5. Utterance Level Representation: DNN-based Embeddings
5.2. DNN-based Embeddings for Language Recognition
5.2.5. Submission for NIST LRE 2017
Baltasar Gracián y Morales
aforismo 167
Aprender, nadie nace enseñado, pero qué difícil es acer- tar en el empeño de enseñar. Supone educar, formar, en definitiva colaborar a que la persona sea ella misma, capaz de actuar en libertad además de sentir el valor de la obra bien hecha. Si a alguien recuerdo para bien, a lo largo de mi vida, y en especial en años de formación, es a quienes me mostraron el valor de acertar de “hacer bien”, como única forma de hacer el bien. Error y acier- to son dos caras opuestas del obrar humano, nos acom- pañan en cada trance de nuestro vivir, nos obligan a tenerlos presentes como referencia ante cada acción emprendida, cada decisión tomada, cada acto que eje- cutamos. El hombre es el único ser vivo capaz de un comportamiento ético, porque puede anticipar las con- secuencias de sus actos y, en función de ellas, elegir entre opciones diversas.
Como investigador experimental, he podido saber que el talento para plantear la aproximación al conocimien- to de un fenómeno no será nada sin el trabajo artesa- nal –trabajo bien hecho- propio de la experimentación. Sólo de ello se pueden derivar resultados interpretables, conclusiones fundadas y nuevas hipótesis creativas. Es el acierto de quienes no saben –porque no quieren- dar un paso sin hacerlo bien, el que ha propiciado los
aforismo 169
U N E R R O R T E P E S A R Á M Á S
Q U E C I E N A C I E R T O S
N
adie mira el sol cuando está resplandeciente.Todos lo ven cuando está eclipsado. El hombre común no tomará nota de tus aciertos, sino de tus yerros. Son más mencionados los malos para murmu- rarlos que los buenos para elogiarlos. A muchos nadie los conoció hasta que no delinquieron. Desengáñate, y sé cuidadoso, que los malintencionados te echarán en cara todas las faltas y ninguno de tus logros.
espectaculares avances del conocimiento científico que caracterizan a nuestra época.
Como profesor supe, hace mucho, que tan deletéreo para el estudiante es la exigencia arbitraria, para imponer pro- puestas y decisiones faltas de fundamento, como la tole- rancia con la ausencia de rigor, el disimulo de los erro- res inaceptables, para quienes están obligados a apren- der con esfuerzo, e inasumibles, para quienes se han de establecer como los profesionales del futuro. Guerra al error, autoexigencia para considerar que no pode- mos convivir con la chapuza, que al situarnos mucho más cerca del error que del acierto, resulta ser la ante- sala de la aceptación de la obra mal hecha. Esa es la cla- ve de una enseñanza que fomente el arte de aprender. Como gestor he llegado a la conclusión de que el acier- to o el error tienen notables efectos multiplicadores de signo opuesto. Repasemos los resultados de la aplica- ción de leyes y otras normas, o de decisiones adminis- trativas de los responsables políticos. Nos puede helar el corazón comprobar las consecuencias de muchas dis- posiciones, así como analizar lo que podría haber ocu- rrido si las cosas se hubieran organizado de otra for- ma. Podemos preguntarnos quién tiene la culpa de que en la universidad española no exista prácticamente la movilidad del profesorado, a quién y a qué debemos el que el horizonte de cualquier profesor bien formado no sea otro que conseguir un puesto en la universidad en la que está. Es una situación insólita la forma en que se lleva a cabo la selección e incorporación del profe- sorado universitario en España, sin parangón en los paí- ses desarrollados, que lastra el mejor aprovechamien- to de los numerosos y muy capacitados profesores que tenemos en el país.
Por el contrario, analicemos las decisiones y medidas que han permitido un avance muy notable de nuestro sistema de ciencia y tecnología. España triplicó el por- centaje de aportación a la ciencia mundial entre 1980 y los primeros años de este siglo. También aquí cabe el análisis, en este caso para encontrar aciertos en las deci- siones legales y administrativas. Cualquier conclusión tendrá, me temo, una aplicación a lo que son las circuns- tancias actuales, de clara regresión en la pauta de avan- ces propios de otras épocas recientes.
Pero, también es preciso saber que error y acierto no necesariamente son sinónimos de fracaso o éxito, aunque con frecuencia se puedan confundir. Una decisión acertada puede sumirte en los nuba- rrones de la falta de aceptación amplia, llevarte al desaliento que causa la incomprensión o la crítica injus- ta. Por el contrario, cuántas veces comprobamos que el error merece el aplauso –egoísta, superficial, zalame- ro- de quienes creen que el mal obrar de otros les pue- de traer beneficio. El arte de aprender también pro- picia un buen discernimiento, palabra ésta que el jesui- ta Gracián hubo de incorporar tantas veces a su equi- paje de experiencias vitales.
Profundizando en ese discernimiento, me atrevo a reescribir el contenido del aforismo que comento: ”Que tu acierto no te deslumbre como si fuera exclusi- vamente un mérito propio. Busca la verdad con la convic- ción de que ha de resplandecer. No te dejes llevar por el aplauso de los necios cuando aparentemente aceptan tus yerros, te descalificarán cuando piensen que ya no les eres útil. No te desanimes por la crítica injusta de quienes interesadamente pien-
UN ERR OR TE PESARÁ M ÁS Q UE CIEN A CIER T O S
san que les beneficia tu desacierto. Aprende a discernir entre error y acierto, convencido de que los sabios sabrán inter- pretar adecuadamente tu bien obrar“.
CÉSARNOMBELACANO
Catedrático de Microbiología de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid