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Regression analysis for the draglines

5. Develop regression models for demand response assets

5.4. Regression analysis for the draglines

La tortura de las mujeres ya fuera en centros clandestinos o durante la detención en gar- de à vue en comisarías durante detenciones arbitrarias se dio en varias de las mujeres entrevistadas estando embarazadas, ya fuera que el embarazo era evidente o porque las mujeres señalaron a sus captores que se encontraban embarazadas con la esperanza de que eso les protegiera del maltrato. Las torturas a mujeres embarazadas tuvieron incluso testigos directos en algunos casos.

Éramos seis los que estábamos escondidos en una de las habitaciones, un agente de las fuerzas de seguridad empezó a golpear a una mujer embarazada. Malainin El Bousati. Salka Bujari, que permanecía detenida en 1980 en el PCCMI, fue torturada de forma sal-

vaje cuando se encontraba en el último mes de su embarazo. Además del enorme impacto físico y riesgos para la salud y sobrevivencia del bebé y de la madre, y del terror que esa tortura significa, muestra la perversión de la tortura y el desprecio racista de sus captores. Después de la tortura y de dar finalmente a luz en el hospital en muy mal estado, la niña fue separada de su madre y Salka Bujari tuvo una crisis psicótica que le dejó fuera de la realidad y muy afectada psicológicamente durante varios años, y siguió detenida en otro centro clandestino de detención39.

39 Salka Bujari estuvo en varios centros clandestinos diferentes: PCCMI, Derb Moulay Chérif, Agdez y Kalaat M’gouna.

Me llevaron al PCCMI. Me torturaron allí estando yo embarazada en el último mes de embarazo. Estuve allí una semana o un poco menos sufriendo la tortura. Me tuvieron atada muy fuerte con cuerdas, me colgaban, también me echaban agua aquí en el vientre y con el dolor, sentí que la niña me saldría por aquí. Fue una barbaridad. Estaba embarazada, me colgaban, me pegaban, estando colgada me echaban líquido, me insultaban con todo tipo de insultos y como desprecio me

decían: “¿Qué vas a traer?”, refiriéndose a la criatura. También me decían que

iban a matar a dos personas, a mí y al feto y también me decían: “Te vas a tragar otro POLISARIO”. Fueron cuatro o cinco días en estas condiciones. Salka Bujari. En dicho centro clandestino, según el testimonio de una sobreviviente, tres mujeres dete-

nidas sufrieron abortos como consecuencia de la tortura. Los otros dos testimonios mues-

tran que dichas prácticas no fueron aisladas.

De las mujeres recuerdo a tres que entraron a la cárcel embarazadas y las tres abor- taron, a causa de la tortura, son: Zueina Mint Muftah, Sabaha Mint Lehbib y Fatma Mint Ezeiar. Salka Bujari en la detención en El Aaiún iba a dar a luz, la llevaron al hospital y justo después de dar a luz la devolvieron del hospital a la cárcel, pero sin el bebe; no volvió a saber nada de su hijo. El bebé se lo entregaron a la familia pero no le dijeron nada. Tuvieron que mantener a un bebé que no sabían nada sobre él. A causa de ello lloraba mucho, hasta la fecha está afectada psicológicamente. Solo volvió a ver a su hija después de 1991, con doce años. Degja Lachgar.

Hemos pasado mucha hambre, sed y casi estábamos sin ropa, estaban con nosotras dos mujeres embarazadas, una se llama Aicha Mint Dahi uld Abdelhadi que abortó, fue llevada al hospital durante tres horas antes de su aborto. Fatimetu Aly Maaty.

A mi mujer la detuvieron en estado y con la tortura en Casablanca abortó. Aún no teníamos niños. Porque a mí me cogieron después de la boda por tres meses, ella estaba embarazada. Ahmed Salem Abdel Hay Allal.

Otros casos de aborto forzado producido por la tortura fueron compartidos por las propias víctimas directas. En todo caso, se trataba de mujeres jóvenes que fueron la mayor parte de las mujeres víctimas de detenciones y torturas.

Yo estaba embarazada de cuatro semanas, nos patearon y a raíz de las torturas que me hicieron aborté. Dahba El Joumani.

Fueron ellos los que me encarcelaron cuando estaba embarazada y tenía una niña de un año (…) Dormíamos sobre el suelo desnudas, sin olvidar los colgamientos. Nadie puede imaginar el daño (…) Tortura durante el embarazo, aborto forzado. Mohjouba Mint Benaissa.

En otros casos las condiciones de la cárcel y la tortura llevaron a la muerte de al menos dos de los niños que nacieron en dichos centros clandestinos.

Eran cuatro familias, las separaron, de mi familia estaba mi madre, que la apar- taron de todos, había otras dos mujeres y mi mujer que estaba embarazada y tenía una niña de dos años. Dio a luz en la cárcel pero el niño murió después de cuarenta y dos días. Elghali Ahmed Lehsen.

Mi madre perdió otro hijo en las mismas condiciones, creo que en el año 78, pero los marroquís no reconocen esto. No sé. A lo mejor se cayó antes de nueve meses, porque allí te pegaban, a lo mejor le dieron una paliza en la tripa. Lo importante es que perdió otro hijo en el 78, que era mi hermano. Ahmed Yeddou.

Todos los casos anteriores se dieron en centros clandestinos de detención. El caso que se refiere a continuación se produjo en cambio en una detención arbitraria y torturas ocurrida el 26 de julio de 2007. La continuidad de dichas prácticas de violencia contra las mujeres, la ausencia de garantías para ellas en las detenciones, y la impunidad de sus torturadores constituye una violación de los derechos humanos más básicos y muestra el absoluto desprecio por la vida de las mujeres y los que están aún por nacer.

En ese instante, Ichi Abou Hassan, un jefe de los policías, me tiró del cabello y me dio una patada en el vientre, en el aparato genital, y es allí cuando sufrí el aborto. Estaba embarazada de dos meses aproximadamente. Tuve la hemorragia en ese momento y sentí el dolor y ya desde ese momento perdí el conocimiento, después de la hemorragia me seguían pegando. Estuve toda esa noche y con el cambio de los guardias sufrí el mismo trato. De todos estos otros policías no conocía a nadie, únicamente conocemos a los que siempre entraban en nuestras casas, el que me dio la patada fue el jefe que también había entrado en la casa por mi detención.

Ghlana Barhah40.

40 Ghlana Barhan interpuso una demanda ante el Procurador General (Tribunal de Apelación de El Aaiún), el 24 de Septiembre de 2009, por las agresiones sufridas el 26 de julio de 2007, en manos de dos jefes de la policía de la ciudad: Mustapha Kamour e Ichi Abou Hassan. En la denuncia detalla las agresiones sufridas; y, pese a que señala que durante su detención ilegal sufrió un aborto, no menciona que Abou Hassan le propinó patadas en el vientre y en los genitales que le causaron hemorragias.

Investigación, reconocimiento y justicia para los casos de violencia sexual

Como se ha visto, la violencia sexual se produjo tanto contra mujeres como contra hombres. En ambos casos, se trata de una grave violación, entre otros, del derecho a la integridad personal de la víctima y representa una forma particularmente grave de tortura. Asimismo, la violación sexual de una persona detenida por un agente del Estado es un acto especialmente grave y reprobable, tomando en cuenta la vulnerabi-

lidad de la víctima y el abuso de poder que despliega el agente14.

Sin embargo, de acuerdo con varios instrumentos jurídicos internacionales, más allá de los derechos y libertades fundamentales reconocidos a todo ser humano, las mu-

jeres tienen derecho a la adopción de medidas especiales de protección que tomen en cuenta su condición. Así los Estados, más allá de las obligaciones internacionales que asumen hacia el conjunto de las personas que se encuentran bajo su jurisdicción, tienen obligaciones específicas hacia las mujeres y una responsabilidad agravada por las violaciones cometidas en su contra.

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Los niños y niñas víctimas de bombardeos y el éxodo 141 El impacto en los hijos e hijas de los desaparecidos 145

Niños y niñas detenidos desaparecidos 154

Cruzar el muro 160

Detenciones arbitrarias y torturas 164

La educación convertida en control 167

Detención clandestina y expulsión de la escuela 172

Lo que tengo memorizado es que por la noche, cuando íbamos a dormir, siempre cerraban la puerta con tres o cuatro cerraduras. Yo al principio no sabía, pero luego, cuando me fui haciendo mayor, me enteré que es porque los agentes ma- rroquíes a veces entran por la fuerza. Todo el mundo tiene miedo porque la gente escuchaba, ayer entraron en casa de fulano y se llevaron al hijo, o al padre, y la gente tiene miedo. ¿Por qué? Nadie sabe. Y eso en 1987. Ahmed Yeddou.

Ahmed Yeddou nació en la Cárcel Negra de El Aaiún, el 27 de julio de 1976, cuando esta funcionaba como un centro clandestino de detención. Su madre, cuyo hermano era miembro del Frente POLISARIO, fue detenida en otras dos ocasiones en 1977 y 1978 y, cada vez, Ahmed conoció la cárcel.

El presente capítulo recoge las experiencias de los niños y niñas de sucesivas genera- ciones que, desde 1975, han sido víctimas directas de violaciones de derechos huma- nos, objeto de detenciones, desapariciones forzadas o torturas en diferentes momentos. También de quienes perdieron a sus padres o madres y tuvieron que crecer huérfanos en condiciones precarias y con un fuerte impacto en su desarrollo personal por la pérdida de sus seres queridos. Los niños y niñas también fueron víctimas directas, durante el éxodo en 1975/76, de bombardeos y persecución en condiciones extremadamente negativas, lo que produjo la muerte de muchos de ellos, a consecuencia de la violencia, el hambre o las enfermedades, especialmente en la huida y los primeros tiempos de asentamiento en el refugio de Tinduf.

En el Sáhara Occidental, las condiciones de vida en un territorio ocupado militarmente, por un Estado que les considera a muchos como potenciales enemigos, han sido muy difí- ciles para los niños y niñas. Lugares como la escuela se convirtieron en muchas ocasiones

en centros de control y de conflicto y, en otras, nuevas causas de represión y violencia

contra la infancia o de marginación. Muchos niños y jóvenes han perdido oportunidades de estudio como consecuencia de la violencia, al ser expulsados o tener miedo, al vivir en

condiciones de marginación, y tienen muchas más dificultades para disfrutar de su dere- cho a la educación en un medio que niega la expresión de su identidad.