3.5 Reynolds-Averaged Navier-Stokes Methods
3.5.2 RANS Solver
El hombre como soporte artístico en las tribus de las Tierras Altas de Papúa Nueva Guinea, [tesis doctoral]. Madrid: UCM, 1988, p.7
7. SAURA RAMOS, P., op. cit., p.109
que, una vez que les cubren, les lleva a sentir que le han transformado, que se han convertido en cuervos o en osos (8).
Más tarde, en la época del Imperio romano, aparecieron los vélites, una unidad de la infantería ligera que se posicionaba al frente de la batalla. Se caracterizaban por ser reclutados entre la clase pobre y servían para abrir la contienda y desorganizar al enemigo. No disponían más que de una jabalina y un escudo de madera, y se caracterizaban por llevar pieles de lobo sobres sus cabezas y hombros (fig. 9).
Otro de los pocos ejemplos del uso del camuflaje en la Antigüedad también fue realizado por los romanos en el siglo IV y es el que más se asemeja al uso que se le ha dado más recientemente. Consistía en pintar sus barcos y la tripulación con colores azules y vestimentas del mismo color con la intención de evitar el ataque de los piratas.
Hasta el siglo XVII no se vuelve a tener constancia del empleo de las técnicas de ocultación. Es en la obra Macbeth, de Shakespeare, donde se describe cómo iban preparadas las tropas a la guerra: el quinto acto narra cómo un ejército se acercó a Dunsinane, donde Macbeth se encontraba, a través del bosque de Birnam. Para pasar desapercibidos, los soldados cogieron ramas y árboles que sostuvieron delante de sus cuerpos mientras avanzaban sin ser vistos (9).
Estas pequeñas apariciones del camuflaje militar fueron casi anecdóticas porque lo normal era vestir a los ejércitos con uniformes llamativos. Sería a finales del siglo XIX y, sobre todo, principios del XX cuando aparece la colaboración entre artistas y el ejército para desarrollar las técnicas del camuflaje como hoy se conocen (10).
8. GOMBRICH, E.H.: La Historia del Arte contada por E.H. Gombrich. Madrid: Debate, 1997. p.43
9. SHAKESPEARE, W.:
Macbeth; Armando Roa Vidal (traducción), Bogotá: Norma, 2001, p.140
Figura 9, Francisco Castracane, Vélite, 2010
10. La tesis de Maite Méndez Baiges, sobre el camuflaje en el arte desarrolla en profundidad la colaboración entre los artistas y el ejército desde sus inicios al siglo XX.
II.2.3.1 Camuflaje militar
En la era del desarrollo de la tecnología avanzada, las técnicas del engaño y la decepción pertenecen más al reino del arte que al de la ciencia (11).
Tirza Leibowitz
Dentro del contexto bélico, su fin consiste en salvaguardar objetivos con un valor militar para el enemigo. Con este propósito se ayuda de dos métodos: la ocultación —ya sea de tropas, armamento, instalaciones— y el engaño, que lleva al enemigo a actuar de forma equivocada ante elementos falsos creados por el oponente.
Hasta finales del siglo XVIII los ejércitos tenían uniformes de gran colorido, fue en 1797 cuando se descubrió que los uniformes verde oscuro del cuerpo de fusileros británico era poco distinguido y más efectivo. Desde ese momento se empezó a utilizar la pintura para ocultar el cuerpo humano, los aviones, los barcos, las construcciones, etc. En la figura 10 se aprecia alguno de los primeros métodos de ocultación durante la Primera Guerra Mundial, mientras que en la figura 11 (pág. siguiente) el avión confunde perfectamente sus contornos con el paisaje británico en la Segunda Guerra Mundial (12). Cuando estos cambios se realizan sobre instalaciones o medios y armamento de grandes dimensiones —como un cañón que se cubre con una estructura en forma de casa— se llama transformación. Además de la pintura, otro de los métodos clásicos de camuflaje es el humo, cuya desventaja es que la visibilidad se dificulta también para el que lo usa.
11. LEIBOWITZ T.:
“Camuflaje hábil engaño”, Revista de las F.D.I. Israel, 1989. No.1. p.47
12. Imagenes de los libros Brassey’s: Book of camouflage y The art of deception in warfare, de Tim NEWARK y Michael
DEWARK, respectivamente Figura 10, objetos
camuflados, Primera Guerra Mundial, 1920
Figura 11, bombardero Hudson, Inglaterra, 1942
Las formas de las que dispone el hombre para detectar el engaño son, en primer lugar, el ojo y, en segundo lugar, aquellos instrumentos creados por él mismo para solventar sus carencias sensoriales, como pueden ser los que ayudan en la visión nocturna, los sistemas térmicos para radar y los acústicos.
En el siglo XXI, el objetivo real del camuflaje militar es el de reducir los destrozos, consiguiendo alargar la vida de los altamente costosos equipos militares. Esta ciencia no resulta decisiva en un enfrentamiento, pero sí es un factor importante en las guerras actuales.
Las técnicas de camuflaje militar son muy variadas, desde el uso de los medios de camuflaje que ofrece la naturaleza hasta la utilización de las nuevas tecnologías que consiguen disimular los contrastes y contornos que caracterizan precisamente a un blanco posible. Algunas de las maneras de aprovechamiento de los medios naturales son las propiedades topográficas de la zona; es más difícil disparar a diversos objetivos colocados aleatoriamente entre el terreno que a los mismos dispuestos en fila o en una forma reconocible. También se pueden colocar materiales adicionales que distorsionan y ocultan la figura —ramas o mallas de camuflaje (fig. 12, www.aviacionargentina.net)— o el más básico de todos, la adopción del color de la zona circundante.
Figura 12, M-113 camuflado con ramas
Con el desarrollo constante de la industria militar han aparecido nuevas tecnologías que detectan elementos camuflados, pero a la vez se desarrollan las maneras de usar esas nuevas tecnologías para volver a ocultar. Tal es el caso de los sistemas de detección basados en los sensores electromagnéticos, materiales que absorben la mayor cantidad posible de radiación, entre ellos pinturas que contienen sustancias absorbentes. También se encuentran dispositivos que dificultan la recepción de los radares, como el arco de pruebas radar, o el Macroscope que utiliza una combinación de radar y televisión para señalar los puntos desprotegidos de un equipo. Incluso se ha utilizado la fotografía en infrarrojo para penetrar a través de superficies enmascaradas.
Los objetos físicos emiten una radiación que se encuentra dentro de una banda ancha del espectro electromagnético. Hasta hace poco, solo una extremadamente pequeña porción de este espectro había sido utilizada para la detección. La sensibilidad del ojo humano a la longitud de onda está limitada a la banda angosta de la luz visible. Los avances en el campo de los sensores electromagnéticos durante la segunda mitad del s. XX han hecho posible la detección de objetos en una banda considerablemente más amplia
A principios del siglo XX, los buques de guerra se pintaron de gris para que se disimularan con la niebla y la bruma del mar, que también ha proporcionado la protección a los submarinos. El enemigo de los buques de guerra son los misiles lanzados desde un avión, por ejemplo desde un lanzamisiles, la defensa ante estos vuelve a consistir en el señuelo mediante la transmisión de mediciones electrónicas que confundan al radar que lanza el misil al proporcionarle la posición de un blanco fantasma. Este es el caso de la figura 14, donde el señuelo, en lugar de ser un barco, es una fábrica. En el lado izquierdo se presenta la disposición real y se observa cómo el avión toma de referencia la mezquita para atacar la fábrica. En la imagen de la derecha, la mezquita real ha desaparecido gracias al radar, por lo que el avión seguramente pasará de largo atacando la falsa industria simulada más adelante.
El enmascaramiento contribuye a la supervivencia (…); se trata no solo de distorsionar la visión del enemigo, sino también de confundir a su cerebro, creando imágenes ilusorias, cambiando la forma de las cosas, suprimiendo sombras y siluetas y suavizando las aristas de los objetos tridimensionales, para lograr que se integren en el medio ambiente que les rodea, incorporando conceptos y técnicas que disminuyan la probabilidad de detección por los sensores, cualquiera que sea la banda del espectro en la que actúen (14). 14. CARRERAS
GONZÁLEZ, L.: “Ocultación y Decepción”, R.E.T Armas, cuerpos y servicios, Madrid, 1989, p.16
Los boinas verdes fueron los pioneros en las técnicas del camuflaje y, aún hoy, independientemente de que se instruya a todos los combatientes en este arte, siguen siendo los especialistas. El camuflaje que utiliza este cuerpo del ejército destaca porque, además de seguir las pautas convenientes para distorsionar el perfil del rostro, consiguen reflejar la personalidad de cada uno en las distintas formas de aplicar el enmascaramiento (figuras 15 y 16, cuartel general español cedidas por Antonio Castaño).
Como señala Vicente Bataller Alventosa, «camuflaje y enmascaramiento se utilizan habitualmente como sinónimos, sin embargo, este último término expresa un concepto mucho más amplio, pues abarca todo el conjunto de medidas adoptadas para protegerse de la observación del enemigo» (15).
Hay que recordar que la mente humana tiende a reconocer desde lejos una silueta y a relacionarla con el objeto que representa. En el contexto militar, hay que transformar al soldado, el arma, el vehículo o edificio
Figura 15, soldado español, uniforme de camuflaje, 1983
Figura 16, soldado español, foto cuartel general, 2001
15. BATALLER