Muchos niños y niñas fueron víctimas de bombardeos y la persecución en el éxodo de sus familias hacia el desierto, y posteriormente el refugio en 1976. Desde diferentes zonas cada vez más grupos enteros de familias fueron forzados a desplazarse hacia otros lugares para huir de la violencia. La mayor parte de los desplazados eran mujeres, ancianos y numerosos niños y niñas.
Los niños estaban jugando en todos los sitios, lo que ayudó fue que los aviones no se atrevieron a bajar más y la primera bomba sirvió de alerta a la población para escapar. Nanha Sid Mohamed Chek.
En mi familia gracias a Dios no hubo ninguna víctima, pero las hijas de mi tía perdieron a todos sus hijos, a una se le murieron siete niños y a otra cinco. Mis tías se llaman Salka Maha Yudali y la otra Emborica Maha Yudali. Mohamed Larousi Ali Salem.
Los niños y niñas sufrieron el éxodo en condiciones extremadamente negativas, sin ali- mentación o agua, huyendo y caminando en las noches para no ser detectados, refugiados en las montañas durante semanas en otros casos.
Un niño de cuatro años y la niña de dos años. Uno lo tenía amarrado como una especie de canguro y el otro lo tenía de la mano. Lo que hacíamos era tratar de mantener un ritmo entre la gente, de vez en cuando parábamos para reagrupar- nos. Mariem Ahmed Suelim.
Los bombardeos de población civil llevados a cabo por la aviación marroquí se dieron en muy diferentes lugares en el proceso de la huida. Y en dichos bombardeos numerosos ni- ños murieron directamente o a causa de las heridas producidas por las bombas. Al menos
diecisiete niños víctimas de bombardeos fueron identificados por sus familiares para este
estudio, de los cuales seis pertenecen a heridos (tres niñas y tres niños) y catorce falleci- dos (ocho niñas y seis niños)42.
Encontramos los restos de un niño que se llamaba Bueihiti uld Sidahmed uld Ali uld Lab, un niño de la edad de doce años. Incluso en ese segundo ataque fui alcan- zado por un impacto de bomba pero oculté esto a las mujeres para no asustarlas más. Bubeker Banani Abdellah.
Su mujer Fuila Machnan y sus tres hijas murieron. También el hospital fue ata- cado en donde murieron varias personas entre ellas Chaia Ment Ahmed Zein y su hermana, y la familia de Buh Uld Sguier y Zuenana perdió un brazo. Faudi Mohamed.
El hermano pequeño, cuando llegamos aquí murió, por las circunstancias del traslado, y posiblemente por las explosiones de las bombas pudo haber respirado algunas sustancias tóxicas que pudieron haberle afectado. Estuvo aquí una o dos semanas y después falleció. Mohamed Salem.
En la mañana se acercaron dos aviones, han dado vueltas y han lanzado bombas, una cayó sobre la tienda quedando el sitio como si no hubiera nada, falleció mi niño de seis años que se llamaba Mohamed Lehbib. Lehbib uld Hamdi.
Otros niños murieron de enfermedades en el éxodo, entre los bombardeos. Muchos de ellos sin nombre, estaban aún en el vientre de sus madres.
Abortaron muchas mujeres, había niños que morían, yo misma no conocía a nadie porque había gente de todos lados. Me acuerdo del hijo de Mohamed Ali que mu- rió ahí, su madre se llama Labibe Bachir. Los niños han sufrido mucho porque no había casi nada que darles, solamente los protegía el cuerpo de su madre contra el frío. Estaban llorando casi todo el tiempo. Embarcalina Brahim Mustafa. Muchos niños quedaron solos en medio del bombardeo, lo que muestra el nivel de terror que sufrió la población civil. En el siguiente caso, la madre de tres niños que acababa de
dar a luz señala como tuvo que huir y dejar sola a su hija que finalmente pudo sobrevivir
gracias a la ayuda de otras familias.
Yo estaba enferma y casi no tenía fuerzas para moverme, el niño tenía siete días, no podía llevar a los dos. Tenía el bebé y la niña que tenía un año o dos, se arras- traba. Así que nos escapamos yo y el niño, la niña se quedó ahí sola en la jaima. Salka Mohamed Ahmed.
También algunos niños fueron testigos de detenciones de personas que aún hoy se en- cuentran desaparecidas, como en el caso de Lebuehi Jarrub (Mohamed Loulad), Moha- med Salem Buyema Hailal y Ahel Moufhad.
Supimos que les cogieron mientras recogían las cosas de las casas de la gente, lo vio un niño llamado Meheidi Hafaa que iba con ellos, saltó y se escondió en un bidón. Vive en el campamento de El Aaiún. Él vino esa misma noche a contár- noslo. Esa misma noche la gente se fue, comenzamos la retirada. Mariem Ahmed Suelim.
Los niños que se escondieron se salvaron. Estaba conmigo una señora que se llama Jira, casi le daba un infarto del susto. Por la noche, fui a buscar a los niños que estaban escondidos debajo de los árboles ya que se han llevado a sus padres, estaban muy afectados. Eran seis o siete niños, dos hijos de Hamadi Omar, uno se llama Mohamed, el hijo de Mohamed Salem, los hijos de Mohamed Echreif uno le hemos traído aquí con nosotros, Koria Mohamed Echreif. Zueina Emah Bdadi.
Muertes de niños en los operativos del desierto
En 1976 tenía un niño que estaba en brazos y otro más… Nosotros éramos nó- madas y vivíamos cerca de Amgala. Cuando salimos estuvimos caminando de Amgala a Aargub durante dos noches y dos días. En el día nos escondíamos y en la noche caminábamos. Yo tenía un hijo de un año, no había nada que comer, los aviones sobrevolaban y ahí murió mi hijo Mohamed Nafti. No teníamos ropa, ni comida, ni medicamentos, andábamos a pie. Algunos tenían el privilegio de andar en burro. Había que ir de noche porque de día sobrevolaban los aviones militares.
Éramos la familia Lamin Abdi y Lebat Segri. El hijo de esta última desapareció. En total cerca de veinticuatro personas entre las dos familias. Nuestros ganados fueron masacrados. Después de cinco días llegamos a Rguewa. Yo estaba enfer- ma, perdí la razón y la mujer que estaba conmigo también. Al niño que murió le transmití el miedo, yo tenía mucho miedo. Mi hijo lloraba todo el tiempo. Lo único que podía hacer era arroparlo con mi cuerpo. Por el camino hacíamos trincheras y ahí los metía a todos juntos, yo me ponía encima para darles calor durante mucho tiempo. Los privilegiados, que no éramos nosotros, tenían algo para hacer té, una tetera o algunos vasos. Algunos hacíamos, de nuestra propia melhfa, una especie de tienda para protegernos y poníamos a todos los niños en esa trinchera que hemos construido. Eran siete niños, uno de los que estaba en la trinchera murió solo al llegar aquí. Juala Mustafa Yumani.
También muchos niños y niñas murieron durante los primeros meses de refugio, en un contexto de falta de alimentación y ayuda médica, malas condiciones sanitarias y preca- riedad absoluta en medio del desierto.
Perdí a dos hermanos, uno que nació en el camino, mi madre estaba embarazada, y una niña pequeña que llevábamos en brazos. No duró mucho el recién nacido que se llamaba Brahim Jalim, y la niña Um Kaltum de tres años también murió poco tiempo después de llegar. También murió mi tío jovencito de una hemorragia de sol aquí en Rabuni, se llamaba Ali Abdi Embarec tenía doce años. Mulay Ali Aldjil. Hubo una epidemia de sarampión y gripe, la gente sufrió mucho, no había ropa ni agua ni medicamentos. Me acuerdo que murieron muchos niños, conozco a una familia donde murieron los cuatro hermanos y quedó solo la mujer. Bismilahaliha Taled uld Hamadi uld Hamuha.
No hay estimaciones de los niños que murieron al llegar al refugio, aunque un testimonio de fuente directa, el nieto de quien enterró a muchos de los niños, señala que al menos fueron de cuatro a seis al día en una época43.
He visto los bombardeos, se ha hablado de muertos pero no los he visto, vi los he- ridos que fueron trasladados con nosotros. Cuando llegamos a Rabuni había muer- tos, principalmente niños. Mi abuelo que hacía las tumbas nos decía que había de cuatro a seis niños que se enterraron cada noche en Rabuni. Pero yo estaba muy
mal, la primera vez que pude levantarme fue en 1977. En esa época al fin pude ir a
la escuela, que era una simple tienda, pero muchos de los niños tenían que estudiar fuera a la intemperie y de ahí nos llevaron a otra escuela que era una construcción, donde ahora está el Protocolo pusieron jaimas. Dafa Sidahmed Yumani.
Algunos menores que se encontraban en la huida fueron detenidos y llevados a prisiones ma- rroquíes o cuarteles. El siguiente testimonio corresponde a una niña de quince años, detenida con un grupo de mujeres y niños de pecho y llevada a una cárcel en Smara desde Amgala.
La única información que teníamos era que a las dos las habían metido en un ve- hículo militar y las habían trasladado a Amgala. En el vehículo donde las metieron había tres niños, dos de ellos sin familiares, eran niños pequeños que aún mamaban y que cogieron las mujeres mayores. De esta información nos enteramos después. Las llevaron a Smara por la noche y las metieron en una pequeña cárcel, no sabe- mos cuánto tiempo estuvieron en esa cárcel. De esto nos informó un saharaui que se llama Mohamed Ali Sidi Bachir, este señor las sacó de la cárcel y era un diputado saharaui del parlamento marroquí. Según lo que nos dijeron es que no las quería sacar hasta que alguien se hiciera responsable de ellas. Luali Hamadi Luali. Las consecuencias de la huida, en los que fueron niños sobrevivientes y testigos de las atrocidades sufridas por su pueblo durante todo el trayecto del éxodo, tienen todavía hoy en día un fuerte impacto psicológico.
43 Hay que tener en cuenta que la tasa aceptada para determinar una emergencia sanitaria en el ámbito de la ayuda humanitaria es de 1/10.000/día. Teniendo en cuenta que la población podría estimarse entre 20-
30.000 personas, y que el dato se refiere solo a población infantil, la tasa de mortalidad según ese dato
Vimos a niños y mujeres sin ropa… vimos las tiendas quemadas, animales muertos y personas… Tenía dieciséis años cuando vi todo esto, en el camino de Amgala, Tifari- ti, lo vi en los ríos. En los sitios del bombardeo vi las jaimas quemadas, la gente que andaba a pie. Me afectó porque niños y mujeres fueron víctimas de esas atrocidades. Cuando vi el bombardeo de Tifariti me asusté más, pensé que iba a morir. Los niños se ocultaban debajo de los árboles. Mohamed Feadel Abdalahe Ramdan.
Mientras una gran parte de la población saharaui huía hacia Argelia, otra parte de la po-
blación nómada especialmente fue capturada y confinada en las ciudades. Los siguientes
dos ejemplos se dieron con población que se encontraba en el desierto y fue detenida por el ejército marroquí. Algunas personas fueron desaparecidas mientras la mayor parte de la gente fue recluida en jaimas a la entrada de la ciudad de Smara. En dichas acciones el su- frimiento de los niños, las enfermedades y el impacto de la reclusión se hicieron evidentes. Después de un operativo del Frente POLISARIO contra la ciudad, mucha de la población que se encontraba detenida huyó al desierto de nuevo para llegar hasta el refugio de Tinduf. Me acuerdo del drama que vivimos. Cuando salíamos de la jaima los miembros de las fuerzas auxiliares nos pegaban, teníamos un niño enfermo, no podíamos en- cender el fuego. Había mujeres que tenían que dar a luz, pero no podían encender fuego por la noche, tenías que estar en la noche en la jaima hasta la mañana. Sidi El Baschir uld Gala uld Hussein.
Empezaron a enfermarse los niños. Cualquier cantidad de dinero que ganaba era
insuficiente. El niño grande de dieciséis años no era un hombre, no sabía trabajar.
Pasamos cerca de cuatro años y tres meses hasta que pudimos venir. En 1979 el POLISARIO atacó parte de Smara y ese momento era lo que yo esperaba, me apro- veché cogí al niño más pequeño, me lo puse en la espalda y comencé a correr, aban- doné a todos mis niños porque pensé que era la única oportunidad para salvarme de la situación, corrí en la dirección del este, allí me encontré a los combatientes saharauis. Afortunadamente, mi hija mayor se hizo cargo de mis demás hijos y de seguirme. Así es como nos encontramos ahora a salvo todos juntos. Fatma Bachir.
El impacto en los hijos e hijas de los desaparecidos
La mayor parte de los detenidos desaparecidos eran personas adultas, de mediana edad y muchos de ellos tenían hijos. Las detenciones desapariciones de sus padres dejaron a los niños y niñas muchas veces solos, o en manos de otros familiares, sufriendo las con- secuencias de perder a su madre o padre. También para las madres y padres, al impacto de las detenciones y el maltrato se sumó la preocupación y el miedo por el destino de sus hijos. Estos impactos fueron mayores en el caso de las mujeres detenidas desaparecidas. Muchas de ellas tenían bebés lactantes que se quedaron sin el cuidado de sus madres.
Fui detenida en Tan Tan, el 27 de febrero de 1976. Me han llevado a la comisaría
de mujeres. Me ataron con esposas. Con las mujeres se llevaban niños que aún amamantaban y nos llevaron a la comisaría central de Agadir. Nos pasamos allí la noche, una encima de otra, con mucho miedo, la mayoría éramos jóvenes, yo tenía dieciocho años. Demaha Hmaidat.
En el siguiente caso, la bebé de apenas dos meses murió cuando fue dejada en manos de sus familiares, sin el alimento y la relación con su madre.
Mi niña se llamaba Ardana. Yo no pude saber nada de ella hasta que salí de la cárcel. Poco después de mi secuestro, a mi hija intentaron darle de comer leche pero no quiso. No probaba nada, todo lo que comía lo vomitaba, lo que le provocó infecciones en el estómago que después de un mes causaron su muerte. Sukeina Yed Ahlu Sid.
En otros casos de familiares de desaparecidos, hubo muertes de bebés que estuvieron motivadas por el empeoramiento de las condiciones de vida de las víctimas. En este caso se trata de la desaparición y posterior control militar del padre y de las condiciones de vida de la madre.
Tenía una niña que amamantaba y que murió posteriormente. Solíamos alimentar a los niños con leche de camella pero ya no teníamos camellos. La niña tenía un año y medio. Las fuerzas sabían que mi marido estaba ahí conmigo, llegaron sin hacer ninguna búsqueda en la tienda y se lo llevaron. Mi esposo se llamaba Ha- mudi Saleh Habbi. Neitu Sidahmed.
En este caso se trata del fallecimiento de la hermana menor de tres años, cuyo padre había sido desaparecido. En menos de un año la madre de la víctima y su hija murieron a causa del empeoramiento de sus condiciones de vida y del impacto traumático de la desaparición forzada.
El fallecimiento de mi hermana está ligado a una total necesidad: de medios, de medicinas, de tratamientos e incluso de un sitio donde poder tratarla, ni siquiera había un hospital al que llevarla, eran circunstancias del inicio de una guerra. Ella murió cuando tenía tres años más o menos. Murió también mi abuela, era mayor de edad, la madre de mi padre, a causa del choque emocional se enfermó mucho y murió justo pasando tres meses del secuestro. Esto ocurrió en menos de un año. Elhartani Mohamed Salem Hamdi.
Las condiciones de pobreza y miseria en la que se encontraron muchas familias debido al impacto de la desaparición o al saqueo de sus pertenencias hizo enormemente precarias las condiciones de sobrevivencia familiar y la situación de salud de los niños y niñas.
Durante esos días, mi hermano mayor Moulay Ahmed se fue en busca de algo de comer en la basura y allí encontró restos de pescado que trajo a casa. Estábamos contentos de poder comer un poco de pescado, pero lo que no sabíamos es que estaba en mal estado. Los cuatro fuimos intoxicados pero nos salvamos milagro- samente. Ali Oumar Bouzaid.
Muchos niños y niñas quedaron bajo custodia y cuidado de otros familiares. En lugares en que se dieron capturas masivas, los niños y niñas quedaron al cargo de los abuelos mayores, sin medios ni posibilidades de cuidado, en un clima de control y terror.
Mi hijo se quedó con mi madre y su abuela paterna. Además de él, se quedaron con mi madre otros ocho nietos, los hijos de mis hermanos, todos ellos con una mujer mayor y enferma. Hacían un total de nueve, los padres eran cuatro, todos ellos acabaron en la cárcel detenidos. Fui liberada un viernes del mes de di- ciembre de 1977. Lo primero y único que encontré fue a las dos ancianas con los nueve niños. No tenían nada para subsistir más que el techo que tenían encima y sobrevivían, tanto ellas como los niños, con las ayudas que les prestaban amigos, vecinos y familiares. Safia Moubarak.
Mi niño tenía cuatro o cinco años, vive en Smara. Algunas saharauis me daban de comer. No tenía ningún recurso, no tenía trabajo. Desde el primer día le dije que su padre estaba detenido por los marroquíes. Neitu Sidahmed.
En el siguiente caso, la detención en 1984 de varias mujeres que vivían en Tan Tan, dejó a los hijos sin ningún tipo de cuidado. Unos tuvieron que cuidar de otros en un contexto de control y militarización, sin posibilidad siquiera de encontrar alimento. Las mujeres eran Aziza Hasni, Kaltum Laamar, Jalifa Cheij y Aminetu. Los hijos de todas las mujeres quedaron solos, dado que los hombres estaban fuera de la ciudad.
Al cabo de media hora, llegaron los hijos de la vecina que vivían a dos manzanas de nuestra casa. También habían secuestrado a su madre y posteriormente llega- ron las informaciones de que se habían llevado también a las otras dos madres, dejando a todos los niños solos. Uno de los niños era un bebé de tres meses. Yo tenía quince años. En esa situación sentí el odio de los vecinos. Estábamos dando vueltas por las calles de noche, buscando una mujer que pudiera amamantar al bebé. De todos lados nos echaban: “¡cerrad la puerta!, ¡Polisarios traidores…!”. Finalmente encontramos una mujer que nos dejó pasar disimuladamente por la
puerta de atrás, porque la gente tenía miedo. Era de origen saharaui. Al final,
amamantó al bebé. Estuvimos casi tres días solos. Mi hermana pequeña tenía tres años y la mayor tenía catorce años. Al quinto día soltaron a las mujeres, y llegaron todas en estado crítico. Se veían las marcas de la tortura que habían