Al comienzo de este proceso es necesario seleccionar la realidad que se quiere filmar. Esa realidad debidamente encuadrada va a ser re- producida y registrada en una secuencia de fotogramas (cada fotografía encuadrada) y de cintas magnéticas (Camino, 1997: 51). En la pantalla por cada segundo pasan 24 fotogramas, siendo la velocidad de una pelí- cula normal, 24 imágenes por segundo. Según Graviz y Pozo (1994: 40), con las imágenes es posible contar una historia sin palabras. Con ayuda de la diversidad existente, de los ángulos o de los movimientos de la cá- mara, es posible que el fotógrafo elija «el modo de influenciar sobre lo que el espectador verá».
Para empezar todo este proceso creativo es necesario una buena historia. Como señalan Romaguera y otros (1989: 21), deberá ser suge- rida por diversos motivos: «pura invención, un acontecimiento histórico, un hecho cotidiano, un sueño, la lectura de un texto literario, una repre- sentación teatral, incluso la visión de otro film». Un buen guión es lo más importante para una buena película, pero incluso lo mejor de ello es per- mitir desarrollarse o amoldarse para conseguir un mejor efecto en la gran pantalla. En esta línea, Staehlin (1979: 184) argumenta que «el guionista es un escritor especializado en ‘escribir películas’», sin embargo, la idea puede surgir del guionista o del productor, o de cualquier otra persona.
Los cineastas cada vez más, antes de empezar el rodaje dibujan la película plano a plano, desde el principio al final: el «storyboard». Roma- guera y otros (1989: 37) aseguran que la elaboración de un story-board» permite una «discusión comunitaria del equipo de realización y también abaratará costos, porque probablemente ahorrará un buen metraje».
2.5.6.1. Los profesionales del medio: el equipo humano
A través de la lente de una cámara los actores traen a la vida la his- toria de un escritor. Sin embargo, la historia solamente es posible gracias al trabajo planificado de todo un equipo humano. En este proceso notable interviene un extenso equipo formado por personas y máquinas.
Para la concretización de una obra cinematográfica no existe un nú- mero fijo de miembros en el equipo cinematográfico, pues como señalan Romaguera y otros (1989: 84), «todo dependerá del tipo y/o de la enver- gadura de la obra que se quiera hacer», pues al contrario de lo que ocu- rría anteriormente, las primeras producciones cinematográficas, como apunta Hueso (1998: 62), eran desarrolladas por un grupo reducido de personas en el que todas ellas participaban en todo teniendo a su cargo diversas labores. El panorama actual es distinto, es imprescindible la co- ordinación de todos los elementos del equipo, lo que para ello tendrán que estar perfectamente conscientes de sus diferentes funciones. Por lo tanto, será una tarea importante que clarifiquemos ahora la especificidad de las distintas competencias y oficios presentes en la producción cine- matográfica.
Según John (2004: 11) «los tres procesos creativos básicos del cine son la redacción del relato, la producción y la realización». En esta línea, las distintas labores serán desarrolladas por varias personas. Dentro del proceso de la redacción del relato, que cuenta con la escritura de la pelí- cula está la labor importante del guionista, quién pretende «contar cine- matográficamente una historia», ya que como señala Sánchez (2002: 289), el guión «es una herramienta para la plasmación fílmica de unos su- cesos protagonizados por unos personajes, siendo conscientes de que la narración audiovisual tiene unos requisitos específicos y de que es preci- so combinar la elocuencia de la imágenes y de las palabras, so pena de redundancias innecesarias o de relatos muy literarios».
Si hablamos de la producción, tendremos que referirnos al productor con sus ayudantes, cuyas funciones son elaborar «el presupuesto da cuenta de los salarios del equipo técnico y artístico, alquileres de cámara,
equipo de sonido y material de iluminación, plató», etc. y además, el plan de rodaje (Sánchez, 2002: 291).
En cuanto a la realización y a los elementos necesarios para que el rodaje sea posible surge la función del realizador o director, que como in- dica Bachy (1991: 47), es la «pieza central en el rodaje» en última instan- cia debido a su gran responsabilidad, pues de su aportación depende en gran parte el sentido total de la película. Como señala este autor, el reali- zador es «el artista que realiza una obra, el animador que infunde su lla- ma, el técnico que dirige y controla, el hombre hábil que sabe ganarse el jefe de producción (…). Psicólogo, se hace comprender por los actores y por los técnicos, soluciona los conflictos, calma los ánimos, forja y mantie- ne en el equipo la homogeneidad necesaria en toda la obra colectiva».
Por ello existen los actores, que son esenciales para llevar las emo- ciones al público y, además, porque traen las palabras e ideas de un sim- ple relato a la vida. El gran objeto del actor es encarnar a los personajes a través de la interpretación «con la voz, los gestos del rostro, los movi- mientos y la expresividad del cuerpo» (Sánchez, 2002: 27). Geada (1987: 93) apunta que la función del actor es imitar; sin embargo, no imita el per- sonaje pues éste sólo existe en cuanto idea, en cuanto modelo. De esta forma, el actor se basa en su manera de ser, en su personalidad, para po- der crear y desarrollar la nueva figura que ahora pasa a incorporar. El ac- tor o «intérprete» se puede distinguir por «la diversidad de los papeles in- terpretados» o bien, por haber «interpretado casi siempre el mismo tipo de papel» (Pinto y Santos, 1996: 37). Por otra parte, existen diferencias significativas entre la interpretación de una escena por un actor en el tea- tro y en el cine. En esta línea, Romaguera y otros (1989: 74) hacen una distinción entre la interpretación en el teatro y en el cine, pues según ellos «no es lo mismo tener un único punto de vista durante toda la representa- ción, ver siempre a la misma distancia, con pocas variantes, lo que suce- de en la escena, con los actores siempre de cuerpo entero, que disfrutar de la posibilidad privilegiada de acercarse y alejarse de la escena, según la voluntad del realizador, voluntad que tenemos que suponer regida por necesidades de tipo expresivo». En suma, existen una serie de peculiari- dades derivadas de las características y técnicas en el cine que conduce a dos formas interpretativas muy distintas.
En este gran proceso creativo, no podemos menospreciar la contri- bución que deriva de otros elementos que también forman parte del equi- po cinematográfico. Así, podemos encontrar dentro del cuadro esencial- mente técnico: «argumentistas, guionistas, fotógrafos, directores artísti- cos, decoradores, diseñadores de vestuario, creadores de efectos espe- ciales, maquilladores, compositores musicales, orquestadores (…), que, a
su vez, generan trabajo para carpinteros, pintores, sastres, músicos, dibu- jantes y otros obreros que se encargan de llevar a la práctica sus inven- ciones» (Porter, González y Casanovas, 1994: 22).