2. Literature review
2.9. Data analysis, modelling and optimisation methods
Los abusos sexuales y violencia sexual de las mujeres han sido frecuentes por parte de policías, soldados o miembros de los cuerpos de seguridad en el contexto de detenciones y torturas. También han afectado a hombres saharauis y aalgunos niños. Asimismo, algu-
nas personas detenidas han sido testigas en otros casos31.
En los ciento doce casos de personas saharauis detenidas que se incluyeron en este estu-
dio, ya fuera en detenciones arbitrarias o desapariciones temporales en centros clandesti-
nos, se declararon diferentes formas de violencia sexual en la mitad de los casos (53%). Entre ellas, las más frecuentes son el desnudo forzado en un 38 por ciento, y las amenazas de violación sexual en más de una de cada diez personas detenidas un (12%). La violencia sexual se asocia a otras formas de tortura, como golpes y colgamientos, usándose para aumentar la vulnerabilidad de la víctima, y supone en sí misma un ataque a su dignidad y su intimidad como persona. En la misma proporción (12%) se declaró haber sometido a tortura sexual con descargas eléctricas en órganos genitales y en un 5% con golpes en los genitales. En nuestro estudio ocho denuncias explícitas de violación sexual en un %de los casos de detenciones o desapariciones temporales.
En relación con la maternidad, en cinco casos las mujeres sufrieron torturas durante el embarazo32, lo que corresponde a un 18% de las mujeres que sufrieron violencia sexual (veintiocho casos), incluyendo en un caso como consecuencia el aborto forzado.
Tanto las mujeres como los hombres fueron víctimas de violencia sexual, prácticamente en la misma medida (53% hombres y 47% mujeres). Especialmente, los datos muestran que de forma sistemática se ha usado el desnudo forzado. La proporción del desnudo forzado fue del 60% de hombres y el 40% de mujeres de quienes denunciaron haber sufrido esa tortura. Sin embargo, las mujeres denunciaron más que los hombres amenazas de violación sexual. El 61% de las víctimas que denunciaron amenazas de violación eran mujeres, siendo el resto hombres. Por el contrario, respecto a la violación sexual, los hombres señalaron haber sido objeto más de esa tortura (siete casos) que las mujeres (un caso) durante sus detenciones. Hay que tener en cuenta el estigma sobre la violencia sexual que hace que se declare o denuncie menos que otro tipo de violaciones, especialmente en el caso de las mujeres. Es importante mencionar el estigma asociado a la violencia sexual, por lo que estos datos deben ser analizados desde la perspectiva del frecuente sub-registro de estos hechos. Investigaciones en diferentes países y contextos de violencia señalan que solamente entre
31 Por ejemplo, en el caso de la Comisión de la Verdad de Ecuador, donde el patrón fundamental de las vio- laciones fue la detención arbitraria y la tortura, el 18% del total de las víctimas declararon alguna forma de violencia sexual. En el caso del Sáhara Occidental, respecto el total de testimonios recogidos de todas las violaciones de derechos humanos, y donde solo un 50% se referían a ese tipo de casos, el 23% correspondía a casos con violencia sexual.
32 De acuerdo con la jurisprudencia internacional, el hecho de que las víctimas de violencia sexual lo sean en estado de embarazo constituye una circunstancia agravante. En este sentido, entre otras, Corte Interameri- cana de Derechos Humanos, Caso del Penal Miguel Castro Castro v. Perú, sentencia del 25 de noviembre de 2006, párr. 290-293.
un 10-20% de los casos son denunciados, con lo que la dimensión del problema es mucho mayor (OMS, 2005)33. En el caso del Sáhara Occidental dicho sub-registro es probablemen- te mayor, debido a la inexistencia de espacios y posibilidades para poder hablar de estas experiencias de una forma más abierta, y al clima de control social que todavía se vive en la zona. Durante la recogida de testimonios para esta investigación resultó difícil poder hablar y expresarse sobre la violencia sexual en los casos en que esta se hizo explícita, por lo que probablemente la frecuencia de esta sea mayor.
La tortura era diaria e intentaban violarnos de muchas formas: con pan duro, con las porras o de otras múltiples formas. Sukeina Yed Ahlu Sid.
Por otra parte, es importante señalar que las mujeres vivieron en una condición mucho más vulnerable frente a la violencia sexual en los centros clandestinos de detención, don-
de esta posibilidad estaba siempre presente en un contexto dominado por el poder de los hombres militares o policías que custodiaban las 24 horas dichos centros.
Esas violaciones han tratado de denigrar la dignidad de las víctimas mujeres, pero también han tenido en muchas ocasiones un carácter de humillación colectiva. Además de la hu-
millación personal y el ostracismo familiar que sufre la mujer, el resto de la familia puede sentirse a la vez impotente y responsable por la violencia sexual contra las mujeres. En tanto que las personas que han sido asesinadas son consideradas “mártires” o las víctimas de la tortura pueden tener un estatus como resistentes, no hay uno similar asignado a las mujeres que han sufrido violación sexual. Tampoco en el caso de los hombres, donde se considera un ataque a su masculinidad. De esta forma, el sufrimiento de la persona y la familia no es reconocido y no puede ser validado socialmente. También el valor cultural o religioso de la “pureza” e intimidad sexual pueden hacer que las mujeres afectadas o sus familias se sien-
tan más golpeadas por esa experiencia, como en el caso de la cultura islámica.
Lo anteriormente señalado hace que la mayor parte de las veces sea difícil denunciar los hechos o reconocerlos públicamente. En las condiciones que se dieron en los centros clan-
destinos de detención, las víctimas no tuvieron ninguna posibilidad de denunciar ni dar a conocer lo sucedido. En algunos casos de detenciones arbitrarias y torturas en los últimos años, las mujeres y hombres que han sufrido violaciones sexuales han denunciado en muy pocas ocasiones lo sucedido, exponiendo su intimidad públicamente y sin obtener ninguna respuesta respecto a la investigación de los casos o contra los responsables de las mismas.
Una de las cosas que fue muy dolorosa es que llevábamos más de quince días totalmente desnudos. Mohamed Fadel Massaaud Boujemaa Fraites.
En el caso del Sáhara Occidental los testimonios analizados muestran que la violencia sexual ha sido utilizada en al menos tres momentos diferentes: a) En los casos de capturas, detenciones arbitrarias o desapariciones forzadas, asociada a otras formas de tortura durante los inte- 33 WORLD HEALTH ORGANISATION (2005), op. cit.
rrogatorios, b) como parte del trato y del riesgo permanente durante la estancia en centros clandestinos o cárceles; c) en ocasión de los registros domiciliarios o allanamientos, es-
pecialmente cuando las mujeres se encuentran solas en sus casas.
La tortura, los maltratos. Nosotras como mujeres hemos vivido una situación muy dura, siempre con mucho cuidado de ser violadas porque había amenazas, insul- tos. Esto era una cosa diaria. Aminatou Haidar.
El siguiente caso muestra algunas de las formas en cómo esta violencia sexual se ha dado y las dificultades de investigación de estas prácticas, así como el impacto familiar de la violencia sexual. Durante la realización de una entrevista sobre el caso de Gdeim Izik, uno de los encargados de la seguridad de dicho campamento se encontraba hablando de las consecuencias de los hechos y de la preocupación por proteger a su madre durante el violento desalojo llevado a cabo por las fuerzas armadas y de seguridad marroquíes. En un momento, la persona tuvo una fuerte reacción emocional y la entrevista se bloqueó, y empezó a hablar de hechos que habían sucedido cinco años antes.
- Por eso te he dicho que en el 2005 los marroquíes me han hecho algo. ¿Tú acep- tas que a tu madre y a tu hermana les quiten la ropa delante de ti?
- ¿Quieres contarnos qué es lo que te pasó en el 2005?
- Es uno de los temas que me hacen mucho daño, tengo el dolor aquí adentro. Me duele que torturaran a mi madre delante de mí. Había unas manifestaciones
pacíficas, se metió el ejército y la policía marroquí en ella, entraron a las casas, la
mía fue una de ellas. Cogieron a mi madre y a mi hermana y las torturaron delante de mí, les quitaron la ropa. Estoy harto de este dolor, he vivido todo esto de cerca. Me ha ido creciendo el miedo y el dolor del que no puedo curarme, ya no puedo dormir tranquilo. La estaban torturando, la ponen una madera en medio de las rodillas y la llevan hacia arriba, le hacen pis encima para que yo hable. Cogen la porra y la meten dentro. Mohamed Salem Buamud.