4. Frame-by-frame DNN-based Representation: Bottleneck Features
4.2. Analysis of Bottleneck Features for Language Recognition
4.2.5. Experiments and Results
Baltasar Gracián y Morales
aforismo 144
Tras un aparente e inofensivo dictamen, el desarrollo del aforismo nos recuerda la importancia de separar entre los ámbitos de lo privado y lo público: sólo aque- llos (pocos) que pertenezcan a nuestro círculo íntimo deberán conocer cómo somos realmente y lo que ver- daderamente nos disgusta o gratifica, pues hacer esta información del “dominio público” sólo nos acarreará consecuencias desfavorables, en mayor o menor medi- da. Así pues, entre los consejos que el autor brinda a los cortesanos de su época para que sepan comportarse con prudencia política, habrá que contar este celo de lo pro- pio, que hace pie en la experiencia (la “madre de toda ciencia”) para devenir en creencia adoptada por la modernidad desde sus liberales orígenes.
Esta sabiduría graciana –que muy bien podríamos cali- ficar hoy de “inteligencia emocional”- se apoya en el
aforismo 145
N O D E J E S C O N O C E R T U S
D E B I L I D A D E S , P U E S T E
G O L P E A R Á N P O R E L L A S
N
o muestres a nadie tu molestia por tu defecto,que al descubrirlo así, podrán usarlo contra ti. El manifestar públicamente tus molestias no te ser- virá de nada, a no ser convertirte en objeto de bur- la de los demás. La gente de mala fe va buscando tus faltas para hacerte caer: tratan de ofender tus sen- timientos, te pondrán de mil formas a prueba, has- ta descubrir tu defecto. Nunca te des por aludido ni comentes tu problema, sea de tu persona o familia, pues cuando piensas mucho en ello, hasta el desti- no se deleita a veces en lastimar donde más duele. Siempre te atacarán en el punto donde estés más débil. Por eso, no has de dar a conocer ni lo que te mortifica ni lo que te alegra: para que el dolor dure poco y la dicha mucho.
supuesto clásico y medieval de que la naturaleza es imperfecta, algo que mar- có todo el período barroco, así como en una ya moderna –en su intento por reaccionar contra el escolasticismo- concepción antropológica de corte “hobbesiano”, mezclada con reminis- cencias politeístas relativas a un des- tino personalizado y adverso, siempre empeñado en buscar su talón de Aqui- les a los pobres mortales. Se trata, sin duda, de una perspecti- va pesimista sobre el ser humano y el mundo, y la consecuencia ético-política
en que la misma desemboca es la hipocresía: no impor- ta cuán imperfectos o indignos seamos, mientras que sepamos presentar una cara amable a la sociedad, pues hasta el más abyecto puede, por otra parte, ser abeja obrera productiva para los otros, como bien se ocupa- ría más tarde de poner de manifiesto Mandeville en su fábula Virtudes públicas, vicios privados.
A buen seguro, no formaba parte de los propósitos de Gracián contribuir con sus máximas –de las que son ejemplo la que comentamos- a la instauración y per- vivencia de una doble moral en los códigos de conduc- ta de los individuos, sobre todo en aquellos personajes que ostentaban responsabilidades políticas. Sin embar- go, esa fue la lectura dominante que llegó a consagrar- se en los usos españoles y europeos a lo largo de la modernidad. No olvidemos que las obras del sagaz jesui- ta aragonés se convirtieron en el código de la vida lite- raria española del siglo XVII y que ejercieron una dura- dera influencia en Europa, sobre todo a través de pen-
sadores como La Rochefoucauld, Schopen- hauer, quien llegó a traducir al alemán el Orá- culo manual y arte de prudencia(1647), o el pro- pio Nietzsche, discípulo en muchas cosas de Schopenhauer y quien conservó en su biblio- teca particular una primera edición de la tra- ducción alemana mencionada; a modo de curiosidad, recordaremos que Azorín llegó a escribir en 1902 en El Globorefiriéndose a Gracián: “Conjetura: Nietzsche español”.
Este hiato entre la guarda de la privacidad y la exposición a la vida pública, que he destacado como fundamental en el parágra- fo que me ha tocado comentar, se convirtió también en el leitmotiv, acaso por las razones que acabo de mencio- nar, de algunas de las obras maestras de la literatura europea del siglo XIX, entre las que mencionaré como botón de muestra Cumbres borrascosas(1847) de Emily Brontë,Madame Bovary(1857) de Gustav Flaubert,Los hermanos Karamasov(1880) de Fedor Dostoievski,La Regenta(1885) de Leopoldo Alas Clarin, o Los Budden- brook (1901) de Thomas Mann. Y, sin ánimo de ser exhaustiva, quisiera señalar como contrapunto cultu- ral que hasta el cine de los últimos años ha llegado el interés por poner de manifiesto ese ocultamiento de las imperfecciones que nuestro autor reclamaba como pertenecientes al ámbito de lo privado, al espacio fami- liar o al círculo de los amigos más íntimos; sin ir muy lejos, podemos mencionar las recientes Pequeñas men- tiras sin importancia(Les petites mouchoirs, de G. Canet, 2010), o Secretos de familia(de N. Johnson, 2005), sin olvi- darnos de películas como la ya clásica El inocente(1976) de Visconti.
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NO DEJES C ONOCER TUS DE BILID ADES , PUES T E GOLPEARÁN P OR ELLASPara terminar, me gustaría recordar que también la sabi- duría popular, siempre certera con sus refranes, se ha convertido en receptora del contenido de esta refle- xión graciana, habiendo sabido encontrar formulacio- nes diversas del trasfondo del aforismo que aquí comen- tamos, con expresiones del tipo: “los trapos sucios se lavan en casa”, “no hay que dar tres cuartos al prego- nero”, “a quien quiere saber, poquito y al revés”, o “no consiste en ser bueno, sino en parecerlo”…
CONCHAROLDÁN
Directora del Instituto de Filosofía – CCHS/CSIC