Baltasar Gracián y Morales
aforismo 173
NUNC A SEA S SUSCEPTIBLE CO MO EL VIDRI O129
Los aforismos que componen el Oráculo manual y arte de la prudenciaelaboran una doctrina moral, que Gracián propone para conducir al hombre, reflejo de su época, convulsa y en crisis. Comentar una de estas normas implica adoptar una postura, basada en el conocimien- to, sobre esta moral.
Aprender, en sus dos acepciones transmitir y adquirir conocimiento por medio del estudio y la experiencia, es para una académico la esencia de su oficio. El aprendi- zaje es una actividad que requiere sosiego, tiempo y humildad. Sosiego para analizar el conocimiento reci- bido, tiempo para asimilar lo analizado y humildad para comprender que trascender es contribuir al desarrollo de los que vendrán y que tu conocimiento es la trascen- dencia de los que te antecedieron. El conocimiento es, por tanto, una tarea compartida que se extiende en el
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T Ó M AT E T U T I E M P O , V I V E
S I N P R I S A
S
aber repartir es saber disfrutar. Muchos tienenlarga vida, pero sin felicidad. Dañan los momen- tos de alegría en vez de gozarlos, y luego quieren vol- ver atrás cuando ya es demasiado tarde. Convier- ten el vivir en un largo dolor, y usan el paso del tiem- po para atropellarse y sentirse mal. Quieren después devorar en un día lo que no degustaron en toda su existencia. Viven desesperados por ser felices, en una alocada carrera en que desperdician sus años, y como van tan de prisa, acaban pronto con todo, incluso su vida. Aun para la sabiduría hay que tomarse su tiempo, para no saberla mal sabida. Los días son más que las dichas. En el gozo, ve despacio; en el traba- jo, a buen paso. Lo bueno de las hazañas es cuando están ya hechas. Lo bueno del contento es cuando no se ha acabado.
Sin embargo, moral y conocimiento no son equivalen- tes. La moral propone normas y el conocimiento pro- porciona premisas para la reflexión y herramientas para la acción. Se puede compartir la doctrina pero el coro- lario puede ser radicalmente distinto. El conocimiento se sustenta sobre tres ejes; lo aprendido, lo experimen- tado y lo inferido del conocimiento de los otros indivi- duos que conforman mi realidad social. Entorno que modela en cierto grado las premisas con las que el hom- bre actúa y determina su moral.
El desarrollo de la norma moral muestra insistentemen- te que la vida y la felicidad tienen carácter finito. En el juego de opuestos con los que se explica el aforismo, se establece que para disfrutar de la felicidad es prefe- rible dar a obtener. La felicidad es, además, algo que se degusta escasa y puntualmente. El pesimismo y la fal- ta de confianza en el ser humano que inundan este afo- rismo son el reflejo de un mundo en descomposición. El individualismo cobra fuerza por encima de la colec- tividad, el poder y la gloria cosechados en el siglo ante- rior se transmutan en particularismos. Pau Claris, los duques de Braganza, Híjar y Medina Sidonia represen- tan el intento de cambio del paradigma político inmer- sos en una situación económica desastrosa.
El profundo dolor que se trasluce en el texto es un recha- zo del individualismo y una apuesta por el ensimis- mamiento, la contemplación. La sociedad europea, con metas colectivas, está dejando paso a la triunfante cul- tura luterana y a la ciencia. Prototipo que se concreta en la búsqueda de las leyes que gobiernan la naturaleza sin prejuicios morales.
En un contexto universal no existe una única norma moral, lo que nos conduce a relativizar los principios
el conocimiento. El conocimiento inferido conforma morales distin- tas que permiten conjugar el conocimiento compartido con la libertad individual al mostrar- nos que la bondad y la maldad son con- ceptos relativos. Es posible entonces una visión optimista. El trabajo individual permite el avance colec- tivo. No hay éxito colectivo sin libertad individual y ésta se basa sólo en el conocimiento.
Si fuésemos capaces de analizar, siquiera sea some- ramente, las diferencias entre el contexto social de hace 400 años y el actual es posible que obtu- viéramos claves construir la realidad actual sobre la base del conocimiento y alcanzar así la felicidad. El pesimismo de Gracián niega nuestra libertad de cono- cer y nos anima a cuidarnos de la ciencia cuando afirma que “para la sabiduría hay que tomarse su tiempo, para no saberla mal sabida”. Por el contrario, Descartes plantea el discurso del método para conducir bien la propia razón y buscar la verdad en las ciencias. La sombra de Galileo, coetáneo de ambos, planea sobre los filósofos que adop- tan posturas diametralmente opuestas. La sociedad espa- ñola se cierra sobre sí y renuncia a inferir conocimiento ajeno a ella misma. Los resultados aparecen evidentes. En la época que nos ocupa Isaac Newton comienza su exis- tencia y Christian Huygens acaba su formación univer- sitaria en matemáticas. El primero enunciaría la teoría corpuscular de la luz y el segundo la teoría ondulatoria. Se tomaron su tiempo, no tuvieron prisa, discutieron entre sí y se rebatieron mutuamente los argumentos, pero en ningún caso ni ellos ni sus coetáneos Pascal, Hooke o Boy- le pusieron límites a la libertad del conocimiento. Mien- tras, en Las Españasla ciencia se filtra con el tamiz de la