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Concurrent Engineering and Agile Development

5.3 Project Management Analysis

5.3.1 Concurrent Engineering and Agile Development

arte, los artistas y su época”, BELTRÁN, A. (coord.): Altamira. Barcelona: Lunwerg Editores, 1998, p.48.

4. GOMBRICH, E.H.: La Historia del Arte contada por E.H. Gombrich. Madrid: Debate, S.A., 1997, p. 60-61.

y visual: mediante ellas se corrigen las distorsiones, ambigüedades y paradojas, contrarias al ideal de belleza. Algunos de los ejemplos más claros son la corrección de la éntasis ―parte más abultada del fuste de algunas columnas― o el control del brillo.

La éntasis consistía en el ensanchamiento creado para corregir defectos ópticos que se producían al contemplar los templos demasiado cerca, o desde la lejanía, por ejemplo desde el mar. El observador percibía las columnas distorsionadas por el efecto radial producido por la luz que pasaba a través de ellas. Para evitar dicha imperfección, el fuste de las columnas griegas aumentaba desde el capitel a la éntasis y volvía a disminuir hasta la base, con lo que mejoraba dicha percepción. (fig. 4) . (5)

Figura 4, grupo de innovación Dibujarte, efecto Wundt y columna griega, 2010

Por otro lado, las columnas se diseñaban según complicadas fórmulas matemáticas que relacionaban su anchura con la de los intercolumnios, que es el espacio hueco que se forma entre las columnas de un templo. Conseguir un peso óptico armónico entre blancos (columnas) y negros (huecos) y, por tanto, un brillo constante, implicaba una discreta modificación de la anchura de los intercolumnios, sobre todo en las columnas de las esquinas, que se construían más gruesas.

5. La ilusión óptica ligada a este error visual no se investigó hasta el siglo XIX por E. Hering en un inicio y más tarde por W. Wundt, que constataron que un haz de rectas con un foco de irradiación provocaba la percepción de curvatura de dos rectas paralelas sobrepuestas.

Además de para corregir defectos perceptivos, la cultura griega también utilizó las ilusiones ópticas con fines decorativos. La percepción del comportamiento de la luz y del claroscuro empezó a estudiarse ya en esta época, y aunque de manera muy rudimentaria ―utilizaban solamente tres tonos para crear el volumen: el neutro, la luz máxima y la sombra― se representaba en las pinturas de ánforas y vasijas. Muchas cenefas y mosaicos, como los procedentes de Antioquía, utilizaban cuatro tonos graduados de color para las teselas, consiguiendo el contraste necesario para producir, de la manera más sencilla posible, el volumen de los cubos y la distinción entre figura y fondo (fig.5). En otros casos, el diseño consiste en un conjunto de cubos cuya disposición y tonalidad produce que, según se alterne la visión, se perciban como cóncavos o convexos, apareciendo la ilusión conocida como figura ambigua estereográfica. Cada ojo recibe una información ligeramente diferente sobre la orientación, el tamaño y la perspectiva del objeto, y es el cerebro el que se encarga de unir los datos visuales. Espontáneamente la retina elige la forma cóncava o convexa dependiendo de si predomina la vista superior o el punto de vista inferior. La más estable para nuestra visión es la convexa (fig.6).

Figuras 5 y 6, mosaicos de Antioquía, siglo II

El otro engaño visual utilizado en la decoración que predominó en Grecia fue el trampantojo, que consiste

en un engaño visual basado en la representación de los objetos de la manera más realista posible, con lo que el espectador puede llegar a confundir ambas realidades. Se empezaron entonces a utilizar técnicas que creaban espacios ilusorios, escenas o motivos que se mimetizaban con el entorno.

La primera referencia notable que se tiene de esta ilusión es relatada por Plinio el Viejo en su Libro IX

de Historia Naturalis. En ella cuenta la rivalidad que

existió entre los artistas Zeuxis y Parrasio durante las Olimpiadas del año 397 a.C. Ambos compitieron con sus obras, Zeuxis mostrando un racimo de uvas tan realista que hasta los pájaros se acercaban para picotearlas, y Parrasio, un cuadro con una cortina de tela pintada con tal exactitud que Zeuxis intentó descorrerla, convirtiendo a su rival en evidente ganador.

Junto con el gran avance que supuso el intento de representar el claroscuro, los griegos consiguieron otro de los grandes pasos referidos a la representación de la realidad y que suponía superar uno de los prejuicios que existían respecto a ella. Dicho avance consintió en obviar las partes del sujeto de la obra que, por la perspectiva y punto de vista del autor, quedan ocultas a la visión. Este hecho, que pudiera parecer banal para los ojos de un espectador del siglo XXI, educado en el mundo de la imagen, supuso una revolución para los artistas griegos, quienes recibieron críticas de distintos estudiosos, entre ellos, Platón.

Posteriormente, la cultura romana absorbió mucho de sus antecedentes griegos: entre otras cosas, también hicieron uso de las ilusiones ópticas en muchas de sus casas y villas. Un claro ejemplo se mantiene en las ciudades de Pompeya y Herculano

―ambas destruidas por la erupción del Vesubio en el año 79 d.C.―, donde se han podido distinguir cuatro estilos artísticos diferentes que fueron construyendo las bases de lo que sería la técnica del trampantojo como se conoce hoy en día: la imitación de mármoles o bodegones, los primeros usos de la perspectiva, las falsas ventanas e incluso escenas figurativas y teatrales fueron la antesala de lo que el Renacimiento traería más adelante (fig.7).

Figura 7, estilo ilusionista o escenográfico, desde la primera mitad hasta finales del siglo I

III.1.2 Hacia la conquista del espacio en el