la telemedicina (Rappert y Brown, 2000) o los xenotransplantes (Brown y Michael, 2003); y otros ámbitos distantes como la nanotecnología (Selin, 2007). Singularmente, el estudio de las expectativas depositadas en Internet y las tecnologías digitales apenas ha sido abordado desde esta perspectiva (Wyatt, 2000; Geels y Smit, 2000).

Más que discursos

Uno de los campos que ha recibido notable atención de parte de estos autores han sido las biotecnologías. Adam Hedgcoe y Paul Martin hacen en 2003 un análisis sobre dos orientaciones que en ese momento hay dentro de la farmacogenética, una tecnología basada en los fármacos individualizados a medida. El objetivo de su trabajo es “entender cómo tecnologías nuevas ‘llegan a ser’” (‘come into being’). El planteamiento de su trabajo es ilustrativo de la aproximación general en la sociología de las expectativas: “en lugar de interpretar las afirmaciones especulativas sobre el futuro de la farmacogenética como efímeras e irrelevantes, argumentamos que son fundamentales en el proceso dinámico que

De la ontología múltiple…

69

produce nuevas redes sociotécnicas” (Hedgcoe y Martin, 2003: 328 t. p.). Es decir, en lugar de interpretar esas narrativas, los autores intentan comprender qué es lo que hacen y qué es lo que hacen hacer. En el estudio se comparan dos visiones diferentes del desarrollo de este campo tecnológico, las cuales son traducidas en diferentes políticas biotecnológicas, estructuras de compañías farmacéuticas y biotecnológicas, y productos: “cómo las dos visiones articuladas en la literatura científica se han encarnado en políticas, estructuras y productos de compañías farmacéuticas y empresas biotecnológicas. Esto ha implicado la traducción de un discurso particular en una heterogénea serie de artefactos, organizaciones, estructuras, prácticas laborales e inversiones materiales. En este sentido proporcionar un marco estratégico para que los actores cambien el presente con el objetivo de construir el futuro” (ibid.: 349 t. p.).

Las visiones en competencia del futuro de la famacogenética que los autores refieren no se reducen, por lo tanto, a discursos alternativos, sino que se traduce en prácticas científicas, modelos organizacionales y artefactos diferentes (ibid.: 340). En este sentido es importante reconocer que diferentes colectivos y actores compiten entre sí por establecer diferentes visiones del futuro y, consecuentemente, diferentes presentes (Brown, 2003), como quedaba claro en el trabajo de Hedgcoe y Paul Martin. Eso significa que las expectativas tienen una distribución específica según los colectivos, la geografía e incluso a lo largo del tiempo; pues las expectativas van variando. Las expectativas no son sólo visiones discursivas del futuro, son visiones de diferentes futuros que performan distintos presentes.

Las consecuencias, sin embargo, son mayores. Los diversos trabajos empíricos de este ámbito muestran que las expectativas legitiman la investigación y contribuyen a través del interesamiento a la movilización de actores de todo tipo (Hedgecoe y Martin, 2003). En torno a las expectativas se generan espacios protegidos para el desarrollo de la tecnología (Konrad, 2006) en los cuales se producen negociaciones permanentes entre diversos actores implicados (científicos, empresarios y autoridades públicas) pues las expectativas funcionan como mediadores entre diferentes tiempos y comunidades diversas (Borup, Brown, Konrad y van Lente, 2006), y en este proceso, en torno a las expectativas se generan toda una red de obligaciones mutuamente vinculantes (alguien promete a alguien algo) entre los actores diversos que toman parte en el desarrollo de la tecnología: ingenieros, administradores, políticos, consumidores… (Brown, 2003: 6; van Lente, 2000). En definitiva, las expectativas “movilizan el futuro en el presente” (Brown et al., 2003: 3). Es decir, el pilar último sobre el que se funda la sociología de las expectativas es que estas contribuyen a traer a la existencia aquello que predican; no enuncian únicamente un futuro deseable, potencial o esperable, sino que contribuyen a performarlo en el presente.

Incertidumbre: entre hechos y expectativas

¿Qué expectativas se cumplen y cuales fracasan? La pregunta carece de respuesta; no es posible determinar qué expectativas se cumplirán en un determinado momento, pero resulta ineludible que algunas de ellas no se cumplan, y como consecuencia de ello se producirá la decepción. Así que “la decepción parece estar embebida en la manera como las

expectativas operan en la ciencia y la tecnología” (Borup et al., 2006: 290). Uno de los temas abordados en este ámbito es lo que se denomina la “dinámica de las expectativas”, que se ocupa de “las relaciones entre nuevas esperanzas y las decepciones emergentes” (Brown, 2003: 3). Esa dinámica se presenta formando un ciclo en el cual la inflación de las expectativas en las fases iniciales de los procesos de innovación es seguida por un enfriamiento por el cual se normalizan. Los autores explican esas exageración porque gracias a ellas es posible enrolar nuevos aliados y obtener recursos; pero el fracaso que después se produce no resulta gratuito y pasa factura, pues se traduce justamente en la pérdida los aliados y de los recursos previos (Brown, 2003: 5). Pese al atractivo de un modelo como ese, Nik Brown y Mike Michael han advertido sus severas limitaciones (Brown y Michael, 2003) y sugieren que la dinámica es más compleja; en los próximos capítulos exploraré ese aspecto y discutiré los considerables problemas que plantea ese modelo.

Las expectativas constituyen enunciados cargados de incertidumbre sobre el futuro y el punto clave en ellas es que en el momento de su enunciación no resulta posible determinar si se cumplirán o no. No es posible determinar qué promesas serán traducidas en hechos y cuáles devendrán fracasos; lo que resulta innegable es que algunas se traducirán en hechos y otras no; de manera que se establece una cierta dinámica entre los hechos del presente y las expectativas sobre el futuro. Sin embargo, es precisamente esa incertidumbre lo que abre un espacio de negociación y esperanza, un mecanismo para el interesamiento de otros actores. Es precisamente esa incertidumbre la que permite la reunión de aliados en un determinado momento, el interesamiento de pacientes, el logro de apoyos, la efectividad de elementos técnicos…

La incertidumbre sobre el presente es de hecho la base sobre las esperanzas que se depositan en el futuro, como se ocupa en señalar Nik Brown: “las incertidumbres de as dudas presentes y el potencial de las futuras certidumbres o verdades se encuentran en una relación dinámica unas con las otras; es decir, la presente ausencia de certidumbre es en sí misma constitutiva de la esperanza por, y mueve hacia, las futuras verdades” (Brown, 2005: 333). Lo importante para la sociología de las expectativas es reconocer que esa incertidumbre forma parte de lo que la tecnología es en un determinado momento. Una tecnología es tanto lo que se sabe de ella como lo que se espera de ella. Un aspecto que nos pone sobre la pista de un elemento fundamental de las expectativas que me permite conectar con la propuesta del capítulo anterior por la cual la indagación antropológica se traslada al ámbito de la ontología, como paso a discutir en el siguiente epígrafe. Basta comparar la diferencia entre la manera como las expectativas se manejan en la ciencia económica y en este ámbito para comprender este punto. Los enfoques económicos, especialmente aquellos basados en la idea de “expectativas racionales”, asumen una distinción realista entre las expectativas que se tienen sobre ciertas entidades y lo que estas son verdaderamente. La sociología de las expectativas, por el contrario, adopta un enfoque constructivista al asumir que no es posible separar los hechos actuales de las expectativas futuras; lo que la tecnología es actualmente no puede desligarse de aquello que de ella se espera sea en el futuro:

De la ontología múltiple…

71

(biotecnología, células madre, nanotecnología, etc.) y la realidad de esas cosas en el presente. Los tiempos del presente y del futuro están ligado inseparablemente […] el presente -su materialidad, su dureza, y su sustancia- es entonces inseparable de las expectativas tanto en términos conceptuales como empíricos

(Brown, 2005: 351 t. p.)

Lo que una tecnología es de facto y lo que de ella se espera, forman parte de su naturaleza actual. Hechos y expectativas, verdad y esperanza, presente y futuro se encuentran imbricados en los procesos de innovación tecnológica en una relación dinámica que cambia a lo largo del tiempo. Lo que es un enunciado incierto y esperanzado en un determinado momento puede tornarse una verdad en el futuro (o una decepción y falsedad). Así que una estrategia a través de la cual explorar los efectos de las expectativas es examinar la relación cambiante a lo largo del tiempo que se establece entre hechos y expectativas, entre la verdad y la esperanza. Tiago Moreira y Paolo Palladino (2005) han acuñado los conceptos de “régimen de verdad” y “régimen de esperanza” para distinguir entre dos lógicas diferentes que identifican respecto a los ensayos clínicos de neurotransplantes en pacientes que sufren la enfermedad de Parkinson. A través de ellos exploran dos modos de articulación diferentes que dos colectivos distintos establecen entre el presente actual y el futuro esperado, entre las verdades constatadas del ahora y las esperanzas por realizar en el futuro.

El trabajo de los autores identifica dos posturas diferentes frente a los ensayos de neurotrasplantes para la enfermedad de Parkinson. Una de ellas promueve el neurotrasplante pese a las evidencias no concluyentes que aportan los ensayos, sustentando la esperanza de que nuevos y mejores tratamientos están por venir. Es el régimen de esperanza que se orienta hacia el futuro, hacia una continua apertura de la acción. La otra postura rechaza los neurotrasplantes, a los que consideran caros y arriesgados para la vida de los pacientes, debido a la ausencia de resultados efectivos pese a lo ensayos realizados hasta el momento. Es el régimen de verdad, una lógica alternativa que implica una inversión en lo que se conoce de hecho antes que en lo que puede llegar a lograrse; que se funda en la representación del estado actual de las cosas y cuyo objetivo último es la clausura

Diferentes entidades se encuentran adscritas a uno u otro régimen, una adscripción que implica un posicionamiento diferenciado frente al presente y al futuro, a lo conocido y a lo desconocido, a lo veraz y lo esperado. Cada uno de esos regímenes establece diferentes formas de orden en determinados colectivos, distribuye de forma diferenciada el conocimiento y la agencia entre expertos y no expertos, interpela a los pacientes de manera diferente y les proporciona diferentes formas de autonomía. En el régimen de esperanza, los actores invisten al paciente como alguien implicado en salir de su condición sufriente, buscando siempre nuevas alternativas; en el régimen de verdad, los pacientes son configurados como consumidores del sistema de salud, concernidos únicamente en la comparación de los méritos de los distintas opciones (farmacológica y quirúrgica, por ejemplo) (Moreira y Palladino, 2005: 68).

Pese a las diferencias y lo dicho hasta ahora, Moreira y Palladino muestran que ambos regímenes son mutuamente dependientes: “el proceso de articular el futuro requiere

implicarse con el 'régimen de verdad', cuyas prácticas de verosimilitud están fundamentadas en el pasado” (Moreira y Palladino, 2005: 73). Nik Brown insiste sobre el asunto de forma clarificadora en otro trabajo: “los regímenes de verdad y de esperanza se encuentran interarticulados en una continua reevaluación de lo que es conocido (las verdades pasadas y presentes) con el objeto de proceder hacia lo que se sospecha pero que aún no es conocido (la esperanza en las verdades futuras)” (Brown, 2005: 353).

Pero si el presente y el futuro se encuentran en una relación dinámica, el pasado no resulta ajeno a este proceso. Nik Brown y Mike Michael lo reconocen: “el locus de la realidad es el presente... el pasado y el futuro... son constantemente creados y recreados en el presente” (Brown y Michael, 2003: 5, citando a B. Adam). Al tiempo que se formulan los futuros en el presente, se reescriben los pasados, y no sólo discursivamente, también materialmente (Brown, 2003: 11). Frente a la concentración en el presente, Brown propone que se reconozca cómo el pasado y el futuro se hace presente materialmente: “los pasados y los futuros se encuentran inscritos en la materialidad del presente, en sus artefactos, instituciones, rutinas, etc. (Callon, 1991; Akrich, 1992). Así que lo que el pasado y el futuro hacen –en terminos artefactuales y materiales- tiene cierta realidad más allá del presente” (Brown, 2003: 11).

La dinámica material

Ya he señalado algunas consecuencias que se traducen de las diferentes visiones del futuro que se articulan en distintos campos como la investigación sobre la enfermedad de Parkinson o la investigación faramacogenética: diferentes formas organizacionales, diferentes estructuras empresariales, un trato diferente al paciente, al que se configura de manera distinta, fármacos distintos… Aunque las expectativas, las promesas y las visiones de futuro suelen predicarse discursivamente, no se reducen únicamente al discurso (Michael, 2000:3 3; Brown y Michael, 2003: 7; Borup et al., 2006; Brown, 2005). Cuando Tiago Moreira y Paollo Palladino utilizan en su estudio sobre la enfermedad de Parkinson el concepto de ‘régimen’ en lugar del de discurso, lo hacen en un intento por señalar la existencia de prácticas materiales que muy a menudo pasan desapercibidas en la articulación de las expectativas (2005:58). Este es otro de los temas fundamentales de la sociología de las expectativas pero que ha sido limitadamente explorado, lo que se plantea es: “¿Cuál es la relación entre imaginación y materialidad?, ¿cuáles son las rutas de transmisión entre expectativas, encarnación y materialidad; y específicamente el camino y los medios por los cuales las abstracciones promisorias sobre el futuro son sustanciadas, a través de su inscripción en estructuras, rutinas, sistemas, materias, etc.?” (Borup et al., 2006: 292).

Nik Brown (2005), por ejemplo, ilustra la relación entre expectativas y materialidad a través de la práctica que despliegan las familias que depositan el cordón umbilical en bancos privados que han sido creados en los últimos años para la conservación de esos tejidos. La promesa que participa en la toma de esas decisiones (que tienen un coste económico) es que los tejidos almacenados son una fuente óptima de células madre que podrían servir para curar posibles enfermedades de sus futuros hijos. Si el cordón umbilical vinculaba materialmente a la madre y a su hijo mientras este se encontraba en el seno

De la ontología múltiple…

73

materno, una vez que el neonato ve la luz, el depósito del cordón umbilical en el banco de tejidos se convierte de nuevo en un “vínculo corpóreo […] que conecta a los progenitores y el futuro de sus recién nacidos con un servicio biológico industrial que es global y emergente” (Brown, 2005: 342). Las expectativas son inscritas en artefactos materiales, en objetos y en cuerpos, y distintos actores, vástagos, progenitores son conectados a través del tejido umbilical en los cuales se depositan diversas expectativas: “los futuros y las expectativas son más que simplemente relacionales e intersubjetivos, son intercorpóreos […] depositar células madre implica una apuesta altamente material y aún así simbólica en el potencial de una inversión destinada a proteger a la familia de enfermedades” (Brown, 2005: 343).

Como he señalado en la sección anterior, las expectativas toman parte en la producción del orden de los colectivos que participan de ellas. La inscripción material de las expectativas en artefactos, objetos y cuerpos es una estrategia para tomar parte en la producción del orden. A través de las entidades materiales se ordena la esperanza, como por ejemplo hacen los bancos de tejidos a través del depósito de los cordones umbilicales.

El analista no es inmune

La incapacidad para deslindar lo que la tecnología es de lo que se espera de ella que sea, para separar entre hechos y esperanzas, plantea ante el analista una serie de cuestiones de enorme responsabilidad política ya que este no puede situarse en un terreno neutro ajeno a las expectativas.

Con su misma producción de conocimiento el analista participa de las expectativas que analiza (Moreira y Palladino, 2005: 68; Brown, 2005: 333). Hedgecoe y Martin señalan, por ejemplo, cómo la participación de los científicos sociales en debates sobre la bioética de la farmacogenética produce espacios de negociación en los que explorar los usos de esas tecnologías (2003: 33); lo “debates anticipatorios” son vitales en el desarrollo y construcción de esas tecnologías. Así que el analista se encuentra en la necesidad de reflexionar de manera permanente sobre su función en la reformulación de las expectativas que investiga (Brown, 2005: 333), más aún, en la performación de determinados presentes y en la exclusión de otros a través de esas expectativas vinculadas a futuros particulares que traen a la existencia unos presentes, y no otros.

Como ya he señalado, las expectativas no son homogéneas ni unitarias; hay diferentes colectivos que se organizan a través de distintas expectativas. Distintos futuros posibles imaginados traen a la existencia diferentes presentes; y el analista participa a través de su actividad en la performación de unos presentes particulares, unas determinadas realidades. ¿Cuáles son aquellas otras realidades que permanecen ocultas como consecuencia de silenciar otros futuros posibles, otras expectativas imaginadas? Esto exige del analista “…una implicación reflexiva con las expectativas no puede discriminar lógicamente la hipérbole, sólo puede ser más sensitiva a los múltiples futuros ocultos que las hipérboles tan a menudo silencian” (Brown, 2003: 18).

Dicho esto, retomo la discusión previa sobre la postura crítica. En contraposición a la denuncia que estos autores hacen de esas narrativas míticas o utópicas que los individuos